Los Portales de Piedra
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #4
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Los Portales de Piedra». Краткое содержание книги:
—Fueron trollocs —dijo rápidamente la señora al’Vere—. Volvieron, Perrin. No como cuando tuvisteis que marcharos. No atacaron el pueblo, sino en el campo. La mayoría de las granjas aisladas, sin vecinos cerca, han sido abandonadas. Nadie sale fuera de noche, ni siquiera a un sitio cerca del pueblo. Ocurre igual en Deven Ride y en Colina del Vigía, y puede que en Embarcadero de Taren. Los Capas Blancas, a pesar de su comportamiento, son la única protección real que tenemos. Que yo sepa, han salvado a dos familias cuando los trollocs atacaron sus granjas.
—Quería… Esperaba… —No conseguía recordar qué era lo que había querido. Algo relacionado con los trollocs, pero no quería recordar. ¿Los Capas Blancas protegiendo Dos Ríos? La idea casi lo hizo reír—. ¿Y la granja de Tam, el padre de Rand? ¿Fueron también los trollocs?
La señora al’Vere abrió la boca, pero Bran se le adelantó.
—Merece que le digamos la verdad, Marin. Eso fue cosa de los Capas Blancas, Perrin. Y también lo de la granja de los Cauthon.
—Así que también la familia de Mat. La de Rand y la mía. —Extraño. Hablaba como si estuvieran comentando que a lo mejor llovía—. ¿También han muerto?
—No, muchacho. Abell y Tam se ocultan en el Bosque del Oeste, en alguna parte. Y la madre y las hermanas de Mat… también están vivas.
—¿Escondidas?
—No hay necesidad de entrar en más detalles —se apresuró a decir Marin—. Bran, tráele otra copa de brandy. Y ésta tómatela, Perrin. —Su marido siguió sentado, pero la mujer se limitó a mirarlo con gesto ceñudo y prosiguió—: Te ofrecería una cama, pero no estarías seguro aquí. Hay quienes tal vez salgan corriendo en busca de lord Bornhald si se enteran de que estás aquí. Eward Congar y Hari Coplin les bailan el agua a los Capas Blancas como si fueran sus perros falderos, ansiosos por complacerles y decir nombres, y Cenn Buie no les anda a la zaga. También Wit Congar les iría con el cuento si Daise no se lo impidiera. Ella es ahora la Zahorí. Perrin, lo mejor es que te vayas, créeme.
El joven sacudió lentamente la cabeza; demasiado para poder asimilarlo. ¿Daise Congar la Zahorí? Esa mujer era como un toro. Capas Blancas protegiendo Campo de Emond. Hari y Eward y Wit cooperando. De los Congar y los Coplin no se podía esperar mucho más, pero Cenn Buie era miembro del Consejo del Pueblo. Lord Bornhald. Así pues, Geofram Bornhald estaba aquí. Faile lo estaba mirando; sus ojos estaban muy abiertos y húmedos. ¿Por qué estaba al borde de las lágrimas?
—Hay algo más, Brandelwyn al’Vere —intervino Gaul—. Se puede ver en vuestro rostro.
—Sí que lo hay —convino el alcalde—. No, Marin —añadió con firmeza cuando su esposa sacudió levemente la cabeza—. El chico merece saber la verdad. Toda la verdad. —La mujer entrelazó las manos y suspiró; Marin al’Vere se salía casi siempre con la suya, excepto cuando el semblante de Bran tenía esa expresión inflexible, como ahora, con las cejas fruncidas.
—¿Qué verdad? —preguntó Perrin. A su madre le gustaban las flores de los manzanos.
—En primer lugar, Padan Fain está con los Capas Blancas —dijo Bran—. Ahora se hace llamar Ordeith y no responde a su propio nombre, pero es él, por muchos aires que se dé.
—Es un Amigo Siniestro —informó Perrin con aire ausente. Adora y Deselle siempre se ponían en el pelo flores de manzano cuando llegaba la primavera—. Dicho por su propia boca. Fue él quien trajo a los trollocs en la Noche de Invierno. —A Petram le gustaba encaramarse a los manzanos y si uno no andaba con ojo le arrojaba frutos desde las ramas.
