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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Pizarro entr� en al avi�n sonriente, salud� a los pasajeros y se sent� con su escolta adelante. Subi� tambi�n un miembro de la tripulaci�n que despu�s de discutir en vano con los guardaespaldas la inconveniencia de que viajaran armados, opt� por permitir que volaran �pero en las sillas de atr�s�. El jefe del comando se inquiet�, pues la acci�n ten�a que ser milim�trica y aquello podr�a cambiarlo todo.

Yo entren� al muchacho que realiz� la acci�n. Con sillas de pl�stico, lo situ� como si estuviera en un avi�n. Lo hice parar, caminar y despu�s, disparar con precisi�n. Se quemaron centenares de tiros. Todos con la misma arma.

Al apagarse los avisos, el jefe operativo se pondr�a de pie, entrar�a al ba�o y luego se devolver�a armado para atentar contra Pizarro que estar�a en la primera o segunda fila. All� se hab�a sentado en todos los vuelos que le hicimos inteligencia. Sin embargo, con el cambio de sillas todo se replanteaba. El jefe del comando pens� en levantarse y decirle a su compa�ero que hiciera exactamente lo mismo pero en el ba�o de atr�s. Ya no se tomar�a un minuto sino tres y la vida de los cien pasajeros correr�a peligro. El muchacho, a pesar de estar en ventanilla, realiz� la operaci�n de manera mec�nica. Se apag� el color rojo y amarillo de los avisos -prohibido fumar y ajustarse los cinturones- camin� hacia el ba�o de atr�s asegurando con su mirada a Pizarro. Alist� el arma, respir� profundo y or� por la patria. Sali� de all� y en segundos ejecut� a Carlos Pizarro.

La escolta de Pizarro lo dio de baja de inmediato. No se contaba con que a Pizarro le permitieran llevar armas en vuelos comerciales. El final de la operaci�n hubiera sido distinto si al morir Pizarro, los dem�s miembros del comando se hubieran tomado el avi�n, simulando portar granadas.

El muchacho que ejecut� a Pizarro hubiera controlado a la tripulaci�n para dirigirla a una pista que ya se ten�a preparada para la fuga. Yo s� los detalles de lo que pas� porque del comando sobrevivieron tres. Uno muri� despu�s en la guerra de los PEPES contra Pablo Escobar, en la liberaci�n de un secuestrado; y los otros dos hoy hacen parte de la Autodefensa.

Cuando vi el avi�n de regreso, me volvi� el alma al cuerpo y rec� un Padre Nuestro. No conoc�a el desenlace pero estaba seguro de que hab�a pasado algo y que las vidas de cien personas estaban a salvo al aterrizar la aeronave. Si les hubiera sucedido algo malo, yo era m�s peligroso que Pizarro. Al conocer que hab�a muerto, pens�: ��De lo que se salv� Colombia!�.

D�as m�s tarde, me enter� de la reacci�n de Pablo Escobar. �Mataron a quien iba a salvar a este pa�s. Se morir�n los candidatos de esta hijueputa oligarqu�a,� dijo.

Vamos a la oficina y le voy contando c�mo son las cosas de la vida. -�Amor, est�s lista? -pregunt�.

-�Ya voy -dijo Kenia. Sali� del cuarto con Lolita, una perrita french poodle que siempre los acompa�a.

Casta�o clausur� el caso Pizarro con una reflexi�n:

-�Yo admiraba a Pizarro. Con decirle que en nuestra lucha civil antisubversiva nunca hicimos nada en contra del M-19, s�lo contra las guerrillas comunistas del EPL, el ELN y las FARC. Cuando yo cursaba segundo de bachillerato en el colegio Le�n de Greiff, en Medell�n, segu�a paso a paso las noticias del �M� y me gustaban. �Qui�n no iba a querer una guerrilla que se robaba leche para regalarla en los barrios marginales de Bogot�? �Eso era una belleza, hombre! Cuando se robaron la espada de Sim�n Bol�var, yo cog� una tiza y escrib� tres veces en el tablero: M-19, M-19, M-19. Pero mire el cambio que dio el �M�, para terminar en negocios con Pablo Escobar.

