Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
Es posible que ahora tarde un poco más en escribirte. Corren rumores de que pronto saldremos para el frente. Adiós, Pilar, tocan a rancho. Mis muchachos han formado ya. ¡Arriba España!
MATEO.
Pilar había ido recibiendo todas estas cartas con lágrimas en los ojos. Las había leído con avidez, en compañía de don Emilio Santos, y luego, arrugando el papel, las había tirado.
La muchacha estaba bien. Por fortuna, el doctor Morell le había dado la casi seguridad de que el trauma no habría afectado a su embarazo. Pero se mantenía firme en su postura. No se arrepentía de ella. Continuaba creyendo que la marcha de Mateo había sido "una canallada", dijese lo que dijese ese tal Olano que abandonó a su hijo de cinco meses.
Por supuesto, Pilar y don Emilio Santos fueron los únicos que conectaron la Radio -Radio Berlín- para oír las alocuciones de los miembros de la División Azul. Amanecer precisó el día y la hora. Quien primero habló fue efectivamente Núñez Maza: un canto patriótico sin ninguna idea nueva, excepto la noticia de que en el sector de Smolensko había sido hecho prisionero el hijo primogénito de Stalin, Jacobo Dzugasvili. Otro día hablaron los aviadores que se habían incorporado al campamento. A partir de ahí, una voz anónima fue dando a diario noticias de muchos camaradas, destinadas a la familia. "De parte del divisionario Benito Tejada, para sus padres y hermanos". "El camarada Crispín Gutiérrez informa a su familia de que se encuentra en perfecto estado y con mucho ánimo". Un poco como el Disco dedicado que había popularizado en Gerona el director de la Emisora.
Pilar esperaba, pese a todo, oír un día la voz de Mateo. Pero no la oyó. Únicamente el 15 de agosto Radio Berlín dijo: "De parte del alférez Mateo Santos, un abrazo muy fuerte para su esposa, Pilar, y otro para su padre, don Emilio Santos".
Aquella noche Pilar lloró más que nunca. Parecióle que la voz anónima le llegaba del confín del mundo. Tampoco aquel saludo oral, que por suerte se oyó con nitidez, consiguió que la muchacha perdonara a Mateo. Ahora bien, la decidió, por fin, a escribirle unas líneas… Unas cuantas líneas sólo para decirle que "no había novedad". Amanecer había publicado las debidas instrucciones para cursar las cartas: era preciso poner el nombre y el apellido, y a continuación, escuetamente: DIVISIÓN ESPAÑOLA, ALEMANIA. Matías fue encargado de echar la carta a Correos.
Don Emilio Santos escribió también a su hijo, aunque a escondidas, sin confesárselo ni a Pilar ni a nadie. Y es que ni Matías, ni Carmen Elgazu, ni Ignacio, querían oír el nombre de Mateo. Todos se limitaban a devorar, cada cual por su cuenta, todas las noticias que aparecían en los periódicos relativas a la División.
Con todo, a fines de agosto Pilar se decidió a confeccionar un jersey para Mateo… en previsión del "invierno ruso", del que la Prensa empezaba a hablar. La muchacha confeccionaba simultáneamente ropita para el bebé y semejante dualidad le producía honda congoja.
Sus visitas al piso de la Rambla eran ahora mucho más frecuentes. A no ser porque esperaba un hijo, a veces le hubiera parecido que nada había ocurrido en su vida, que continuaba soltera. Y era curioso que la distrajeran tanto las continuas visitas que le hacía el pequeño Manuel. Manuel Alvear, con su aire siempre atento, siempre servicial, y en cuyo Atlas había marcado con un ruedo rojo el nombre de Grafenhwor, le recordaba en cierto modo a César. Pilar acabó creyendo que el chico era para ella como una sombra protectora, que la libraría de algún mal irremediable. A veces Manuel le traía algún recorte de La Vanguardia, de los corresponsales en Alemania. En uno de ellos, que impresionó mucho a Manuel, se decía que Radio Moscú había establecido una hora diaria de emisión llamada "Hora Cristiana", en la que se podían escuchar sermones, plegarias y cánticos religiosos. ¡Todo para que las gentes de las aldeas que hubieren conservado la fe en Dios se decidieran también a luchar! "Es de suponer -añadía el corresponsal- que en la Plaza Roja de la capital soviética habrán tapiado la lápida que decía: La religión es el opio del pueblo".
