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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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El rugido distante de la marea dio forma a las palabras.

—¿Qué es lo que quieres de mí ahora, Skade?

Lo mismo…

—Utiliza tu voz.

Ella obedeció sin discutir.

—Lo mismo que he querido siempre: consejo.

La marea dijo.

—¿Dónde estamos, Skade?

—Creí que eras tú el que decidía eso.

—No es eso a lo que me refería. Quiero decir, ¿dónde está su cuerpo, con exactitud?

—A bordo de una nave —dijo Skade—. En el espacio interestelar, a medio camino entre Epsilon Eridani y Delta Pavonis. —Se preguntó cómo había podido averiguar el lobo que ya no estaban en el Nido Madre. Quizás había sido pura casualidad, se dijo sin llegar a convencerse del todo.

—¿Por qué?

—Sabes por qué. Las armas están alrededor de Resurgam. Debemos recuperarlas antes de que lleguen las máquinas.

Por un momento, la figura se hizo más clara. Por un instante hubo una insinuación de un morro, ojos caninos oscuros y el brillo lobuno de unos incisivos de acero.

—Debes comprender que tengo sentimientos encontrados sobre una misión así.

Skade se apretó aún más la túnica.

—¿Porqué?

—Ya sabes por qué. Porque a aquello de lo que yo formo parte podría causarle molestias el uso de esas armas.

—No quiero debatir nada —dijo Skade—, solo quiero ayuda. Tienes dos alternativas, lobo: dejar que las armas caigan en manos de otra persona, alguien sobre quien no tienes ninguna influencia, o ayudarme a mí a recuperarlas. Ves la lógica, ¿no? Si tuviera que obtenerlas alguna facción humana, seguro que será mejor que lo haga una que ya conoces, una en la que ya te has infiltrado.

Sobre ella, el cielo se hizo menos opaco. Un sol plateado restregó el pálido dosel verde. La luz centelleó en los riscos que unían los estanques de roca y las piedras, dibujando una imagen que a Skade le recordó a los caminos sinápticos revelados por una rebanada de tejido cerebral. Luego se volvió a cerrar la bruma y sintió más frío que antes. Tenía más frío y era más vulnerable.

—¿Entonces cuál es el problema?

—Hay una nave detrás de mí. Me lleva siguiendo desde que dejamos el espacio de Yellowstone. Tenemos maquinaria que suprime la inercia, lobo. Nuestra masa inercial es del veinticinco por ciento en estos momentos. Sin embargo, la otra nave sigue jugando a alcanzarnos, como si tuviera la misma tecnología a bordo.

—¿Quién está operando esa otra nave?

—Clavain —dijo ella vigilando la reacción del lobo con gran interés—. Al menos tengo sospechas razonables de que es él. Estaba intentando devolverlo al Nido Madre cuando desertó. Me dio esquinazo alrededor de Yellowstone. Se hizo con otra nave, se la robó a los ultras. Pero no sé de dónde sacó la tecnología.

El lobo pareció inquietarse. Entraba y salía de la bruma, su forma se contorsionaba con cada momento de claridad.

—¿Has intentado matarlo?

—Sí, pero no lo he conseguido; es muy tenaz, lobo. Y no ha desistido, que era mi siguiente esperanza.

—Ese es Clavain, desde luego. —Skade se preguntó si el que hablaba era el lobo o Galiana, o alguna incomprensible fusión de ambos—. Bueno, ¿qué ha sugerido tu precioso Consejo Nocturno, Skade?

—Que presione la maquinaria todavía más.

El lobo se desvaneció, luego regresó.

—¿Y si Clavain sigue estando a tu altura, paso a paso…? ¿Te has planteado lo que podrías hacer entonces?

—No seas absurdo.

—Hay que enfrentarse a los temores, Skade. Se debe contemplar lo impensable. Hay una forma de adelantarse a él, solo tienes que tener el valor para hacerlo.

