El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
—No las encontrarás todas a tiempo —dijo Escorpio.
—No tendré que encontrarlas —dijo Skade—. ¿No es cierto, Clavain? Porque tener a Galiana me protege tanto como cuando tenía a Felka. No. No te la pienso mostrar. No es necesario. Felka te dirá que está aquí. Ella también ha conocido al lobo, ¿verdad?
Pero Felka no se movió.
—Vamos —dijo Escorpio—. Vamos a salir de aquí antes de que cambie de opinión.
Clavain estaba con Felka cuando esta volvió en sí. Estaba sentado en una silla al lado de su cama, rascándose la barba; el chirrido de un saltamontes, cri, cri, cri, que abría un agujero implacable en su subconsciente y tiraba de ella para que despertara. Había estado soñando con Marte, soñaba con su Muralla, soñaba que estaba perdida en la interminable y arrolladora tarea de mantener la inviolabilidad de la Muralla.
—Felka. —La voz del hombre era áspera, casi brusca—. Felka. Despierta. Soy Clavain. Ahora estás entre amigos.
—¿Dónde está Skade? —preguntó.
—He dejado allí a Skade. Ya no te concierne. —La mano de Clavain descansó sobre la suya—. Para mí es un alivio que estés bien. Me alegro de volver a verte, Felka. Hubo momentos en los que pensé que eso no volvería a ocurrir.
Felka había vuelto en sí en una habitación que no se parecía a ninguna de las que había visto en la Sombra Nocturna. Tenía un aire ligeramente rústico. Estaba claro que se encontraba a bordo de una nave, pero no era un lugar tan impecable y organizado como el último navío.
—No te despediste de mí antes de desertar —le dijo ella.
—Lo sé. —Clavain se metió un dedo en los pliegues de un ojo. Parecía cansado, más viejo de lo que ella lo recordaba la última vez que se habían visto—. Lo sé y me disculpo. Pero fue algo deliberado. Me habrías convencido para que no lo hiciera. —Su tono se hizo acusador—. ¿No es cierto?
—Yo solo quería que te cuidaras. Por eso te convencí para que te unieras al Consejo Cerrado.
—Pensándolo bien, es probable que fuera un error, ¿no crees? —Su tono se había suavizado. Ella estaba bastante segura de que estaba sonriendo.
—Si llamas a esto cuidarse, entonces sí. Tendría que admitir que no era eso lo que yo tenía en mente, la verdad.
—¿Skade te cuidó?
—Quería que la ayudara. No lo hice. Me… encerré en mí misma. No quería oír que te había matado. Lo intentó con todas sus fuerzas, Clavain.
—Lo sé.
—Tiene a Galiana.
—También lo sé —dijo él—. Remontoire, Escorpio y yo colocamos cargas de demolición por toda su nave. Podríamos destruirla ahora mismo si yo estuviera dispuesto a retrasar nuestra llegada a Resurgam.
Felka se obligó a incorporarse.
—Escúchame con mucha atención, Clavain.
—Estoy escuchándote.
—Debes matar a Skade. No importa que tenga a Galiana. Es lo que Galiana querría que hicieras.
—Lo sé —dijo Clavain—. Pero eso no lo hace más fácil.
—No. —Felka alzó la voz, no temía parecer enfadada con el hombre que acababa de salvarla—. No. No lo entiendes. Quiero decir que eso es exactamente lo que Galiana querría que hicieras. Lo sé, Clavain. Toqué su mente de nuevo, cuando nos encontramos con el lobo.
—Ahí ya no queda ninguna parte de Galiana, Felka.
—La hay. El lobo hizo todo lo que pudo por ocultarla, pero… yo también pude sentirla. —Felka clavó los ojos en su rostro y estudió sus misterios antiguos, latentes. De todos los rostros que conocía, este era el que menos problemas tenía para reconocer pero, ¿qué significaba eso con exactitud? ¿Estaban unidos por algo más que la contingencia, las circunstancias y una historia compartida? Recordaba ahora que le había mentido a Clavain cuando le había dicho que era su hija. Nada en el estado de ánimo de hombre sugería que se había enterado de que era mentira.
