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Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
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Al regreso se detuvo en Barcelona, a instancias de Carlos Godo. ¡Qué inteligente hombre! Afirmaba que en los años próximos la arquitectura sufriría un cambio profundo, bajo la presión del crecimiento demográfico -las guerras terminaban un día u otro- y de la necesidad de emplear material más barato. También afirmaba que Agustín Lago vivía en Gerona demasiado solo… y que por esta razón, además del deber apostólico y del deber profesional, le urgía atraerse allí algún amigo para el Opus Dei. "Hemos de ensanchar nuestro campo, Agustín. Y nuestra vida personal es corta…"

Agustín Lago llegó a Gerona con esta idea en la cabeza. ¡Atraerse un amigo para la Obra! A lo primero pensó en Alfonso Estrada, presidente de las Congregaciones Marianas; pero Alfonso Estrada se había ido lejos, a Rusia… ¿A quién podría dirigirse, pues? Evocó unos cuantos nombres: el ex alférez Montero, Miguel Rosselló, Mijares, Ignacio Alvear… ¡Ah, cuan difícil era abrir brecha! El Opus Dei exigía mucho y daba poco. Era una suerte de compromiso directo entre el alma, la persona y Dios.

Ignacio había llamado la atención de Agustín desde el primer momento. Pero, entre todos, parecióle el más inabordable. ¡Bueno, tal circunstancia no lo amilanó! Todo lo contrario. Era una suerte de reto… estimulante. Y la Gracia estaba ahí, esperando. ¡Si consiguiera captar al muchacho! Sería el tipo idóneo para iniciar la cadena.

Agustín Lago decidió: "El Señor, cuando lo considere oportuno, me indicará el modo de llamar a su puerta".

Decidió eso, por cuanto de momento le había salido al paso una íntima dificultad: la sirvienta de la pensión, que se había dado cuenta de que Agustín se estremecía al verla y que, muy coqueta, le preguntaba a diario: "¿Le he hecho bien la cama al señorito?".

Latigazo de la carne. Lección de humildad. Agustín Lago se sumergió en la meditación de Camino, donde pudo leer: "Por defender su pureza. San Francisco de Asís se revolcó en la nieve, San Benito se arrojó a un zarzal, San Bernardo se zambulló en un estanque helado… Tú ¿qué has hecho?". El pensamiento lo consoló sólo a medias, pues en Gerona no había nieve ni estanque helado, y por su parte él no se sentía con ánimo para arrojarse a un zarzal…

¿Y el próximo curso escolar? ¿Y los maestros? ¡Ay, también ese asunto presentaba mal cariz! De Madrid seguían diciéndole: "Paciencia, Inspector, paciencia. ¿No comprende que España ha estado abandonada durante siglos?".

Tal abandono era cierto. Pero ¿podía esgrimirlo como argumento ante quienes en la provincia confiaban en su gestión? Pobres maestros… El verano había sido ruinoso para ellos. Con él se les acabaron las "permanencias" y la cuota mensual que, al igual que en toda Cataluña, percibieron por cada alumno durante el curso anterior. Cobraron la paga limpia, por lo que en su mayor parte anduvieron mendigando traducciones o clases particulares, a semejanza de los maestros depurados, cuya papeleta también había resuelto… sólo a medias. Amanecer se llenó de anuncios que decían: "Preparación de Bachillerato. A domicilio". "Repaso de asignaturas. A domicilio". "Lecciones de latín y de francés". Uno se anunció: "Aproveche el verano para reformar su letra. Tener buena letra es indispensable para triunfar".

Agustín Lago, al leer dichos anuncios, había sentido pena en el alma. Y ahora, con el próximo curso en puertas, muchos titulares habían decidido sencillamente nombrar un sustituto, lo que les permitiría buscarse otro trabajo que les rindiera más. Otros habían obtenido del médico baja por enfermedad. Otros se mostraban dispuestos a organizarse de tal modo las clases que pudieran entretanto corregir pruebas de imprenta…

¿Qué autoridad moral tendría para prohibir semejantes abusos? Grave responsabilidad…

Los hermanos Costa dieron también por finalizado el veraneo de sus esposas. Fueron a buscarlas a Palamós y, el día señalado, 30 de septiembre, Carlos Civil hizo entrega oficial a las autoridades, en nombre de Emer, de la nueva cárcel levantada en el pueblo de Salt, cárcel cuya solidez había merecido los elogios del capitán Sánchez Bravo.

