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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Casta�o no lograba evitar la gracia que le produc�a el comentario sobre Rodrigo, que replicaba:

-�No. Yo s�lo pasaba por ah� y ella, muy amable, me invit�. En ese tiempo no se o�a hablar de los Casta�o. Solamente era curioso que unos civiles tomaran las armas para enfrentarse a la guerrilla.

Carlos Casta�o se adelant� a contar detalles sobre el ingreso de Rodrigo a la Autodefensa.

-��l lleg� a la organizaci�n hace mucho tiempo. En 1985 comprendi� que el Ej�rcito no conseguir�a ganarle la guerra a la guerrilla, porque las leyes pon�an en desventaja a las fuerzas armadas ante un enemigo irregular. Pidi� la baja y se march� a Medell�n.

Un mayor retirado del Ej�rcito, que trabajaba con nosotros y hab�a sido superior de Rodrigo, nos lo recomend�. En esa �poca a�n no se hab�a decretado la ilegalidad de la Autodefensa armada. Ten�amos amistad con el Ej�rcito, que en parte nos hab�a entrenado. Fidel recibi� a mucho militar retirado y Rodrigo fue uno de ellos. Comenz� siendo escolta de mi hermano y hoy comanda mil quinientos hombres armados, m�s la red urbana de Medell�n. Es uno de los hombres que me permiten dormir tranquilo, en caso de que alg�n d�a yo no amanezca vivo.

-�El helic�ptero llegar� en menos de una hora y debemos alistar el equipaje, para llegar a tiempo al sitio acordado.

De forma apresurada cerr� mi morral, pensando: �Ya habr� otra oportunidad para entrevistar a Doble Cero�.

Casta�o recibi� una llamada telef�nica que ser�a larga por la forma en que comenz� a hablar:

-�Mi querido amigo, cordial�simo saludo.

Me acerqu� a Rodrigo y �l me pregunt�:

-��C�mo le ha ido con el Pelao?

-�Muy bien -le contest�. Hemos avanzado en muchas historias, pero a�n falta bastante.

-�Yo compart� mucho con Fidel; m�s que con Carlos. Fidel dec�a: �A ese lo van a matar por ah� rapidito. Ese no dura; es muy loco�. Y ah� est�. Yo estudi� en la Escuela Militar y llegu� a ser teniente del Ej�rcito. Hoy mis compa�eros de curso son militares de alto rango. Pero el Pelao es a nivel militar urbano lo m�ximo que yo he visto y conocido. C�mo ser� que Pablo Escobar le ten�a miedo a esa capacidad de Carlos. �l sab�a que Fidel no era el mando operativo.

Casta�o termin� su llamada como m�s le gustaba hacerlo:

-��Excelente, excelente! No me llame para nada. Usted lo est� haciendo muy bien. Ded�quese a darme s�lo buenas noticias. Mil gracias, mijo� Bueno, mano.

Colg� y me dijo:

-�Nos vamos

En segundos se mont� en la camioneta rumbo a una peque�a cancha de f�tbol. A las dos de la tarde aterrizar�a un helic�ptero Bell Ranger de su flotilla a�rea.

III. EL SECUESTRO DE MI PADRE

El abordaje en el filo de la monta�a fue mudo y a se�as por el ruido constante del aparato. El piloto nos salud� con un gesto y agit� sus dos manos se�alando la puerta por la cual deb�amos subir Kenia, H2 y yo.

Casta�o viajar�a adelante y los morrales en el maletero. Abri� la puerta, me pas� su fusil Galil y un morral verde que nunca lo desampara, donde carga documentos, e-mails, un paquete de papas fritas, una minigrabadora de mensajes y el libro La diplomacia de Henry Kissinger. Al lado de los mapas, entre el asiento del piloto y del copiloto, puse su morral personal. Dej� el fusil en el piso. �H2� se acomod� con otro Galil apoyado en sus piernas y Kenia carg� a Lolita. Parec�a estar todo listo para despegar, cuando apareci� por la carretera un campero Mitsubishi rojo que atraves� raudo la cancha hasta llegar al helic�ptero. Casta�o mostr� una actitud que reflejaba la importancia de lo que all� ven�a y baj� a recibir la encomienda: tres bolsas de polietileno de rayas azul claro, repletas de dinero. Cada una pesaba no menos de diez kilogramos y tra�an en fajos de veinte mil pesos la no despreciable suma de 750 millones de pesos; unos 300 mil d�lares que terminaron a mis pies al abrirse nuevamente la puerta. Recib� la singular encomienda y logr� organizar r�pidamente las tres bolsas repletas de billetes, de tal forma que no me incomodaran durante el viaje. Los talegos estaban tan llenos que al despegar el helic�ptero, algunos fajos se cayeron, armando un desorden de millones.

Sobrevol�bamos a m�s de seis mil pies de altura, cuando �l me mir� y se�al� hacia el techo donde sobraba un juego de aud�fonos verde claro. Al pon�rmelo, o� a Casta�o en sonido monof�nico:

-��Me escucha bien?

