Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Tiempos de gloria [Glory Season - es]
Tiempos de gloria [Glory Season - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tiempos de gloria [Glory Season - es]

Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:

La joven Maia, una descastada nacida en verano, debe abandonar el clan de sus privilegiadas medio hermanas clones nacidas en invierno. Su difícil y peligroso viaje iniciático arranca en los muelles de Puerto Sanger y prosigue a bordo de uno de los barcos tripulados por los escasos hombres (menos de un veinte por ciento) que forman la población de Stratos, un mundo creado por y para las mujeres. Sólo el difícil y lejano éxito le permitirá ser la fundadora de un nuevo clan. Las manipulaciones genéticas de la Madre Fundadora Lysos han creado en Stratos un mundo nuevo y distinto, dominado por mujeres que se reproducen por clonación. Una nueva opción sociopolítica, tecnológica, ecológica y, sobre todo, en el ámbito de la relación entre ambos sexos. En la senda de la literatura que denuncia las relaciones entre los sexos o propone establecer nuevos vínculos, Tiempos de gloria se une a obras ya clasicas como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin.
1 ... 113 114 115 116 117 118 119 120 121 ... 180
Перейти на страницу:

—¡Un cañón! ¡Están utilizando un cañón! —gritó Naroin—. Esas perras malditas de Lysos, con sus caras de lúgar y sus cabezas de hombre. Nunca imaginamos esto.

Dolida y cargada de culpa, porque el plan había sido idea suya, Maia se volvió para ver, fascinada, mientras Naroin cambiaba las tomas del barco pirata. En su proa, un destello surgió entre el humo del primer disparo. Otra torre de agua casi cubrió la temblorosa balsa.

—Las tienen acorraladas —anunció Naroin, y entonces se volvió hacia Maia—. ¿Qué estás mirando? ¡Atiende los remos! Yo os diré lo que pasa.

Maia se giró justo cuando una ola empujaba su pequeño bote contra un afilado arrecife.

—¡Bogad! —gritó Brod, remando con fuerza. Maniobrando con todas sus fuerzas, consiguieron detenerse justo ante la entrecortada y amenazadora roca. Entonces, tan rápidamente como vino, la enorme ola retrocedió, arrastrándolos consigo.

—¡Naroin! ¡Vira! —chilló Maia. Pero la preocupada contramaestre estaba maldiciendo lo que veía en la pantalla, y sólo se dio cuenta cuando un amasijo de cables de fibra restalló súbitamente en el agua, extendido hasta el límite, y le arrancó el aparato electrónico de las manos. El artilugio espía voló por los aires, y luego cayó entre las olas y se perdió de vista.

La mujer policía se levantó y gritó enardecida, haciendo que el bote se moviera de un lado a otro, y luego se obligó a calmarse mientras los ecos de nuevos truenos retumbaban al otro lado del acantilado. Naroin se sentó, apoyando la mano y el brazo sobre el timón una vez más.

—No importa, ya no durará mucho —dijo.

—¡No podemos quedarnos aquí sentadas! —chilló Tress—. ¡Lullin y las demás volarán en pedazos!

—Sabían que sería duro. Apareciendo ahora sólo conseguiríamos que nos mataran también.

—¿Deberíamos intentar huir, entonces? —preguntó Charl.

—Nos localizarían en cuanto dieran la vuelta a la isla. Ese barco es más rápido, y el cañón anula cualquier ventaja que pudiéramos sacarles. —Naroin sacudió la cabeza—. Además, quiero desquitarme. Nos acercaremos, pero esperaremos hasta el último disparo antes de atacar.

Ahora que estaban lejos de la superficie de roca, las olas eran más suaves. Maia y las demás dejaron que las corrientes las llevaran hacia el norte. Más estampidos resonaron en el denso aire, cada vez más y más fuertes. Maia sentía una conmoción auditiva y tenía el rostro desencajado. Mientras se acercaban, un nuevo sonido heló su corazón, el débil y chirriante grito de mujeres desesperadas.

—Tenemos que…

—¡Cállate! —ordenó Naroin a Tress.

Entonces se produjo un ruido como ningún otro. Lo más parecido que Maia había oído a la rotura de los mamparos a bordo del carbonero Wotan. Fue una explosión no de agua, sino de madera y hueso. De aire y carne salvajemente hendidos. Los ecos se disiparon en un largo y aturdido silencio, moderado por el cercano romper de las olas contra las rocas. Maia necesitaba tragar saliva, pero tenía la boca y la garganta tan secas que era una agonía sólo intentarlo.

Naroin habló, con furia poderosamente controlada.

—Se mantendrán a la espera y buscarán durante un rato, antes de moverse. Charl, prepárate. ¡Las demás, izad la vela y luego agachaos para que no os vean!

