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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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—Sí, mi señor —respondió Lancel sin un instante de titubeo, cosa que complació a Tyrion—. Así será. Como ordenáis.

—Levántate. —Tyrion llenó la segunda copa y se la puso en la mano—. Bebe para sellar nuestro acuerdo. Tranquilo, que yo sepa no hay jabalíes en el castillo. —Lancel levantó la copa y bebió, aunque con gesto rígido—. Sonríe, primo. Mi hermana es una mujer hermosa, y todo sea por el bien del reino. Puedes salir con bien de ésta. El rango de caballero no es nada. Si eres listo, antes de que termines te habré nombrado lord. —Tyrion hizo girar el vino en la copa—. Queremos que Cersei confíe plenamente en ti. Vuelve con ella y dile que suplico su perdón. Dile que me has asustado, que no quiero que haya ningún conflicto entre nosotros, que a partir de ahora no haré nada sin su consentimiento.

—Pero… sus exigencias…

—Oh, le devolveré a Pycelle.

—¿Sí? —Lancel se quedó atónito.

—Lo liberaré mañana por la mañana —dijo Tyrion con una sonrisa—. Podría jurar que no le he tocado un pelo de la cabeza, pero en el sentido más estricto no sería verdad. En cualquier caso, se encuentra bien, aunque no pondría la mano en el fuego por su vigor. Las celdas negras no son un lugar adecuado para un hombre de esa edad. Cersei se lo puede quedar como mascota o enviarlo al Muro, no me importa, pero no quiero volver a verlo en el Consejo.

—¿Y Ser Jacelyn?

—Di a mi hermana que crees que, con tiempo, me puedes arrebatar su lealtad. Con eso la dejaremos tranquila de momento.

—Como tú digas. —Lancel apuró la copa de vino.

—Una cosa más. El rey Robert ha muerto, así que sería muy poco oportuno que su apenada viuda se quedara preñada de repente.

—Mi señor, yo… nosotros… la reina me ha ordenado que no… —Se le habían puesto las orejas color escarlata Lannister—. Derramo mi semilla sobre su vientre, mi señor.

—Y es un vientre muy hermoso, no me cabe duda. Mójalo tan a menudo como quieras… pero asegúrate de que tu rocío no caiga en otra parte. No quiero más sobrinos, ¿queda claro?

Ser Lancel hizo una reverencia rígida y salió de la estancia. Tyrion dedicó un momento a sentir compasión por el muchacho. «Es un idiota, y un idiota débil por añadidura, pero no se merece lo que le hacemos Cersei y yo.» Por suerte su tío Kevan tenía otros dos hijos varones, porque era poco probable que Lancel llegara vivo a fin de año. Si Cersei se enteraba de que la estaba traicionando, lo haría matar de inmediato, y si por alguna gracia de los dioses no era así, tampoco sobreviviría al momento en que Jaime Lannister regresara a Desembarco del Rey. La única duda era si lo mataría Jaime en un ataque de rabia y celos, o Cersei para impedir que Jaime se enterase. Tyrion apostaba más bien por Cersei.

La inquietud se había apoderado de él, y sabía perfectamente que aquella noche no conseguiría conciliar el sueño. «Al menos no aquí.» Encontró a Podrick Payne dormido en una silla, junto a la puerta de la estancia privada, y lo sacudió por el hombro.

—Llama a Bronn, ve a los establos y haz que ensillen dos caballos.

—Caballos. —Los ojos del escudero estaban nublados de sueño.

—Esos animales grandes, castaños, a los que les encantan las manzanas. Sí, hombre, seguro que los has visto. Cuatro patas, cola… Pero primero Bronn.

El mercenario no tardó en aparecer.

—¿Quién se te ha meado en la sopa? —preguntó con brusquedad.

—Cersei, como siempre. A estas alturas ya me tendría que haber acostumbrado al sabor, pero en fin. Al parecer mi querida hermana me ha confundido con Ned Stark.

—Tengo entendido que era más alto.

—Eso fue antes de que Joff le cortara la cabeza. Tendrías que haberte abrigado más, la noche es fría.

—¿Vamos a alguna parte?

—¿Todos los mercenarios son tan listos como tú?

