La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #3
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)». Краткое содержание книги:
— Yo tampoco. Aún me pica. —Distraídamente se rascó el cuello—. Ya casi estamos en casa. Al paso que vamos, no tardaremos en llegar.
— Pues qué bien —comentó Nathan en tono burlón—. Y cuando lleguemos nos matarás.
— Querido Creador —musitó Ann—, ¿qué otra opción tengo?
Richard se recostó en la silla y bostezó. Estaba tan cansado que apenas podía mantener los ojos abiertos. Cuando se estiró y bostezó, Berdine, sentada junto a él, no pudo por menos de imitarlo. Raina, situada junto a la puerta, se contagió también de sus bostezos.
Alguien llamó. Richard se puso en pie de un salto.
— ¡Adelante!
Egan asomó la cabeza.
— Ha llegado un mensajero.
A una señal de Richard, Egan desapareció. Un soldado d’haraniano ataviado con una pesada capa y oliendo a caballo entró corriendo y saludó llevándose un puño al pecho.
— Siéntate. Parece que has tenido un duro viaje —le dijo Richard.
El soldado puso derecha el hacha de guerra que le colgaba del cinto y echó un vistazo a la silla.
— Estoy bien, lord Rahl. Pero me temo que no os traigo ninguna novedad.
Richard se dejó caer en su silla.
— Comprendo. ¿No habéis encontrado ni rastro?
— Nada de nada, lord Rahl. El general Reibisch me manda deciros que están registrando el territorio centímetro a centímetro y quiere que estéis seguros de que a sus hombres no se les ha pasado nada por alto. Pero, de momento, no han hallado nada.
Richard lanzó un suspiro de decepción.
— De acuerdo. Gracias. Será mejor que ahora comas algo.
El soldado saludó y se marchó. Hacía ya dos semanas, desde una semana después de que las tropas partieran en busca de Kahlan, que Richard recibía cada día a los mensajeros que le llevaban noticias. Desde que las fuerzas se habían dividido para cubrir más territorio cada grupo enviaba un mensajero distinto. Aquél era el quinto del día.
Escuchar los informes de lo ocurrido semanas antes, cuando los mensajeros habían partido hacia Aydindril, era como ser espectador de la historia. Todo lo que oía era ya pasado. Por lo que él sabía, mientras él seguía recibiendo noticias negativas era posible que las tropas hubieran encontrado a Kahlan hacía una semana. Ésa era su máxima esperanza.
Para ocupar el tiempo y no volverse loco de preocupación se había volcado en la traducción del diario. La sensación era muy similar a la que tenía al escuchar los informes de los mensajeros que le llegaban cada día: ser espectador de la historia. A pasos agigantados Richard comenzaba a comprender mejor incluso que Berdine aquella forma de d’haraniano culto.
Debido a su conocimiento de Las aventuras de Bonnie Day, se habían dedicado a elaborar largas listas de palabras para luego utilizarlas en la traducción del diario. A medida que Richard iba aprendiendo nuevas palabras podía leer directamente más pasajes del libro. Ambos desentrañaban la redacción exacta, lo cual llenaba los espacios en blanco de su memoria, y a su vez le permitía aprender más vocablos.
En muchas ocasiones le resultaba más sencillo utilizar lo que había aprendido para traducir él mismo del diario que enseñárselo a Berdine y que lo hiciera ella. Había empezado a soñar en d’haraniano culto y a hablarlo cuando estaba despierto.
El mago que había escrito el diario nunca se refería a él mismo por su nombre; se trataba de un diario personal, no oficial, por lo que no había ninguna necesidad de nombrarse. Berdine y Richard empezaron a llamarlo Kolo, abreviación de koloblicin, que en d’haraniano significaba «consejero de confianza».