—Conque sí, ¿eh? —dijo sombríamente el alcalde—. Vaya, eso es muy interesante. Tiene cierta autoridad entre los Capas Blancas. La primera noticia que tuvimos de que estaban aquí fue después de que incendiaran la granja de Tam. Eso fue obra de Fain; iba al mando de los que lo hicieron. Tam derribó a cuatro o cinco con sus flechas antes de huir al bosque y llegó a la granja de los Cauthon justo a tiempo de impedirles que se llevaran a Abell. Sin embargo arrestaron a Natti y a las chicas. Y también a Haral y Alsbet Luhhan. Creo que Fain los habría colgado si lord Bornhald no lo hubiera prohibido. Aunque tampoco los dejó marchar. Hasta donde he podido averiguar, no les han hecho daño, pero están retenidos en el campamento de los Capas Blancas en Colina del Vigía. Por alguna razón, Fain os odia a ti, a Rand y a Mat, y ha ofrecido cien monedas de oro por cualquiera relacionado con vosotros tres, y doscientas por Tam o Abell. Y lord Bornhald parece mostrar un particular interés en ti. Cuando la patrulla de Capas Blancas viene por aquí, él la acompaña generalmente y hace preguntas sobre ti.
—Sí, por supuesto —dijo Perrin—. Es lógico. —Perrin de Dos Ríos, el que corre con lobos, el Amigo Siniestro. Fain les habría contado todo lo demás. «¿Fain con los Hijos de la Luz?» Fue una idea que le pasó fugaz por la cabeza, como algo lejano, pero cualquier cosa era mejor que pensar en los trollocs. Crispó el gesto al mirarse las manos, y se obligó a mantenerlas quietas sobre la mesa—. Así que os protegen de los trollocs.
Marin al’Vere se inclinó hacia él, frunciendo el entrecejo.
—Perrin, necesitamos a los Capas Blancas. Sí, incendiaron la granja de Tam y la de Abell, han arrestado a gente y van por ahí como si les perteneciera todo lo que ven, pero Alsbet y Natti y los demás están ilesos; sólo los tienen retenidos, y eso es algo que podrá enmendarse de algún modo. El Colmillo del Dragón ha aparecido garabateado en unas cuantas puertas, aunque nadie, excepto los Congar y los Coplin, hace caso. Seguramente han sido ellos mismos los que han hecho la marca. Tam y Abell pueden permanecer escondidos hasta que los Capas Blancas se marchen, cosa que tendrán que hacer más tarde o más temprano. Pero, mientras haya trollocs por los alrededores, los necesitamos. Por favor, compréndelo. No es que prefiramos tenerlos a ellos antes que a ti, pero los necesitamos y no queremos que te ahorquen.
—¿Llamáis a esto protección, señora del techo? —intervino Bain—. Si pedís al león que os proteja de los lobos, sólo habréis escogido acabar en la tripa de una fiera en lugar de la de una alimaña.
—¿No podéis protegeros vosotros mismos? —añadió Chiad—. He visto luchar a Perrin y a Mat Cauthon y a Rand al’Thor, y son del mismo linaje que vosotros.
Bran soltó un borrascoso suspiro.
—Somos granjeros, gentes sencillas. Lord Luc habla de organizar a los hombres para luchar contra los trollocs, pero ello significa dejar a la familia indefensa mientras vas a acompañarlo, y a nadie le hace gracia esa idea.
—¿Quién es lord Luc? —preguntó Perrin, desconcertado.
—Vino más o menos al mismo tiempo que los Capas Blancas —contestó la señora al’Vere—. Es un cazador del Cuerno. Ya sabes, lo de la historia de la Gran Cacería del Cuerno. Lord Luc cree que el Cuerno de Valere se encuentra en algún lugar de las Montañas de la Niebla, por encima de Dos Ríos, pero renunció a su búsqueda a causa de nuestros problemas. Lord Luc es todo un caballero con unos modales exquisitos. —Se atusó el cabello a la par que esbozaba una sonrisa de aprobación, y Bran, su esposo, la miró de reojo y gruñó con acritud.
Cazadores del Cuerno. Trollocs. Capas Blancas. Dos Ríos no parecía el mismo sitio del que se había marchado.
—Faile también es un cazador del Cuerno. ¿Conoces a ese tal lord Luc, Faile?
—Se acabó, estoy harta —anunció la joven. Perrin frunció el entrecejo al ver que se levantaba y rodeaba la mesa para ir hacia él. Faile le cogió la cabeza y le recostó la cara contra su pecho—. Tú madre ha muerto —musitó—. Tu padre ha muerto. Tus hermanas y tu hermano han muerto. Toda tu familia está muerta y no puedes hacer nada para remediarlo. Desde luego, no cambiarás nada muriendo tú también. Desahógate, llora tu pena, no la guardes dentro, donde puede enquistarse.