El Destino del Corazón
- Автор: Морган Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Destino del Corazón». Краткое содержание книги:
Sola y embarazada de seis meses, Annie Torres ya no creía que ningún caballero andante fuera a acudir en su ayuda. Por eso cuando aquel día se desmayó, lo último que esperaba era caer en los brazos del hombre más guapo que había visto en su vida… el doctor Matt Allman. Y menos aún que su generoso salvador le ofreciera un empleo e insistiera en que viviera en la mansión de su familia. Con todas aquellas atenciones, de pronto la independiente Annie no sabía cómo podría arreglárselas sola. De la noche a la mañana, su increíble jefe se había convertido en la personificación de todos los sueños que durante tanto tiempo se había negado a sí misma.
Annie bebió un trago de café antes de seguir.
– Era muy interesante. No paraba de hablar de sus viajes a Europa, de yates y de gente famosa. Formaba parte de otro mundo. Uno que me era completamente nuevo y me deslumbró. No podía creerme que alguien como él me prestara atención -dijo sonriendo de nuevo-. Solía acercarse mucho a mi cara cuando hablaba conmigo, me hacía sentir como si fuera la única persona que le importara en el mundo -añadió riendo con amargura-. Pero ahora estoy segura de que su mente estaba lejos dé allí.
Matt asintió comprensivo con la cabeza, a pesar de que estaba un poco molesto. El tipo tenía toda la pinta de ser un estafador y no podía creerse que una chica lista como Annie se hubiera tragado sus patrañas.
– Hay muchos políticos como él -le dijo con brusquedad.
– Eso dicen. Lo más seguro es que haya votado a alguno de ellos. Igual que caí en las redes de Rick.
Matt esperó un instante. Annie permanecía callada, mirándose las manos.
– ¿Estabas enamorada de él? -le preguntó finalmente.
Annie dudó un momento antes de contestar y el corazón de Matt se aceleró. No entendía por qué le preocupaba tanto su respuesta.
– Creí que lo estaba -contestó ella mirándolo con honestidad-. De verdad que sí. Pero… Es curioso. En el mismo instante en que me dijo que me librara del bebé o no volvería a salir conmigo, toda la fantasía que me había creado en torno a él cayó y vi, claramente y por primera vez, al verdadero Rick -explicó con una mueca de desagrado-. Y no me gustó nada en absoluto. Después dijo que su familia contrataría a detectives que demostraran que él no era el único hombre con quien yo había estado…
Lágrimas, de ira esta vez, amenazaron con llegar a sus mejillas y la emoción hizo que se interrumpiera.
– ¡Menudo capullo! -dijo Matt con frialdad-. A lo mejor debería ir a hacerle una visita y…
– ¡No! Eso sería una locura.
Annie se quedó mirándolo, sorprendida por la rapidez con la que Matt había salido en su defensa.
– Además, ¿por qué crees que Rick no tenía razón? -le preguntó con suavidad mientras buscaba una respuesta en sus ojos.
– Porque te conozco -le repuso él sin dudarlo un instante.
– No, no me conoces -protestó ella sorprendida y algo asustada.
– Sí, te conozco -insistió él sin apartar la mirada.
Sus palabras consiguieron que se emocionara de nuevo. Buscó una servilleta y Matt aprovechó para dejar el dinero del desayuno encima de la mesa.
– Venga -dijo de repente-. Vámonos.
– Espera, tengo que hablar con Millie.
– Ya lo haremos después.
Annie no protestó porque no le apetecía hablar con nadie más en ese momento. No estaba de humor para ello. Dejó que la llevara fuera del restaurante y hasta el aparcamiento. No tenía energía suficiente para resistirse. Al contarle la historia se había quitado un peso de encima, pero se había quedado agotada.
– Podemos volver luego y comer aquí -sugirió Matt mientras iban hacia los coches-. Y entonces podrás hablar con Millie.
Annie lo miró de reojo. Matt usaba el plural en cada frase, como si fueran una pareja. Tenía que cortar aquello de raíz.
Matt había aparcado su deportivo al lado del viejo coche de Annie. Las comparaciones eran inevitables. Ella abrió la puerta de su coche y se volvió hacia él.
– Aquí no hay un nosotros -le dijo.
– ¿Qué? -preguntó sorprendido.
– Que llevas todo el día usando el plural como si estuviésemos juntos. Olvídate de ese nosotros, porque sólo somos Annie Torres y Matt Allman. Yo soy yo y tú eres tú. Dos personas por separado. Nada de nosotros.
