Choque de reyes [A Clash of Kings - es]
- Автор: Мартин Джордж Рэймонд Ричард
- Год: 2003
- Язык: испанский
- Год: Gigamesh
- ISBN: 84-932-7022-9
- Переводчик: Cristina Macia
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
—Pero no hay magia —dijo en voz alta, en la oscuridad de su lecho—. No hay magia, y las historias no son más que historias.
Y él nunca podría andar, ni volar, ni hacerse caballero.
TYRION
Las alfombras le arañaban las plantas de los pies desnudos.
—Mi primo ha elegido una hora original para venir de visita —dijo Tyrion a Podrick Payne, que todavía estaba aturdido por el sueño y sin duda esperaba una buena reprimenda por haber ido a despertarlo—. Acompáñalo a mi sala privada y dile que no tardaré en bajar.
A juzgar por la oscuridad que se veía al otro lado de la ventana era bien pasada la medianoche.
«¿Pensará Lancel que a estas horas me va a encontrar amodorrado y entorpecido por el sueño? —se preguntó—. No, Lancel no tiene el vicio de pensar, esto es cosa de Cersei.» Su hermana iba a llevarse una decepción. Incluso en la cama solía trabajar hasta altas horas de la madrugada: leía a la temblorosa luz de la vela, examinaba los informes de los susurros de Varys y repasaba los libros de cuentas de Meñique hasta que se le entremezclaban las columnas y le dolían los ojos.
Fue hasta la jofaina que tenía al lado de la cama y se salpicó la cara con agua tibia. Luego se tomó el tiempo que quiso acuclillado en la letrina mientras sentía el aire fresco de la noche sobre la piel desnuda. Ser Lancel tenía dieciséis años y no era famoso precisamente por su paciencia. Que esperase y que se pusiera nervioso mientras esperaba. Tras vaciarse los intestinos, Tyrion se puso una bata y se alborotó con los dedos el fino pelo rubio para que pareciera que acababan de despertarlo.
Lancel paseaba de un lado a otro ante las cenizas de la chimenea, estaba vestido de terciopelo rojo con bajomangas de seda negra y llevaba una daga enjoyada y una vaina dorada colgadas del cinturón.
—Primo —lo saludó Tyrion—. Qué pocas veces me visitas… ¿a qué debo este placer inmerecido?
—Su Alteza la reina regente me envía para ordenarte que liberes al Gran Maestre Pycelle. —Ser Lancel mostró a Tyrion una cinta escarlata con el sello en forma de león de Cersei impreso en cera dorada—. Aquí está la orden.
—Ya veo. —Tyrion la apartó con un gesto—. Espero que mi hermana no esté abusando de sus fuerzas tan pronto después de su enfermedad. Sería una verdadera lástima que sufriera una recaída.
—Su Alteza está casi recuperada —replicó Ser Lancel en tono seco.
—Eso es música para mis oídos. —«Aunque la melodía no me gusta. Ojalá le hubiera dado una dosis mayor.» Tyrion había esperado contar con unos pocos días más sin interferencias de Cersei, pero no se sorprendió demasiado al saber que recuperaba la salud. Al fin y al cabo era la hermana gemela de Jaime. Se obligó a sonreír con toda amabilidad—. Pod, enciéndenos el fuego, hace demasiado frío para mi gusto. ¿Quieres tomar una copa conmigo, Lancel? A mí el vino especiado me ayuda a dormir.
—No necesito ayuda para dormir —replicó Lancel—. He venido por petición de Su Alteza, no para beber contigo, Gnomo.
El nombramiento de caballero había dado aún más osadía al muchacho, reflexionó Tyrion. Eso y su lamentable papel en el asesinato del rey Robert.
—El vino tiene sus peligros, claro. —Sonrió mientras se servía—. En cuanto al Gran Maestre Pycelle… si mi querida hermana estuviera tan preocupada por él habría venido en persona. En vez de eso, te envía a ti. ¿Qué conclusión debo sacar?
—Saca las conclusiones que quieras, siempre que liberes a tu prisionero. El Gran Maestre es amigo incondicional de la reina y está bajo su protección personal. —Los labios del muchacho parecían a punto de esbozar una sonrisa burlona. Disfrutaba con aquella situación. «Se nota que aprende de la propia Cersei»—. Su Alteza no consentirá este ultraje. Quiere que te recuerde que la regente de Joffrey es ella.
