El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
En el balcón, todo estaba mucho más claro. Los sonidos de la ciudad les llegaban a través de la lluvia. Se oían golpes y estallidos, sirenas y gritos. Casi parecía un carnaval, salvo que no había música. Thorn se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo desde la última vez que había oído algún tipo de música.
En ese momento, a pesar de todos los esfuerzos de la policía, había una multitud reuniéndose en el exterior de la Casa Inquisitorial. Lo cierto es que eran demasiadas personas para contenerlas y todo lo que la policía podía hacer era evitar que entraran en el propio edificio. Varias personas estaban ya echadas en el suelo, delante de la multitud, atontadas por granadas o picanas. Sus amigos hacían todo lo que podían por llevarlas a un sitio seguro. Un hombre se sacudía en medio de un ataque epiléptico. Otro parecía muerto, o por lo menos sumido en una profunda inconsciencia. La policía podría haber asesinado en unos cuantos segundos a la mayor parte de los integrantes de la multitud, Thorn lo sabía, pero se estaban conteniendo. Estudió lo mejor que pudo los rostros de la policía. Parecían tan asustados y confusos como la multitud que se suponía que tenían que pacificar. Era obvio que se habían decretado órdenes especiales, y que su respuesta debía ser más mesurada que brutal.
El balcón estaba rodeado por un muro bajo y desgastado. Thorn se acercó al borde y miró por encima para asomarse al nivel de la calle. Khouri lo siguió, la triunviro Volyova permaneció oculta a los de abajo.
—Es la hora —dijo Thorn—. Tengo que hablar con el pueblo en persona. De esa forma sabrán que no se falsificó la declaración.
Sabía que todo lo que tenía que hacer era gritar y alguien lo oiría, aunque solo fuera una persona de la multitud. En poco tiempo, todo el mundo estaría mirando hacia arriba y sabrían, incluso antes de que hablase, quién era.
—Que sea bueno —dijo Volyova, que apenas alzó la voz por encima de un susurro—. Que sea muy bueno, Thorn. Van a depender muchas cosas de esta pequeña representación.
Él volvió la cabeza para mirarla.
—¿Entonces lo reconsiderarás?
—Yo no he dicho eso.
—Irina… —dijo Khouri—. Por favor, piénsalo. Al menos danos una oportunidad antes de utilizar tus armas.
—Tendréis una oportunidad —dijo Volyova—. Antes de utilizar las armas las trasladaré al otro lado del sistema. De ese modo, incluso si hay una respuesta por parte de los inhibidores, la Nostalgia no será el objetivo más obvio.
—Eso llevará un tiempo, ¿no? —preguntó Khouri.
—Tenéis un mes, eso es todo. Por supuesto, no espero que tengáis todo el planeta evacuado para entonces. Pero si os ajustáis al programa acordado, haciéndole quizás alguna mejora, es posible que me plantee retrasar el uso de las armas un poco más. Es bastante razonable, ¿no? Ya veis que puedo ser flexible.
—Nos estás pidiendo demasiado —dijo Khouri—. No importa lo eficiente que sea nuestra operación en la superficie, no podemos trasladar a más de dos mil personas de una vez entre la órbita inferior y la nave estelar. Es un embudo inevitable, Ilia. —No pareció darse cuenta de que había pronunciado el verdadero nombre de la triunviro.
—Siempre se puede hacer algo para solucionar los embudos, si es lo bastante importante —dijo—. Y yo os he dado todos los incentivos posibles, ¿no?
—Es Thorn, ¿verdad? —dijo Khouri.
Thorn la miró entonces.
—¿Qué pasa conmigo?
—No le gusta la forma en que te has interpuesto entre nosotras —le dijo Khouri.
La triunviro lanzó el mismo bufido de desprecio que él le había oído antes.
—No. Es cierto —dijo Khouri—. ¿Verdad, Ilia? Tú y yo teníamos una relación laboral perfecta hasta que metí a Thorn en el acuerdo. Jamás nos perdonarás ni a mí ni a él que hayamos destruido esa pequeña y bonita asociación.