—Felka…
—Escúchame, Clavain. —Le cogió la mano y se la apretó con fuerza para exigir su atención—. Escúchame. Jamás te he dicho esto porque me afectaba demasiado. Pero en los experimentos del Exordio fui consciente de que una mente intentaba ponerse en contacto conmigo, desde el futuro. Presentí un mal incalificable. Pero también presentí algo que reconocí. Era Galiana.
—No… —dijo Clavain.
Felka le apretó la mano más todavía.
—Es cierto. Pero no fue culpa suya. Ahora lo veo. Fue su mente, después de que el lobo hubiera tomado el mando. Skade permitió que el lobo participara en los experimentos. Necesitaba sus consejos sobre la maquinaria.
Clavain sacudió la cabeza.
—El lobo jamás habría colaborado con Skade.
—Pero lo hizo. Skade lo convenció de que tenía que ayudarla. De esa forma sería ella la que recuperase las armas, no tú.
—¿Cómo iba a beneficiar eso al lobo?
—De ninguna forma. Pero era mejor que las armas las capturara una entidad sobre la que el lobo tenía cierta influencia, en lugar de una tercera persona como tú. Así que accedió a ayudarla, sabía que siempre podría encontrar una forma de destruir las armas una vez que las tuviera a mano. Yo estuve allí, Clavain, en su dominio.
—¿El lobo lo permitió?
—Lo exigió. O más bien lo exigió la parte de él que seguía siendo Galiana. —Felka hizo una pausa. Sabía lo difícil que debía de ser para Clavain. Para ella era angustioso, pero, para Clavain, Galiana había significado incluso más.
—Entonces tendría que haber una parte de Galiana que todavía nos recuerda, ¿es eso lo que quieres decir? Una parte que todavía recuerda cómo eran las cosas antes…
—Todavía recuerda, Clavain. Todavía recuerda y todavía siente. —Una vez más Felka se detuvo, sabía que esta iba a ser la parte más difícil de todas—. Por eso tienes que hacerlo.
—¿Hacer qué?
—Lo que siempre planeaste hacer antes de que Skade te dijera que tenía a Galiana. Tienes que destruir al lobo. —De nuevo lo miró a la cara y se maravilló de su edad, y le dolió lo que le estaba haciendo—. Tienes que destruir la nave.
—Pero si lo hago —dijo Clavain de repente con tono excitado, como si hubiera descubierto un fallo garrafal en el argumento de Felka— mataré a Galiana.
—Lo sé —dijo Felka—. Lo sé. Pero aun así tienes que hacerlo.
—No puedes saberlo.
—Puedo y lo sé. La sentí, Clavain. Sentí que te pedía que lo hicieras.
Lo contempló solo y en silencio desde la atalaya de la cúpula de observación que había cerca de la proa de la Luz del Zodíaco. Había dado instrucciones de que no lo molestaran hasta que volviera a estar disponible, aunque eso significara muchas horas de soledad.
Después de cuarenta y cinco minutos sus ojos se habían adaptado casi por completo a la oscuridad. Se quedó mirando el mar de noche interminable detrás de la nave, a la espera de la señal que indicase que el trabajo estaba hecho. Algún que otro rayo cósmico arañaba un trazo falso de su campo de visión, pero sabía que la firma del acontecimiento sería diferente e imposible de confundir. Y con esa oscuridad de fondo, también sería imposible no verla.
Surgió del corazón de la negrura: un destello de color blanco azulado que alcanzó su máxima brillantez durante tres o cuatro segundos, y que luego fue declinando, decayendo y atravesando espectrales tonos de rojo y pardo oxidado. Ardió y abrió un agujero vivido en su campo de visión, un punto de un color violeta abrasador que permaneció con él incluso después de cerrar los ojos.
Había destruido la Sombra Nocturna.
Skade, a pesar de todos sus esfuerzos, no había localizado todas las cargas de demolición que le habían pegado a su nave. Y como eran alfileres, solo había hecho falta una para completar el trabajo. La carga de demolición no había sido más que la iniciadora de una cascada mucho más grande de detonaciones: primero las cabezas explosivas alimentadas por antimateria y con puntas similares, y luego los propios motores combinados. Habría sido instantáneo y no habría habido casi advertencia previa.