—Igual que yo soy la Mano de Joffrey.
—La Mano sirve —lo informó el joven caballero con tono frívolo—. La regente rige hasta la mayoría de edad del rey.
—Será mejor que me lo escribas para que no se me vuelva a olvidar. —El fuego chisporroteaba ya alegremente—. Puedes marcharte, Pod —dijo Tyrion a su escudero. Esperó a que saliera el chico antes de volverse hacia Lancel—. ¿Alguna cosa más?
—Sí. Su Alteza me ordena que te informe de que Ser Jacelyn Bywater desobedeció una orden que se le dio en nombre del propio rey.
«Lo que significa que Cersei ya ha ordenado a Bywater que liberase a Pycelle, y que no lo ha conseguido.»
—Comprendo.
—Su Alteza insiste en que sea despojado de su cargo y arrestado por traición. Te lo advierto…
—Tú no me adviertes nada, niño. —Tyrion dejó la copa.
—Ser —lo corrigió Lancel, rígido. Se tocó la espada, quizá para recordarle a Tyrion que la llevaba a la cintura—. Y no te atrevas a hablarme así, Gnomo.
Sin duda quería sonar amenazador, pero aquella ridícula pelusa a modo de bigote estropeaba mucho el efecto.
—Venga, desenvaina la espada. Si grito, Shagga entrará y te matará. Con un hacha, no con un pellejo de vino.
Lancel se puso rojo. ¿Acaso era tan idiota como para pensar que su participación en la muerte de Robert había pasado desapercibida?
—Soy un caballero…
—Ya me he dado cuenta. Dime una cosa, ¿Cersei te hizo caballero antes o después de meterte en su cama?
La vacilación en los ojos verdes de Lancel era toda la admisión que Tyrion necesitaba. Así que Varys tenía razón. «Bueno, que no se diga que mi hermana no ama a su familia.»
—¿Qué ocurre, no dices nada? ¿No tienes nada más que advertirme, ser?
—Retira ahora mismo esas sucias acusaciones o…
—Venga, por favor. ¿Te has parado a pensar lo que hará Joffrey cuando le cuente que mataste a su padre para acostarte con su madre?
—¡No fue así! —protestó Lancel, horrorizado.
—¿No? Cuéntame, ¿cómo fue?
—¡La reina me dio el vino preparado! Cuando me nombraron escudero del rey, tu señor padre, Lord Tywin en persona, me dijo que debía obedecerla en todo.
—¿También te dijo que te la follaras? —«Míralo bien… no es tan alto, no tiene los rasgos tan finos, y su pelo es más arena que oro; aun así… me imagino que hasta una mala copia de Jaime es mejor que un lecho vacío»—. No, ya me imaginaba que no.
—Yo no quería… sólo hice lo que me ordenaba, yo…
—Lo pasaste fatal obedeciendo, ¿eso es lo que quieres hacerme creer? Un puesto de honor en la corte, el rango de caballero, mi hermana con las piernas abiertas para ti… Sí, me imagino que ha sido una experiencia terrible. —Tyrion se puso en pie—. Espera aquí. Seguro que a Su Alteza le interesa oír esto.
—Piedad, mi señor, te lo suplico.
—Resérvate para Joffrey, le gusta que le supliquen.
—Mi señor, fue por orden de tu hermana, la reina, como has dicho, pero el rey… no lo comprendería…
—¿Quieres que oculte la verdad al rey?
—¡Te lo ruego por mi padre! ¡Me iré de la ciudad, será como si nada hubiera pasado! Te juro que todo esto va a terminar…
—No, mejor no. —Le costaba trabajo contener la risa.
—¿Mi señor? —El muchacho estaba confuso, aturdido.
—Ya me has oído. ¿No te dijo mi padre que obedecieras a mi hermana? Muy bien, obedécela. Sigue a su lado, conserva su confianza y dale placer tan a menudo como te lo requiera. Nadie tiene por qué enterarse… siempre que me seas fiel. Quiero saber qué hace Cersei. Adónde va, con quién se entrevista, de qué hablan, qué planes tiene… Todo. Y tú serás quien me lo cuente. ¿Verdad?