La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #3
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)». Краткое содержание книги:
»Debemos recordar algo muy importante: aunque la Orden desea destruir la magia, no duda en emplearla para sus propios fines. Es nuestra magia la que quiere destruir.
»Por favor, di a mi abuelo que también él debe regresar inmediatamente. Su hogar ancestral corre peligro. Por esa razón me he visto obligado a tomar Aydindril y no puedo partir. Tiemblo al imaginar qué podría ocurrir si el hogar ancestral de mi abuelo cayera en manos del enemigo.»
Zedd no pudo contenerse.
— Córcholis —susurró para sí, al tiempo que volvía a levantarse—. Richard se refiere al Alcázar del Hechicero. No quería escribirlo pero a eso se refiere. ¿Cómo he podido ser tan estúpido? El chico tiene razón; no podemos permitir que se apoderen del Alcázar. La Orden haría cualquier cosa para apropiarse de los poderosos objetos mágicos que allí se atesoran. Richard no sabe qué tipo de magia se guarda allí, pero es lo suficientemente inteligente para darse cuenta del peligro. ¡Cómo he podido estar tan ciego!
Kahlan se estremeció al darse cuenta del peligro. Si la Orden se apoderaba del Alcázar, tendría acceso a una magia de increíble poder.
— Zedd, Richard está completamente solo en Aydindril. Él casi no sabe nada de magia. No sabe nada de la gente que hay en Aydindril con poderes mágicos. Es como un cervatillo que entra en la guarida de un oso. Queridos espíritus, no tiene ni idea del peligro que corre.
Zedd sonrió con aire sombrío.
— El chico no sabe lo que se lleva entre manos.
— ¿Que no sabe lo que se lleva entre manos? —Adie lanzó una sonrisa burlona—. Ha conquistado Aydindril y el acceso al Alcázar bajo las mismas narices de la Orden. Ellos envían mriswith contra él, y Richard los clava en picas delante de palacio. Probablemente conseguirá que todos los países se le rindan y luchen juntos contra la Orden, justamente lo que nosotros tratábamos de hacer y no sabíamos cómo. Ha utilizado lo que para nosotros era un problema, el comercio, como arma para lograr sus objetivos. Él no espera para hacerlos entrar en razón; simplemente les ha puesto un cuchillo al cuello. Si los países empiezan a rendirse a él, muy pronto se hará con el control de toda la Tierra Central, al menos, de los países más importantes.
— Y cuando todos se hayan unido a D’Hara, como una única fuerza y un único mando, podrán plantar cara a la Orden —dijo Zedd—. ¿Hay más? —preguntó a Kahlan.
— Sí, un poco más. «Aunque no deseo poner en peligro mi felicidad personal, temo las consecuencias si no actúo, pues la sombra de la tiranía oscurecería el mundo para siempre. Si no hacemos algo, todos correremos la misma suerte que Ebinissia.
»Confío en tu amor, pero me asusta pensar que puedo perderlo por esto.
»Aunque estoy rodeado por guardaespaldas, una de los cuales ya ha dado su vida por mí, no es a ellos a quienes necesito para sentirme seguro. Regresad enseguida a Aydindril. No os demoréis. Gratch os protegerá de los mriswith hasta que yo pueda hacerlo. Tuyo en este mundo y en el más allá, Richard Rahl, amo de D’Hara.»
Zedd volvió a silbar entre dientes.
— Amo de D’Hara. Pero ¿qué ha hecho el chico?
— Destruirme —sentenció Kahlan, bajando la carta con temblorosas manos—, eso es lo que ha hecho.
Adie la apuntó con un delgado dedo.
— Ahora escúchame bien, Madre Confesora. Richard sabe perfectamente lo que te está haciendo y te ha abierto su corazón. Te dice que escribe bajo la imagen de Magda Searus porque le duele lo que debe hacer y sabe qué significa eso para ti. Prefiere perder tu corazón a que mueras, que es justo lo que ocurriría si se doblegara ante el pasado en vez de tratar de dirigir el futuro. Richard ha hecho lo que nosotros no éramos capaces. Ha solicitado unidad, luego la ha exigido y finalmente la va a conseguir por la fuerza. Si deseas ser realmente la Madre Confesora y tu prioridad es la salvaguarda del pueblo, ayudarás a Richard.
