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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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—Usted lo sabía, ¿no es cierto? —dijo ella.

—¿Saber qué?

—Que alguien nos estaba disparando un láser. Frecuencia de comunicación.

—Lo siento, Ilia pero yo solo…

—No quería que yo lo supiera. Y no lo supe hasta que me conecté con esos sensores del casco para observar la salida del arma.

—Qué emisiones… Ah, espera. —Su gran voz de deidad vaciló un momento—. Espera, ya veo a lo que te refieres. No lo había notado, estaban pasando tantas cosas… Tú estás más sensibilizada con tales preocupaciones que yo, Ilia. Estos días estoy muy concentrado en mí mismo. Si esperas un momento, retrocederé un poco para determinar cuándo comenzaron las emisiones. Tengo los datos de los sensores, ya sabes…

Volyova no le creía, pero sabía que no había forma de demostrar lo contrario. Él lo controlaba todo, y fue solo al desconcentrarse un momento que ella se había enterado de la presencia del láser.

—Y bien, ¿cuánto tiempo?

—No más de un día, Ilia. Un día o así…

—¿Qué significa «o así», hijo de puta mentiroso?

—Quiero decir… cuestión de días. No más de una semana… según un cálculo conservador.

Svinoi. Cerdo mentiroso, hijo de puta. ¿Por qué no me lo ha dicho antes?

—Supuse que tú ya eras consciente de la señal, Ilia. ¿No la recogiste cuando tu trasbordador se acercó a mí?

Ah, pensó ella. Así que era una señal, no solo una explosión láser sin sentido. ¿Qué más sabía el capitán?

—Por supuesto que no lo sabía. Estuve dormida hasta el último momento, y el trasbordador no estaba programado para buscar nada que no fueran transmisiones del interior del sistema. Las comunicaciones interestelares tienen un corrimiento al azul para salir de las bandas de frecuencia habituales. ¿Cuál era el corrimiento al azul, capitán?

—Modesto, Ilia: diez por ciento de la velocidad de la luz. Solo lo suficiente para sacarlo de la banda de frecuencia esperable.

Volyova hizo los cálculos. Diez por ciento de luz… Una abrazadora lumínica no podía reducir esa clase de velocidad en mucho menos de treinta días. Incluso si una nave estelar estaba irrumpiendo en el sistema, ella todavía tenía un mes antes de que llegara. No le dejaba mucho margen de maniobra, pero era mejor que averiguar que solo estaban a unos cuantos días.

—¿Capitán? La señal debe de ser una transmisión automatizada programada para repetirse, o no la habrían mantenido durante tanto tiempo. Pásemela al traje. De inmediato.

—Sí, Ilia. ¿Y las armas del alijo? ¿Quieres que abandone el despliegue?

—Sí… —empezó a decir antes de corregirse—. No. ¡No! Esto no cambia nada. Siga desplegando los putos trastos, todavía llevará horas sacar las ocho fuera. Ya oyó lo que dije antes, ¿no? Quiero que su masa los proteja de los inhibidores.

—¿Y qué pasa con la fuente de la señal, Ilia?

Si hubiera tenido esa opción, le habría dado una patada en alguna parte. Pero estaba flotando lejos de cualquier cosa que hubiera podido patear.

—Limítese a poner la puta transmisión.

Su visera se volvió opaca y oscureció la visión de la cámara del alijo. Por un momento se quedó mirando un mar blanco sin dimensiones. Luego se formó una escena, una disolución lenta que dio paso a un interior. Parecía estar de pie en el extremo de una larga habitación amueblada con austeridad; había una mesa negra entre ella y las tres personas que se encontraban al otro lado de la mesa. Esta era una cuña de pura oscuridad.

—Hola —dijo el único varón humano de los tres—. Me llamo Nevil Clavain y creo que usted tiene algo que yo quiero.

A primera vista parecía ser una simple extensión de la mesa. Sus ropas eran del mismo color negro sin brillo, solo surgían de las sombras sus manos y su cabeza. Tenía los dedos entrelazados con cuidado delante de él. Unas venas como cuerdas dibujaban espirales en los dorsos de sus manos. El cabello y la barba eran blancos, su rostro recortado por algunos sitios por grietas de una profunda oscuridad.

