Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Классическая проза » La Cabaña Del Tío Tom
La Cabaña Del Tío Tom - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Cabaña Del Tío Tom

Электронная книга - «La Cabaña Del Tío Tom». Краткое содержание книги:

De la autora abolicionista estadounidense Harriet Beecher Stowe, La Cabaña del tío Tom es una novela cuyo tema central es la esclavitud. Fue publicada en 1852, y causó gran polémica por la división de posturas que existían en el país en vísperas de la Guerra Civil. Fue la novela más vendida en el siglo XIX.
El libro narra los acontecimientos de la vida del Tío Tom, un esclavo negro del sur de Estados Unidos que pasa de unos amos a otros, construyendo anécdotas entrelazadas y que reflejan la realidad de los esclavos americanos de la época, creando un contraste entre los personajes bondadosos y el contexto de injusticia en el que viven.
Su importancia radica en que es una novela con un gran contenido sentimental que que pretende crear un retrato y establecer una denuncia. Stowe logra la identificación del lector con los personajes, y con ello la comprensión más profunda de la injusticia. Es una novela que se conserva como manifestación histórica, que si bien es exagerada, tiene un objetivo claro y bien logrado.
Es recomendable porque nos da a conocer una parte importante e interesante de la historia estadounidense. Divertida, ligera y llena de sentimientos conmovedores (Escrito por Andrea Pieck)
1 ... 108 109 110 111 112 113 114 115 116 ... 132
Перейти на страницу:

– Con ninguno, desde luego. Te he ahorrado varios miles de dólares en diferentes momentos, cuidando de tus braceros, y así me lo agradeces. Si tu cosecha da menos que la de alguno de tus compinches, ¿no perderás tu apuesta, acaso? Supongo que Tompkins no se relamerá, y que tú pagarás tu deuda como una dama, ¿eh? ¡Ya te imagino yo!

Como otros muchos plantadores, Legree tenía sólo una ambición: conseguir la mejor cosecha de la temporada; y tenía varias apuestas pendientes en el pueblo cercano sobre ese mismo año. Por eso Cassy, con su tacto femenino, tocaba la única fibra que sabía hacer vibrar en él.

– Bien, lo dejaré estar con lo que se ha llevado -dijo Legree-, pero tendrá que pedirme perdón y prometer portarse mejor.

– No lo hará -dijo Cassy.

– ¿Que no?

– No lo hará -dijo Cassy.

– Quisiera saber por qué, señorita preguntó Legree con absoluto desdén.

– Porque se ha portado correctamente y él lo sabe y no va a decir que se ha portado mal.

– ¿Y a quién diablos le importa lo que él sepa? Ese negro dirá lo que yo quiero o…

– O perderás tu apuesta sobre la cosecha de algodón, manteniéndolo alejado del campo en el momento de más trabajo.

– Pero tendrá que someterse, ya lo creo; ¿no sé yo cómo son los negros? Suplicará como un perro esta mañana.

– No lo hará, Simon. No conoces a este tipo de negro. Puedes dejarlo casi muerto, pero no le sacarás n una palabra de confesión.

– Ya lo veremos. ¿Dónde está? -preguntó Legree, saliendo.

– En el trastero de la sala de máquinas -dijo Cassy.

A pesar de haber hablado con Cassy con tanto coraje, Legree salió de la casa con un punto de recelo poco habitual en él. Los sueños de la noche pasada mezclados con los consejos prudenciales de Cassy habían hecho mella en su ánimo. Decidió que no habría testigos de su entrevista con Tom y que, si no podía someterlo a la fuerza, dejaría pendiente su venganza para un momento más propicio.

La sublime luz del amanecer, la gloria angelical de la estrella matutina, se asomaba a la burda ventana del cobertizo donde yacía Tom, y, como si bajasen sobre ese haz de luz, llegaron las solemnes palabras: «Soy la raíz y la progenie de David, la brillante estrella de la mañana.» Las misteriosas advertencias e insinuaciones de Cassy, lejos de desanimarle, habían despertado su alma como una llamada del cielo. No sabía si nacía con el alba el día de su muerte; su corazón latía en una angustia de regocijo y anhelo mientras pensaba en el maravilloso todo que había imaginado tantas veces: el gran trono blanco con su arco iris siempre resplandeciente, la multitud vestida de blanco, con voces sonoras como el agua, las coronas, las palmas, las arpas; todo podría presentarse ante sus ojos antes de que el sol volviera a ponerse. Por lo tanto, oyó sin estremecerse ni temblar la voz de su perseguidor, que se le acercaba.

– Bien, muchacho -dijo Legree con una patada de desprecio-, ¿cómo te encuentras? ¿No te dije yo que ibas a aprender un par de cosas? ¿Te gusta, eh? ¿Cómo te ha sentado la paliza, Tom? No estás tan ufano como anoche. Ahora no estás para sermonear a un pobre pecador, ¿eh?

Tom no respondió.

– ¡Levántate, bestia! -dijo Legree, asestándole otra patada.

