Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]

Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:

Cuando EL MARTILLO DE LUCIFER, el cometa gigante, chocó contra la Tierra, hizo pedazos la civilización. Los días felices habían terminado. Estaban viviendo el fin del mundo. Los terremotos eran tan fuertes que no podían medirse con la escala de Ritcher. Las olas marinas alcanzaban alturas incalculables. Las ciudades se convirtieron en océanos, y los océanos en nubes. Era el principio de la nueva Edad del Hielo. Y el final de los gobiernos, los planes, los hospitales y el derecho. Y sobre ellos, igual que otro martillo del demonio, la más terrible selección del hombre hecha por el hombre que jamás se había producido.
1 ... 153 154 155 156 157 158 159 160 161 ... 189
Перейти на страницу:

Eileen se apartó de Tim y fue a arrodillarse al lado de Randall. Mientras le susurraba algo, Harry la miró con curiosidad. ¿Podía asombrarse de algo un reportero de la televisión? Sí, indudablemente. Y asustarse también, por lo que Harry podía juzgar. No era el único. Deke Wilson parecía cada vez más angustiado. No era sorprendente que el territorio de Deke fuera más pequeño cada vez que Harry pasaba por allí. Y ahora la Nueva Hermandad se encontraba en la zona principal de las tierras de Deke.

George parecía disgustado.

—Tengo deseos de vomitar cada vez que le miro, senador. ¿Cuánto whisky le queda? Le doy medio litro del licor barato que tengo por un trago de buen whisky ahora mismo.

—El cambio no es necesario —dijo Jellison—. Eileen, ¿quiere traer una botella, por favor? Creo que a todos nos irá bien un trago. Y me parece que hay más noticias. Harry, hablaste de una carta.

—Sí, señor.

—Creo que voy a leerla mientras bebemos.

Harry se levantó y se aproximó al senador. Sacó un sobre de un bolsillo interior y se lo entregó a Jellison. El senador lo abrió cuidadosamente y sacó varias hojas de papel. Estaban escritas a mano, con trazos gruesos, con alguien que tenía una excelente caligrafía. Harry tenía grandes deseos de saber qué decía la carta, pero regresó a su sitio.

Eileen trajo una botella de whisky de buena calidad y sirvió a todos. Nadie lo rechazó. Llenó el vaso de Hugo Beck, el cual lo bebió ansiosamente.

Harry pensó que si aquel hombre podía encontrar alcohol, estaría borracho el resto de su vida.

—¿Cómo es su situación alimenticia? ¿Es desesperada o simplemente pasan hambre? —preguntó Christopher.

—Ni siquiera pasan hambre —dijo Hugo—. Su médico, ese tipo con aspecto de conejo, dice que tienen bastantes vitaminas, y yo mismo comí bien. —Vio la expresión de los demás y exclamó—: ¡No! ¡Sólo comí carne humana dos veces! ¡En los rituales! La mayor parte de la comida que nos daban procedía de los supermercados, pero también había algunos animales. No necesitan el canibalismo. Sólo lo practican cuando hay nuevos reclutas. Es un ritual.

—Un ritual muy útil —dijo Harvey Randall. Todas las cabezas se volvieron hacia él—. Miren a Hugo. Le han circuncidado el alma. Le han puesto una marca que todo el mundo puede reconocer. Eso es lo que sientes, ¿verdad, Hugo?

El interpelado asintió.

—¿Y si te dijera que no es en absoluto visible? —Hugo pareció confundido. Harvey añadió—: Exacto. Sabes que esa marca sigue ahí.

—A algunos les gusta el sabor —susurró Hugo, muy bajo pero de forma audible.

Deke Wilson habló con voz llena de terror.

—¡Y yo soy el siguiente! ¡Vendrán a por mí dentro de cuatro días!

—Tal vez podamos pararlos. —Jellison alzó la vista de la carta—. Este documento es interesante. Es una proclamación de autoridad por parte del gobernador en funciones Montross. Y hay una carta dirigida a mí en la que me invita a discutir las condiciones en que mi organización puede integrarse en la suya. Las palabras son corteses, pero perentorias, y aunque no nos amenaza directamente, detalla algunos incidentes desgraciados en los que varios grupos se negaron a reconocer su autoridad y tuvieron que ser tratados como rebeldes. —Jellison se encogió de hombros—. Pero no menciona a los caníbales ni a los Angeles del Señor.

—No querrá decir... que no me cree, ¿verdad, senador? —preguntó Hugo Beck en tono desesperado.