A medida que Richard se sumergía más y más en el diario, ante él surgía un cuadro aterrador. Kolo había escrito el diario en el curso de la antigua guerra que llevó a la creación de las Torres de Perdición en el valle de los Perdidos. En una ocasión la hermana Verna le dijo que esas torres habían guardado el valle durante tres mil años y que habían sido erigidas para poner fin a una gran guerra. Al averiguar la desesperación con la que los magos de tiempos remotos las activaron, a Richard lo llenaba de inquietud el haberlas destruido.
En un pasaje del diario Kolo mencionaba que había llevado un diario personal desde que era niño, un cuaderno por año, por lo que el que Richard había encontrado —el número cuarenta y siete— debió de haberlo escrito con cincuenta y pocos. Richard tenía intención de volver al Alcázar para buscar los otros diarios de Kolo, aunque el que tenía aún guardaba muchos secretos.
Al parecer, Kolo era el consejero de confianza de los demás magos del Alcázar. La mayor parte de ellos poseían ambos lados de la magia —de Suma y de Resta— aunque unos pocos solamente poseían Magia de Suma. Kolo sentía compasión por ellos y trataba de protegerlos. Muchos consideraban que aquellos «desafortunados magos», como él los llamaba, eran seres indefensos, pero Kolo creía que también eran muy valiosos a su modo y en su nombre solicitaba que se les concediera pleno estatus en el Alcázar.
En tiempo de Kolo vivían en el Alcázar centenares de magos. La fortaleza hervía de vida con familias, amigos y niños. En las salas ahora vacías habían resonado en otro tiempo risas, charlas y palabras desenfadadas. Varias veces Kolo mencionaba a Fryda, probablemente su esposa, así como a un hijo y una hija. A los niños se les prohibía el acceso a determinadas zonas del Alcázar y, además de las materias típicas como lectura, escritura y matemáticas, también se les enseñaba profecía y el uso del don.
Pero sobre esa enorme fortaleza rebosante de vida, trabajo y alegría familiar, se cernía la negra espada de la muerte. El mundo estaba en guerra.
Uno de los deberes de Kolo consistía en montar guardia junto a la sliph. Richard recordaba que el mriswith del Alcázar le había preguntado si había ido a despertar a la sliph. Luego, señalando hacia la estancia en la que habían encontrado el diario de Kolo, había dicho que por fin era accesible. Tanto el mriswith como Kolo se referían a la sliph en femenino; a veces Kolo mencionaba que «ella», hablando de la sliph, lo miraba mientras él escribía el diario.
Puesto que la traducción del diario escrito en d’haraniano culto presentaba tantas dificultades, procuraban no saltarse ningún pasaje, pues eso los confundía aún más. Era más sencillo empezar desde el principio y traducir cada palabra, pues así se familiarizaban gradualmente con el especial uso del lenguaje de Kolo y resultaba más fácil reconocer patrones y expresiones. Solamente habían traducido una cuarta parte del diario, aunque desde que Richard había empezado a aprender d’haraniano culto, el proceso era mucho más rápido.
Mientras Richard se recostaba contra el respaldo y nuevamente bostezaba, Berdine se inclinó hacia él.
— ¿Qué significa esta palabra?
— Espada —respondió él sin dudarlo. La recordaba de Las aventuras de Bonnie Day.
— Hummm. Mirad esto. Creo que Kolo habla de vuestra espada.
Las patas delanteras de la silla que ocupaba Richard se apoyaron en el suelo con un ruido sordo. El joven tomó con impaciencia el diario y la hoja de papel en la que Berdine estaba escribiendo la traducción, la leyó y luego trató de leer el diario en las mismas palabras de Kolo.
Hoy ha fracasado el tercer intento de forjar una Espada de la Verdad. Las mujeres y los niños de los cinco magos que han muerto lloran desconsoladamente por los pasillos del Alcázar. ¿Cuántos más morirán antes de que tengamos éxito o que nos demos por vencidos? Tal vez el objetivo merece la pena, pero el precio está siendo demasiado alto.
— Tienes razón. Creo que habla de cuando forjaron la Espada de la Verdad.