Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
El Gobernador se rió también.
– De todos modos -atajó-, no deja de ser hermoso este sacrificio… En realidad soy yo quien debiera envidiarte.
– ¡Bueno! -Mateo encendió un pitillo-. Las cosas son como son. Y si tuviera que volver a empezar, haría lo mismo.
Los dos hombres se miraron entonces con emocionada fraternidad. Se sintieron íntimamente unidos. Los cambios de ministros, las destituciones habidas, quedaban lejos… O se habían convertido en meros accidentes de la misión que ellos se habían impuesto.
– ¿Así, pues, acordamos proseguir la lucha?
– ¡Cómo! -exclamó Mateo-. ¡Más que nunca! Cara al sol, con la camisa nueva…
El camarada Dávila se levantó.
– Está visto que no tenemos remedio…
Mateo, que permaneció sentado, concluyó:
– De todos modos, es verdaderamente una lástima que no podamos llamar a José Antonio por teléfono…
CAPÍTULO LVI
Ocurrieron tantas cosas antes que el calendario indicara la llegada oficial del verano, que para dar cumplida noticia de ellas Amanecer hubiera debido doblar el número de sus páginas. Algo rigurosamente imposible, por cuanto cada día el papel escaseaba más y era de peor calidad, hasta el punto de hacerse difícil la lectura del periódico. 'La Voz de Alerta' se desesperaba por ello, pues opinaba que un periódico mal impreso influía negativamente sobre la moral de los lectores, dándoles una desagradable sensación de pobreza.
Sin embargo, los gerundenses fueron enterándose, de uno u otro modo, de todo cuanto ocurría en los ámbitos local, nacional e internacional. Puesto que cada mañana un rayo podía bajar del cielo y alterar la marcha del mundo, la curiosidad se mantenía viva, excepto para quienes, como el pintor Ceferino Borrás, o como el anestesista Carreras, de la Clínica Chaos, habían polarizado sus energías hacia objetivos profesionales o íntimos muy concretos y restringidos.
Gerona se enteró de la breve visita que efectuaron a la ciudad las cincuenta muchachas de las Juventudes Hitlerianas, llegadas a España por invitación especial de la Sección Femenina. Su aspecto, potente y saludable, llamó la atención y no dejó de arrancar muy diversos comentarios. Marta se desvivió por atenderlas, obsequiándolas con la proyección, en el Teatro Municipal, de varios documentales sobre la reconstrucción de carreteras, seguidos de una sesión de danzas folklóricas bajo la dirección del maestro Quintana, director de la Cobla Gerona. También en el Ayuntamiento se celebró una recepción en su honor y se organizaron varias excursiones a los lugares típicos, con explicaciones entresacadas de los artículos de mosén Alberto. El cónsul alemán, Paúl Günther, hizo las veces de intérprete y no era raro que mientras hablaba asomara en los labios de las muchachas alemanas una sonrisa un poco irónica.
Por supuesto, a Marta no dejó de causarle desagrado el aire de superioridad que presidió el comportamiento de aquellas camaradas nacionalsocialistas, desagrado que por otra parte Marta había experimentado ya cuando estuvo en Berlín y fue invitada a saludar brazo en alto la estatua del Hombre Alemán desnudo. No obstante, era difícil sustraerse a la impresión de fuerza que emanaba de aquellas criaturas pertenecientes a la casta nórdica de que Himmler hablaba como un místico. Por lo que Marta le dijo a José Luis, su hermano: "Realmente, desde el punto de vista físico nuestra raza a su lado es inferior. La camarada Pascual, de Olot, que anda por los pueblos predicando la higiene, se ha quedado con la boca abierta". Un dato parecía revelador: lo primero que las cincuenta muchachas pidieron al llegar a Gerona fue ducharse y luego cada una de ellas exprimió tres limones y se tomó el jugo.
El 12 de mayo, la casta nórdica dio otra sorpresa a los gerundenses: Rodolfo Hess, lugarteniente de Hitler, y del que se había rumoreado que era el presunto sucesor del Führer en la jefatura del III Reich, se fugó de Alemania por vía aérea y se lanzó en paracaídas cerca de la localidad de Glasgow, en Escocia. En un principio nadie dio crédito a la noticia. Pero pronto las autoridades inglesas la confirmaron plenamente. El aparato era un Messerschsmidt 110, que se estrelló contra el suelo, y el fugitivo era realmente Rodolfo Hess, partidario, al parecer, de que su país llegara a una inteligencia con Inglaterra.
