Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fragancia De La Flor Del Café - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
1 ... 104 105 106 107 108 109 110 111 112 ... 142
Перейти на страницу:

– Nunca lucho por una causa que ya está perdida.

Mientras que el matrimonio de Vitória sólo había sido dañado levemente, sin que fuera culpa suya, la monarquía estaba irremediablemente perdida. A excepción de Eduardo y Alma da Silva, ya nadie creía en la continuidad de la dinastía imperial en Brasil, lo que no impedía que se hiciera todo lo posible por ser invitado al gran baile que se celebraría en Ilha Fiscal.

En la pequeña isla, que estaba en la bahía de Guanabara justo delante del muelle Pharoux, había un pequeño palacete de estilo neogótico que, con sus torrecillas, pináculos y ventanas ojivales, tenía todo lo que un brasileño imaginaba en un castillo de cuento europeo. Ese castelo de color verde claro era para muchos la máxima expresión de la elegancia y la prueba de que arquitectónicamente Río podía competir con París, aunque para otros era un engendro del mal gusto.

Entre estos últimos se contaban Vitória y León. Habían seguido los trabajos de construcción desde lejos y consideraban que la infantil creación que iba surgiendo poco a poco en la isla suponía un inmenso despilfarro del dinero que pagaban en forma de impuestos. Pero en aquel momento, la tarde del 9 de noviembre de 1889, tenían que admitir, a pesar de sus críticas, que era un marco grandioso para un baile. El palacete resplandecía a la luz de sesenta mil velas y diez mil lámparas venecianas, y el que no se dejaba impresionar por los salones decorados de fiesta quedaba hechizado por la vista sobre el Pan de Azúcar, la iglesia de la Candelaria y la vecina ciudad de Niterói, al otro lado de la bahía. Noventa cocineros y ciento cincuenta camareros se ocupaban de atender a los más de dos mil invitados, que apenas cabían en la isla. En el interior del palacete había más aglomeración de gente que los viernes en la Rúa do Ouvidor, de forma que una gran parte de los invitados se quedó fuera, bajo los arcos de la entrada, en el patio, en el embarcadero. Los militares veteranos de la guerra de Paraguay vestían sus uniformes de gala, los civiles iban con frac, chaleco, sombrero de copa y corbata de lazo blanca. Las mujeres tenían ventaja sobre los hombres en lo que al vestuario se refería: los vestidos de baile, escotados y sin mangas, eran más apropiados para las temperaturas de verano que los cerrados trajes masculinos. Alguna senhora incluso había renunciado a ponerse los guantes largos, aunque todas llevaban en la mano un abanico, siendo esto también una ventaja frente a los hombres, que también necesitaban aire pero no podían permitirse un accesorio tan femenino.

Dado que oficialmente el baile se celebraba en honor de los oficiales del barco chileno “Almirante Cochrane”, que había atracado en el puerto de Río dos semanas antes -el motivo extraoficial eran las bodas de plata de la princesa Isabel y el conde d'Eu-, Vitória Castro da Silva era uno de los pocos invitados que tenían acceso a los salones de la primera planta: tenía tantos bonos del Estado chileno que si los vendiera sumiría al país en una profunda crisis. Pero como esposa de León Castro también habría podido acceder a las zonas reservadas a la familia imperial.

Vitória subió con dificultad la estrecha escalera de caracol que parecía llevar a lo alto de una torre más que a un suntuoso salón. Una pequeña broma del arquitecto, pensó. Era tan estrecha que con un vestido más voluminoso no habría podido subir por ella. Gracias a Dios, la moda buscaba en aquel momento figuras delgadas, y el ajustado vestido de seda azul claro de Vitória era compatible con aquella escalera. Era tan atrevido que habría resultado indecoroso si el tejido y el color no fueran de una exquisita inocencia. La parte superior dejaba los hombros prácticamente al aire, y una banda de seda de color crema formaba sobre el pecho y la espalda dos medias lunas que hacían su cintura aún más estrecha. La falda estaba recogida a un lado y dejaba ver otra capa de seda color crema. Los zapatos de satén azul claro, los guantes también azul claro que le llegaban hasta la mitad del brazo, una cinta de crepé del mismo color artísticamente colocada en el peinado, un collar de aguamarina y un abanico de filigrana de marfil completaban el vestuario, que le sentaba muy bien a Vitória. Los tonos pastel del maquillaje daban transparencia a su cutis proporcionándole un aspecto muy femenino. Además el azul resaltaba sus ojos.

