Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La calle donde ella vive». Краткое содержание книги:

El mundo que tan cuidadosamente había construido se estaba derrumbando a su alrededor…
Su dulce hija de doce años se estaba convirtiendo en una adolescente huraña sin que Rachel Wellers pudiera hacer nada. Las lesiones del accidente que había sufrido estaban poniendo en peligro su carrera de dibujante. Y lo peor de todo era que Ben Asher, el hombre al que había echado de su vida hacía trece años, había regresado respondiendo a la llamada de la niña.
Cuando se enteró de que Rachel había sufrido un accidente, Ben no dudó en dejar de lado su trabajo y acudir a la ciudad que había jurado no volver a visitar. Prefería no cuestionarse los motivos por los que lo estaba haciendo… sólo sabía que tenía que ayudar a Rachel. Y no tardó en darse cuenta de que lo ocurrido no había sido un accidente y que quizá él era responsable.
Lo que no imaginaba era lo que iba a volver a surgir entre ellos, ni lo difícil que sería volver a alejarse de Rachel…
1 ... 12 13 14 15 16 17 18 19 20 ... 51
Перейти на страницу:

Volvió a sonar el timbre.

¡Maldita fuera! ¿Dónde estaba Emily? ¿Se habría ido al colegio sin despedirse de ella? ¿Y Ben? Casi temía preguntárselo porque, con la mala suerte que tenía, era capaz de conjurar su presencia.

Para cuando consiguió terminar de ponerse la bata, estaba destrozada. Agradeciendo que Ben le hubiera dejado la silla de ruedas justo al lado de la cama, consiguió sentarse en ella. Jadeando para tomar aire, posó las manos sobre las ruedas y pagó el precio de olvidar hasta qué punto le dolían el brazo malo y el hombro.

– Mueve sólo el brazo derecho, sólo el brazo derecho -gimoteó para sí, llevándose el brazo izquierdo hacia el pecho.

Pero mover únicamente el brazo derecho implicaba que sólo sería capaz de moverse en círculos. Frustrada, lo intentó una vez más y dejó escapar un grito ahogado al sentirse incapaz de ir a ninguna parte.

– ¡Rachel! -Garret entró a grandes zancadas en el dormitorio y dejó una taza de delicioso café sobre la mesilla-. Déjame ayudarte.

El vecino de Rachel era un hombre alto, de pelo oscuro. Usaba gafas y siempre llevaba en el bolsillo un ordenador del tamaño de su mano. El bueno de Garret. Le cortaba el césped todos los fines de semana, jugaba al Frisbee con su hija y sólo se ocupaba de sus propios asuntos. Al menos habitualmente.

– Estaba en el porche -dijo Garret-, y he oído un golpe. He pensado que a lo mejor te habías caído.

– ¿Y no podía levantarme?

– Bueno, sabía que Emily y Ben se habían ido a desayunar. He llamado al timbre para advertirte de que iba a entrar -le mostró la llave que Emily le había entregado después del accidente y quitó el freno que Rachel había colocado en el lado izquierdo de la silla de ruedas-. Inténtalo ahora.

Por supuesto, funcionó. Sintiéndose una estúpida y asegurándose de tener la bata cerrada, Rachel suspiró.

– Supongo que no vas a ofrecerme una taza de tu café por vía intravenosa.

Garret le acercó la taza.

– Intenta tomarlo de la forma habitual.

Rachel lo miró por encima del borde de la taza, intentando, como de vez en cuando hacía, sentirse algo atraída por él.

Pero no… no saltó ni una sola chispa.

Mientras saboreaba el café, alguien volvió a gritar su nombre y, a los pocos segundos, apareció en el marco de la puerta. Aquella vez se trataba de Adam Johnson, su contable, consejero financiero, amigo y un hombre completamente opuesto a Garret. Alto, rubio y sin grandes inclinaciones deportivas, era, sin embargo, extremadamente inteligente y uno de los hombres más dulces que nunca había conocido.

En tres diferentes ataques de soledad, Rachel había salido con él. Y en las tres ocasiones Adam le había hecho sonreír. Rachel había disfrutado inmensamente e incluso habría aceptado una cuarta cita si no hubiera sido por el accidente.

Y, por supuesto, por el hecho de que no se sentía más atraída por él que por Garret.

Adam llevaba en una mano una docena de rosas rojas y en la otra un archivador, seguramente de la propia Rachel. Adam era capaz de decirle en cualquier momento hasta el último penique que tenía.

– La puerta de la calle estaba abierta -dijo, entrando en la habitación-. Espero no llegar en un mal momento, nadie ha contestado a mi llamada y estaba preocupado.

– Lo siento -Rachel intentó sonreír, aunque el esfuerzo que había tenido que hacer para ponerse la bata y sentarse en la silla la había dejado agotada-. Estoy bien, de verdad.

