El Destino del Corazón
- Автор: Морган Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Destino del Corazón». Краткое содержание книги:
Sola y embarazada de seis meses, Annie Torres ya no creía que ningún caballero andante fuera a acudir en su ayuda. Por eso cuando aquel día se desmayó, lo último que esperaba era caer en los brazos del hombre más guapo que había visto en su vida… el doctor Matt Allman. Y menos aún que su generoso salvador le ofreciera un empleo e insistiera en que viviera en la mansión de su familia. Con todas aquellas atenciones, de pronto la independiente Annie no sabía cómo podría arreglárselas sola. De la noche a la mañana, su increíble jefe se había convertido en la personificación de todos los sueños que durante tanto tiempo se había negado a sí misma.
Annie se levantó de la cama y comenzó a leer los títulos de los libros.
– Quería comentarte algunas cosas, Matt. Necesito tomarme una hora libre el viernes. Tengo cita con el doctor Marín.
– Bueno. Si quieres yo puedo… -comenzó él levantando la mirada hacia ella.
– No, no puedes -interrumpió ella mirándolo también-. ¿Qué estás pensando? ¿En asistir el parto cuando llegue el momento?
– Bueno, podría hacerlo si fuese necesario -dijo con media sonrisa y encantado ante tal posibilidad.
– De eso nada.
Matt sabía que Annie tenía razón. Estaban tomando demasiada confianza como para que pudiera ser objetivo con ella. Además, el doctor Marín era un buen profesional.
– Y luego está lo de los jueves por la tarde. No voy a poder ir al despacho.
– Sí, ya me lo dijiste.
Había albergado la esperanza de que Annie acabara dándose cuenta de que no necesitaba ese segundo empleo, pero parecía no ser así. Quería convencerla de lo inapropiado que era que trabajase para los McLaughlin sin mostrar su enfado.
– Pero tenemos que hablar de eso.
– No hay nada de lo que hablar. Trabajo en el rancho de los McLaughlin los jueves por la tarde.
Sabía que, para controlar la ira, debía contar hasta diez antes de contestar, pero no pudo pasar de cinco.
– Pues tendrás que dejar de ir -dijo con firmeza.
– No -contestó ella con más firmeza aún-. No voy a dejarlo.
Su tono lo dejó helado. Estaba claro que hablaba en serio. No entendía que arriesgase un buen trabajo por conservar unas horas en ese rancho.
– Es importante para mí que no lo hagas -dijo con tanta calma como pudo.
– Lo siento -contestó sin vacilar-. Pero lo voy a hacer y no podrás convencerme de lo contrario.
– ¿Por qué es tan importante ese trabajo? -preguntó perplejo.
– No es por el trabajo, es por Josh y Cathy McLaughlin. Me gusta trabajar para ellos.
– Muy bien. ¿Y qué tienen ellos de especial?
– Me necesitan -dijo tras dudar un segundo-. Y me caen muy bien.
El instinto de Matt le decía que había algo más, pero también sabía que no conseguiría ninguna respuesta si seguía presionándola, así que decidió ser más sutil. Se sentó en la cama y se apoyó en el cabecero.
– ¿En que consiste tu trabajo allí?
Annie lo miró y se sentó con cautela a los pies de la cama.
– Bueno, se supone que soy su asistenta. Pero lo que más hago es cuidar de la niña, un poco de limpieza y algo de cocina -se paró para comprobar si Matt la estaba escuchando-. Voy los jueves por la tarde durante cuatro horas. Eso le da tiempo a Cathy a ir de compras, quedar con sus amigas o ir al dentista. Necesita tiempo libre, trabaja muy duro en el rancho y casi siempre con el bebé a cuestas.
– He oído que Josh está haciendo muy buen trabajo poniendo en marcha el rancho después de que su padre lo llevara casi a la ruina. Pero claro, es una tarea de proporciones gigantescas.
Annie lo miró sorprendida. Ella había llegado a la misma conclusión por sí misma, a pesar de que no conocía la historia.
– Y, ¿cómo los conociste?
– Llamé cuando vi su oferta de trabajo.
– ¿No los conocías de antes?
– No.
Matt se quedó un momento en silencio.
– Sabes que estamos enfrentados, ¿verdad?
– Por supuesto. Nadie que haya vivido en Chivaree ignora lo de vuestra disputa. Porque empezó con la fundación del pueblo, ¿no?
Matt asintió en silencio.
