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El Destino del Corazón

Электронная книга - «El Destino del Corazón». Краткое содержание книги:

Sí, Annie, tu príncipe azul existe…
Sola y embarazada de seis meses, Annie Torres ya no creía que ningún caballero andante fuera a acudir en su ayuda. Por eso cuando aquel día se desmayó, lo último que esperaba era caer en los brazos del hombre más guapo que había visto en su vida… el doctor Matt Allman. Y menos aún que su generoso salvador le ofreciera un empleo e insistiera en que viviera en la mansión de su familia. Con todas aquellas atenciones, de pronto la independiente Annie no sabía cómo podría arreglárselas sola. De la noche a la mañana, su increíble jefe se había convertido en la personificación de todos los sueños que durante tanto tiempo se había negado a sí misma.
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– ¡Shelley! ¡Pasa, por favor!

Entró y echó un vistazo al despacho.

– Me han dicho que vas a trabajar aquí. Será genial. Tenemos que comer juntas un día de estos.

– Por supuesto.

Shelley le sonrió. Estaba radiante de felicidad. Parecía que su compromiso y futura boda le habían sentado muy bien.

– Seguro que mi madre te echará de menos en el restaurante. Siempre me ha dicho que eres muy buena camarera. No tiene más que elogios para ti.

– Quiero mucho a tu madre. Ha sido una jefa estupenda, pero con el parto tan cerca ya…

– Claro, lo entiendo. Un trabajo de oficina es mucho mejor para ti ahora… -dijo sonriendo al oír una voz en el pasillo-. ¿Quieres que te presente a Rafe? Es mi prometido.

Annie rió con ganas. Shelley estaba obviamente deseando presentárselo. Sabía que Rafe ejercía como presidente en funciones de la empresa durante la enfermedad de su padre, a pesar de que Matt era el mayor y el preferido del padre para ocupar ese puesto. También había oído que Shelley acababa de conseguir un importante ascenso y ahora dirigía el departamento de investigación y desarrollo. Eran, sin duda, una pareja de éxito.

– Claro -respondió Annie-. Me encantaría conocerlo.

Shelley salió al pasillo y lo llamó.

– Ven a conocer a Annie Torres.

El hombre que entró no se parecía demasiado a Matt. Tenía un aire indómito y oscuro que sorprendió a Shelley. Pero su cara se iluminó al instante con una sonrisa tranquilizadora.

– Así que eres la culpable de la pequeña revolución que ha habido hoy en la casa de los Allman. Debes de haber causado sensación, porque llevo toda la mañana recibiendo llamadas.

Annie se sonrojó. Todo aquello era una locura. Nunca se sonrojaba. Claro que tampoco solía llorar. Parecía que ese día iban a cambiar muchas cosas.

– Creo que estás exagerando un poco -protestó ella.

– No, de verdad. Lo he oído todo acerca de Matt y de ti.

– ¿De Matt y de mí? -repuso a la defensiva-. Ese concepto no existe. Todo el mundo está sacando una idea equivocada de esto. Su interés en mí es puramente profesional y médico -concluyó mientras acariciaba su abultada barriga.

– ¡Ah! -dijo Rafe con media sonrisa-. Seguro que sí. Rafe y Shelley intercambiaron miradas.

– Bueno, Annie. Ha sido un placer conocerte. Ya nos veremos. Shelley pasa mucho tiempo en la casa, preparándose para la boda.

– Y Rafe también pasa mucho tiempo en la casa. Pero sólo porque quiere -repuso Shelley burlándose de él-. No sé para qué se ha comprado un piso. Apenas va por allí.

– Bueno, a veces resulta bastante útil tener un piso -se defendió Rafe con picardía.

– Será mejor que dejemos que sigas trabajando -dijo Shelley riendo mientras salía-. ¡Nos vemos!

Annie se despidió y siguió con los archivos. No pudo evitar escuchar otro comentario antes de que salieran del despacho.

– Tiene hoyuelos -susurró Rafe a Shelley-. A Matt le encantan las chicas con hoyuelos.

– ¡Calla! -le dijo ella.

Annie se quedó parada. Se sentía como un pez nadando contra corriente. No entendía qué le pasaba a todo el mundo.

«Será mejor que no les haga caso. Están enamora-dos hasta los huesos y sólo bromean intentando emparejar a toda la gente», pensó Annie.

Se preguntó cómo sería estar enamorada hasta los huesos de alguien. Había llegado a creer que quería a Rick, pero no tenía nada que ver con el amor. Simple-mente lo admiraba. Había conseguido impresionarla, pero no era amor verdadero. Y ella había sido una tonta por acceder a tener relaciones íntimas con un hombre al que realmente no quería.