-�Fuerte y claro.

-�Esas bolsas son el pago de 250 fusiles que le vend� a �Botal�n�, el comandante de las Autodefensas de Puerto Boyac�. Es uno de los lotes de armas que ingresamos al pa�s hace quince d�as. �Recuerda que se lo coment� cuando nos vimos la primera vez en la escuela de comandantes?

C�mo no recordar una de las razones por las que estaba euf�rico la tarde que nos conocimos. Casta�o hab�a logrado ingresar al pa�s 4.500 armas camufladas en costales de trigo. Los fusiles ven�an por partes y sus hombres los armaron en un caser�o cercano a la playa donde los dej� el barco. Entraron en total tres mil fusiles Ak-47, calibre 5.56; quinientas ametralladoras M-60, trescientos lanzagranadas MGL, quinientos lanzacohetes RPG-7 y doscientas ametralladoras PKM tipo comando.

La venta y distribuci�n entre los compradores ya hab�a comenzado. Dur� s�lo quince d�as. Las ACCU, lo que Casta�o considera las tropas de su casa, se quedaron con el setenta por ciento de las armas. El vuelo continu� y Carlos Casta�o debati� de manera amistosa con el piloto la mejor ruta a seguir. A medida que avanz�bamos, Casta�o demostraba una de sus habilidades innatas: su capacidad de ubicaci�n. Reconoc�a cada diminuto pueblo o caser�o que se divisaba desde el helic�ptero. Parec�a un ge�grafo. En ese momento record� que la euforia de aquel d�a en la escuela de comandantes estaba m�s relacionada con la forma como entr� las armas. Esto le produc�a tanta satisfacci�n que hasta me mostr� la fotograf�a del barco que compr� para transportarlas desde Centroam�rica hasta una solitaria costa colombiana.

Para m�, su alegr�a no correspond�a a la triste responsabilidad hist�rica que le reca�a, al ingresar 4.500 fusiles a un pa�s en guerra. Por muy espectacular que hubiera sido la operaci�n como tal, no exist�an motivos para estar euf�rico. Mi preocupaci�n se evidenci�, no s�lo como periodista sino como ser humano, por la forma c�mo se pod�a incrementar la violencia, y un halo de tristeza se reflej� en mi rostro. Casta�o lo not�.

-�No crea que es f�cil para un hombre sensato ingresar 4.500 armas. Fue una determinaci�n dura. Los entregu� con el dolor de saber que eran necesarios. Yo pod�a haber tra�do esos fusiles a Colombia en 1998. Los dem�s comandantes ten�an conocimiento de que yo los manten�a enterrados en Centroam�rica y que adem�s sab�a c�mo ingresarlos. Con frecuencia me presionaron para que lo hiciera. Por esa �poca, yo cre�a en el presidente Andr�s Pastrana y en la posibilidad de que se firmara la paz. �Para qu� entrar 4.500 fusiles al pa�s, si �bamos a vivir en paz! Eso pensaba. Por esta raz�n aplac� la llegada de las armas, pero poco a poco me fui decepcionando del Presidente, y eso que mi pap� dec�a: �Esto lo arregla un godito joven�. En alg�n momento llegu� a pensar que podr�a ser Pastrana, pero los hechos me comprobaron que el Presidente no pensaba en el pa�s, sino en �l.

Quien m�s ha fortalecido a la guerrilla colombiana en los �ltimos a�os es Andr�s Pastrana. Por eso tom� la decisi�n de entrar los fusiles, con algo de miedo, le confieso. Hombres a quienes entregar 4.500 armas es lo que sobra. Lo dif�cil es encontrar comandantes que no los lleven a cometer excesos, descubrir gente que piense con serenidad de estratega, con un objetivo de paz y no de sangre en medio de esta guerra infame, no es f�cil.

-�Es una tarde de contrastes. �No le parece? -coment�.

-��Por qu� piensa as�?

-�Antes de esta conversaci�n, usted hablaba con el director de la delegaci�n para Colombia de la Cruz Roja Internacional CICR-,George Comninos, -que le dijo insistentemente a lo largo de la reuni�n: �Comandante Casta�o, busquemos la forma de no involucrar a la poblaci�n civil en el conflicto�. Y usted le respondi�: �Doctor Comninos, yo entiendo que su labor es tratar de salvar vidas, pero entienda que esto es un conflicto irregular y mientras haya una guerrilla irregular, existir� una Autodefensa irregular. Si las FARC y el ELN siguen utilizando m�todos violatorios del Derecho Internacional Humanitario -DIH-, nosotros lamentablemente, no tenemos otra opci�n. Frente a mi tropa y sus comandantes me queda muy dif�cil evitarlo mientras mi enemigo no pare. La diferencia es que yo no la enfilar� hacia la gente imparcial; el que sea guerrillero o les ayude tendr� problemas con nosotros�.

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