Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Por siempre jamás [Gone for Good-es]
Por siempre jamás [Gone for Good-es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Por siempre jamás [Gone for Good-es]

Электронная книга - «Por siempre jamás [Gone for Good-es]». Краткое содержание книги:

Will Klein tiene su héroe: su hermano mayor Ken. Una noche de calor agobiante aparece en el sótano de la casa de los Klein una joven, antiguo amor de Will, asesinada y violada.
El principal sospechoso es Ken.
Ante la abrumadora evidencia en contra suya, Ken desaparece.
Una década después de la desaparición, Will se ve mezclado en un inquietante misterio. Está convencido de que Ken está tratando de ponerse en contacto con él y de la existencia de un terrible secreto por el que alguien está decidido a matar porque no se desvele.
1 ... 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ... 82
Перейти на страницу:

Por mucho que se hable de perversidades sin nombre, en su mayor parte esos hombres suelen acudir a comprar una determinada… actuación, por así decir; a que les hagan algo, algo que puede llevarse fácilmente a cabo en un coche aparcado. Si se piensa, es lógico para ambas partes. En primer lugar por la ventaja de evitar el gasto y ahorrarse el tiempo de buscar habitación y, aunque no desaparece la preocupación por el contagio de enfermedades, ésta es más leve, no hay peligro de embarazo y no hay que desvestirse apenas.

Prescindiré de otros detalles.

Las veteranas de la calle -entiendo por veteranas cualesquiera de las mayores de dieciocho años- saludaron con afecto a Cuadrados, a quien conocían y apreciaban, aunque estaban algo recelosas de mi presencia. Hacía ya algún tiempo que no estaba en las trincheras; aun así, de una forma extraña, a mí me alegraba verlas.

Cuadrados se acercó a una prostituta llamada Candi, quien supongo que no se llamaría así, porque no soy tan tonto. Ella le indicó con un gesto de la barbilla a dos chicas que tiritaban guarecidas en un portal; las miré y vi que, aunque no pasarían de dieciséis años, llevaban la cara pintarrajeada como dos niñas que acaban de encontrar el tocador de mamá, y el corazón me dio un vuelco. Lucían unos mini pantalones en su más escueta expresión, botas de tacón de aguja y pieles falsas. A menudo me pregunto dónde encuentran esa indumentaria, si los proxenetas se surten en tiendas especiales para putas o algo así.

– Carne fresca -dijo Candi.

Cuadrados frunció el ceño y asintió con la cabeza. La información más fidedigna nos la facilitaban las veteranas y ello por dos razones: una de índole cínico, pues apartando a las novatas de la circulación eliminan competencia; cuando se vive en la calle, la maldad viene por sí sola y, con toda franqueza, Candi era odiosa. Esta clase de vida las envejece como un agujero negro y las nuevas llaman la atención aunque estén obligadas a guarecerse en los portales hasta que se hacen con un territorio.

A mí esto me parece puro egoísmo. La otra razón, la principal, es que -y no me consideren ingenuo- están predispuestas a ayudar porque se ven a sí mismas en la encrucijada y, aunque nunca lleguen a admitir que han tomado el mal camino, saben que para ellas sí es demasiado tarde, no pueden volver atrás. Yo solía discutir con las Candis del mundo y les replicaba que nunca es demasiado tarde, que siempre hay esperanza; pero estaba en un error. Por eso tenemos que localizarlas a tiempo. Hay un punto que, una vez traspasado, hace imposible redimirlas y el daño es irreversible. La calle las consume y se apagan, se integran en la noche y forman parte de esa entidad oscura. Se pierden para nosotros. Lo más probable es que mueran en la calle, acaben en la cárcel o se vuelvan locas.

– ¿Y Raquel? -preguntó Cuadrados.

– Está en un coche haciendo un servicio -contestó Candi.

– ¿Va a volver aquí?

– Sí.

Cuadrados asintió con la cabeza y se dirigió hacia las nuevas, a una de las cuales vimos ya inclinada sobre un Buick Regal. No hay palabras para describir nuestra frustración; porque lo que desearíamos hacer es acercarnos a entorpecer el contacto, apartar a la chica y agarrar al putero por la garganta y arrancarle los pulmones o, cuando menos, ahuyentarlo y hacerle una foto o… algo. Pero eso no se puede hacer porque perderíamos la confianza que nos tienen y si pierdes la confianza no sirves para nada.

Era difícil permanecer impasible. Por fortuna, yo no soy especialmente valiente ni agresivo y quizá sea una ventaja.

