Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El camino de dagas - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El camino de dagas

Электронная книга - «El camino de dagas». Краткое содержание книги:

Mientras Elayne y Nynaeve tratan de hacer funcionar el Cuenco de los Vientos, Perrin se dirige a Ghealdan para que la reina Alliandre respalde públicamente al Dragón Renacido. Rand continúa en Illian, intentando pacificar el país.
El tan deseado cambio climático, propiciado por el Cuenco de los Vientos, provoca bruscos cambios de temperatura que dificultan el desplazamiento de tropas.
Rand decide hacer frente a los seanchan en las costas de Ilian para frenar el avance del ejército invasor, pero además de al enemigo también tendrá que enfrentarse a la traición.
1 ... 124 125 126 127 128 129 130 131 132 ... 208
Перейти на страницу:

Flinn y los otros no se unieron al grupo de Gedwyn —tenían un par de tiendas que se levantaron no lejos de la de Rand—, pero Dashiva se acercó hacia donde el «Líder de Asalto» y el «Líder de Ataque» estaban en posición de descanso y de vez en cuando impartían una seca orden. Tras unas pocas palabras, Dashiva volvió sacudiendo la cabeza y mascullando furioso. Gedwyn y Rochaid no eran unos tipos amistosos. Mejor así.

Rand se retiró a su tienda tan pronto como estuvo instalada, y se tumbó vestido en el catre, fijos los ojos en el techo. También había abejas doradas bordadas en el interior, sobre un techo falso de seda. Hopwil le llevó una jarra de peltre con ponche humeante —Rand no había llevado a sus sirvientes—, pero el vino se enfrió sobre el escritorio. Su cerebro trabajaba febrilmente. Dos o tres días más, y los seanchan habrían recibido un golpe que los tumbaría patas arriba. Luego habría que regresar a Cairhien para ver cómo habían ido las negociaciones con los Marinos, para descubrir qué pretendía Cadsuane —estaba en deuda con ella, ¡pero esa mujer buscaba algo!—, y quizás acabar con lo que quedaba de rebelión en el país. ¿Se habrían escabullido Caraline Damodred y Darlin Sisnera, aprovechando la confusión? Tener en su poder al Gran Señor Darlin tal vez pondría fin también a la rebelión en Tear. Andor. Si Mat y Elayne estaban en Murandy, como parecía, aún tendrían que pasar semanas para que Elayne pudiese reclamar el Trono del León. Una vez que eso ocurriera, tendría que mantenerse lejos de Caemlyn. Pero tenía que hablar con Nynaeve. ¿Realmente podría él limpiar el saidin? Tal vez funcionaba. Y también podía destruir el mundo. Lews Therin parloteó dentro de su cabeza con absoluto terror. Luz, ¿dónde se había metido Narishma?

Descargó una tormenta cemara, aún más virulenta, a corta distancia del mar. Los destellos de los rayos iluminaban la entrada con su luz blanca azulada, los truenos retumbaban, semejando montañas que rodaran sobre la tierra.

Y saliendo de la tormenta, Narishma apareció y entró en la tienda, chorreando, con el oscuro cabello pegado a la cabeza. Sus órdenes habían sido evitar llamar la atención a toda costa. Nada de hacer alarde en él. Su empapada chaqueta era una prenda sencilla de color marrón, y su oscuro cabello iba recogido con una cinta en la nuca, no trenzado en coletas. Aun sin campanillas, un cabello largo casi hasta la cintura en un hombre atraía miradas. También exhibía un gesto ceñudo, y bajo un brazo llevaba un envoltorio cilíndrico, atado con una cuerda, más grueso que la pierna de un hombre, como una alfombra pequeña.

Rand se incorporó de un brinco del catre y le arrebató el paquete antes de que Narishma tuviese tiempo de tendérselo.

—¿Te vio alguien? —demandó—. ¿Por qué has tardado tanto? ¡Te esperaba anoche!

—Me costó un tiempo decidir qué tenía que hacer —replicó Narishma en tono seco—. No me contasteis todo. Casi me matasteis.

Eso era ridículo. Le había dicho todo lo que necesitaba saber. Estaba seguro. No tenía sentido confiar en el hombre hasta el punto que lo había hecho para que muriera y echara todo a rodar. Con cuidado, metió el bulto debajo del catre; sus manos temblaban de ansiedad por abrirlo, por asegurarse que el envoltorio contenía lo que Narishma había ido a buscar. De lo contrario, el hombre no habría regresado.

