El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever». Краткое содержание книги:
E incluso a los diez años, Miranda supo que lo amaría para siempre.
Turner siempre ha considerado a Miranda como de la familia. Tras un desastroso matrimonio, Turner sabe que el amor que pudiera sentir lo destruyeron las infidelidades de su difunta esposa.
Pero a pesar de su cinismo, Turner se sorprende a sí mismo al darse cuenta del incontrolable deseo que Miranda empieza a despertar en él.
– ¿Oh? -provocó Turner, añadiendo un toque de presión en la parte baja de su espalda mientras giraban hacia la derecha.
– Generalmente está en la universidad. Incluso ahora no ha terminado del todo el trimestre.
– Supongo que lo verá bastante más durante el verano.
– Eso espero -carraspeó-. Er, ¿cuánto tiempo planea quedarse usted?
– ¿En Londres?
Ella asintió.
Él hizo una pausa, e hicieron un encantador y pequeño giro a la izquierda antes de que finalmente dijera:
– No estoy seguro. No mucho tiempo, pienso.
– Entiendo.
– Supongo que estoy de luto de todos modos. Mamá estaba horrorizada porque no me puse el brazalete.
– Yo no -declaró.
Él le sonrió, y esta vez no fue fraternalmente. No estaba lleno de pasión y deseo, pero al menos era algo nuevo. Era astuto y conspirativo e hizo que se sintiera parte de un juego.
– ¿Por qué, Señorita Cheever -murmuró maliciosamente-, detecto una veta de rebeldía en usted?
Su barbilla se elevó una pulgada.
– Nunca he entendido la necesidad de vestirse de negro por alguien con quien uno no está familiarizado, y ciertamente no veo la lógica del luto por una persona a quien se halla detestable.
Durante un momento la cara de él permaneció en blanco, y luego sonrió abiertamente.
– ¿Por quién se vio forzada a llevar luto?
Los labios de ella se deslizaron una sonrisa.
– Un primo.
Él se inclinó acercándose a su cabello.
– ¿Alguna vez le ha dicho alguien que es impropio sonreír cuando se habla de la muerte de un familiar?
– Nunca conocí al hombre.
– Aún así…
Miranda soltó un resoplido elegante. Sabía que estaba aguijoneándola, pero estaba demasiado divertida para frenarse.
– Vivió su vida entera en el Caribe -añadió. No era estrictamente la verdad, pero en su mayor parte lo era.
– Es una pequeña moza sanguinaria -murmuró.
Ella se encogió de hombros. Viniendo de Turner, parecía un elogio.
– Creo que usted será un miembro bien recibido en la familia -dijo-. A condición de que pueda tolerar a mi hermano menor por larguísimos períodos de tiempo.
Miranda intentó conseguir una sonrisa sincera. El casamiento con Winston no era su método preferido para convertirse en miembro de la familia Bevelstoke. Y a pesar de los intentos y maquinaciones de Olivia, Miranda no creía que el emparejamiento estuviera próximo.
Había numerosas y excelentes razones para considerar casarse con Winston, pero había una poderosa razón para no hacerlo, y esa estaba de pie directamente frente a ella.
Si Miranda fuera a casarse con alguien a quien no quisiera, ese no iba a ser el hermano del hombre al que amaba.
O al que creía amar. Seguía tratando de convencerse de que no lo amaba, que todo había sido un enamoramiento de adolescente, y que podía superarlo… que ya lo había superado, y que simplemente no se había dado cuenta todavía.
Tenía el hábito de pensar que estaba enamorada de él. Eso era todo.
Pero entonces él hizo algo completamente odioso, como sonreír, y toda su difícil tarea voló por la ventana, y tuvo que comenzar de nuevo.
Un día lo conseguiría. Un día se despertaría y comprendería que había tenido dos días de sensatez sin pensar en Turnery luego mágicamente serían tres y luego cuatro y…
– ¿Miranda?
