La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #3
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)». Краткое содержание книги:
Kahlan se volvió y agarró la túnica del mago.
— Zedd, estoy cansada de estar muerta.
El mago trató de tranquilizarla dándole palmaditas en el brazo.
— Eres la reina de Galea y, por el momento, tendrás que usar tu influencia como tal. Si la Orden Imperial descubre que sigues viva, tendremos más problemas de los que podamos solucionar.
— Pero si vamos a unir la Tierra Central, necesitaremos una Madre Confesora.
— Kahlan, sé que no deseas hacer nada que ponga en peligro la vida de los hombres que duermen fuera. Acaban de salir de una dura batalla y aún no se han recuperado. Necesitamos refuerzos. Si alguien descubre que eres la Madre Confesora, te convertirás en un objetivo y esos hombres deberán luchar para protegerte. Si debes luchar, que sea por algo que valga la pena. La situación es crítica; no la empeoremos.
Kahlan contemplaba las llamas apretando entre sí las yemas de los dedos.
— Zedd, yo soy la Madre Confesora. Me aterroriza pensar que seré la Madre Confesora que presida la destrucción de la Tierra Central. Yo nací Confesora. Es más que mi trabajo; es quién soy.
Zedd la abrazó.
— Querida, sigues siendo la Madre Confesora. Por el momento, debemos ocultar tu identidad. Necesitamos a la Madre Confesora. Cuando llegue el momento, volverás a presidir la Tierra Central, una Tierra Central mucho más fuerte que antes. Ten paciencia.
— Paciencia —murmuró ella.
— Pues sí —insistió Zedd, risueño—, la magia también requiere paciencia, ya lo sabes.
— Zedd tiene razón —intervino Adie—. El lobo que anuncia al rebaño que es un lobo, no sobrevive. Primero necesita un plan de ataque y espera hasta el último momento para que la presa no sepa que es él, el lobo, quien la persigue.
Kahlan se frotó los brazos. Había otra razón importante.
— Zedd —susurró, angustiada—, es que no aguanto más ese hechizo. Me está volviendo loca. Lo noto todo el tiempo; siento la muerte en cada partícula de mi ser.
El mago apoyó la cabeza de la joven en su hombro.
— Mi hija solía decir lo mismo. De hecho, usaba esas mismas palabras: «Siento la muerte en cada partícula de mi ser».
— ¿Cómo pudo soportarlo tantos años?
— Bueno —suspiró Zedd—, después de que Rahl el Oscuro la violara, sabía que si descubría que seguía viva, iría a por ella. No tenía elección. El deseo de protegerla a ella era más fuerte que el deseo de vengarme de él. Así pues, me la llevé a la Tierra Occidental, donde nació Richard, que fue otra razón para ocultarse. Si Rahl el Oscuro llegaba a descubrirlo, también hubiera ido a por Richard. Por eso lo soportó.
Kahlan se estremeció.
— Todos esos años. Yo no podría. ¿Cómo? ¿Cómo pudo aguantarlo?
— Bueno, no tenía alternativa y, además, al cabo de un tiempo llegó a acostumbrarse un poco y ya no era tan insoportable como al principio. Con el tiempo la sensación se atenúa ligeramente, ya lo verás. Además, esperemos que tú no tengas que soportarlo tantos años.
— Yo también lo espero.
La luz de las llamas titilaba en la faz del mago.
— También decía que tener a Richard era un gran alivio.
A Kahlan le dio un vuelco el corazón oír mencionar el nombre en voz alta y sonrió.
— De eso estoy segura. Pronto estará aquí. No permitirá que nada lo detenga. Como mucho se reunirá con nosotros en un par de semanas. Queridos espíritus, me parece que no podré esperar.
Zedd se rió entre dientes.
— Tienes tan poca paciencia como él. Estáis hechos el uno para el otro. Ya te ha cambiado la cara, hija —le dijo apartándole el pelo de la cara.
— Cuando Richard se reúna con nosotros y empecemos a unificar de nuevo la Tierra Central, podrás librarme de ese hechizo. Entonces la Tierra Central tendrá de nuevo una Madre Confesora.
— Sí. Cuanto antes mejor.
De pronto Kahlan frunció el entrecejo.
— Pero Zedd, si vas a visitar a la reina Cathryn y yo necesito quitarme de encima este hechizo, ¿cómo lo haré?
Zedd clavó de nuevo la mirada en las llamas.