– ¡Ya veo! -dijo cuando se dio cuenta de lo que pasaba-. Estoy de acuerdo. Por supuesto. Así es como tienen que ser las cosas. Lo siento. Mediré mis palabras a partir de ahora.
– Muy bien. Fenomenal -dijo ella mientras se metía en el coche.
Annie odiaba verlo allí observándola. No era nada fácil colocarse en su asiento con su enorme barriga.
– Nos vemos en el aparcamiento de Industrias Allman -le dijo mientras ponía en marcha el motor.
Fue un alivio oír el rugido del motor, porque no siempre arrancaba a la primera. Metió la marcha atrás. Matt seguía mirándola.
– ¡Tonto el último! -gritó por la ventana con tono infantil-. ¡Te voy a ganar!
Vio divertida la cara de preocupación de él al verla salir del aparcamiento antes de que tuviera tiempo de abrir la puerta de su deportivo.
– No te preocupes -dijo Annie, como si pudiera oírla-. No voy a ir muy deprisa. Voy a cuidar mucho de este bebé. Ya verás.
El interior del edificio de Industrias Allman parecía tan anticuado como las fachadas, pero estaba lleno de vitalidad y actividad.
Pero Annie se dio cuenta de que había algo más en el ambiente. Al principio no supo qué era, pero luego todo cobró sentido. Era el espíritu de Jesse Allman, el padre de Matt. No lo había visto allí y tampoco en la casa de la calle Álamo, pero su presencia era constante en los dos sitios. Era como si hubiera convertido ambos edificios en casas encantadas. Había oído hablar de él toda su vida y recordaba haberlo visto cuando era pequeña.
Era el enemigo de su padre, William McLaughlin. Nunca había tenido claro si debía unirse a Jesse Allman para vengarse de un padre que había estado siempre ausente o si debía estar contra él y del lado de los McLaughlin. Su forma de ver las cosas fue cambiando con el tiempo. Ahora podía verlo todo con mayor objetividad y se daba cuenta de que ambos habían sido unos imbéciles. Formaban parte de una generación en la que creían que los hombres que conseguían el éxito tenían derecho a convertirse en despóticos reyes.
Matt era distinto. Al menos eso creía Annie. Sintió que debía darle las gracias.
– Matt -le dijo mientras lo tomaba del brazo al entrar en el edificio-. Ya sé que a veces soy un poco antipática, pero quería decirte que aprecio mucho lo que estás haciendo por mí.
– Soy yo quien debo darte las gracias -dijo sonriente.
– ¿Porqué?
– Has conseguido que, para variar, piense en otra persona que no sea yo. Los dos vamos a hacer todo lo posible por el bien de este bebé -le dijo mirando su barriga-. Pero hasta entonces, ¿qué sabes hacer?
– Ya te lo dije. Tengo conocimientos de Enfermería.
– ¿Y de mecanografía?
– Un poco.
– Eso bastará. Con que uses dos dedos será suficiente por ahora. No hay mucho que escribir -explicó mientras saludaba con la cabeza a la recepcionista-. Lo que necesito más que nada es alguien que me organice la agenda y los horarios. También quiero que filtres las llamadas, organices las reuniones y coordines las actividades con los empleados de la otra clínica.
– Creo que podré ocuparme de todo eso.
– Muy bien.
Matt le enseñó el edificio y le presentó a muchos de los empleados. Terminaron el recorrido en su despacho, en la primera planta. Era una oficina sencilla, pero con muebles modernos y mucho gusto en la decoración. Ella estaría en una mesa en la salita de entrada al despacho. Matt trabajaba en la habitación contigua. Ambas estaban comunicadas por una puerta. No le costó mucho trabajo habituarse a usar el ordenador, las impresoras, la fotocopiadora y la centralita telefónica. Alguien llamó y Matt tuvo que ir a otro despacho.
– ¿Vas a estar bien? -le preguntó antes de salir.
– Claro -le dijo, encantada de tener algo de tiempo para ella-. Vete a esa reunión.
Se dio cuenta de que Matt no quería irse y dejarla sola y suspiró preocupada. Si quería que funcionara su relación laboral, Matt iba a tener que darle un respiro.
Decidió comenzar ordenando los ficheros. Sería una buena manera de aprender de qué iba su nueva ocupación.
Una hora después, seguía liada con esa tarea cuando una joven guapa y rubia se asomó por allí.
– ¡Annie!
Levantó la cabeza y vio a la hija de Millie en la puerta. La había visto unas cuantas veces en el restaurante. Se iba a casar con uno de los hermanos de Matt, Rafe.