Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Космическая фантастика » El arca de la redención [Redemption Ark - es]
El arca de la redención [Redemption Ark - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
1 ... 148 149 150 151 152 153 154 155 156 ... 216
Перейти на страницу:

Thorn había visto el modo en que la gente de Cuvier se enfrentaba al prodigio. La mayor parte hacía caso omiso de él. Cuando el objeto estaba en el cielo, caminaban por las calles sin alzar los ojos. Incluso cuando no se podía olvidar su existencia, pocas veces miraban al objeto directamente, y no se referían nunca a él salvo en los términos más evasivos. Era como si un acto masivo de negación colectiva pudiera hacer que desapareciera, como si fuera un presagio que las personas habían decidido rechazar.

Thorn estaba sentado en uno de los dos asientos traseros del coche, detrás del cristal que lo separaba del chofer. Había una pequeña pantalla de televisión que no dejaba de parpadear, hundida en la parte posterior del asiento del conductor. Una luz azul jugaba por la cara de Thorn mientras este contemplaba las imágenes tomadas a las afueras, lejos de la ciudad. Las tomas estaban borrosas y la cámara temblaba, pero mostraba todo lo que le hacía falta ver. El primero de los dos trasbordadores continuaba en el suelo. La cámara tomó una panorámica y se detuvo en la surrealista yuxtaposición de máquina lustrosa y revuelto paisaje rocoso, pero el segundo estaba en el aire, de regreso de la órbita. Ya había hecho varios viajes a la atmósfera, justo por encima de Resurgam, donde esperaba en órbita una nave mucho más grande preparada para el sistema interno. En ese momento se elevó la visión de la cámara y atrapó la nave a medida que iba bajando hasta el lugar del aterrizaje, para luego posarse sobre un trípode de llamas.

—Podría falsificarse —dijo Thorn en voz baja—. Sé que no es así, pero eso es lo que pensará la gente.

Khouri estaba sentada a su lado, vestida de Vuilleumier. Dijo:

—Si te empeñas se puede falsificar cualquier cosa. Pero ya no es tan fácil como antes, no ahora que todo se almacena utilizando medios analógicos. No estoy segura siquiera de que todo un departamento del Gobierno pudiera producir algo lo bastante convincente.

—La gente seguirá sospechando.

La cámara sacó una panorámica de la escasa y nerviosa multitud que seguía en el suelo. Había un pequeño campamento a trescientos metros del trasbordador estacionado, las polvorientas tiendas resultaban difíciles de distinguir de los pedruscos caídos. La gente tenía el mismo aspecto que los refugiados de cualquier mundo, en cualquier siglo. Habían recorrido miles de kilómetros para converger en este punto desde una amplia variedad de asentamientos. Les había costado mucho, más o menos una décima parte no había completado el viaje. Habían traído suficientes posesiones para completar la travesía por tierra, si bien sabían (si la red de inteligencia clandestina diseminaba con eficacia la información) que no se les permitiría llevar nada a bordo de la nave, salvo las ropas que llevaban puestas. Cerca del campamento había un pequeño agujero en el suelo donde se tiraban las posesiones antes de que cada grupo subiera a bordo del trasbordador. Eran posesiones que se habían atesorado hasta el último momento posible, aunque lo lógico habría sido dejarlas en casa, antes de hacer el difícil viaje por todo Resurgam. Había fotografías y juguetes infantiles, y todo ello se enterraría, reliquias humanas que se añadirían al cúmulo de artefactos amarantinos de un millón de años de antigüedad que todavía conservaba el planeta.

—Nos hemos ocupado de eso —dijo Khouri—. Algunos de los testigos que han llegado hasta aquí han regresado a los centros de población más grandes. Fue necesario persuadirlos, por supuesto, para que dieran la vuelta después de haber llegado tan lejos, pero…

—¿Cómo lo conseguiste?

El coche trazó una curva con un silbido de las llantas. Los edificios con forma de cubo del distrito de la Casa Inquisitorial surgieron amenazantes, grises, cubiertos de losas como acantilados de granito. Thorn los miró con aprensión.

—Se les dijo que se les permitiría llevar una pequeña cuota de efectos personales en la nave cuando volvieran.