– Eso fue hace muchísimo tiempo. ¿No es hora ya de acabar con ello?
– ¿Acabar con ello? -dijo sorprendido por la mera sugerencia-. No se puede acabar con algo que viene de tan antiguo.
– ¿Sabes qué? -repuso ella con cara de hastío-. Este enfrentamiento familiar será importante para vosotros y para los McLaughlin, pero para el resto de nosotros, fuera de vuestro paranoico mundo particular, no significa nada. Creo que deberíais superarlo y pasar del tema.
– Para ti es fácil decirlo -concluyó él.
Matt había dejado de pensar en ese tema. Al decirle Annie lo de su cita con el doctor Marin, recordó que ya le había comentado que él estaba ayudándola con sus planes de dar el bebé en adopción.
– ¿El doctor Marin es el que te ha puesto en contacto con el abogado para la adopción? -le preguntó.
– Sí -repuso ella extrañada y preocupada. Matt hizo una mueca de desagrado.
– Tienes otras opciones, ¿sabes? Deberíamos hablar de…
– Es una buena opción -lo interrumpió Annie antes de que Matt le explicara nada más-. Las adopciones funcionan bien y hay muchos ejemplos que así lo confirman. Mira a…
Se detuvo justo antes de hablarle del caso de Josh y Cathy, segura de que a Matt poco le importaría lo que pasara en casa de los McLaughlin.
– Ya lo sé -contestó impaciente-. Sólo quiero saber si estás segura de lo que haces y de que has contemplado otras alternativas.
Annie hizo un esfuerzo para no enfrentarse a él.
– ¿Es que crees que no lo he pensado? No es un capricho, he meditado mucho sobre ello.
– Sólo porque tu madre tuvo una mala experiencia no significa que a ti te vaya a pasar lo mismo. Las cosas están mejor ahora. Tú tendrás oportunidades con las que tu madre no pudo ni soñar. Tienes una educación. Sé que te irá bien.
– No tienes ni idea. Yo viví esa vida y tengo que pensar en el futuro de este bebé -dijo mirándolo desafiante-. ¿No crees que los niños necesitan un padre y una madre?
– Por supuesto. Si es posible. Por eso es por lo que…
No puso terminar la frase. Suspiró y respiró hondo. Annie lo miró a los ojos y vio que estaba atormentado.
– Tengo algo que decirte, Annie -le dijo con suavidad-. Ya debería haberlo hecho, pero es duro hablar de ello. No va a hacer que mejore la imagen que tienes de mí.
– ¿Por qué? ¿De qué se trata?
Oyeron risas en el piso de abajo. Los otros estaban subiendo las escaleras. Matt tomó su mano.
– Será mejor no hablar ahora. Voy a asegurarme de que no queda nadie fuera. Tú baja por la parte de atrás y te veo en el jardín dentro de un momento.
Annie se levantó de la cama con cara de preocupación. Se apartó para dejarlo salir, pero justo cuando pasaba junto a ella tocó su brazo, intentando consolarlo. Era como si pudiera leer su mente y saber lo que le estaba entristeciendo. Matt se detuvo y miró su preciosa cara antes de salir de la habitación. Sólo fue un gesto, pero expresó mucho más que las palabras. Le iba a ser imposible no enamorarse de esa mujer si seguía haciendo cosas como aquélla.
Annie lo esperó a la sombra de un viejo árbol que se erguía como un centinela a un lado del jardín. Había luz en la ventana del piso superior. Se imaginó que sería la habitación de Jesse Allman. Esperaba no tener que verlo por allí.
Vio a Matt salir por la puerta de atrás y salió a su encuentro. No tenía ni idea de qué le iba a contar, pero sabía que tendría algo que ver con la expresión de dolor y preocupación que atravesaba con frecuencia su cara.
– Hola -lo saludó ella.
– Gracias por bajar -le dijo-. ¿Vamos hasta el borde del barranco?
– Vale.
Había luces en los árboles que rodeaban el jardín, pero aún así la iluminación era bastante deficiente. Matt tomó su mano para evitar que se resbalase. Era muy agradable sentir su mano, pero intentó no pensar en ello.
Caminaron más despacio al llegar al borde del pequeño cañón. Él le soltó la mano. Se oía el sonido del agua corriendo entre las piedras al fondo del cañón. Era una noche fresca. Annie se giró hacia él, pero apenas podía adivinar sus facciones en la oscuridad.