—No pienso hacerlo. No sé cómo hacerlo. —Skade estaba mareada, a punto de caerse de la lisa plataforma rocosa. Las crestas parecían lo bastante afiladas para cortarle la piel—. No sabemos nada de cómo opera la maquinaria en ese régimen.

—Puedes aprender —le dijo el lobo con tono provocador—. El Exordio te enseñaría lo que tendrías que hacer, ¿no es cierto?

—Cuanto más exótica es la tecnología, más difícil es interpretar los mensajes que la describen, lobo.

—Pero yo podría ayudarte.

Skade estrechó los ojos.

—¿Ayudarme?

—Con el Exordio. Ahora nuestras mentes están unidas, Skade. No hay razón para que no podamos continuar con la siguiente fase del experimento. Mi mente podría filtrar y procesar la información del Exordio. Con las pistas que recibamos, yo podría mostrarte con toda exactitud lo que tendrías que hacer para realizar la transición al estado cuatro.

—¿Así de fácil? ¿Me ayudarías solo para asegurarte de que consigo las armas?

—Por supuesto. —Durante un momento la voz del lobo fue juguetona. Se vio otra vez el destello de un incisivo—. Pero, por supuesto, no seríamos solo tú y yo.

—¿Disculpa?

—Trae a Felka.

—No, lobo…

—Trae a Felka o no te ayudaré.

Skade comenzó a discutir, aunque sabía lo inútil que era; sabía que, en última instancia, no tenía más alternativa que hacer lo que deseaba el lobo. La bruma había vuelto a cerrarse. El escrutinio analítico de la mente del lobo cesó de repente, como cuando se apaga el haz de una linterna. Skade estaba bastante sola. Volvió a estremecerse bajo el frío, oyendo el largo y lento gruñido de la marea distante.

—No…

La bruma se cerró todavía más. El estanque de rocas se tragó la piedra bajo sus pies y luego, con el mismo giro de percepción, Skade se vio de vuelta en la prisión metálica de su coraza a bordo de la Sombra Nocturna. La gravedad era una masa opresiva. Trazó con un dedo de acero la curva de aleación de su muslo y recordó el tacto de la carne, recordó la sensación de frío y la textura porosa de la roca bajo sus pies. Sintió la conmoción de emociones no deseadas: pérdida, arrepentimiento, horror, el doloroso recuerdo de estar entera. Pero había cosas que había que hacer y que transcendían todas esas preocupaciones. Aplastó las emociones y las eliminó de su existencia, conservó solo el más pequeño residuo de ira.

Eso la ayudaría en los días que tenía por delante.

27

En las escasas ocasiones en las que hacía alguna clase de viaje a bordo de la nave, Clavain se movía por la Luz del Zodíaco metido en un soporte exoóseo, siempre magullado e irritado por los puntos de presión del armazón. Ahora estaban a cinco gravedades y aceleraban en una lucha encarnizada con la Sombra Nocturna, que ya solo estaba a tres días luz por delante de ellos. Cada vez que Skade aumentaba su aceleración, Clavain convencía a Sukhoi para que incrementara la de ellos en una proporción incluso mayor, cosa que, con no poca resistencia, había hecho la mujer. Poco más de una semana después, según el tiempo de la nave, se veía que Skade respondía con otro incremento. La pauta era obvia: ni siquiera Skade estaba dispuesta a presionar la maquinaria más de lo absolutamente necesario.

Pauline Sukhoi no utilizaba equipo exoóseo. Cuando se encontraba con Clavain lo hacía en un vagón de viaje que se adaptaba a su forma y en el que se echaba casi por completo, de espaldas, mientras luchaba por respirar entre palabra y palabra. Como muchas otras cosas de la nave, el vagón tenía un aspecto improvisado, como algo soldado a toda prisa. Las fábricas estaban funcionando sin parar para producir armas, equipo de combate, arquetas para sueño frigorífico y repuestos; cualquier otra cosa tenía que prepararse en talleres menos sofisticados.

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