Ésta era una operación difícil para alguien tan magullado y débil, y Legree se rió brutalmente al ver los esfuerzos de Tom por hacerlo.

– ¿Qué es lo que te hace tan ágil esta mañana, Tom? ¿Te enfiaste anoche, acaso?

Ahora Tom se había puesto de pie y se enfrentaba a su amo con un semblante firme e impasible.

– ¡Aún puedes erguirte, maldita sea! -dijo Legree, mirándolo de arriba a abajo-. Creo que todavía no has tenido bastante. Ahora, Tom, ponte de rodillas y pídeme perdón por tus jugarretas de anoche.

Tom no se movió.

– ¡Abajo, perro! -dijo Legree, golpeándolo con su fusta.

– Amo Legree -dijo Tom-, no puedo hacerlo. Sólo hice lo que me parecía correcto. Haré lo mismo si se presenta la ocasión. Nunca cometeré un acto de crueldad, pase lo que pase.

– Sí, pero no sabes qué es lo que puede pasar, señorito Tom. Crees que tienes algo. Yo te digo que no es nada, absolutamente nada. ¿Cómo te gustaría que te ataran a un árbol y encendieran un fuego lento a tu alrededor? Sería agradable, ¿eh, Tom?

– Amo -dijo Tom-, sé que puede usted hacer cosas terribles; pero… -se irguió y juntó las manos-, pero, después de que me haya matado el cuerpo, no hay nada más que pueda hacer. Y, ¡ay!, después de eso, ¡viene toda la ETERNIDAD!

«ETERNIDAD»: la palabra resonó en el alma del hombre negro con luz y fuerza mientras hablaba; también resonó en el alma del pecador, como la mordedura de un escorpión.

Legree rechinó los dientes pero la furia le impedía hablar; y Tom habló con voz clara y alegre, como un hombre liberado:

– Amo Legree, como usted me ha comprado, seré un sirviente bueno y leal para usted. Le daré todo el trabajo de mis manos, todo mi tiempo, toda mi fuerza; pero no daré el alma a ningún hombre mortal. Me aferraré al Señor y antepondré sus mandamiento a todo lo demás, viva o muera, puede usted creérselo. Amo Legree, no tengo ni pizca de miedo a morir. Puede usted azotarme, matarme de hambre, quemarme; sólo conseguirá que llegue antes adonde quiero ir.

– ¡Yo haré que te rindas, antes de acabar contigo! -dijo Legree furioso.

– Tendré ayuda -dijo Tom-; no podrá hacerlo.

– ¿Quién demonios te va a ayudar a ti? preguntó Legree con desprecio.

– El Señor Todopoderoso -dijo Tom.

– ¡Maldito seas! -dijo Legree y derribó a Tom con un golpe de su puño.

Una mano fría y suave se posó sobre la de Legree en ese momento. Éste se volvió; era la de Cassy; pero el tacto frío y suave le recordó el sueño de la noche pasada y todas las imágenes de sus vigilias acudieron a los recovecos de su cerebro con una porción del horror que solía acompañarlas. --Quieres ser tonto? -preguntó Cassy en francés-. ¡Deja que se vaya! Deja que yo lo ponga en condiciones de nuevo para trabajar en el campo. ¿No tenía razón en lo que te decía?

Dicen que el caimán y el rinoceronte, a pesar de estar cubiertos de una armadura a prueba de balas, tienen un punto vulnerable, y que los depravados fieros y descreídos tienen en común con ellos este punto de terror supersticioso.

Legree se giró, decidido a dejar pasar el asunto de momento.

– Bien, haremos lo que tú quieres -dijo tercamente a Cassy-. ¡Escúchame, tú! -le dijo a Tom-; no te ajustaré las cuentas ahora porque los negocios apremian y necesito a todos mis braceros; pero yo nunca olvido. ¡Lo apuntaré en tu cuenta y en algún momento te lo haré pagar en tu negro pellejo, no lo olvides!

Legree se volvió y se marchó.

– ¡Vete de aquí! -dijo Cassy siguiéndolo con mirada torva-. ¡Ya te llegará el momento de rendir cuentas!… Pobre amigo, ¿cómo te encuentras?

– El Señor Dios ha mandado a un ángel y ha cerrado la boca del león de momento -dijo Tom.

– De momento, desde luego -dijo Cassy-, pero ahora te odia y su malquerencia te seguirá día y noche, como un perro colgado de tu cuello y chupándote la sangre, quitándote la vida gota a gota. Lo conozco.

CAPÍTULO XXXVII

LA LIBERTAD

No importa con qué formalidades lo hayan consagrado en el altar de la esclavitud, en el mismo momento en que pone pie en el sagrado suelo de Gran Bretaña, el altar y el Dios se hunden en el polvo y queda redimido, regenerado y liberado, por el genio irresistible de la emancipación universal.

Curran [55]

вернуться

[55] John Philpot Curran (1750-1817). Orador irlandés defensor de la libertad de los católicos.

1 ... 108 109 110 111 112 113 114 115 116 ... 132
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)