León, que subía tras ella por la escalera, estaba sorprendido del aspecto de su esposa. ¡Hacía mucho tiempo que no veía a Vitória tan guapa! Salía muy poco por las noches, y durante el día solía llevar casi siempre faldas de tonos oscuros y blusas blancas cerradas hasta arriba, como si tuviera que demostrar a todos que renunciaba a toda frivolidad y que se había ganado un puesto en el mundo de las finanzas. A él personalmente aquello le resultaba estúpido, y además le molestaba, pues no quería aparecer como el marido de una urraca. Pero bueno, todos sabían en la ciudad que lo suyo apenas era ya un matrimonio.

Por un instante estuvo tentado de abrazar a Vita y meter la mano bajo su falda. Su vestido crujía tentador, y en cada escalón que ella subía podía ver sus delicados pies y sus tobillos. Pero sería mejor que lo dejara estar. Podría tirarla por las escaleras abajo, y eso le perjudicaría tanto a él como a todos los que subían detrás de ellos.

Vitória consideró la situación inadmisible. ¡Dom Pedro II daba un baile en un sitio donde no se podía ir del brazo de la pareja, sino que había que ir uno detrás del otro como si se tratara de la escalera trasera de un antro de mala muerte! Vitória sabía que la cabeza de León quedaba a la altura de su cintura, y también sabía exactamente lo que pasaba en ese momento por aquella cabeza. En un impulso de mera coquetería que ella misma no pudo explicarse muy bien, se recogió la falda un poco más de lo necesario y dio un movimiento más sensual a sus caderas.

Una vez arriba, se unió enseguida a un oficial chileno, mientras la mujer de un ministro se abalanzaba sobre León. Vitória y el elegante oficial charlaron en un lenguaje infantil poco adecuado a su tema de conversación -los derechos de importación de los productos chilenos-, ya que él no hablaba portugués y ella apenas conocía el español. Aunque ambas lenguas eran parecidas, hacía falta mucha fantasía y gesticular mucho para hacerse entender. Cuando poco después León se unió a ellos y saludó al oficial en un fluido español, Vitória se mostró francamente sorprendida. Sabía que León procedía de una región fronteriza con Uruguay, pero oírle hablar así era otra cosa. El español era más duro que el portugués, tenía otra cadencia, no tenía sonidos nasales, se hablaba más deprisa y como a saltos. Los gestos y la voz de León cambiaron perceptiblemente. Sus labios se afinaron, su barbilla parecía más angulosa, en sus oscuros ojos había una inquietante determinación. León parecía más serio, más despiadado, más cruel. Con su brillante pelo negro que, desafiando a cualquier moda, llevaba largo y recogido en una coleta de la que se desprendían algunos mechones que le caían por la cara, León parecía un conquistador español. Sí, un idioma distinto convertía a León en un hombre diferente.

Interesante. ¿Cómo sería cuando hablaba francés? ¿O inglés? ¿Se transformaba entonces en un estirado gentleman? Antes de que Vitória pudiera buscar una respuesta a estas preguntas se vieron arrastrados por la multitud hasta el emperador. Dom Pedro II, que había gobernado Brasil durante casi medio siglo, un hombre de ingenio y de ciencia, le recordó a Vitória a su padre. El emperador era viejo, parecía débil, y tras su espesa barba creyó adivinar una profunda amargura por la ingratitud de su pueblo, que no quería un monarca débil. Vitória apenas intercambió tres palabras con el emperador antes de ser arrastrada de nuevo por la masa de gente.

– Se muere -dijo León-, y todos esperan impacientes. A su muerte será inevitable la república… se podrá instaurar sin problemas.

1 ... 104 105 106 107 108 109 110 111 112 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)