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Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:

Noche tras noche, la fisioterapeuta Brianne Nelson fantaseaba con el apuesto desconocido que había visto en la cafetería en la que trabajaba media jornada. Lo que no sospechaba era que aquel desconocido acabaría convirtiéndose en cliente suyo…
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
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En aquel momento, Norton se despertó y se acercó para saludarla moviendo la cola.

– ¿Quieres que te ayude a llevar todos esos paquetes a tu habitación?

– ¡Vaya! No me había dado cuenta de que estabas ahí -comentó, antes de ponerse a recoger precipitadamente las bolsas.

– ¿Tengo que sentirme insultado porque te hayas olvidado? Teníamos planes para esta noche. Primero la fisioterapia y luego pensé que podríamos salir a dar un paseo.

– No se me había olvidado -susurró ella, sonrojándose vivamente-. Es que… Bueno, déjame que lleve todo esto a mi habitación.

Sin esperar a que él le respondiera, Brianne avanzó por el pasillo con las bolsas, entre las que había una de Victoria’s Secret golpeándole las piernas.

Jake sonrió, aunque aquel gesto desapareció rápidamente en cuanto se dio cuenta de la razón del comportamiento de Brianne y comprendió lo que podría haber en aquella bolsa. Victoria's Secret era una tienda que vendía ropa interior femenina. Seda, encaje, raso… Todas sus prendas estaban diseñadas para hacer que un hombre normal se muriera de deseo.

Jake no estaba seguro de ser muy normal, pero no por eso dejaba de ser un hombre. Sólo pensar que iba a ver a Brianne con aquella lencería tan seductora era suficiente para excitarlo. La mera posibilidad de que ella hubiera comprado aquellas prendas con él en mente… En ese caso, no habría nada que pudiera cortar su pasión.

Sin embargo, cuarenta y cinco minutos más tarde la tortuosa terapia a la que ella lo había sometido se había encargado de ello. Sentía un intenso dolor en el hombro, lo que hacía que la ligera molestia que sentía a diario fuera, en comparación, como las suaves caricias de una mujer.

Había estado trabajando con un fisioterapeuta durante dos semanas desde la agresión, debía reconocer que el modo en que Brianne trabajaba era diferente y más intenso. Había estado en lo cierto al decirle que un poco de fisioterapia no sería suficiente. Jake había comprendido que necesitaba a Brianne si quería recuperar la completa movilidad del brazo.

Mientras esperaba que Brianne regresara de la cocina con hielo para aliviarle el dolor del hombro, se dio cuenta de que la necesitaba para mucho más que sólo la rehabilitación. Ansiaba conocer más cosas sobre ella y eso suponía un deseo que iba más allá de lo físico.

Jake había crecido en una familia feliz. Les había faltado dinero para extras, pero nunca habían carecido de cariño. Sus padres habían sido novios desde el instituto y el amor que compartían llenaba el apartamento en el que vivían. Incluso el hecho de que se mudaran a Florida no había disminuido el vínculo que existía entre ellos y sus hijos. Jake no podía evitar preguntarse cómo habría sido la infancia para Brianne.

Le había dicho que había criado a su hermano después de la muerte de sus padres, pero ¿cómo habría sido su vida antes de tener que cargar con aquella responsabilidad?

Como sabía que ella se iba a marchar al final del verano, se sentía libre para explorar todas las facetas de su vida y de su deseo. No habría rupturas dolorosas cuando llegara septiembre. Sin embargo, una pequeña parte de él se preguntaba si un espacio de tiempo tan breve sería suficiente para satisfacerlo.

Decidió no pensar más en aquel punto ya que no merecía la pena obsesionarse por cosas que uno no podía controlar. De todos modos, ya no estaba en posición de poder cambiar el acuerdo, dado que incluso, aunque Brianne fuera a quedarse, su propia vida estaba inmersa en un proceso tal de cambio que no podía ni pensar en nada que no fuera una aventura. Además, Brianne tampoco quería algo más duradero. No obstante, le quedaba todo el verano. Debería ser más que suficiente.

Antes de los ejercicios de Jake, Brianne se había cambiado la ropa del hospital y se había tomado el tiempo suficiente para arreglarse. Por primera vez en mucho tiempo, se había mirado al espejo y había visto el reflejo de una hermosa mujer, una mujer con sentimientos y necesidades propias.

