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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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Los dedos del bardo volaban sobre las cuerdas tocando una fascinante balada sin palabras. Casi todo el mundo seguía el ritmo con los pies añadiendo un acompañamiento como de tambor. Zedd metió la mano en la túnica y la cerró alrededor de las dos bolsas que contenían monedas de plata. Contemplaba el comedor sin verlo.

A continuación repitió lo que últimamente le tocaba hacer con demasiada frecuencia: dirigió un cálido flujo de magia hacia las monedas de plata para convertirlas en oro.

¿Qué otra opción tenía? Si fallaba en su empresa, el mundo de los vivos perecería. Ojalá que no estuviera tratando de justificarse por un acto que sabía peligroso.

— No hay nada sencillo —murmuró.

— ¿Qué?

— He dicho que sé que no será un viaje sencillo. —Con estas palabras dejó caer sobre la mesa la bolsa marrón oscuro llena de oro—. Aquí tienes, veinte ahora, como hemos acordado.

Ahern abrió la bolsa y metió dos gruesos dedos dentro para contar las monedas mientras Zedd contemplaba ociosamente a la gente disfrutar de la comida, la bebida y la música. Se moría de impaciencia por partir hacia Nicobarese.

— ¿Es una especie de broma?

El mago centró de nuevo su atención en Ahern. El hombre sacó de la bolsa una moneda cogiéndola con dos dedos y la arrojó sobre la mesa. La moneda, de un color apagado, giró hasta que por fin cayó sobre una de sus caras con un sonido tan apagado como su color. Zedd la miró incrédulo.

La moneda era como cualquier otra, pero era de madera en vez de oro.

— Yo… yo… bueno…

Ahern había volcado el resto de las monedas de oro en su gran mitón y las estaba metiendo de nuevo en la bolsa.

— Además —dijo el carretero—, sólo hay dieciocho. Faltan dos. Y no pienso aceptar monedas de madera.

Zedd sonrió con aire indulgente mientras sacaba la bolsa de color marrón claro.

— Lo siento, Ahern —se disculpó, al tiempo que recogía las monedas de madera de la mesa—. Me he equivocado de bolsa. Ésa es la que contiene mi moneda de madera. Nunca me desharía de ella, naturalmente. Para mí vale más que una de oro.

El mago miró el interior de la bolsa. Diecisiete. Y dos de ellas también eran de madera. En total, debería haber diecinueve. La cabeza le daba vueltas mientras trataba de buscar una explicación a lo ocurrido. ¿Acaso maese Hillman había tratado de engañarlo? No, sería un robo demasiado burdo. Además, ni un tonto trataría de hacer pasar una moneda de madera por una moneda de oro.

— Bueno, ¿dónde están las dos monedas que faltan?

— Oh, sí, sí. —Zedd sacó dos monedas de la segunda bolsa y las puso encima de la mesa.

Ahern las añadió a la bolsa marrón oscuro, que cerró con fuerza y luego se embutió en un bolsillo.

— Ahora estoy a tu servicio. ¿Cuándo deseas partir?

Las monedas de plata que se habían convertido en madera en vez de oro no preocupaban al mago, pues a eso podría hallarse una u otra explicación. Pero tres monedas habían desaparecido, y eso sí que lo preocupaba. De hecho, lo preocupaba hasta el tuétano.

— Me gustaría partir lo antes posible. Enseguida.

— ¿Quieres decir mañana?

— No —lo corrigió Zedd, agarrando el sombrero—. Quiero decir ahora mismo. Mi esposa… —se explicó ante la perpleja cara del carretero—… no hay tiempo que perder. Debo llevarla cuanto antes junto a los sanadores.

Ahern se encogió de hombros.

— Bueno, acabo de volver de Tristen y tengo que dormir un poco. Será un viaje largo y duro. —De mala gana Zedd asintió—. Primero montaré los patines en el coche, lo que me llevará un par de horas, a menos que alguno de estos tipos me ayude.

— ¡No! —exclamó Zedd, golpeando el suelo con el bastón—. No digas a nadie qué estás haciendo ni adónde te diriges. Ni siquiera digas que vas a partir. —Al ver el ceño de Ahern, enmudeció de golpe y se dijo que sería mejor que lo tranquilizara—. Tú mismo has dicho que será un viaje peligroso; no añadamos más peligros.