Vi abrirse la portezuela del copiloto y el Buick Regal pareció tragarse a la chica. Desapareció lentamente y se hundió en la oscuridad. Mientras contemplaba la escena nunca me había sentido más impotente. Miré a Cuadrados, que no apartaba los ojos del coche. El Buick arrancó y la chica desapareció como si no hubiera existido, lo que así sería, en definitiva, si el coche decidía no devolverla a aquel lugar.

Cuadrados se acercó a la otra chica y yo lo seguí unos pasos por detrás. Un temblor movía el labio inferior de la jovencita como si tratase de contener las lágrimas, pero sus ojos eran dos tizones de insolencia. Yo hubiera querido subirla a la furgoneta, aunque fuera a la fuerza. El autodominio es el factor principal de nuestra tarea y en eso Cuadrados es único. Se detuvo a un metro de ella para que no se sintiera acosada.

– Hola -dijo.

– Hola -respondió ella mirándolo de arriba abajo.

– A ver si puedes ayudarme -añadió Cuadrados dando otro paso y sacando una foto del bolsillo-. ¿Has visto a esta chica por casualidad?

– Yo no he visto a nadie -respondió ella sin mirar la foto.

– Por favor -añadió Cuadrados con sonrisa angelical-. No soy poli.

– Me lo he imaginado al verte hablar con Candi -replicó ella haciéndose la dura.

Cuadrados se acercó un poco más a ella.

– Es que… aquí mi amigo y yo… -saludé con la mano acompañando sus palabras- queremos ayudar a esta chica.

– Ayudarla, ¿cómo? -preguntó curiosa, entornando los ojos.

– Es que la persigue mala gente.

– ¿Quién?

– Su chulo. Mira, nosotros trabajamos en Covenant House. ¿Has oído hablar de ese centro?

La chica se encogió de hombros.

– Es un centro de acogida -añadió Cuadrados tratando de no darle importancia-. No es nada del otro mundo, pero puedes pasar por allí a comer algo caliente, dormir en una cama decente, llamar por teléfono y coger algo de ropa y otras cosas. Bien, esta chica-prosiguió mostrándole la foto de una colegiala blanca con corrector de ortodoncia- se llama Angie -siempre hay que dar un nombre para personalizar- y estaba con nosotros haciendo unos cursillos; es una chica estupenda, y además tiene un trabajo. Está cambiando de vida, ¿sabes?

La jovencita no decía nada.

– A mí me llaman Cuadrados -añadió él tendiéndole la mano.

– Yo soy Jeri -susurró ella estrechándosela.

– Encantado.

– De acuerdo. Pero yo no he visto a esa Angie y ahora tengo cosas que hacer.

Llegados a este punto, había que andar con tacto porque si se insiste demasiado las pierdes para siempre, se guarecen en su concha y no vuelven a salir. En ese momento, lo que hay que hacer, lo único que se puede hacer, es plantar la semilla y decirles que tienen un refugio, un lugar seguro donde poder comer y estar. Les ofrece una manera de dejar la calle una noche. Cuando acuden se les da cariño incondicional, pero no antes, porque se asustan y huyen.

Aunque te duela en el alma, es lo único que se puede hacer.

Muy poca gente es capaz de realizar el trabajo de Cuadrados mucho tiempo seguido, y los que aguantan, los que se destacan en él, es porque están… un poco descentrados. Hay que estarlo.

Cuadrados dudó un instante. Desde que lo conozco recurre siempre al truco de la «chica desaparecida» para romper el hielo. A la chica de la foto, la verdadera Angie, la había encontrado él hacía quince años muerta de congelación en la calle junto a un contenedor. En el entierro, la madre de la chica le dio una foto y Cuadrados siempre la llevaba encima.

– Bien, gracias -dijo sacando una tarjeta y entregándosela-. ¿Me informarás si la ves? Puedes pasarte por allí cuando quieras. Para lo que sea.

– Sí, a lo mejor -contestó ella aceptándola.

Cuadrados volvió a titubear y añadió:

– Hasta la vista.

– Vale.

A continuación hicimos lo menos natural del mundo: alejarnos.

El verdadero nombre de Raquel era Roscoe. Al menos es lo que él o ella nos dijo. Yo no sabía si tratarla en femenino o en masculino.

Cuadrados y yo encontramos el coche aparcado frente a un muelle de carga y descarga; un lugar habitual para la prostitución callejera; el coche tenía las ventanillas empañadas pero, de todos modos, nos quedamos a cierta distancia. Lo que fuera que se desarrollaba en el interior, y nos imaginábamos perfectamente qué era, no necesitaba testigos.

1 ... 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ... 82
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)