—Soborno, en otras palabras. —Thorn sacudió la cabeza, se preguntó si cualquier gran buena obra podía estar por completo desprovista de corrupción, por muy útil que fuera el propósito que servía esa corrupción—. Pero supongo que tuviste que hacer correr la información de algún modo. ¿Cuántos hasta ahora?

Khouri tenía los números listos.

—Mil quinientos en órbita, en el último recuento. Unos cuantos cientos todavía en tierra. Cuando tengamos quinientos saldrá el próximo viaje de la superficie. Entonces la nave de traslado estará llena y lista para transportarlos a la Nostalgia.

—Son valientes —dijo Thorn—. O muy, muy tontos, no estoy muy seguro.

—Valientes, Thorn, de eso no cabe duda. Y también están asustados. Pero no se les puede culpar.

Eran valientes, cierto. Habían hecho el viaje a los trasbordadores basándose solo en unas pruebas más que insuficientes que demostraban que las máquinas existían. Después del arresto de Thorn, los rumores habían hecho estragos entre el movimiento del éxodo. El Gobierno había continuado emitiendo negativas urdidas con todo cuidado, cada una de las cuales estaba diseñada para alimentar en la mente del pueblo la idea de que los trasbordadores de Thorn podrían, de hecho, ser reales. Las personas que habían llegado a los trasbordadores hasta ahora lo habían hecho contraviniendo de forma expresa el consejo del Gobierno, arriesgándose a ser encarcelados o a morir al entrar de forma ilegal en territorio prohibido.

Thorn los admiraba. Dudaba que de no haber sido él el hombre que había iniciado todo el movimiento, hubiera tenido el valor de seguir esos rumores hasta su conclusión lógica. Pero no podía enorgullecerse de su logro. Los seguían engañando sobre su destino definitivo, un engaño del que él era cómplice absoluto.

El coche llegó a la parte posterior de la Casa Inquisitorial. Thorn y Khouri entraron en el edificio y pasaron por los controles habituales. La identidad de Thorn seguía siendo un secreto muy bien guardado, y se le había proporcionado un juego completo de documentación que le permitía entrar y moverse por Cuvier con toda libertad. Los guardias supusieron que no era más que otro oficial de la Casa que estaba allí por un asunto del Gobierno.

—¿Sigues pensando que esto va a funcionar? —preguntó él mientras se apresuraba para mantenerse a la altura de Khouri, que subía a grandes zancadas las escaleras delante de él.

—Si no funciona, estamos jodidos —respondió ella con el mismo tono bajo de voz.

La triunviro estaba esperando en la amplia habitación de la inquisidora, sentada en el asiento que se solía reservar para Thorn. Fumaba y tiraba la ceniza con breves papirotazos al suelo bien pulido. Thorn sintió un espasmo de irritación al ver este acto de estudiada despreocupación. Pero sin duda, el argumento de la triunviro habría sido que el planeta entero iba a quedar convertido en ceniza dentro de poco tiempo, así que, ¿qué importaba un poco más?

—Irina —dijo Thorn, que se acordó de utilizar el nombre que la mujer había adoptado para el personaje que interpretaba en Cuvier.

—Thorn. —La mujer se levantó y aplastó el cigarrillo en el brazo de la silla—. Tienes buen aspecto. Es obvio que un arresto del Gobierno no está tan mal como dicen.

—Si eso es un chiste, no es de muy buen gusto.

—Por supuesto. —Se encogió de hombros, como si una disculpa fuera algo superfluo—. ¿Has visto lo que han hecho últimamente?

—¿Han hecho?

La triunviro Ilia Volyova estaba mirando por la ventana, hacia el cielo.

—Adivina.

—Por supuesto. Imposible no verlo. ¿Sabes lo que está tomando forma en esa nube?

—Un mecanismo, Thorn. Yo diría que algo para destruir nuestro sol.

—Hablemos en la oficina —dijo Khouri.

—Oh, no —dijo Volyova—. No hay ventanas, Ana, y es el panorama lo que te obliga a concentrarte, ¿no te parece? En cuestión de minutos, el hecho de la confabulación de Thorn se hará público. —Lo miró con intensidad—. ¿Verdad?

1 ... 148 149 150 151 152 153 154 155 156 ... 216
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)