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El Destino del Corazón

Электронная книга - «El Destino del Corazón». Краткое содержание книги:

Sí, Annie, tu príncipe azul existe…
Sola y embarazada de seis meses, Annie Torres ya no creía que ningún caballero andante fuera a acudir en su ayuda. Por eso cuando aquel día se desmayó, lo último que esperaba era caer en los brazos del hombre más guapo que había visto en su vida… el doctor Matt Allman. Y menos aún que su generoso salvador le ofreciera un empleo e insistiera en que viviera en la mansión de su familia. Con todas aquellas atenciones, de pronto la independiente Annie no sabía cómo podría arreglárselas sola. De la noche a la mañana, su increíble jefe se había convertido en la personificación de todos los sueños que durante tanto tiempo se había negado a sí misma.
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– He decidido aceptar el trabajo. Pero necesito tener libres los jueves por la tarde.

– ¿Los jueves? ¿Para qué?

– Los jueves… -se interrumpió para respirar hondo-. Los jueves trabajo en el rancho de los McLaughlin.

Capítulo 6

EL DESPACHO se quedó en silencio. Matt intentó digerir lo que Annie acababa de decirle.

– ¿Qué? -preguntó algo alarmado.

– Ya te lo había dicho. Trabajo como asistenta un día a la semana.

– Sí, pero no me habías dicho que era para los McLaughlin.

– Bueno, pues así es.

Matt se levantó y comenzó a dar vueltas por el despacho. Se paró frente a la ventana y se pasó las manos por el pelo. Después se volvió para mirarla.

– ¿Crees que puedes trabajar para mí y para ellos al mismo tiempo?

– Sí, claro.

Annie decidió que la ofensiva era su mejor baza. Si esperaba a que él la convenciese con su lógica aplastante, acabaría disculpándose o, peor aún, terminaría prometiéndole que no volvería a trabajar para Josh y Cathy. Y era muy importante que siguiera en contacto con los McLaughlin, aunque no pudiera contarle a Matt el porqué.

– Puedo hacerlo y lo haré.

– Pero… -protestó él con la cara de quien está siendo torturado.

– ¿Pero qué? ¿Crees que soy una espía? Pensé que podías ver dentro de mi alma y ver cómo era. Dijiste algo parecido. Ahora, en cambio, no sabes si puedes confiar en mí.

– No se trata de confianza.

– Así que sólo se trata de odio irracional entre las dos familias.

– No sabes de lo que hablas, Annie. Cuando tengamos tiempo, te contaré cosas que te harán cambiar de opinión.

– No hace falta -repuso poniéndose en pie-. Si no puedes soportar que trabaje para ellos, me buscaré otro trabajo. O volveré con Millie.

Matt sacudió la cabeza y se acercó a ella. Su cara seguía reflejando su disgusto.

– Ya hablaremos mientras comemos. Vamos.

Charlaron durante la comida, pero no sobre los McLaughlin. Annie habló con Millie y hubo abrazos y lágrimas. Durante la hora siguiente, un montón de clientes se acercaron a su mesa para desearle suerte y decirle cuánto la echarían de menos.

– Bueno, no me voy muy lejos -les dijo ella-. Voy a seguir en el pueblo, trabajando para Industrias Allman. Podéis llamarme si queréis.

– Pero no será lo mismo que encontrarte aquí cada día cuando vengo a tomar mi bocadillo -se quejó Katy Brewster-. Tu sonrisa siempre me alegra el día.

Annie estaba encantada y emocionada con el cariño que le brindaban. No tenía ni idea de que fuera tan importante en la vida de esas gentes. Disfrutó con los halagos y con la mirada de Matt al oírlos.

– Parece que eres la preferida de todos -le susurró mientras se preparaban para irse y la gente se despedía de ella-. Tienes que presentarte a alcaldesa.

Matt estaba teniendo mucho cuidado para no tocarla ni acercase demasiado a ella. A Annie no se le pasó por alto y lo agradeció, aunque sabía que la gente hablaría de todas formas.

La ayudó a entrar en el coche mientras se despedía de otras personas. Cuando llegaron a la autopista, se relajó, aliviada de haber terminado con las despedidas.

– Pasémonos por las nuevas oficinas -sugirió Matt-. ¿Has estado allí?

– No. La verdad es que ni siquiera he estado en la zona -dijo ella.

Su corazón empezó a latir con fuerza. Tenía sus razones para no ir a esa parte de la ciudad. Iban a pasar al lado del parque del Coyote, donde pasaba los veranos de niña. Sabía que no tenía sentido sentirse mal por ello. Tendría que ser fuerte.

– ¿Quieres ver el nuevo edificio?

– Claro.

