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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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—Da la sensación de que eso llevaría mucho tiempo —dijo Khouri—. Y si lo que vas a hacer es incinerar los mundos, ¿por qué desperdiciar media estrella?

—Podrían desmantelarla entera, si quisieran. Yo solo estoy señalando las posibilidades. Hay otro método que también podrían considerar. Desmantelaron el gigante gaseoso haciéndolo girar hasta que estalló. También podrían hacerle eso a un soclass="underline" envolver de nuevo aceleradores a su alrededor, esta vez en giros de polo a polo y empezar a rotarlos. Se acoplarían a la magnetosfera de la estrella y comenzarían a arrastrarla entera hasta que estuviera girando más rápido que su propia velocidad centrífuga de disolución. La materia se elevaría de la superficie de la estrella. Se partiría como una cebolla.

—También parece muy lento.

Volyova asintió.

—Quizá. Y hay otra cosa que tenemos que tener en cuenta. La maquinaria que se está montando ahí fuera no se parece a un anillo, y no hay señales de preparativos alrededor del sol en sí. Creo que los inhibidores van a utilizar otra vez un método diferente.

—¿De qué otra forma destruyes una estrella si bombearla o hacerla girar no funciona? —preguntó Khouri.

—No lo sé. Supongamos que pueden manipular la gravedad hasta cierto punto. En ese caso, podrían ser capaces de hacer un agujero negro de masa planetaria a partir de la materia que ya han acumulado. Digamos diez masas terráqueas, quizá. —Separó un poco las manos, como si hiciese un juego de la cuna invisible—. Así de grande, eso es todo. Como mucho, quizá tuvieran los recursos para fabricar un agujero negro diez o veinte veces más grande, unos cuantos cientos de masas terráqueas.

—¿Y si lo dejaran caer dentro de la estrella?

—Comenzaría a consumirla, sí. Pero tendrían que tener mucho cuidado y colocarla en el lugar en el que hiciese mayor daño posible. Sería muy difícil insertarla exactamente en el núcleo de la estrella, donde arde la energía nuclear. El agujero negro tendría tendencia a oscilar y seguir una trayectoria orbital a través de la estrella. Tendría algún efecto, estoy segura; la densidad de la masa cerca del radio Schwarzschild del agujero negro alcanzaría el umbral del calor nuclear, creo; así que de repente la estrella tendría dos lugares de nucleación, uno girando alrededor del otro. Pero solo consumiría la estrella muy poco a poco, ya que su superficie es muy pequeña. Incluso después de haberse tragado la mitad, solo tendría tres kilómetros de anchura. —Se encogió de hombros—. Pero podría funcionar. Dependería muchísimo del modo en que la materia cayese en el agujero. Si se calentase demasiado, su propia presión de radiación reventaría la siguiente capa de material que cayese, con lo que se ralentizaría todo el proceso. Creo que tendré que hacer unas cuantas sumas.

—¿Qué más —preguntó Thorn—, suponiendo que no sea un agujero negro?

—Podríamos especular hasta la saciedad. Los procesos de la quema de energía nuclear en el corazón de cualquier estrella son un delicado equilibrio entre presión y gravedad. Cualquier cosa que inclinara la balanza podría tener un efecto catastrófico sobre las propiedades generales del astro. Pero las estrellas son resistentes. Siempre intentan encontrar un nuevo punto de equilibrio, incluso si eso significa cambiar y pasar a fundir elementos más pesados. —La triunviro se volvió a mirar por la ventana y golpeó el cristal con los dedos—. El mecanismo exacto que vayan a utilizar los inhibidores quizá ni siquiera sea comprensible para nosotros. No importa, porque nunca llegarán tan lejos.

—¿Perdona? —dijo Khouri.

—No tengo intención de esperar a ver qué pasa, Ana. Los inhibidores han concentrado por primera vez su actividad en un solo punto central. Creo que ahora están en su punto más vulnerable. Y por primera vez, el capitán está dispuesto a hacer un trato.

Khouri le lanzó una rápida mirada a Thorn.

—¿El alijo?

—Me ha asegurado que permitirá su uso. —Siguió dándole golpecitos al cristal, sin volverse todavía para mirarlos—. Por supuesto, hay cierto riesgo. No sabemos con exactitud de qué es capaz el alijo. Pero un daño es un daño. Estoy segura de que podemos retrasar sus planes.

—No —dijo Thorn—. Esto no está bien. Ahora no.

La triunviro le dio la espalda a la ventana.

—¿Y por qué no?

—Porque la operación éxodo está funcionando. Hemos empezado a sacar a la gente de la superficie de Resurgam.

Volyova se burló.

—Unos cuantos miles. Apenas una muesca, ¿no?

—Las cosas cambiarán cuando la operación éxodo se haga oficial. Con eso hemos contado siempre.

—Las cosas también podrían empeorar, y mucho. ¿Estás dispuesto a correr ese riesgo?

—Teníamos un plan —dijo Khouri—. Las armas siempre han estado ahí, para utilizarlas cuando las necesitásemos. Pero no tiene sentido provocar ahora una reacción en los inhibidores, no después de todo lo que hemos logrado.

—Tiene razón —dijo Thorn—. Tienes que esperar, Irina. Al menos hasta que hayamos evacuado a cien mil. Entonces usa tus preciosas armas si no tienes más remedio.

—Para entonces ya será demasiado tarde —dijo la mujer mientras se volvía hacia la ventana.

—Eso no lo sabemos —dijo Thorn.

—Mira —Volyova habló en voz baja—. ¿Ves eso?

—¿Ver qué?

—A lo lejos, entre esos dos edificios. Allí, un poco más allá de la Casa de Radiodifusión. Es imposible no verlo.

Thorn se acercó a la ventana con Khouri a su lado.

—No veo nada.

—¿Ya se ha emitido tu declaración? —preguntó Volyova.

Thorn comprobó la hora.

—Sí… Sí. Ya debería haber salido, al menos en Cuvier.

—Entonces ahí tienes tu primera reacción: un incendio. No es gran cosa todavía, pero que no te quepa duda: veremos más antes de que termine la noche. La gente está aterrorizada. Lleva meses aterrorizada con esa cosa en el cielo. Y ahora saben que el Gobierno les ha estado mintiendo de forma sistemática. Dadas las circunstancias, yo estaría un poquito enfadada, ¿tú no?

—No durará —dijo Thorn—. Confía en mí, conozco a esta gente. Cuando entiendan que hay una ruta de escape, que todo lo que tienen que hacer es actuar de forma racional y hacer lo que yo les diga, se calmarán.

Volyova sonrió.

—O bien eres un hombre con una capacidad muy poco habitual, Thorn, o un hombre con una comprensión bastante inadecuada de la naturaleza humana. Solo espero que sea lo primero.

—Tú ocúpate de tus máquinas, Irina, que ya me ocuparé yo de la gente.

—Vamos arriba —dijo Khouri—. Al balcón. Podremos ver las cosas con más claridad.

Abajo había vehículos moviéndose por todas partes, más de los habituales para una noche de lluvia. Las furgonetas de la policía se reunían fuera del edificio. Thorn contempló cómo se amontonaban los antidisturbios en su interior, se sacudían unos a otros con sus armaduras, escudos y picanas con puntas eléctricas. Una por una fueron desapareciendo las furgonetas para dispersar a la policía por los puntos más problemáticos. Con otras furgonetas se estaba haciendo un cordón alrededor del edificio, los espacios entre ellas cubiertos por barricadas de metal en las que se habían abierto estrechas ranuras.

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