El Destino del Corazón
- Автор: Морган Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Destino del Corazón». Краткое содержание книги:
Sola y embarazada de seis meses, Annie Torres ya no creía que ningún caballero andante fuera a acudir en su ayuda. Por eso cuando aquel día se desmayó, lo último que esperaba era caer en los brazos del hombre más guapo que había visto en su vida… el doctor Matt Allman. Y menos aún que su generoso salvador le ofreciera un empleo e insistiera en que viviera en la mansión de su familia. Con todas aquellas atenciones, de pronto la independiente Annie no sabía cómo podría arreglárselas sola. De la noche a la mañana, su increíble jefe se había convertido en la personificación de todos los sueños que durante tanto tiempo se había negado a sí misma.
Así era como las cosas debían ser. Pero no podía evitar que su corazón diera un vuelvo cada vez que miraba sus hermosos ojos azules. Odiaba sentirse así.
Sabía que lo más inteligente sería dejar aquel trabajo. Todo era demasiado tentador y corría el riesgo de empezar a depender de él. Matt le había ofrecido refugio y seguridad, pero ella sabía que eso era sólo el cebo. Una equivocación y acabaría cazándola.
Llegó la hora de salir y lo dejó en el despacho, donde seguía trabajando. Aquello le dio la oportunidad de volver a casa de los Allman antes que él. No quería que nadie más los viera juntos. Claro que eso implicaba que tendría que enfrentarse sola al resto de su familia, y no sabía cómo la recibirían.
Aparcó en la calle, entró por el camino y llamó a la puerta. Rita la abrió casi de inmediato.
– No hace falta que llames -dijo dejándola pasar-. Ahora vives aquí. Estás en tu casa.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia la cocina.
– Estamos todos aquí haciendo la cena. Pero estarás cansada -dijo mirando su barriga-. ¿Por qué no te acuestas un rato? Te llamaremos cuando sea la hora de cenar.
– No estoy tan cansada -dijo ella mintiendo-. Me encantaría ayudaros en la cocina.
– Muy bien. Ven conmigo, entonces.
Jodie estaba frente a una encimara, mezclando mantequilla y ajo y untando rebanadas de pan que iba colocando en una fuente. Shelley estaba desenvolviendo una bandeja que le resultaba familiar a Annie. Las dos la saludaron cariñosamente.
– No sé si has conocido a nuestro hermano pequeño, David -dijo Rita mientras señalaba a un apuesto y atlético joven que le sonreía desde uno de los taburetes-. El pobre parece un surfista perdido en mitad de Texas.
– El destino es muy cruel -asintió él mientras se acercaba a saludar a Annie-. Pero tengo mi tabla preparada y encerada por si hay inundaciones por aquí.
Todos rieron con ganas. Parecía un muchacho en-cantador y muy querido por todos.
– Bienvenida a esta casa de locos -le dijo-. Aquí sólo se habla de la boda, así que no intentes sacar otro tema que no tenga que ver con el matrimonio, los trajes o las flores.
– Me temo que tiene razón -le advirtió Rita-. Va a ser una boda por todo lo alto y también preparamos una gran fiesta familiar para la semana anterior, así que estamos todos como locos intentando organizarlo todo. ¡Hemos invitado a la mitad del pueblo!
– Bueno, a la mitad que está con los Allman -aclaró Jodie-. Los que están relacionados con los McLaughlin… ¡Eso es otra historia!
Shelley miró afligida a Jodie y le tomó la mano.
– ¡Ojalá no fuera así, Jodie! Si las cosas fueran de otra forma, podríamos hacer una doble boda.
Jodie asintió emocionada y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ambas mujeres se abrazaron.
– Me encantaría, Shelley -repuso Jodie-. Pero no sería justo para Kurt pedirle que no invitara a nadie de su familia. Y sabes que ningún McLaughlin pondría un pie aquí.
– Y nosotros tampoco iríamos a su casa -añadió David.
– Así es.
Annie se sintió mal por todos ellos y por el estúpido enfrentamiento entre las dos familias. Se imaginó que Jodie hablaba de Kurt McLaughlin, hijo de Richard McLaughlin, el cual era hermano de su propio padre. Eso la convertía en prima de Kurt.
– ¿Va a venir Kurt a cenar? -preguntó, temiendo al instante que les extrañara su interés.
– ¡Ah! ¡Es verdad, aún no lo conoces! Ya verás, te va a caer fenomenal. Como a todo el mundo.