– ¡Mamá! -Emily se detuvo en el marco de la puerta.

– Bienvenida a la Estación Central -la saludó Rachel.

La respiración se le cerró en la garganta cuando apareció Ben detrás de Emily con unos pantalones con grandes bolsillos y una camiseta negra, que le daba un aspecto salvaje y peligrosamente sexy. Era más alto que Adam, más moreno que Garret y, teniendo en cuenta que no había una sola gota de grasa en todo su cuerpo, mucho más fuerte que ninguno de los dos.

Ben deslizó su lenta mirada alrededor de la habitación sin perderse un solo detalle.

Rachel se cerró la bata con fuerza y dejó escapar una bocanada de aire.

Ben Asher no era el más atractivo ni el más culto de aquellos tres hombres, pero era, sencillamente, el hombre más potente y letalmente masculino que había conocido en su vida.

Y no podía apartar la mirada de él.

– Papá y yo hemos ido a desayunar -anunció Emily con el rostro resplandeciente.

Rachel miró a Ben. Y él le devolvió la mirada.

– Ah, y ahora tengo que irme al colegio -miró a Ben con el corazón en los ojos-. Gracias por el desayuno.

– ¿No tenías que decirle algo a tu madre? -le preguntó Ben.

– ¿Qué tenías que decirme?

– Eh… -Emily se mordió el labio, una señal inconfundible de que estaba pensando. Y cuando Emily empezaba a pensar, sólo Dios sabía los problemas que podía causar-, lo dejaremos para después del colegio, ¿de acuerdo? No quiero llegar tarde.

– Em… -dijo Ben a modo de advertencia, pero antes de que hubiera podido presionar, Garret se levantó.

– Tengo que ir a la consulta -dijo.

– Garret se cita con las modelos después de arreglarles los dientes -anunció Emily.

Garret hizo mueca.

– Soy dentista -aclaró.

– Un dentista de las estrellas -se jactó Emily.

Ben asintió sin juzgarlo, pero Rachel sabía que para él aquel mundo debía de ser tan extraño como lo era el suyo para ella.

Adam, que tampoco había sido presentado, le tendió la mano a Ben.

– Adam Johnson, consejero financiero y amigo de la preciosa paciente -alzó las flores y se las tendió después a Rachel.

Rachel intentó agarrarlas con su mano buena mientras continuaba cerrándose la bata con el brazo escayolado, pero, tal como le ocurría a menudo desde que había tenido el accidente, su cerebro no fue capaz de transmitir la orden a sus dedos y las flores terminaron cayendo a sus pies.

– Oh, Adam -suspiró frustrada-, lo siento.

– No te preocupes. Siempre hay más -Adam se agachó y le ofreció una dulce sonrisa mientras las recogía.

– Eh, tengo que irme -dijo Emily y le dirigió a su padre una mirada extraordinariamente elocuente.

– Después del colegio, entonces -dijo su padre con firmeza.

Emily asintió, pasó por delante de Garret y le dio un beso a Ben.

– Adiós, papá.

– Adiós, cariño.

Rachel habría jurado que le había oído susurrar a Emily: «está en mi habitación, vigílala», pero decidió que el dolor le estaba afectando a la cabeza. Esperó el beso de Emily, pero ésta salió bailando hacia la puerta.

– Eh, Em, ¿no me das un beso?

Con un suspiro de mártir, Emily regresó y besó a Rachel.

Garret siguió a Emily hasta la puerta y se volvió hacia Rachel.

– Llámame si necesitas cualquier cosa -y, tras despedirse de Adam y de Ben con un asentimiento de cabeza, desapareció.

Adam se enderezó con el maltrecho ramo entre las manos y lo dejó sobre la cama.

– Yo también tengo que irme, tengo un cliente -le dirigió a Ben una mirada antes de agacharse para darle un beso a Rachel en la mejilla-. Si quieres asegurarte de que todo está en orden, ¿podría invitarte a cenar?

– Oh, Adam, eres muy amable. Pero no hace falta que te tomes tantas molestias.

– No es ninguna molestia.

Al oír la invitación de Adam, Emily se detuvo en el pasillo, dio media vuelta, pasó por delante de un sorprendido Garret y asomó de nuevo la cabeza en el dormitorio de su madre.

– Mamá, papá va a preparar la cena esta noche. Se me había olvidado decírtelo -añadió con una sonrisa. Sabía, por experiencia, que una sonrisa siempre ayudaba a la causa.

Afortunadamente, su padre ni siquiera pestañeó.

– Oh, bueno, entonces -Adam besó a Rachel otra vez y le dirigió a Emily una sonrisa que ésta estaba segura de que su madre habría considerado dulce y, por fin, por fin, se marchó.

1 ... 12 13 14 15 16 17 18 19 20 ... 51
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)