Alzó la vista. Él la estaba mirando con una expresión de regocijo, y podría haber parecido condescendiente, excepto porque sus ojos estaban frunciéndose en las esquinas… y durante un momento, pareció aliviado, joven, y tal vez satisfecho.
Y ella estaba todavía enamorada de él. Al menos por el resto de la noche no podría convencerse de lo contrario. A la mañana siguiente, comenzaría otra vez, pero por esta noche, no iba a molestarse en intentarlo.
La música terminó, y Turner dejó su mano, retrocediendo para ejecutar una elegante reverencia. Miranda hizo una reverencia a su tiempo, y luego tomó su brazo mientras la conducía al perímetro del salón.
– ¿Dónde supone que podríamos encontrar a Olivia? -murmuró, estirando el cuello-. Supongo que tendré que borrar a uno de los caballeros de su tarjeta para bailar con ella.
– ¡Por Dios!, no haga que suene como un trabajo -declaró Miranda-. No somos tan terribles.
Él dio la vuelta y la miró con un poco de sorpresa.
– No dije nada sobre usted. No me importaría seguir bailando con usted en lo más mínimo.
Como elogios eran, tibios a lo sumo, pero Miranda todavía encontró un modo de sostenerlos cerca de su corazón.
Y eso, pensó miserablemente, era prueba de que se había hundido tan bajo como podía. El amor no correspondido, estaba descubriendo, era mucho peor cuando una realmente veía al objeto de sus deseos. Había pasado casi diez años soñando despierta con Turner, esperando pacientemente cualquier noticia ocurrida a los Bevelstokes dejada caer en el té de la tarde, y luego tratando de ocultar su dicha y alegría (para no mencionar el terror de ser descubierta) cuando venía de visita una o dos veces por año.
Había pensado que nada podría ser más patético, pero al parecer, estaba equivocada. Esto era definitivamente peor. Antes, había sido inexistente. Ahora era un viejo zapato cómodo.
¡Cáspita!
Ella le echó un vistazo. No estaba mirándola. No estaba mirándola y seguramente no estaba evitando mirarla. Simplemente no estaba mirándola.
No le perturbaba en absoluto.
– Ahí está Olivia -dijo suspirando. Su amiga estaba rodeada, como siempre, por un surtido ridículamente grande de caballeros.
Turner contemplóa su hermana con ojos entrecerrados.
– No parece como si alguno de ellos se comportasemal, ¿verdad? Ha sido un día largo, y preferiría no tener que jugar al viejo hermano feroz esta noche.
Miranda se elevó sobre sus pies para observar mejor.
– Pienso que está a salvo.
– Bien.
Y luego se dio cuenta de que había inclinado la cabeza y miraba a su hermana de una manera extrañamente objetiva.
– Hmmm.
– ¿Hmmm?
Se volvió hacia Miranda, que estaba todavía en su lado, mirándolo con aquellos ojos marrones siempre curiosos.
– ¿Turner?
La oyó, y contestó con otro:
– ¿Hmmm?
– Parece un poco extraño.
No dijo:¿se siente bien? O ¿está indispuesto? Sólo:parece un poco extraño.
Eso lo hizo sonreír. Y lo hizo pensar cuánto en realidad le gustaba esta muchacha, y cómo de equivocado con ella había estado el día del funeral de Leticia. Eso le hizo querer hacer algo agradable por ella. Miró a su hermana una última vez, y luego dijo, girándose lentamente.
– Si fuera un hombre más joven, lo que no soy…
– Turner, no tiene aún treinta años.
Su expresión se tornó impaciente… en aquella controlada forma que él encontraba extrañamente entretenida, y regalándole un perezoso encogimiento de hombros contestó:
– Sí,bueno, me siento más viejo. Anciano estos días, a decir verdad. -Cuando comprendió que lo estaba mirando expectante, se aclaró la garganta y dijo-: Simplemente trataba de decir que si yo estuviera husmeando alrededor de la camada de nuevas debutantes, no creo que Olivia atrapara mi mirada.