La explicación que dio Berlín no convenció a nadie: Rodolfo Hess padecía desde hacía tiempo de una enfermedad mental, lo que se había mantenido oculto por inexcusable prudencia. El caso es que el hecho produjo el mayor estupor. Manolo y Esther exageraron su trascendencia. Creyeron que aquello significaba que algo ignorado y profundo fallaba en la máquina germánica. "¿Y si Hess había sido enviado en misión especial…?". Por desgracia, el cónsul británico, Mr. Edward Collins, continuó sonriendo al salir del hotel, pero sonriendo como de costumbre, no de otra manera. Así, pues, la anécdota tenía intrínsecamente su importancia, pero no influiría para nada en el futuro de la guerra. Demostraba, eso sí, que también en "las altas esferas" de Alemania podían producirse fisuras. El profesor Civil comentó: "Si Hess está en su sano juicio, su decisión es grave; y si realmente está loco, peor aún. Porque ¿qué jefe de Estado nombra a un loco su hombre de confianza?".
Poco después, el acorazado alemán Bismarck, el que había hundido recientemente al crucero inglés Hood, fue acorralado y puesto fuera de combate por la flota británica. La represalia no se había hecho esperar. Otro golpe para el prestigio de Alemania. "¿Y pues? -se chanceó el madrileño Herreros, en la barbería Dámaso-. ¿Es que el capitán del Bismarck se había fugado también a Inglaterra y había facilitado a la Marina inglesa los informes necesarios?". Silvia, la manicura de las piernas muy juntas, preguntó, mientras le cortaba las uñas a Padrosa: "¿Tenemos en España algún acorazado como ese Bismarck?". Padrosa replicó: "Ni soñarlo, reina. Pero si accedes a casarte conmigo, encargaré uno para ti".
No, el curso de los acontecimientos seguiría marcando un rumbo cíclico. Ahí acabaron, por el momento, las noticias adversas a Alemania. El 21 de mayo el ejército del Führer, en una gigantesca ampliación del aterrizaje efectuado por Rodolfo Hess, dejó caer millares de paracaidistas sobre la isla de Creta y la conquistó en pocas semanas, obligando a los ingleses a refugiarse en África. La operación fue un prodigio de estrategia y aun de elegancia. Por lo menos, ésa fue la opinión del general Sánchez Bravo. "Fíjense ustedes -les dijo éste a los capitanes Arias y Sandoval, frente a un mapa de la isla griega-. En Noruega, Hitler empleó la primera arma secreta: los paracaidistas; en Creta, la segunda: los planeadores. Cada Junker llevaba enganchados en la cola tres planeadores, cuyos soldados ocupantes se dejaban caer en el momento oportuno sobre el punto previamente señalado. ¡Y los ingleses, con la boca abierta! Natural… En resumen, señores, otro Dunkerque para Su Majestad el rey. Y van tres".
Pero no todo paraba ahí. También en la costa mediterránea de África el ejército de Hitler asombró al mundo, gracias al general Rommel, quien justificó con creces la aureola que empezaba a rodear su nombre. En efecto, el general Rommel había sido enviado allí, al mando del que fue llamado África Korps, para salvar, al igual que en Albania y en Grecia, el prestigio del Imperium Romanum -expresión grata al conde Ciano-, que no conseguía, pese al ardor que ponía en la lucha el legionario Salvatore, avanzar un palmo. Los ingleses les habían ganado en el desierto la batalla a los italianos merced, según noticias, al audaz empleo de los tanques, los cuales, en contra del parecer de muchos técnicos, demostraron poder maniobrar perfectamente bajo las temperaturas africanas. Pues bien, Rommel les respondió con la misma moneda. En poco tiempo sus vehículos motorizados se infiltraron setecientos quilómetros hacia el Este, venciendo por otro lado reiteradas tempestades de arena. Conquistó Mará el Bregha y más tarde Agedabia y Benghasi. ¡Benghasi…! El desconcierto del general Wawell, proclamado héroe en Inglaterra por su victoria sobre los italianos, no tenía límites. Y menos los tuvo cuando se supo que las unidades utilizadas por Rommel habían sido en realidad escasas, puesto que la mitad de ellas lo menos eran simples automóviles corrientes., sobre los que el general alemán había hecho montar unos caparazones de cartón piedra que les daba apariencia de tanques, estratagema que engañó a los aviadores de reconocimiento ingleses. El general Wawell se sintió humillado, pero retrocedió todavía más… Retrocedió otros trescientos quilómetros, hasta el fuerte de Mechilli, donde Rommel se apoderó de un inmenso botín, que le permitió cercar a Tobruk, apoderarse de Bardia y cruzar la frontera egipcia por Sollum.