Luego de un corto trayecto por carretera sin asfalto, llegamos a la humilde casa de bareque donde temporalmente se ubic� su oficina. Nos esperaba Leonardo, el encargado de las relaciones p�blicas. Salud� y le entreg� a Casta�o m�s de veinte hojas con los correos electr�nicos de los comandantes que habitualmente le escriben; los de sus amigos; o los de sus hijos, a los que llama �mis mandrilcitos�. Recibe tambi�n los correos de los �simpatizantes interesantes�, como se refiere a las personas que por el contenido de sus mensajes, ameritan una respuesta suya. Cada ma�ana les escribe a j�venes universitarios, adultos y hasta a algunos cr�ticos de su organizaci�n.

Nos sentamos frente a dos computadoras personales y una peque�a impresora.

-��Es muy importante para usted el Internet? -le pregunt�.

-�Es mi frente de guerra m�s importante. Representa m�s para la Autodefensa que para la guerrilla. Nosotros no hab�amos tenido la posibilidad de que se nos escuchara internacionalmente para decir algo distinto a lo que predican las FARC y el ELN con sus ONG de izquierda y sus amigos en Europa. A pesar de secuestrar civiles, volar oleoductos y realizar masacres, ellos siempre han sido tolerados por una parte de la clase dirigente europea y as� han logrado transmitir su versi�n. Las FARC movi� todas sus fichas para impedir la salida de nuestra p�gina web -colombialibre.org-. Lo hizo con la guerrilla institucionalizada e infiltrada en la Fiscal�a. Nos cerr� oficinas y nos bloque� dos veces nuestro servidor. Nos fuimos para Venezuela y all� tambi�n nos obstaculizaron. En M�xico logramos ponerla a funcionar, pero las FARC contrat� unos hackers expertos y nos la bloqueaban de nuevo. Finalmente, logramos abrir dos servidores espejo en Norteam�rica y Europa. S�lo as� logramos mantener la p�gina.

Yo tuve un a�o en el que navegaba por la red d�a y noche, escrib�a a las universidades y centros de estudios pol�ticos. Entraba a los chats y algunas personas nos prestaban atenci�n, otros nada.

-��Y qu� dec�a usted en los chats?

-�Algunas veces me presentaba: �Soy Carlos Casta�o, comandante de la Autodefensa�. Y no llamaba la atenci�n. �Somos la resistencia civil armada�-dec�a. Me contestaban: ��Qu� te pasa, t�o? �Est�s en la Espa�a del 39?�

Poco a poco cultivamos amigos, intelectuales y simpatizantes en Francia, Argentina, Canad�, Espa�a y Estados Unidos. Sin darles muy duro a los guerrilleros, les explicaba c�mo era la guerra en Colombia, desvirtuaba a la guerrilla con sus actuaciones y luego los invitaba a mi p�gina web.

Nos interrumpi� Leonardo, que dijo con sumo respeto:

-�Se�or, ya est� abierto su correo personal.

Casta�o se concentr� en la computadora, mientras Kenia y yo le�amos art�culos de prensa del d�a. Al hombre de las relaciones p�blicas se le notaba la presi�n cuando comet�a peque�os errores sin sentido, lo que demostraba que aqu�, m�s que en cualquier otro sitio, Casta�o era perfeccionista. Por un error de ortograf�a en un comunicado, una respuesta insegura o una demora en actualizar la p�gina web, Casta�o reclamaba fuertemente:

-�Leonardo, usted es mi amigo y tiene mi confianza, pero de su parte s�lo me sirve la excelencia. �Estamos?

Luego se le acercaba y le comentaba con fraternidad y sin rencor:

-�Hombre, haga bien las cosas y no me ponga atenci�n. A m� me hace falta discutir con alguien todos los d�as.

Al final del almuerzo, lleg� el comandante del Bloque Metro, con quien habl� en privado. Despu�s, Casta�o se acerc� y me present� a Rodrigo �Doble Cero�, como acostumbra introducir a sus comandantes, de manera protocolaria:

-�Rodrigo es el comandante del Bloque Metro y miembro del Estado Mayor de las Autodefensas Unidas de Colombia.

No pudo evitar sonre�r al relatar c�mo fue su llegada a la organizaci�n:

-�Es el �nico hombre de la Autodefensa que ha sido reclutado por mi mam�.

�Doble Cero� no perdi� tiempo en rectificar lo que coment� su comandante:

-�Lo que sucedi� fue que cuando yo era teniente del Ej�rcito, conoc� a do�a Rosa primero que a Fidel y a Carlos.

-�Eso fue en Amalfi, mi pueblo. El hombre le hac�a inteligencia a mi mam� cuando ella lo invitaba a tomar �el algo�. �l dice que no, trata de negarlo, pero�

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