— No podrás. Si anunciaras públicamente que eres la Madre Confesora, nadie lo creería; sería igual que si Jebra anunciara que es la Madre Confesora. El hechizo no desaparecerá sólo con que declares quién eres.
— ¿Y cómo me libraré de él?
Zedd suspiró.
— Sólo yo puedo hacerlo.
El miedo la atenazó. Aunque no quería decirlo en voz alta, si algo le sucedía a Zedd, quedaría para siempre atrapada por ese hechizo.
— Tiene que haber otro modo de anularlo. Tal vez Richard…
— No. Aunque Richard aprendiera a ser mago, no podría eliminar la red. Sólo yo puedo hacerlo.
— ¿No hay otro modo?
— Sí. —La miró a los ojos—. En el caso de que alguien que posee el don deduzca por sí mismo tu identidad. Esa persona, al verte, se daría cuenta de quién eres y lo anunciaría en voz alta, entonces el hechizo se rompería y todos sabrían quién eres.
Era casi imposible. Kahlan sintió que sus esperanzas morían. Se agachó y añadió otra rama al fuego. El único modo de librarse del hechizo de muerte era que Zedd lo anulara, y Zedd no lo haría hasta que considerara que había llegado el momento.
Como Madre Confesora no podía ordenar a un mago que hiciera algo que ambos sabían que no estaba bien.
Mientras contemplaba cómo las chispas ascendían, se animó. Pronto Richard estaría con ellos y entonces sería más soportable. Cuando Richard estuviera con ella, ya no pensaría en el hechizo; estaría demasiado ocupada besándolo.
— ¿De qué ríes? —preguntó Zedd.
— ¿Qué? Oh, no es nada. —Kahlan se puso en pie y se limpió las manos en los pantalones—. Voy a echar un vistazo a los hombres. Creo que un poco de aire fresco me ayudará a olvidar el hechizo de muerte.
Ciertamente el aire fresco le hizo bien. De pie en el claro situado delante de la pequeña granja inspiró profundamente. Qué agradable era el olor del fuego. Recordó la marcha de los días previos, cuando notaba helados los pies y los dedos, y las orejas le quemaban por la mordedura del frío, la nariz le goteaba y ella soñaba despierta con humo, pues significaba el calor de un fuego.
Mientras echaba a caminar alzó la vista hacia las estrellas. El vaho de su respiración flotaba lentamente en el aire calmado de la noche. Vio los fuegos que salpicaban el pequeño valle y oyó el murmullo de las conversaciones de los hombres reunidos alrededor de las pequeñas hogueras. Se alegró de que también ellos aquella noche pudieran disfrutar de un fuego. Muy pronto estarían en Ebinissia y las penalidades acabarían.
Kahlan inspiró una profunda bocanada de aire frío, tratando de quitarse el hechizo de la cabeza. Las estrellas que cuajaban el cielo relucían como las chispas de una enorme hoguera. Se preguntó qué estaría haciendo Richard en esos momentos, si seguía cabalgando o dormía. Ansiaba verlo, pero también deseaba que descansara lo suficiente. Tenía ganas de dormir entre sus brazos. Al pensarlo sonrió.
Una franja de estrellas pareció apagarse, pero casi inmediatamente volvieron a relucir. Kahlan frunció el entrecejo. ¿Realmente había visto cómo se oscurecían por un instante? Debía de ser su imaginación.
Entonces oyó un ruido sordo, como si algo golpeara contra el suelo. Nadie dio la alarma. Sólo existía una cosa capaz de superar la línea de defensores sin alertarlos. Kahlan notó que se le ponía la carne de gallina, y esta vez no era el hechizo.
Rápidamente desenvainó su cuchillo.
34
Vio unos relucientes ojos verdes. A la tenue luz procedente de la pequeña luna invernal y las estrellas distinguió una enorme mole que avanzaba hacia ella. Kahlan quiso gritar pero la voz le falló.
La enorme bestia retrajo los labios, revelando así sus prodigiosos y terribles colmillos. Kahlan reculó. Apretaba con tanta fuerza el mango del cuchillo, que los dedos le dolían. Si era rápida y no se dejaba llevar por el pánico, tal vez tendría una oportunidad. ¿Y si gritaba? ¿La oiría Zedd? ¿La oiría alguien? Pero, aunque la oyeran, todos estaban demasiado lejos y no llegarían a tiempo.