Maia y Brod se levantaron, y juntos soltaron las abrazaderas que plegaban la vela, y tiraron de la driza. La vela aleteó como un pájaro liberado, hinchándose al viento y balanceando la botavara, lo que desequilibró a Brod y lo empujó contra Maia. Juntos, los dos cayeron a la brazola de popa, uno encima del otro.

—Uh, lo siento —dijo el joven, levantándose ruborizado.

—Uh, no importa —contestó ella, imitando amablemente su tono cohibido. Podría haber sido divertido, pensó Maia, si las cosas no fueran tan condenadamente serias.

Tress se reunió con ellos en el pantoque, por debajo del nivel de las bordas. Mientras el esquife bordeaba la zona norte de su isla—prisión, Charl se encargó del timón, dejando que Naroin se agachara también. Sólo Charl permaneció a la vista, vestida ahora con una túnica blanca manchada de sangre alrededor del cuello. Se había puesto una improvisada peluca que la hacía parecer ligeramente rubia.

—Firme —dijo Naroin, asomándose por la borda—. Veo la balsa, o lo que queda de ella… ¡Mantened las cabezas gachas!

Maia y Brod volvieron a agacharse, tras haber visto trozos a la deriva de astillas, troncos y cajas destrozadas, junto con un cuerpo grotescamente deforme. Fue un espectáculo nauseabundo. Maia se contentó con que Naroin describiera el resto.

—Todavía no hay rastro del barco saqueador. Veo una, dos supervivientes escondidas detrás de troncos. Esperaba que hubiera más, ya que sabían lo que iba a pasar… ¡Eia! Allí está su proa. ¡Prepárate, Maia!

Habían discutido largamente sobre esta parte del plan. Naroin pensaba que ella debería ser la que se encargara de la parte más peligrosa. Maia respondió que la policía era demasiado pequeña para conseguirlo. Además, Naroin tenía tareas más importantes que realizar.

Tú lo pediste, se dijo Maia. Brod le apretó la mano deseándole suerte, y ella le dirigió una rápida sonrisa antes de arrastrarse hasta la popa.

Desde el momento en que el barco saqueador quedó a la vista, Charl empezó a agitar los brazos y a gritar. Suponemos ciertas cosas, pensó Maia. Sobre todo, las saqueadoras no deberían ver al instante la artimaña.

Pero tiene sentido. Inanna no se quedaría en la isla después de la destrucción de la balsa. Dirigiría a un grupo de asesinas a través del pasadizo secreto, para acabar con cualquier posible superviviente.

Era una lógica brutal, surgida de los últimos acontecimientos. ¿Pero era cierta? ¿Esperaban las piratas ver a una mujer rubia en el pequeño bote de vela? Maia ansiaba asomarse.

Charl describió lo que sucedía con los dientes apretados.

—Están a unos ciento cincuenta metros… las velas ceñidas… aún demasiado lejos. Ahora alguien me señala… me saluda. Alguien más alza unos binoculares. ¡Hagámoslo, rápido!

Inhalando profundamente, Maia se levantó de pronto, y fingió atacar a Charl, lanzando un exagerado puñetazo que la otra mujer esquivó en el último momento. Charl la empujó hacia atrás, y el bote se agitó. Entonces empezaron a forcejear, las manos cerradas sobre las gargantas. En el proceso, se colocaron de forma que Charl quedó de espaldas al barco pirata. Ahora todo lo que las enemigas podrían ver, incluso con los binoculares, sería a una mujer rubia que luchaba con una adversaria que debía de haber subido a bordo tras el naufragio de la balsa.

Oyeron gritos de excitada preocupación desde el otro barco. Nos volarán con el cañón si sospechan algo. O si no les importa nada el valor de sus espías.

Incluso fingir una pelea con Charl era un esfuerzo intenso y agotador. Los movimientos oscilantes del bote las obligaban a agarrarse una a la otra de verdad. Cuando llevaban unos minutos de lucha, Charl agarró a Maia por la garganta, provocando oleadas de auténtico dolor.

—¡Maia! —susurró Naroin, oculta a popa, la mano sobre el timón—. ¿Dónde están?

Maia empujó a Charl hacia atrás y fingió lanzar un puñetazo contra la oreja de la otra mujer. Mirando por encima del hombro de Charl, vio que el barco pirata viraba y maniobraba para conseguir suficiente impulso.

—A menos… —Maia jadeó buscando aliento mientras Charl la empujaba contra el mástil del esquife—. A menos de cien metros. Se acercan…

Lo siguiente que Maia supo fue que Charl había cogido un remo y fingía un golpe horriblemente realista. Al esquivarlo, Maia no tuvo oportunidad de mencionar qué más había visto. Entre la multitud de rudas mujeres congregadas en la proa del queche había dos finos objetos pulidos que parecían rifles de caza. Lo único que salvaba ahora a Maia era su cercanía a una figura a la que las saqueadoras consideraban su cómplice.

1 ... 113 114 115 116 117 118 119 120 121 ... 180
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)