El imponente Ahern se puso de pie y bajó la mirada hacia el supuesto mercader con recelo, mientras se ponía el abrigo que le llegaba hasta los pies.

— Primero me convences para que os lleve hasta el maldito país de los brujos y las Confesoras, y ahora esto. Me parece que debería haber hecho más preguntas. —El hombre se ató en un flojo nudo los extremos del cinturón de su abrigo—. Pero un trato es un trato. Prepararé el coche y compraré algunas provisiones antes de echarme unas horas. Me reuniré con vosotros aquí mismo tres horas antes de amanecer. Mañana al mediodía ya habremos cruzado la frontera y estaremos en Galea.

— Tengo una yegua en los establos. Será mejor que la llevemos con nosotros. Pásate por allí y cógela antes de reunirte con nosotros. —Zedd despidió al hombre con un distraído movimiento del bastón—. Tres horas antes del amanecer.

Tenía la mente ocupada en otros asuntos. Esto era más serio de lo que creía. Era imperativo que encontraran ayuda lo antes posible. Tal vez la mujer con las tres hijas había estudiado en algún sitio, quizás en algún lugar más cerca que Nicobarese. Tal vez podrían averiguar lo que necesitaban saber sin tener que ir hasta allí. El tiempo era esencial.

«Sólo la Luz lo sabe», había dicho Adie al enterarse de las malas noticias sobre el skrin. La «Luz» era una referencia habitual al don, pero también era una oscura referencia a algo completamente distinto. Zedd golpeaba el bastón contra el suelo. ¿Por qué Adie tenía siempre que hablar usando acertijos de hechicera?

Mientras Ahern se dirigía a la puerta, el mago se levantó y se encaminó a la escalera.

35

Al abrir la puerta, Zedd se sorprendió al encontrarse con una nube de humo que olía a creosota. Por la ventana abierta entraba un aire helado y salía el humo. Adie estaba sentada en el lecho, arropada hasta el cuello con una manta, peinándose el pelo liso, negro y gris que le rozaba el cuello.

— ¿Qué pasa aquí? ¿Qué sucede?

— Tenía frío y traté de encender un fuego —respondió la mujer, señalando con el cepillo.

Zedd lanzó un vistazo a la chimenea.

— Necesitas madera Adie. No puedes encender fuego sin madera.

En vez del reproche que esperaba, sus palabras fueron acogidas con una expresión de inquietud.

— Había madera —explicó Adie—. Usé mi magia para tratar de encender un fuego desde la cama. Pero sólo conseguí provocar una humareda y chispas. Abrí la ventana para que se marchara el humo. Cuando miré a la chimenea, la leña ya no estaba.

— ¿Que no estaba? —Zedd se acercó a Adie.

— Sí —contestó ésta y volvió a peinarse—. Algo va mal. Algo le pasa a mi don.

— Lo sé. —Zedd le acarició el pelo con una mano—. Yo he tenido un contratiempo similar. Debe de ser debido a la contaminación. —El mago se sentó, le cogió el cepillo y lo dejó sobre el lecho—. Adie, ¿qué puedes decirme sobre esta contaminación, sobre el skrin? Necesitamos respuestas.

— Ya te he dicho todo lo que sé. El skrin es una fuerza que se mueve en la frontera que separa el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.

— Pero ¿por qué tu herida no sana? ¿Por qué mi magia es incapaz de curarla? ¿Por qué desapareció la leña cuando usaste magia?

— El skrin pertenece a ambos mundos. ¿Es que no lo ves? —Adie meneó la cabeza, frustrada—. El skrin posee magia de ambos mundos, por lo que funciona en ambos. Posee Magia de Suma y Magia de Resta. Al tocarnos la fuerza que es el skrin, nos contaminó con su Magia de Resta.

— ¿Quieres decir que, en tu opinión, la contaminación de la Magia de Resta está corrompiendo nuestra magia? ¿Nuestro don?

— Exactamente. Es como si hubieras limpiado las cenizas de una chimenea con las manos desnudas y después, sin lavártelas, colgaras sábanas blancas recién limpias para que se secaran. Pero tienes las manos manchadas de ceniza, por lo que tiznas las sábanas blancas y húmedas. La ceniza se pega a las sábanas limpias.

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