—Te creo —dijo Jellison—. Todos te creemos. —Miró a su alrededor y los demás hicieron gestos de asentimiento—. Bien, esto nos da dos semanas de tiempo, y menciona la zona de White River, en las tierras de Deke, así como las nuestras. Puede deberse simplemente a que quieren coger a Deke desprevenido, pero también puede significar que han retrasado su ataque...

—Creo que no presentarán batalla todavía —dijo Hugo Beck—. Acaban de descubrir algún otro lugar. Creo que irán primero ahí.

—¿Dónde? —preguntó Hardy.

Resultó evidente que Hugo consideró la posibilidad de plantear un trato, pero la rechazó.

—La central nuclear, el llamado «Proyecto Nuclear San Joaquín». Acaban de descubrir que la central todavía funciona, y eso les ha puesto como locos.

Johnny Baker habló por primera vez.

—No sabía que hubiera una central nuclear en el valle de San Joaquín.

—Todavía no la habían inaugurado —dijo Harvey Randall—. Aún está en construcción. Creo que habían llegado a la etapa de pruebas antes de que cayera el cometa. No le dieron demasiada publicidad, a causa de la oposición de los ecologistas.

Los cosmonautas intercambiaron excitadamente unas palabras en ruso. Baker y Delanty intervinieron, hablando mucho más lentamente. Luego habló Baker:

—Estábamos buscando una central nuclear en funcionamiento. Creímos que la de Sacramento podría haber sobrevivido. ¿Dónde está la central de San Joaquín? Hemos de salvarla.

—¿Salvarla? —preguntó George Christopher en tono colérico—. ¿Podemos salvarnos a nosotros mismos? ¡No lo creo, maldita sea! ¿Cómo ha podido aumentar tanto ese ejército de caníbales?

—Mahoma —dijo Harvey Randall.

—¿Qué?

—Cuando Mahoma empezó tenía cinco seguidores. En cuatro meses dominó Arabia. En un par de años dominó la mitad del mundo. Y la Nueva Hermandad tiene esa misma clase de crecimiento.

El alcalde Seltz meneó la cabeza.

—Senador... No sé qué pensar. ¿Podemos detener a ese grupo? Tal vez deberíamos marcharnos a la Sierra mientras tengamos oportunidad de hacerlo.

Hubo un largo silencio.

EL MAGO

La tecnología muy avanzada se confunde con la magia.

Arthur C. Clarke

Dan Forrester dormitaba ante el fogón de la cocina, en el que ardía la madera. Se había lavado y vendado los pies. Se había inyectado insulina, confiando en que aún estuviera en buen estado, pero a la vez temiendo que no fuera así. Era muy difícil permanecer despierto.

Maureen Jellison y la señora Jellison le habían mimado trayéndole ropas limpias, ¡y secas!, y sirviéndole té caliente. Era muy agradable estar allí sentado, sintiéndose a salvo. Podía oír las voces que llegaban de la estancia vecina. Dan trataba de seguir la conversación, pero los ojos se le cerraban y tenía que hacer un esfuerzo para no ceder al sueño.

Dan Forrester se había pasado la vida descifrando las reglas del universo. Nunca había tratado de personalizarlo. Sin embargo, cuando cayó el cometa sintió en el fondo un pequeño arrebato de ira.

Había olvidado aquella ira, la misma que sintió cuando supo por primera vez que era diabético. Las reglas del universo nunca habían favorecido a los diabéticos, y hacía mucho tiempo que Dan lo había aceptado así. De todos modos, se había propuesto sobrevivir metódicamente.

Día tras día seguía vivo. Exhausto, ocultándose de los caníbales, cada vez más hambriento, plenamente consciente de lo que le ocurría a la insulina y a sus pies, había seguido adelante. Aquella ira contenida siempre le había acompañado... pero ahora algo cedía dentro de él. La comodidad física y el consuelo de la amistad le permitían recordar que estaba cansado, enfermo y que sus pies se habían vuelto como madera quebradiza. Apartó aquellos pensamientos a causa de las palabras que le llegaban de la habitación vecina.

Hablaban de caníbales. El Ejército de la Nueva Hermandad. Un ultimátum para el senador. Un millar de hombres... Habían tomado Bakersfield y podían haber doblado su número... Dan Forrester suspiró profundamente. Miró a Maureen.

1 ... 153 154 155 156 157 158 159 160 161 ... 189
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)