Las calles de la ciudad eran peligrosas, pero con Bronn a su lado Tyrion se sentía seguro. Los guardias les abrieron una poterna en la muralla norte; bajaron por Sombranegra hasta el pie de la colina Alta de Aegon y recorrieron el callejón del Cerdo, pasando junto a hileras de ventanas cerradas y edificios altos de madera y piedra cuyos pisos superiores se adentraban tanto en la calle que casi besaban a los de la acera opuesta. La luna parecía seguirlos, jugando al escondite entre las chimeneas. No se cruzaron más que con una vieja solitaria que arrastraba un gato muerto por la cola. Los miró con miedo, como si temiera que le fueran a arrebatar la cena, y se perdió entre las sombras sin decir palabra.

Tyrion iba pensando en los hombres que habían ocupado el cargo de Mano antes que él, y que no habían sido rivales para los ardides de su hermana.

«¿Cómo eran esos hombres? Demasiado honrados para vivir, demasiado nobles para cagar; a idiotas como ésos, Cersei se los desayuna por las mañanas. La única manera de derrotar a mi hermana era vencerla en su juego, cosa que Lord Stark y Lord Arryn no habrían hecho jamás.» No era de extrañar que ambos estuvieran muertos, mientras que Tyrion Lannister se sentía más vivo que nunca. Sus piernas atrofiadas habrían hecho de él un espectáculo cómico y grotesco en un baile de la cosecha, pero aquella danza, en cambio, la conocía muy bien.

Pese a lo tarde que era, el burdel estaba abarrotado. Chataya los recibió con amabilidad y los acompañó a la sala común. Bronn subió al piso superior con una muchacha de Dorne de ojos oscuros, pero Alayaya estaba ocupada.

—Se alegrará mucho de veros —dijo Chataya—. Me encargaré de que os preparen la habitación de la torre. ¿Quiere mi señor una copa de vino mientras espera?

—Sí, gracias.

Era un vino bastante malo en comparación con las cosechas del Rejo que por lo general se servían en la casa.

—Tendréis que perdonarnos, mi señor —dijo Chataya—. Últimamente no consigo buen vino a ningún precio.

—Me temo que estamos todos igual.

Chataya siguió quejándose un momento, se disculpó y se alejó como si se deslizara por el suelo.

«Qué mujer tan bella —reflexionó mientras la veía alejarse. Rara vez había visto tanta elegancia y dignidad en una prostituta. Aunque, claro está, ella se consideraba más bien una especie de sacerdotisa—. Puede que ahí resida el secreto. No se trata de qué hacemos, sino de por qué lo hacemos.» En cierto modo, aquel pensamiento lo reconfortó.

Algunos clientes le lanzaban miradas de reojo. En su última salida, un hombre le escupió… mejor dicho, lo intentó, pero en su lugar escupió a Bronn. En el futuro escupiría sin dientes.

—¿Qué pasa, nadie quiere a mi señor? —Dancy se sentó en su regazo y empezó a mordisquearle la oreja—. Yo tengo un remedio para eso.

—Eres tan hermosa que las palabras no bastan, pequeña. —Tyrion sonrió y sacudió la cabeza—. Pero me he encariñado con la cura de Alayaya.

—Porque no habéis probado la mía. Mi señor siempre elige a Yaya. Es buena, pero yo soy mejor, ¿no queréis comprobarlo?

—Puede que la próxima vez. —Tyrion no tenía duda alguna de que Dancy sería estupenda. Era vivaracha, tenía naricilla de botón, pecas y una espesa melena de pelo rojo que le llegaba más allá de la cintura. Pero Shae lo aguardaba.

La chica dejó escapar una risita, le puso la mano entre los muslos y apretó.

—Me parece que éste no quiere esperar a la próxima vez —anunció—. Me parece que quiere salir y contarme las pecas…

—Dancy. —Alayaya, oscura y fría, estaba en la puerta. Iba vestida con fina seda verde—. El señor ha venido a verme a mí.

Tyrion se desembarazó cariñosamente de la otra chica y se levantó. A Dancy no pareció importarle.

—La próxima vez —le recordó. Se puso un dedo entre los labios y se lo chupó.

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