El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever». Краткое содержание книги:
E incluso a los diez años, Miranda supo que lo amaría para siempre.
Turner siempre ha considerado a Miranda como de la familia. Tras un desastroso matrimonio, Turner sabe que el amor que pudiera sentir lo destruyeron las infidelidades de su difunta esposa.
Pero a pesar de su cinismo, Turner se sorprende a sí mismo al darse cuenta del incontrolable deseo que Miranda empieza a despertar en él.
Las cejas de Miranda se elevaron.
– Bueno, essu hermana. Aparte de las ilegalidades…
– Oh, por el amor de… estaba intentandoelogiarla – la interrumpió él.
– Oh. -ella se aclaró la garganta. Ruborizándose un poco, aunque fuera difícil estar segura con tan poca la luz-. Bien, en ese caso, por favor siga adelante.
– Olivia es bastante hermosa -siguió-. Incluso yo, su viejo hermano, puedo ver eso. Pero hay un algo decarencia detrás de sus ojos.
Lo cual obtuvo un inmediato jadeo.
– Turner, qué cosa terrible está diciendo. Sabe tan bien como yoque Olivia es muy inteligente. Mucho más que la mayor parte de los hombres que pululan a su alrededor.
La miró indulgente. Era una jovencita tan leal. No tenía duda de que mataría por Olivia si alguna vez surgiera la necesidad. Era una buena cosa que estuviera aquí. Aparte de cualquier tendencia calmante que tuviera sobre su hermana, más bien sospechaba que la familia Bevelstoke entera tenía una enorme deuda de gratitud por ello. Miranda era bastantesegura, la única cosa que iba a hacer su tiempo en Londres soportable. Dios sabía que no había querido venir. La última cosa que necesitaba en este mismo momento era que las mujeres estuvieran a la caza de su posición, intentando llenar los pequeños y miserables zapatos de Leticia. Pero con Miranda, al menos se aseguraba una conversación decente.
– Desde luego que Olivia es inteligente -dijo con voz apaciguadora-. Permítame replantearlo. Personalmente no la encontraría fascinante.
Ella frunció los labios, y la institutriz volvió.
– Bien, esa es su prerrogativa, supongo.
Él sonrió e inclinándose, le insinuó:
– Creo que sería más probable que me encaminara en su dirección.
– No sea tonto -masculló.
– No lo soy -le aseguró-. Pero repito, soy más viejo que la mayor parte de aquellos idiotas que están con mi hermana. Quizás mis gustos han madurado. Pero el punto es discutible, supongo, porque al no ser un joven, no estoy husmeando en la camada de debutantes de este año.
– Y no está buscando una esposa. -Esto era una declaración, no una pregunta.
– Dios, no -soltó-. ¿Qué diablos haría yo con una esposa?
2 DE JUNIO DE 1819
Lady Rudland anunció en el desayuno que la fiesta de anoche había sido un estupendo éxito. No pude menos que sonreír ante su elección de palabras, no creo que nadie rechazara su invitación, y juro que el salón estaba tan atestado como nunca experimenté. Ciertamente me sentí diminuta entre toda una suerte de perfectos extraños. Creo que debo ser una muchacha pueblerina de corazón, porque no estoy tan segura que desee alguna otra vez intimar tanto con mis prójimos masculinos.
Lo dije asíen el desayuno, y Turner escupió el café. Lady Rudland le lanzó una mirada asesina, pero no puedo imaginarme que sea porque esté enamorada de su mantelería.
Turner tiene la intención de permanecer en la ciudad durante sólo una semana o dos. Se queda con nosotras en la Casa Rudland, lo que es encantador y terrible a la vez.
Lady Rudland divulgó que alguna vieja viuda duquesa malhumorada (fueron sus palabras, no las mías, y no revelaría su identidad en cualquier caso) dijo que yo estaba actuando Demasiado Familiar con Turner y que la gente podría concebir una Idea Incorrecta.
Dijo que le indicó a la vieja viuda malhumorada (lo que le viene como anillo al dedo) que Turner y yo somos prácticamente como hermanos, y que sólo es natural que confiara en él para mi debut en la fiesta, y que no hay ninguna Idea Incorrecta que ser tenida en cuenta.