Pilar en esa ocasión tuvo un exabrupto y le dijo a Manueclass="underline"
– ¿Y a mí qué me importa todo eso? Lo que yo querría es que Mateo regresara.
¡Ah, menos mal que Pilar ignoraba las condiciones en que se desenvolvía la División Española! Porque, en efecto, llegó el día de marchar para el frente… ¡Santo Dios! Dicha marcha se efectuó más o menos cómodamente, en ferrocarril, hasta la frontera polaca, hasta Angustow Suwalki. Pero a partir de ahí, ¡por espacio de casi mil quilómetros!, fue realizada a pie. Ése fue el gran asombro de todos los divisionarios. Todos habían creído que la División sería motorizada y que dispondría del material más moderno para ello. Nada de eso. Por causas desconocidas, la División fue hipomóvil. Les fueron asignados muchos caballos y gran número de cabezas de ganado para la Artillería y las columnas de Transporte, cuyo mantenimiento y cuidado les causaba mucho trastorno, pues hubieran hecho falta gran cantidad de veterinarios y disponían de muy pocos. Hasta el extremo que Alfonso Estrada llegó a pensar: "Ojalá hubiera estudiado yo veterinaria, como mi padre, en vez de Filosofía y Letras".
Mateo, al igual que Rogelio y que todos los demás, aguantó firme la marcha. Todavía le duraba la destreza adquirida durante la campaña española. El paso de los divisionarios por los pueblos de Polonia fue recibido con entusiasmo por los sacerdotes católicos y por la población en general; en cambio, en Lituania, cruzaron zonas de ambiente triste, miserable, un tanto hostil, debido a las represalias de que habían sido objeto, por parte de los soldados alemanes, las comunidades judías que allí había, muchos de cuyos miembros habían sido tatuados en la espalda con una marca amarilla.
La División llegó a Rusia por el sector de Witebs. Mateo y Cacerola -¡este cocinero de la Sección!- al pisar suelo ruso primero escupieron en él y luego, unos metros más allá, se arrodillaron y lo besaron. Su curiosidad al ver los primeros rostros de los aldeanos rusos era ilimitada. En Witebs se terminó la caminata y de nuevo en ferrocarril subieron hacia el norte, hacia Shmiks. Por fin llegaron al río Volchow y al oeste del lago limen, donde relevaron a los soldados alemanes de guarnición, ¡los cuales les pidieron que cantaran "Si a tu ventana llega una paloma…" Los capitanes Arias y Sandoval supusieron que (la incorporación española a aquel sector era indicio de que se preparaba la gran ofensiva para la conquista de Leningrado.
El temperamento alegre de los divisionarios produjo el mayor asombro entre la población rusa, así como su religiosidad. Este temperamento, y los acordeones, y el natural galante de los muchachos como Núñez Maza y como Cacerola, abrirían brechas profundas entre la juventud femenina de los pueblos cercanos, pese a las dificultades del idioma y a las terribles sanciones previstas en el código militar alemán en caso de contraer una enfermedad venérea.
En algunos de esos pueblos Mateo comprobó que la miseria era horrible. Ni la revolución de 1917, ni las bravatas de Cosme Vila, ni los planes quinquenales habían conseguido remediarla. Muchos campesinos rusos no conocían la cama ni las sábanas. Dormían sobre paja. Por todas partes, restos de fotografías de Stalin, de Molotov y de Vorochilof. En algunas casas se veía algún icono y en todas "silbaba levemente el samovar". La gente de edad madura parecía resignada, como si estuviera acostumbrada a sufrir y no le diera importancia. Los niños miraban a los "invasores" como personas llegadas de otro planeta. Todo les llamaba la atención: las cantimploras, las bicicletas y, sobre todo, los gramófonos. Escuchar un gramófono era para ellos como un milagro. Se notaba a la legua que desconocían todo lo que no fuera Rusia. "¿Por qué los alemanes son rubios y vosotros bajitos, enjutos y tan habladores?", les preguntaban a través de los intérpretes. En los Manuales de Historia de las escuelas todo aparecía deformado y apenas si en ellos se hablaba de lo acaecido antes de 1917. En los hospitales abandonados a la llegada de las tropas alemanas, los libros de medicina eran muy primitivos.