En El Pais De La Nube Blanca
- Автор: Lark Sarah
- Год: 2011
- Язык: испанский
- Жанр: Историческая проза
Электронная книга - «En El Pais De La Nube Blanca». Краткое содержание книги:
En el país de la nube blanca, el debut más exitoso de los últimos años en Alemania, es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad, y sobre dos familias cuyo sino está unido de forma indisoluble.
– ¿Usted… usted quiere casarse con mi hermana? -le dijo Paul.
– Tengo la intención, sí. ¿Hay alguien más que se interponga a ello? -preguntó ligeramente divertido.
Paul sacudió la cabeza.
– Por mí, puede usted quedársela. Pero debe saber algo. Fleurette parece muy afectuosa; pero en realidad ya tenía un novio: Ruben O’Keefe.
Sideblossom asintió.
– Lo sé -respondió sin el menor interés.
– ¡Pero ella no se lo ha contado todo! -contestó presumiendo de sus conocimientos el chico-. ¡Lo que no le ha dicho es que ya se lo ha montado con él! ¡Yo lo vi!
El interés de Sideblossom se reavivó.
– ¿Qué estás diciendo? ¿Tú hermana ya no es virgen?
Paul se encogió de hombros. El concepto «virgen» no significaba nada para él.
– Pregúnteselo a ella -respondió-. Está en el granero.
John Sideblossom encontró a Fleurette en el box de la yegua Niniane, donde la muchacha se estaba preguntando en ese momento qué era lo mejor que podía hacer. ¿Dejar simplemente a Niniane en libertad? Corría entonces el riesgo de que no se marchara de la cuadra, sino que se quedara junto a los demás caballos. Tal vez fuera mejor alejarla de ahí y guardarla en uno de los cercados distantes. A Fleurette le pareció demasiado osado. Al final tendría que regresar a pie y pasar por todos los edificios anejos que estaban a rebosar de borrachos de la patrulla.
Mientras reflexionaba, acariciaba al caballo debajo del flequillo y hablaba con él. Los demás animales se inquietaron y Gracie husmeó en la paja. Pese a ello, Fleurette no se dio cuenta de que alguien abría la puerta sigilosamente. Cuando Gracie se percató y ladró, era demasiado tarde. John Sideblossom estaba en el corredor del establo y sonreía, irónico, a Fleurette.
– Vaya, vaya, si es mi pequeña. Así que por las noches rondamos los establos. Me sorprende un poco, encontrarla sola por aquí.
Fleur se asustó y se escondió tras el caballo de forma instintiva.
– Son nuestros establos -respondió con valentía-. Puedo venir aquí cuando quiera. Y no estoy rondando por aquí, he venido a ver a mi caballo.
– Conque vienes a ver a tu caballo. Qué conmovedor… -Sideblossom se acercó. Para Fleurette, el modo cauteloso de aproximarse semejaba al de un ladrón de ganado y en los ojos del hombre volvía a resplandecer el peligroso brillo que había visto antes-. ¿No tendrás que ir a ver a nadie más después?
– No sé a qué se refiere -contestó Fleurette, esperando que su voz no temblara.
– Lo sabes perfectamente. No finjas conmigo ser un corderito inocente que se ha prometido con un joven novato y que de hecho se lo monta con él en el pajar. No te esfuerces, Fleurette, lo sé de fuentes fidedignas, incluso si hoy no os he pillado in fraganti. Pero tienes suerte, tesoro. También acepto artículos usados. No me interesan tanto las solteronas tímidas. Cuesta demasiado hincarles el diente. Así que no te preocupes, irás de blanco al altar. Pero podré disfrutar antes de una prueba, ¿verdad?
Con un rápido movimiento sacó a Fleurette de detrás del ca-ballo. Niniane se espantó y huyó a un rincón del box. Gracie empezó a ladrar.
– ¡Suélteme! -La joven empezó a dar patadas a su atacante, pero Sideblossom se limitaba a reír. Sus fuertes brazos la apretaban contra la pared del establo y sus labios recorrían el rostro de la muchacha.
– ¡Está usted borracho, suélteme! -Fleur intentó morderlo, pero pese a todo el whisky, los reflejos del hombre seguían reaccionando con velocidad. Éste hizo un movimiento brusco hacia atrás y golpeó a la joven en la cara. Fleur cayó de espaldas fuera del box sobre una bala de paja. Sideblossom ya estaba encima de ella antes de que pudiera levantarse y huir.
– Enséñame ahora lo que tienes que ofrecerme… -Sideblossom le desgarró la blusa y admiró sus todavía pequeñas redondeces.