Había oído hablar mucho de ese edificio. Todos decían qué la nueva sede de Industrias Allman iba a ser espectacular. Por lo que pudo ver mientras Matt conducía despacio alrededor de la zona de obras, no habían exagerado. Los cimientos ya estaban listos y, muy pronto, una gran edificación de acero y cristal se levantaría allí. Era una clara señal de progreso para los Allman. Estaban apostando fuerte por el futuro. Annie estaba muy impresionada.

– Si te quedas con nosotros estarás trabajando aquí dentro de un año -le dijo Matt con algo de cinismo en su tono.

Lo miró para entender su sarcasmo, pero los ojos de Matt sonreían. Quizás hubiera sido sólo su imaginación.

– ¿Y tú? -le preguntó con curiosidad-. ¿Estarás aún trabajando en la empresa?

– Depende -respondió con una sombra de tristeza en la cara.

– ¿De qué?

Como todo el mundo en Chivaree, Annie sabía que Matt se había ido a estudiar fuera para alejarse de su padre, al menos en parte. Con esfuerzo, se había convertido en médico. Desde que su padre cayera enfermo, había vuelto a casa y a trabajar en la empresa familiar. Se había empeñado en abrir allí una clínica para dejar claro que no iba a renunciar a su carrera. A pesar de todo, su padre seguía queriendo que fuera él quien se encargara de llevar las riendas de la empresa.

– Nunca se sabe lo que el destino tiene preparado para ti -le dijo sonriente-. O si no, mira en cómo has caído de repente en mi vida.

– Sí, caer es la palabra apropiada, pero no fue a propósito. No fue mérito mío.

– ¿Me estás diciendo que desmayarte a mis pies no formaba parte de tu plan para robarme el corazón aprovechando que soy un hombre compasivo?

Lo miró para asegurarse de que estaba bromeando. Porque si no veía humor en sus ojos, tendría que salir de allí corriendo. Pero sus ojos sonreían, y Annie se relajó.

– Ojalá fuera tan lista como para idear un plan así -dijo fingiendo decepción-. Con lo tonto que eres…

– ¿Yo?

La respuesta era no, pero no quiso darle la satisfacción de decirlo. Además, las bromas estaban uniéndolos y no quería seguir por ese camino. Matt se dio por aludido y prosiguió la marcha con el vehículo, saliendo de esa zona.

– Matt. Hay algo que no entiendo. Si no quieres trabajar para la empresa familiar, sino como médico, ¿por qué no se lo dices a tu padre? ¿Por qué pierdes el tiempo fingiendo interés?

– Haces que suene muy fácil -dijo riendo-. Fácil y sencillo. Pero no sabes cómo es Jesse Allman.

– ¿Es tan autoritario?

– Sí, pero no es sólo eso. También me hace chantaje emocional para que me sienta culpable.

– ¿Culpable? ¿De qué?

– De la vida en general, ya sabes. A veces te arrepientes de cosas que has hecho. Unas veces por amar demasiado, otras por amar demasiado poco… ¿Comprendes?

La verdad era que no lo entendía. Ella no había tenido un padre que le hiciera la vida desgraciada. No había tenido padre y punto.

– Vayamos por la carretera vieja -anunció él cambiando de tema.

Ese camino pasaba al lado del parque. Se mordió el labio. «Bueno, no pasa nada. Estará bien volver a verlo», pensó algo nerviosa.

A los pocos minutos pasaron por delante. Tenía un aspecto muy descuidado. Había algodonales y enebros, tal y como recordaba. Pero algo era distinto. No había nadie por allí.

– Para -dijo de repente-. Para un momento, por favor.

Matt detuvo el coche y la observó con curiosidad. Annie salió del coche y miró a su alrededor. Estaba asombrada. Se acababa de dar cuenta de que no temía ese sitio. Muy al contrario, un montón de recuerdos de su infancia la invadieron.

– ¿Tienes un ratito? ¿Te importa que baje allí un momento? -le preguntó señalando un viejo puente de madera que cruzaba el arroyo.

– No hay problema.

Annie se dirigió hacia el puente. Matt salió también del coche y la siguió.

– ¿Qué pasa, Annie? -preguntó al ver cómo ella llegaba al puente y miraba a su alrededor.

Lo miró, a sabiendas de que contarle su historia perjudicaría la imagen que tenía de ella. Pero era la verdad y, en el fondo, esperaba que Matt se mostrara comprensivo.

– Solíamos acampar aquí durante el verano cuando era pequeña -le dijo con honestidad-. Pero no como cuando vas de vacaciones. Éste era nuestro hogar. Cuando teníamos algo de dinero o algún amigo, vivíamos en una caravana. Pero si no, sólo quedaba la opción de la tienda de campaña.

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