La verdad era que nunca había estado enamorada. Amar significaba darse a otra persona, arriesgarse a sufrir. Y ella había sufrido esas consecuencias sin llegar a estar enamorada. Se había acercado, a algo parecido al amor sin llegar a disfrutarlo plenamente. Y, aun así, se había quemado y pagado un alto precio. Ahora prefería no ir más allá del respeto hacia otra persona. El amor era para quien pudiera permitírselo, no para ella.

El bebé se movió dentro de ella y se relajó al momento. Acarició la zona y le dedicó palabras de cariño. Siguió trabajando. Eso era lo que necesitaba. No podía seguir pensando en Matt y en lo que los otros esperaban que sucediera.

El trabajo era más interesante de lo que había anticipado. Le gustaba poner orden donde reinaba el caos, así que disfrutó creando un nuevo sistema de archivar los mensajes y organizando el despacho para hacer las cosas más fáciles. Estaba tan inmersa en su tarea que perdió la noción del tiempo.

– ¡Hola! ¿Alguna novedad por aquí? -preguntó Matt entrando en el despacho.

Alzó la mirada y lo vio observándola sonriente. Annie le devolvió la sonrisa. Estaba decidida a mantener una relación estrictamente profesional con él.

– Veamos -comenzó pensativa-. Has tenido tres llamadas. Tienes una reunión en el hospital a las tres y Rita quiere que llames a tu padre cuanto antes porque le preocupa mucho el contrato de Núñez.

– Cree que si consigue que sea yo quien negocie ese contrato me tendrá atado a la empresa durante el resto de mis días -dijo con un quejido antes de mirar a su alrededor extrañado-. ¿Has hecho algo con la oficina? ¡Está distinta!

– No mucho. He limpiado el polvo, ordenado un poco y movido algunos archivadores de sitio.

– Bueno, sea lo que sea, recuérdalo para decírselo a Maureen cuando vuelva.

– Sí, claro -repuso ella riendo-. Le va a encantar que su sustituía temporal le diga cómo hacer mejor su trabajo.

– Bueno, si funciona… -dijo mientras entraba en su despacho para dejar el maletín-. Se ha hecho tarde. ¿Estás lista para ir a comer?

Dudó un segundo. Era una de esas ocasiones en las que tenía que aprovechar para hacerle ver que no eran una pareja.

– Puedo ir yo sola al restaurante.

– ¿No quieres comer conmigo? -preguntó mirándola con sus grandes ojos.

– Matt, no me hagas esto.

– ¿El qué?

– No me pongas en estas situaciones. No podemos ir a todas partes juntos. La gente… La gente va a pensar que…

– ¿Que estamos enamorados? -añadió él burlonamente.

– No creo. Pero eres mi jefe, no mi novio. Así que no deberíamos actuar como si lo fueras.

– Como jefe tuyo -insistió él-, te invito a comer para celebrar tu primer día de trabajo.

– Matt…

– Insisto.

Annie sacudió la cabeza, cediendo ante la presión. La verdad era que, muy dentro, le gustaba complacerlo. Estaba de nuevo en zona de peligro y dejándose llevar por la tentación.

– Te prometo que no te obligaré a comer conmigo ningún otro día esta semana -dijo él divertido.

– ¿Y qué pasará la semana próxima? -preguntó ella con rebeldía-. Si es que hay una semana próxima, claro.

– ¿Por qué? ¿Es que esperas que llegue el fin del mundo? -preguntó con sarcasmo.

– No -repuso Annie mirándolo con algo de hostilidad-. Pero quizá entonces ya me hayas despedido.

– Lo dudo mucho -dijo sonriente-. Entre tanto, vamos a comer algo.

Annie dejó que esperara unos minutos más. Pero luego se ablandó y tomó su bolso.

– Muy bien, Matt. Pero tenemos que intentar que los demás no se lleven una idea equivocada de lo que hacemos juntos.

– ¿Por qué te importa tanto lo que piensen los demás? -le preguntó con enfado en su voz.

– Tengo que hacerlo -dijo levantando la cara-. Me he pasado la vida luchando contra lo que otros pensaban de mí. Es importante.

– Annie… -dijo él con dulzura y alargando la mano hacia ella.

– Y una cosa más -lo interrumpió evitando su mano con destreza-. Es sobre mi decisión.

– ¿Qué decisión?

– La de trabajar aquí o no.

– ¡Ah! ¡Esa decisión!

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