Zedd enarcó una ceja pero guardó silencio.
Al oír el nombre de Richard, Gratch intervino.
— Grrratch quierrrg Raaaach aaarg.
Kahlan se enjugó una lágrima de la mejilla y sorbió por la nariz.
— Yo también quiero a Richard.
— Kahlan, del mismo modo que un día podré liberarte del hechizo, sé que un día volverás a ser la Madre Confesora —la consoló Zedd.
— Tú no lo entiendes —replicó ella, conteniendo las lágrimas—. Durante miles de años una Madre Confesora ha protegido la Tierra Central a través de la alianza. Yo seré la Madre Confesora que ha fallado a la Tierra Central.
— No, no. Tú serás la Madre Confesora que tuvo la fortaleza necesaria para salvar a la gente de la Tierra Central.
— Yo no estoy tan segura —protestó Kahlan, llevándose una mano al corazón.
Zedd se acercó a ella.
— Kahlan, Richard es el Buscador de la Verdad. Es el depositario de la Espada de la Verdad. Yo soy quien lo designó. Como Primer Mago reconocí en él a la persona que posee los instintos del Buscador.
»Ahora actúa siguiendo esos instintos. Richard es una persona excepcional. Es el Buscador y asimismo posee el don. Está haciendo lo que cree que debe hacer. Aunque no comprendamos por entero el porqué de sus actos, debemos confiar en él. ¡Córcholis! Quizá ni siquiera él sabe por qué hace lo que hace.
— Lee otra vez la carta con tranquilidad —le recomendó Adie—. Escucha sus palabras con el corazón y te darás cuenta del sentimiento que ha puesto en ellas. Y recuerda que es posible que no se atreviera a escribir determinadas cosas por si la carta caía en malas manos.
Kahlan se pasó el dorso de la mano por la nariz.
— Sé que suena egoísta, pero no lo es. Yo soy la Madre Confesora y he heredado la responsabilidad que mis antecesoras llevaron antes que yo. Cuando fui elegida me convertí en la depositaria de esa confianza, y ahora es mi responsabilidad. Cuando asumí el cargo hice unos votos.
Zedd le alzó el mentón con un huesudo dedo.
— Juraste proteger al pueblo. Ningún sacrificio es excesivo para cumplir ese juramento.
— Es posible. Pensaré en ello. —Además de las lágrimas, Kahlan pugnaba por controlar la furia—. Amo a Richard, pero yo nunca le habría causado tanto daño. Creo que no comprende realmente qué me está haciendo a mí y a todas las Madres Confesoras que dieron su vida.
— Yo creo que sí —dijo Adie en un susurro.
De repente la faz de Zedd se puso tan blanca como su pelo.
— Córcholis —musitó—. No creeréis que Richard está tan loco como para aventurarse en el Alcázar, ¿verdad?
Kahlan alzó la cabeza.
— El Alcázar está protegido con conjuros. Richard no sabe cómo usar su magia. No sabría cómo atravesarlos.
— Dijiste que no sólo posee Magia de Suma sino también Magia de Resta. Todos los encantamientos son de Suma. Si Richard puede usar la Magia de Resta, podrá atravesar incluso los escudos más poderosos que coloqué en el Alcázar.
Kahlan ahogó un grito.
— Me contó que en el Palacio de los Profetas atravesaba tranquilamente cualquier escudo porque sólo eran de Suma. El único que se le resistía era el escudo que protegía el perímetro, y eso era porque estaba construido con ambos tipos de magia.
— Si se le ocurre entrar, dentro del Alcázar hay cosas capaces de matarlo antes de que pueda decir esta boca es mía. Para eso coloqué los escudos: para que nadie las tocara. Córcholis, hay escudos que ni siquiera yo osaría atravesar. Para alguien que no sepa qué está haciendo ese lugar es una trampa mortal.
»¿Kahlan, crees que entrará en el Alcázar? —preguntó, agarrándola por los hombros.
— No lo sé, Zedd. Tú lo conoces desde niño. Deberías saberlo mejor que yo.
— No, no entrará. Sabe que la magia puede ser muy peligrosa. Es un chico listo.
— A no ser que se le meta algo en la cabeza.