La inauguración de dicho edificio, contra lo que hubiera podido suponerse, pasó casi inadvertida. Sólo se enteraron del acontecimiento los familiares de los detenidos; al revés de lo que ocurrió con la inauguración, el mismo día, del Cine Ultonia, que despertó la curiosidad de toda la población.

Pero el caso es que la nueva cárcel existía. Y que el día 2 de octubre, por la noche, se inició el traslado de los mil presos que quedaban en el Seminario, el cual por fin quedaría vacío y a disposición del prelado de la diócesis. Dichos presos fueron trasladados en camiones y no faltaron quienes, en el momento de subir al vehículo correspondiente, sintieron un nudo en la garganta, ante el temor de que el chófer emprendiera el camino del cementerio… Pero no fue así. Y al darse cuenta de que en efecto no había trampa y se dirigían al pueblo de Salt, casi gritaron de gozo, bajo las estrellas. ¡Recorrer, aunque fuese por unos minutos, las calles! ¡Sentir cómo el oxígeno de la libertad -oxígeno sin tapias alrededor- penetraba en sus pulmones! ¡Qué hermosas eran las fachadas, los faroles! ¡Qué emoción ver la silueta de los serenos y cómo les agradecieron a los noctámbulos que hubieran permanecido dialogando en las esquinas!

Lástima, eso sí, que el trayecto no lo hubieran hecho a la luz del día… Ello les hubiera permitido ver las tiendas, y los cafés, ¡y cuerpos de mujer! Algunos de los reclusos llevaban ya más de dos años sin salir. Los huesos les dolían con el traqueteo del camión. Los más indiferentes fueron los que redimían penas trabajando. Éstos estaban ya acostumbrados al exterior y les decían a los otros: "No seáis mentecatos. Lo único que veríais de día serían los carteles de la Falange".

El señor obispo, una vez bendecida la nueva cárcel, se trasladó al Seminario para tomar posesión de él. Lo asustó el hedor, el hedor que brotaba de las paredes, de los waters… ¿Cómo era posible que aquello hediera tanto si las rejas dejaban pasar el aire? Las celdas de los condenados a muerte olían a paja y a blasfemia. ¡Cuánto trabajo costaría acondicionar aquello, convertirlo en un edificio digno de las nuevas hornadas de seminaristas que allí deberían estudiar y santificarse!

El otoño devolvió también a la sensacional Paz Alvear al mostrador de Perfumería Diana, puesto que la Gerona Jazz terminó con sus compromisos. Como se dijo, la campaña de la orquesta había sido gloriosa, y además en el piso de Paz, recién estrenado, había ya los muebles indispensables; pero la muchacha vivía unos días de una violencia interior que la retrotraía a la época de Burgos.

Pachín se había ido… Había fichado, como estaba previsto, por el Barcelona Club de Fútbol. El muchacho asturiano se desplazó a Gerona para discutir el asunto con Paz; pero desde el primer momento ésta se dio cuenta de que la decisión era firme en la mente de Pachín. Por otro lado, las razones que él aducía eran sólidas. Barcelona era su oportunidad… Podía llegar a vestir la camiseta de internacional… Y en tres o cuatro años podía amasar una buena cantidad de dinero que les permitiera casarse con holgura. "¿Te das cuenta? Tengo veintidós años… ¡Me parece estar soñando!".

¡Tres o cuatro años! Paz se enfureció.

– ¡Me voy contigo a Barcelona! También allí encontraré una orquesta y una perfumería…

Entonces Pachín se colocó a la defensiva. Apenas si se tomó la molestia de dulcificar el tono.

– Sé razonable, mujer. Aquí tienes a tu tío Matías y a Ignacio. Y yo allí me deberé a mi Club… Ten un poco de paciencia. Y cuando llegue la hora, haremos las cosas como es debido.

Paz comprendió. Y se mordió los labios hasta casi hacerlos sangrar. Pachín ensayó entonces una sonrisa e intentó abrazar a la muchacha, pero ésta se le resistió. "Me das el esquinazo, ¿eh? Como si fuera una palurda de pueblo. ¡Te juro que no va a serte tan fácil!".

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