—No seas absurda —dijo Volyova.
—No estoy siendo absurda, solo…
Pero la triunviro pasó a su lado con gesto brusco.
—¿Adónde vas? —preguntó Khouri.
Se detuvo lo suficiente para responder.
—¿Adónde crees tú, Ana? Vuelvo a mi nave, tengo trabajo que hacer.
—¿A tu nave, así, de repente? Creí que era nuestra nave.
Pero Volyova había dicho todo lo que pensaba decir. Thorn oyó las pisadas que se retiraban y volvían a entrar en el edificio.
—¿Es eso cierto? —le preguntó a Khouri—. ¿De verdad crees que está resentida conmigo?
Pero ella tampoco dijo nada. Thorn, después de un buen momento, se volvió de nuevo hacia la ciudad. Se inclinó hacia la noche mientras formulaba el crucial discurso que estaba a punto de pronunciar. Volyova tenía razón, muchas cosas dependían de él.
La mano de Khouri se cerró alrededor de la suya.
El aire hedía a gas del miedo. Thorn sintió cómo se adentraba en su cerebro y elaboraba la sensación de ansiedad.
28
Skade recorría su nave con paso airado. Ya nada parecía ir bien a bordo de la Sombra Nocturna. La presión sobre su columna se había aliviado y sus globos oculares habían vuelto más o menos a su forma, pero esas eran, en realidad, las únicas compensaciones. Todos los seres vivos que había dentro la nave estaban ahora dentro de la esfera detectable de influencia del campo, incrustados en una burbuja de vacío cuántico modificado. Nueve décimas partes de la masa inercial de cada partícula del campo ya no existían.
La nave se estaba lanzando hacia Resurgam a diez gravedades.
Si bien Skade tenía su coraza y estaba por tanto aislada de los efectos más fisiológicamente inquietantes del campo, seguía moviéndose lo menos posible. Caminar en sí no era difícil, ya que la aceleración que sentía la coraza era solo de una gravedad, una décima parte de su valor real. La coraza ya no tenía que esforzarse bajo la carga extra y Skade había perdido la sensación de que una caída le desharía el cerebro de forma inmediata. Pero todo lo demás iba peor. Cuando le pedía a la coraza que moviera un miembro, esta cumplía sus deseos con demasiada rapidez. Cuando movía lo que debería haber sido una pesada pieza del equipo, la pieza cambiaba de posición con demasiada facilidad. Era como si el mobiliario de la nave, de sólida apariencia, hubiera sido sustituido por una serie de fachadas convincentes, pero finas como el papel. Incluso al cambiar la dirección de la mirada tenía que tener cuidado. Sus globos oculares, que ya no estaban distorsionados por la gravedad, respondían ahora demasiado bien y tendían a dispararse, y luego a compensar demasiado esa velocidad. Lo sabía porque los músculos que los dirigían y que estaban anclados al cráneo habían evolucionado para mover una esfera de tejido con cierta masa inercial, y ahora estaban confundidos. Pero saberlo no hacía que enfrentarse a ello fuera más fácil. Había desconectado su área postrema de forma permanente y su oído interno estaba muy afectado por el campo de inercia modificado.
Llegó al alojamiento de Felka. Entró y la encontró donde la había dejado por última vez, sentada con las piernas cruzadas en una parte del suelo al que había dado instrucciones para que se volviera blando. Sus ropas tenían un aspecto rancio, arrugado. Tenía la piel pálida y el cabello era una maraña de nudos grasientos. En algunos sitios vio trozos de cuero cabelludo en carne viva, allí donde Felka se había arrancado mechones. Estaba inmóvil, con una mano en cada rodilla. Tenía la barbilla un poco levantada y los ojos cerrados. Había un leve rastro reluciente de mucosidad que iba desde uno de los orificios de la nariz a la parte superior del labio.