David gruñó para llevar la contraria a su hermana y Jodie lo sacudió con un paño de cocina.
– Otra boda que tendré que sufrir -se quejó David-. ¿Por qué no os fugáis y os casáis en Las Vegas? Sería mucho más fácil para todos.
– Supongo que tú no estás casado -le dijo Annie sonriente.
– No, de momento no. Pero aún no siento la presión. Rafe aún no se ha casado y Matt no parece que lo vaya a hacer pronto. Así que aún tengo tiempo antes de que me metan prisa.
– Pero, David, ya has salido con casi todas las chicas del pueblo. ¿Qué vas a hacer cuando se te acaben? ¿Mudarte a otro pueblo? -bromeó Jodie.
– Ya encontraré a alguien. Pasará en cualquier momento. Estoy empezando a pensar en sentar la cabeza, ¿sabéis? -dijo él.
– Me lo creeré cuando lo vea -repuso Jodie con los ojos en blanco.
Todos rieron mientras Annie ayudaba a Shelley a retirar el papel de aluminio de la gran bandeja que tenía en sus manos.
– Mi madre ha mandado esta lasaña -le dijo Shelley-. Hace la mejor lasaña de toda la ciudad, ¿verdad?
– Desde luego -asintió Annie-. Me encanta.
Tenía que reconocer que Millie era una gran cocinera. Miró a su alrededor intentando ayudar con otra tarea. Jodie seguía con el pan de ajo, Shelley con la lasaña y Rita cortaba lechuga para la ensalada.
– ¿Pongo la mesa? -preguntó.
– Claro -dijo Rita secándose las manos y abriendo un armario-. Aquí están los manteles individuales y los cubiertos de plástico. He pensado que podemos comer fuera para no tener que mover todo lo que hay encima de la mesa del comedor.
Annie tomó los manteles y demás utensilios y salió al jardín. Había un pequeño huerto en un lateral de la casa y una gran zona con césped que llegaba hasta un pinar. Un par de jardineros trabajaban en la hierba plantando flores, probablemente para la boda que se celebraría allí en pocas semanas.
Sonrió a pesar del dolor, y se preguntó si algún día celebraría su propia boda. Ni siquiera sabía si deseaba casarse. Colocó una mano sobre su barriga y sintió una conexión muy profunda con el bebé que llevaba dentro. Eso la hizo sentirse muy bien y se relajó.
– Vamos a salir de ésta -le dijo en un susurro-. Pase lo que pase, estaremos bien.
Se dirigió hacia la larga mesa y empezó a colocar con esmero los manteles, platos y servilletas. Se estaba alejando un poco para contemplar el efecto cuando oyó pasos a su espalda. Matt se acercaba hacia ella. Estaba guapísimo con la camisa algo desabrochada.
– Hola -dijo él sin más.
– Hola.
Pasaron unos segundos sin que supieran qué más decir. Se miraron. Ambos recordaban lo que había pasado en el parque. Finalmente, Annie carraspeó y se decidió a hablar.
– He estado pensándolo -comenzó mientras apartaba la mirada de él-. Te agradezco mucho tu oferta de trabajo y la acepto, pero en cuanto a vivir en tu casa… Será mejor que me vaya.
Capítulo 7
QUÉ DICES? -preguntó él con la mirada fría como el hielo.
– No puedo quedarme aquí -aseguró volviéndose hacia él-. ¿No te das cuenta? Todo el mundo habla de nosotros y tu familia está atónita. Todos me miran como si supieran qué está pasando aquí. Y no lo soporto.
Seguía mirándola con seriedad, pero asintió lentamente. Se daba cuenta de que tenía sentido.
– Crees que sería mejor que no pasásemos mucho tiempo juntos. Supongo que tienes razón.
Se miraron y Matt no tuvo que decir nada más. Los dos sabían que la atracción entre ellos estaba creciendo por momentos y que, si no hacían algo para cortarlo, acabaría explotando.
Al principio se había sentido avergonzada al dejarle ver en el puente que deseaba que la besara, pero ahora sabía que Matt la entendía. Había tenido un momento de debilidad del que, por fortuna, él había sabido salir del paso. Podían seguir así o evitar pasar demasiado tiempo juntos. Si eso no funcionaba, Annie estaba dispuesta a volver a Houston, donde tenía algunos amigos.
– No te preocupes. Tengo una idea.
– Yo también -dijo ella con un suspiro-. Será mejor que me vaya.
– No, me voy yo.
– ¿Qué? -preguntó atónita.