El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
—Ayúdeme, por favor. No soy lo bastante fuerte para hacer esto sola.
—Ayúdese usted misma.
La joven vio que el señor Rosa también tenía heridas bastante graves. Pero aunque estaba perdiendo sangre, no parecía haber sufrido nada peor que unos cuantos cortes y cuchilladas; no parecía haber perdido ningún dígito ni que le hubieran roto ningún hueso.
—Se lo ruego. Ayúdeme a masajearle el pecho.
—Dije que jamás ayudaría a un ser humano, Antoinette.
De todas formas ella comenzó a trabajar sobre el pecho de Xavier, pero con cada presión perdía fuerzas, fuerzas que no le sobraban.
—Por favor, señor Rosa.
—Lo siento, Antoinette. No es nada personal, pero…
Ella dejó lo que estaba haciendo. Su ira era ahora suprema.
—¿Pero qué?
—Me temo que los humanos no son mi especie favorita, nada más.
—Bueno, señor Rosa, aquí tiene un mensaje de la especie humana: que lo follen a usted y su actitud.
La joven volvió con Xavier y reunió todas las fuerzas que pudo para un último intento.
23
Clavain y H volvieron a coger el veloz ascensor de hierro para dejar los niveles del sótano del Cháteau. Mientras subían, Clavain se dedicó a rumiar lo que su anfitrión le había mostrado y contado. En cualquier otra circunstancia, la historia sobre Sukhoi y Mercier habría puesto a prueba su credulidad. Pero la aparente sinceridad de H y el ambiente de pánico que se respiraba en la habitación vacía había puesto difícil desechar sin más todo aquel asunto. Era mucho más reconfortante pensar que H solo le había contado la historia para jugar con su mente y por esa razón Clavain decidió, de momento, optar por la posibilidad menos reconfortante, igual que había hecho H cuando había investigado las afirmaciones de Sukhoi.
Clavain sabía por experiencia que era la posibilidad menos reconfortante la que por lo general terminaba siendo la correcta. Así era como funcionaba el universo.
No hablaron mucho durante el ascenso. Él seguía convencido de que tenía que huir de H y continuar con su deserción. Pero de igual forma, lo que H le había revelado hasta ahora le había obligado a aceptar que lo que comprendía de aquel tema estaba lejos de ser todo lo que había.
Skade no solo trabajaba con sus propios fines en mente, o incluso con los fines de una cábala de combinados anónimos: había muchas probabilidades de que estuviera trabajando para la Mademoiselle, que siempre había deseado influir en el Nido Madre. Y la misma Mademoiselle era una desconocida, una figura que se apartaba mucho de la experiencia de Clavain. Y sin embargo, al igual que H, era evidente que había sentido un profundo interés por la larva alienígena y su tecnología, suficiente como para traer la criatura al Cháteau y aprender a comunicarse con ella. La mujer estaba muerta, cierto, pero quizá Skade se había convertido en una agente tan voluntariosa que muy bien se podría pensar ahora en Skade y la Mademoiselle como entes inseparables.
Clavain no sabía a qué se había imaginado que se estaba enfrentando, pero era más grande, y se remontaba mucho más atrás, de lo que jamás se había imaginado.
Pero eso no cambia nada, pensó. Lo más importante seguía siendo la adquisición de las armas de clase infernal. Quienquiera que dirigiera a Skade, quería esas armas más que cualquier otra cosa.
Así que soy yo el que las tiene que conseguir.
El ascensor se detuvo con un traqueteo. H abrió la puerta enrejada y llevó a Clavain por otra serie de pasillos de mármol hasta que llegaron a lo que parecía una habitación de hotel absurdamente espaciosa. Un techo bajo, atestado de adornos de yeso, retrocedía en segundo plano, y se habían colocado varios muebles y ornamentos por uno u otro sitio, como objetos en una instalación artística: la cuña negra e inclinada de un piano de cola; un reloj de pie en el medio de la habitación, como si lo hubieran sorprendido en pleno paseo de pared a pared; varias columnas negras que sostenían unos bustos de alabastro oscuro, un par de sofás con patas talladas y tapizados de terciopelo de color escarlata oscuro, y tres sillones dorados tan grandes como tronos.