—Ponte una chaqueta adecuada antes de reunirte con los demás —ordenó—. Y, Narishma… —Rand se puso de pie y clavó en él una mirada intensa—. Cuéntale a alguien esto, y entonces sí que te mataré.

«Mata al mundo entero —rió Lews Therin, su voz un gemido de desprecio. De desesperación—. Yo acabé con el mundo, y tú también puedes, si pones empeño».

Narishma se llevó el puño al pecho con un seco golpe.

—Como ordenéis, milord Dragón —contestó agriamente.

Al día siguiente, bajo la luz de la primera hora de la mañana, mil hombres de la Legión del Dragón partieron de Illian y marcharon por el camino elevado de la Estrella del Norte, con el sonido de los tambores marcando el paso. Bueno, si no había mucha luz, sí era temprano. Densos nubarrones grises se desplazaban por el cielo, y una fuerte brisa soplaba del mar cargada de sal y sacudía capas y estandartes, anunciando otra tormenta en camino. La Legión llamó bastante la atención de los mesnaderos del campamento, con sus yelmos andoreños pintados de azul y sus largas chaquetas adornadas en la pechera con el dragón rojo y dorado. Un estandarte azul con un dragón y un número marcaba a cada una de las cinco compañías. Los legionarios eran diferentes en muchos sentidos. Por ejemplo, llevaban peto, pero debajo de la chaqueta, como para no tapar el dragón de la pechera —la misma razón de que la prenda se abotonara a un lado—, e iban armados con una espada corta a la cadera y una ballesta, ya armada, al hombro, todas exactamente en la misma posición. Los oficiales, que lucían una larga pluma roja en el casco, caminaban delante del tambor y el portaestandarte. Los únicos caballos eran el castrado pardo de Morr, a la cabeza de la columna, y los animales de carga en la retaguardia.

—Infantería —murmuró Weiramon mientras golpeaba suavemente las riendas sobre la palma de la otra mano—. Así se abrase mi alma, la infantería no vale para nada. Se dispersa a la primera carga. O antes.

La cabecera de la columna salió del camino elevado. Habían ayudado a tomar Illian, y no se habían dispersado.

—No llevan picas —masculló Semaradrid sacudiendo la cabeza—. He visto resistir a la infantería, bien dirigida, con sus picas, pero sin ellas… —Hizo un sonido gutural de desagrado.

Gregorin Panar, el tercer hombre montado a caballo cerca de Rand para ver las nuevas incorporaciones, no dijo nada. Quizá no tenía prejuicios contra la infantería —aunque, en tal caso, sería uno de los contados nobles que Rand conocía que no cojeaba del mismo pie—, si bien procuró no fruncir el entrecejo y casi lo consiguió. Todos sabían a esas alturas que los hombres con el dragón en la pechera de la chaqueta habían tomado las armas porque habían elegido seguir a Rand, al Dragón Renacido, sin otra razón que querer hacerlo. Los illianos debían de estar preguntándose adónde se dirigirían para que Rand quisiera contar con la Legión, y al Consejo de los Nueve tampoco se les había confiado esa información. De hecho, Semaradrid miraba de reojo a Rand. Sólo Weiramon era demasiado estúpido para pensar.

Rand hizo dar la vuelta a Tai’daishar. El bulto que había llevado Narishma había sido empaquetado de nuevo en un fardo más reducido, y lo llevaba atado debajo de la correa del estribo izquierdo.

—Levantad el campamento. Emprendemos la marcha —les dijo a los tres nobles.

Esta vez dejó que Dashiva se encargara de abrir el acceso por el que partirían todos. El tipo de rasgos toscos lo miró ceñudo y masculló entre dientes —¡Dashiva parecía ofendido por alguna razón!—, y Gedwyn y Rochaid, montados caballo contra caballo, observaron con sonrisas sarcásticas mientras la línea de luz plateada rotaba sobre sí misma hasta abrir un agujero de la nada. A decir verdad, lo observaban más a él que a Dashiva. Bueno, que miraran lo que quisieran. ¿Cuántas veces podría aferrar el saidin arriesgándose a caer de bruces por el mareo antes de desplomarse de verdad? No donde ellos pudieran presenciarlo, si podía evitarlo.

1 ... 124 125 126 127 128 129 130 131 132 ... 208
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)