Me pregunto si habrá alguna vez una Idea Correcta en Londres.
CAPÍTULO 5
Una semana o algo después, el sol brillaba tan deslumbrantemente que Miranda y Olivia, añorando sus habituales estadías en el campo, decidieron pasar la mañana explorando Londres. Ante la insistencia de Olivia, empezaron por el barrio comercial.
– En realidad no necesito otro vestido -dijo Miranda cuando paseaban calle abajo, sus criadas siguiéndolas a una distancia respetuosa.
– Ni yo, pero siempre es muy divertido mirar, y por otra parte, quizás encontremos una chuchería o algo por el estilo que comprar con nuestro dinero para gastos menores. Tu cumpleaños estará aquí antes de que nos demos cuenta. Debes comprarte un regalo.
– Tal vez lo haga.
Ambas deambularon por tiendas de ropa, sombrererías, joyerías, y por confiterías antes de que Miranda encontrara lo que sin haberlo sabido había estado buscando.
– Mira eso, Olivia -suspiró-. ¿No es magnífico?
– ¿Qué no es magnífico? -replicó Olivia, escudriñando el escaparate elegantemente decorado de la librería.
– Eso. -Miranda señaló con el dedo a una copia exquisitamente encuadernada de La Morte D’Arthur de Sir Thomas Malory. Parecía caro y precioso, y Miranda no deseaba nada más que inclinarse a través de la ventana e inhalar el aire que flotaba alrededor de éste.
Por primera vez en su vida, vio algo que simplemente debía poseer. Olvidándose de su economía. Olvidándose de su espíritu práctico. Suspiró profunda, expresiva y urgentemente, luego dijo:
– Creo que finalmente comprendo tus sentimientos hacia los zapatos.
– ¿Zapatos? -Repitió Olivia, mirándose los pies-. ¿Zapatos?
Miranda no se molestó en explicarle más. Estaba demasiado ocupada en inclinar la cabeza para poder admirar el pan de oro que ribeteaba las páginas.
– Ya lo hemos leído -insistió Olivia-. Creo que fue hace dos años, cuándo la Señorita Lacey fue contratada como nuestra institutriz. ¿No lo recuerdas? Estaba consternada porque aún no lo habíamos leído.
– No me importa si ya lo hemos leído -dijo Miranda, acercándose mucho más al vidrio-. ¿No es el objeto más hermoso que hayas visto?
Olivia observó a su amiga con una expresión vacilante.
– Eh… no.
Miranda sacudió la cabeza ligeramente y levantó la mirada hacia Olivia.
– Supongo que esto es lo que convierte al arte en algo importante. Qué puede hacer que una persona entre en éxtasis o puede fallar en conmoverle lo más mínimo.
– Miranda, es un libro.
– Ese libro -Miranda determinó con firmeza-, es una obra de arte.
– Parece muy antiguo.
– Lo sé. -Suspiró felizmente Miranda.
– ¿Lo comprarás?
– Si tengo el dinero suficiente.
– Creía que podrías. No has gastado tu dinero para gastos menores en años. Siempre lo has guardado en ese jarrón de porcelana que Turner te envió por tu cumpleaños hace cinco años.
– Seis.
Olivia parpadeó.
– ¿Seis qué?
– Fue hace seis años.
– Hace cinco o seis años, ¿Cuál es la diferencia? -exclamó Olivia, pareciendo bastante exasperada por la exactitud de Miranda-. La cuestión es que tienes guardado el dinero suficiente, y si deseas sinceramente ese libro, lo debes comprar para celebrar tu vigésimo cumpleaños. Nunca compras nada para ti misma.
Miranda giró hacia la tentación que la llamaba en la ventana. El libro había sido colocado en un pedestal y estaba abierto en una página del centro. Con brillantes colores una ilustración retrataba a Arturo y Ginebra.
– Será costoso -dijo ella lamentablemente.
Olivia le dio un pequeño empujón y dijo:
– Nunca lo sabrás si no entras y preguntas.