Aquellas necesidades incluían a Jake. Comprobar sus habilidades, levantarle los brazos, sentir cómo los músculos de él se expandían y se contraían bajo las yemas de sus dedos, la había excitado más allá de lo que nunca hubiera creído posible, más allá de lo que nunca había sentido antes…

Desde la puerta del gimnasio estaba contemplando a Jake con el hielo en la mano. Él se estaba recostando sobre el respaldo de la silla con muestras evidentes de dolor, lo que hizo que ella se sintiera culpable por habérselo causado. Sin embargo, sabía que, a la larga, Jake se lo agradecería.

Recordó que él había admitido que había estado realizando fisioterapia antes, pero, sin ánimo de mostrarse arrogante o presuntuosa, sabía que ella podría llevarlo más allá que su antiguo fisioterapeuta. Se preguntó por qué habría hecho que Rina creyera que no se había esforzado tanto para recuperarse, aunque enseguida se recordó que no debía implicarse demasiado.

Entonces, ahogó una risa amarga. ¿A quién estaba tratando de engañar? Pensaba acostarse con él. Brianne Nelson no se dejaba llevar por aventuras de una noche que no significaban nada. Todo lo que compartiera con Jake sería intenso y memorable, aunque tuviera que dejarlo cuando terminara el verano.

Quería saberlo todo sobre él y así sería, aunque conocerlo no cambiaría lo que sentía por él. Sabía que corría el peligro de enamorarse de él. Sin embargo, tanto si era así como si no, tendría que ejercer el mismo control sobre sí misma que había ejercido en el pasado. Sabiendo que la vida de Jake sólo podría causarle sufrimiento y dolor, lo único que tendría que hacer era marcharse cuando hubiera terminado el verano. Si mantenía en mente cuál era su profesión y el hecho de que él hubiera afirmado que no estaba buscando una relación permanente, no tendría ningún problema para mantener la perspectiva sobre su relación. Al menos, eso esperaba.

– Venga -dijo, entrando por fin en el gimnasio-. Vamos a colocarte esto en el hombro. Esto hará que los músculos se te contraigan y que disminuya el dolor.

– Ahhh -susurró él, aliviado.

– Bueno, entonces, ¿qué tenías preparado para después de la sesión? -le preguntó. Esperaba que el cambio de tema lo ayudara a olvidarse de su sufrimiento.

Pensó en la ropa interior que llevaba puesta. Durante la sesión se había puesto unas mallas elásticas que le facilitaban los movimientos y que, además, resaltaban la longitud de sus piernas y el trasero, tal y como ella había deseado. Bajo las mallas, llevaba una preciosa ropa interior, muy sexy, y sentía que, con cada movimiento, la seda y el encaje se deslizaban sobre su piel. Había elegido un conjunto malva, realizado en un precioso encaje de delicadas flores. Entre éstas, un encaje completamente transparente permitía que se le viera la piel… Mucha piel.

Se preguntó lo que Jake pensaría de ello y cuánto tardaría en poder opinar y sintió que el cuerpo le temblaba con deliciosa anticipación.

– ¡Oye! Soy yo el que tiene el hielo encima del hombro. ¿También tienes frío?

– Claro -mintió-. Acuérdate de que yo tuve que ir a sacar el hielo del congelador.

– ¿Tienes tanto frío que no te apetece un helado?

– El frío me quita las ganas de tomar un helado. ¿Por qué?

– ¿Y cuál es tu sabor favorito?

– Bueno, en realidad, he de reconocer que me gustan todos los sabores -respondió ella. En aquel momento, el estómago le empezó a protestar para recordarle que, para cenar, sólo se había tomado un sándwich en la cafetería del hospital-. Especialmente ahora.

– ¿Has cenado?

– No mucho -dijo. En realidad, había estado demasiado nerviosa pensando en el tiempo que iban a pasar juntos como para poder cenar-, pero lo del helado me parece una idea estupenda. ¿Qué habías pensado?

– Hay una heladería que se llama Peppermint Park en la esquina de la calle Sesenta y seis con la Primera. Tienen un surtido muy variado. Además, Rina lo recomienda especialmente.

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