—Se refiere a los mecanismos que están dentro de su nave —dijo la persona que estaba sentada al lado de Clavain. Era una mujer de aspecto muy joven que llevaba una especie de uniforme negro parecido. Volyova se esforzó por reconocer el acento; le parecía que sonaba como uno de los dialectos locales de Yellowstone—. Sabemos que tiene treinta y tres. Disponemos de un mecanismo permanente que fija su huella diagnóstica, así que no piense siquiera en marcarse un farol.

—No funcionará —dijo el tercer interlocutor, que era un cerdo—. Somos muy resueltos, ¿sabe? Capturamos esta nave cuando dijeron que no se podía hacer. Incluso hemos conseguido darles a los combinados un buen puñetazo. Hemos venido desde muy lejos para conseguir lo que queremos, y no nos vamos a ir a casa con las manos vacías. —Mientras hablaba, enfatizaba sus argumentos con mandobles de la pezuña que tenía por mano.

Clavain, el primer interlocutor, se inclinó hacia delante.

—Escorpio tiene razón. Tenemos los medios técnicos para adueñarnos de nuevo de las armas. La pregunta es: ¿tendrá usted el buen sentido de entregarlas sin luchar?

Volyova tuvo la sensación de que Clavain estaba esperando a que le respondiese. La necesidad de decir algo, aunque sabía que no era un mensaje en tiempo real, era casi abrumadora. Comenzó a hablar, sabía que el traje capturaría lo que dijese y lo enviaría mediante una conexión a la nave intrusa. Pero haría falta un tiempo de descarga tremendo para la señaclass="underline" tardaría tres días en salir; eso como mínimo, lo que significaba que no podría esperar una respuesta antes de una semana.

Clavain volvía a hablar.

—Pero no nos pongamos demasiado dogmáticos. Percibo que tiene dificultades en su zona. Hemos visto la actividad que hay en su sistema y comprendemos que podría ser causa de preocupación. Pero eso no cambia nuestro objetivo inmediato. Queremos que esas armas estén listas para su entrega en cuanto irrumpamos en el espacio circunestelar. Nada de trucos y nada de retrasos. No es negociable. Pero sí que podemos discutir los detalles y los beneficios de una cooperación mutua.

—No cuando estás a medio mes de distancia, entonces no puedes —susurró Volyova.

—Llegaremos en poco tiempo —dijo Clavain—. Quizás antes de lo que espera. Pero por ahora estamos fuera del alcance de una comunicación eficiente. Seguiremos transmitiendo este mensaje hasta que lleguemos. Entre tanto, y para facilitar las negociaciones, he preparado una copia de nivel beta de mí mismo. Estoy seguro de que conoce los protocolos de simulación necesarios. Si no es así, también podemos proporcionarle documentación técnica. De otro modo, puede proceder a una instalación completa e inmediata. Para cuando este mensaje haya cumplido mil ciclos, usted tendrá todos los datos que necesita para ejecutar mi nivel beta. —Clavain esbozó una sonrisa razonable y extendió las manos en un gesto abierto—. Por favor, ¿querrá considerarlo? Por supuesto, dispondremos los detalles recíprocos para su propio nivel beta, si desease enviarnos un proxy negociador. Esperamos su reacción con interés. Soy Nevil Clavain, de la Luz del Zodíaco, corto y cierro.

Ilia Volyova soltó para sí unas cuantas maldiciones.

—Por supuesto que conocemos los putos protocolos, cretino condescendiente.

El mensaje había cumplido más de mil ciclos, lo que significaba que los datos necesarios para ejecutar el nivel beta ya se habían grabado.

—¿Ha oído eso, capitán? —preguntó.

—Sí, Ilia.

—Examine a fondo el nivel beta, ¿quiere? Compruebe que no tiene ninguna sorpresa desagradable. Luego encuentre un modo de ejecutarlo.

—Incluso si contuviese algún tipo de virus militar, Ilia, dudo mucho que me hiciera daño en mi estado actual. Sería un poco como si un hombre con lepra avanzada se preocupase por una dolencia leve de la piel, o como si el capitán de un navío que se hunde se ocupase de un incidente menor de carcoma, o…

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