– Hermoso… ¡justo para llenar la mano! -Riendo, la agarró. Fleurette intentó propinarle otra patada, pero él puso la pierna sobre su rodilla, manteniéndola sujeta.
– Y ahora deja de encabritarte como un caballo al que se monta por primera vez. Me han dicho que ya tienes experiencia. Así que déjame. -Buscó el cierre de la falda, pero no lo encontró fácilmente dado el refinado corte de la prenda de montar. Fleurette intentó gritar y le mordió la mano cuando él se lo impidió.
– ¡Me gusta que una mujer tenga temperamento! -balbuceó él sonriendo.
Fleur rompió a llorar. Los ladridos de Gracie, histéricos y estridentes, no cesaban. Y entonces una voz cortante se alzó por encima del tumulto en el establo.
– ¡Deje a mi hija antes de que pierda el control! -Junto a la puerta estaba Gwyneira con una escopeta en la mano y apuntando a John Sideblossom. Fleur reconoció a sus espaldas a Andy McAran y Poker Livingston.
– Despacio, yo… -Sideblossom se separó de Fleurette y movió apaciguador las manos.
– Ahora mismo hablaremos. Fleur, ¿te ha hecho algo? -Gwyn le tendió el arma a Andy y abrazó a su hija.
Fleurette sacudió la cabeza.
– No. Él… él acababa de agarrarme. ¡Oh, mamá, ha sido horrible!
Gwyneira asintió.
– Lo sé, hija. Pero ahora ya ha pasado. Ve corriendo a casa. Por lo que he visto, la fiesta en el salón ha terminado. Pero podría ser que tu abuelo todavía estuviera en la sala de caballeros con el núcleo duro, así que sé prudente. Vendré enseguida.
Fleurette no esperó a que se lo dijeran dos veces. Tiritando se cubrió el pecho con los jirones de la blusa y huyó. Los hombres la dejaron pasar respetuosamente cuando salió al granero y de allí corrió a la puerta de la cocina. Ansiaba la seguridad de su habitación: y su madre confiaba en que cruzaría el salón volando…
– ¿Dónde está Sideblossom? -Para Gerald Warden todavía no había llegado el momento de concluir la velada. Claro que estaba muy borracho, al igual que los demás criadores que todavía brindaban en la sala de caballeros. Pero eso no impidió que todavía propusiera jugar a cartas. Reginald Beasley ya había aceptado, tan borracho como pocas veces lo había estado, y tampoco Barrington había declinado la invitación. Sólo faltaba el cuarto hombre. Y John Sideblossom había sido el compañero favorito de Gerald cuando se trataba de jugar en parejas al blackjack.
– Ya hace rato que se ha marchado. Posiblemente a la cama -informó Barrington-. Eshtos novatosh no… no shoportan nada…
– Johnny Sideblossom todavía no se ha escaqueado jamás de una ronda -afirmó Gerald, saliendo en defensa de su amigo-. Hasta ahora, él siempre ha aguantado mientras los demás ya estaban debajo de las mesas. Debe de estar por alguna parte… -Gerald estaba lo suficiente borracho como para buscar a Sideblossom debajo de la mesa. Beasley echó un vistazo en el salón, pero ahí sólo estaba Paul (a primera vista inmerso en un libro, pe-ro en realidad a la espera). En algún momento iban a volver Fleur y Sideblossom. Y ahí se presentaba otra oportunidad de poner a su hermana en un compromiso.
– ¿Está buscando al señor Sideblossom? -preguntó amablemente y, en voz lo bastante clara para que todos pudieran oírlo desde el salón, añadió-: Está con mi hermana en el establo.
Gerald Warden se precipitó fuera de la sala de caballeros llevado por una furia tan intensa como sólo el whisky podía de-sencadenar.
– ¡Esa putilla! Al principio hace como sin nunca hubiera roto un plato y luego desaparece con Johnny en el pajar. Sabiendo a la perfección que eso aumenta la dote. Ahora sólo se la llevará si obtiene también la mitad de la granja.
Beasley lo siguió apenas menos escandalizado. Había rechazado su petición. ¿Y ahora se revolcaba con Sideblossom en la paja?
Al principio, los hombres parecían indecisos acerca de si debían ir por la puerta principal o por la de la cocina para atrapar a la pareja en el granero, así que por unos segundos reinó el silencio, que rompió el sonido de la puerta de la cocina: Fleurette se deslizó al salón y se quedó asustada frente a su abuelo y su compañero de borracheras.