Dos de los tres sillones estaban ocupados. En uno se sentaba un cerdo vestido como H, con una sencilla túnica negra y pantalones. Clavain frunció el ceño al darse cuenta (aunque no podía estar del todo seguro) de que era Escorpio, el prisionero que había visto por última vez en el Nido Madre. En el otro se sentaba Xavier, el joven mecánico que Clavain había conocido en el Carrusel Nueva Copenhague. La extraña yuxtaposición le provocó a Clavain un dolor de cabeza cuando intentó construir algún escenario plausible para que los dos terminaran juntos, allí.
—¿Son necesarias las presentaciones? —preguntó H—. No creo, pero solo por si acaso, señor Clavain, quiero que conozca a Escorpio y a Xavier Liu. —Saludó primero a Xavier—. ¿Cómo se encuentra ahora?
—Estoy bien —dijo Xavier.
—El señor Liu sufrió un fallo cardíaco. Lo atacaron con un arma paralizadora a bordo de la nave espacial de Antoinette Bax, el Ave de Tormenta. El voltaje programado habría derribado a una hamadríade, por no hablar ya de un ser humano.
—¿Lo atacaron? —dijo Clavain, que tenía la sensación de que lo más cortés era decir algo.
—Un agente de la Convención de Ferrisville. Oh, no se preocupe, el individuo implicado no volverá a hacerlo. Ni eso ni mucho más, la verdad.
—¿Lo ha matado? —preguntó Xavier.
—No como tal, no. —H se volvió hacia Clavain—. Xavier tiene suerte de estar vivo, pero se pondrá bien.
—¿Y Antoinette? —preguntó Clavain.
—Ella también se pondrá bien. Unos cuantos cortes y magulladuras, nada demasiado grave. Estará aquí dentro de un momento.
Clavain se sentó en el sillón amarillo vacío, enfrente de Escorpio.
—No pretendo entender por qué Xavier y Antoinette están aquí. Pero tú…
—Es una larga historia —dijo Escorpio.
—Yo no me voy a ninguna parte. ¿Por qué no comenzar desde el principio? ¿No deberías estar detenido?
H dijo:
—Las cosas se han complicado, señor Clavain. Tengo entendido que los combinados han traído a Escorpio al sistema interno con la intención de entregárselo a las autoridades.
Xavier miró al cerdo sin dar crédito a lo que veía.
—Creí que H estaba de broma cuando antes te llamó Escorpio. Pero no era así, ¿verdad? Joder. Eres tú, al que llevan todo este tiempo intentando pillar. ¡La puta!
—Su reputación lo precede —le dijo H al cerdo.
—¿Qué cojones estabas haciendo en el Carrusel Nueva Copenhague? —preguntó Xavier mientras volvía a acomodarse en el sillón. Parecía inquietarle encontrarse en el mismo edificio que Escorpio, por no hablar ya de en la misma habitación.
—Iba a por él —dijo Escorpio señalando a Clavain con un gesto.
Ahora le tocó el turno de sorprenderse a Clavain.
—¿A por mi?
—Me ofrecieron un trato, las arañas. Dijeron que me dejarían ir, que no me entregarían si las ayudaba a rastrearte cuando les diste esquinazo. No iba a decir que no, ¿verdad?
—Le proporcionaron a Escorpio una documentación creíble —indicó H—, suficiente para que no lo arrestaran nada más verlo. Creo que eran sinceros cuando le prometieron que lo dejarían marchar si los ayudaba a llevarlo a usted de vuelta al redil.
—Pero sigo sin…
—Escorpio y su compañero, otro combinado, siguieron el rastro que usted dejó, señor Clavain. Como es natural, ese rastro los llevó hasta Antoinette Bax. Así fue como Xavier se vio envuelto en todo este desgraciado asunto. Hubo una lucha y se produjeron algunos daños en el carrusel. La Convención ya le tenía el ojo echado a Antoinette, así que no les llevó demasiado tiempo alcanzar su nave. Las lesiones que se produjeron, incluidas las de Escorpio, tuvieron lugar cuando el proxy de la Convención entró en el Ave de Tormenta.