La Fragancia De La Flor Del Café
- Автор: Veloso Ana
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
– ¿Y qué? Su marido se divierte en pleno Río de Janeiro con modistas francesas, si es cierto lo que Loreta me cuenta. Y puede hacer lo que quiera con su fortuna. Además, con la mano que tiene para el dinero seguro que gana en la ruleta.
Pedro no entendía a su mujer. ¿Qué había sido de la pequeña Joana que le admiraba, le apoyaba y le daba ánimo? ¿De dónde habían salido de pronto aquellas ideas libertinas tan opuestas a su forma de pensar? Éste era otro de los problemas que tenía que añadir a su lista de preocupaciones, pensó Pedro. ¿Cómo podía explicarle que todo ese discurso de la igualdad de derechos de la mujer, por muy razonable que fuera en algunos aspectos, le crispaba los nervios? Había cosas más urgentes que el derecho de las mujeres al voto, que Joana pensaba que se conseguiría con la proclamación de la república, y eso sería pronto. ¿Y para qué?, se preguntaba Pedro. La única meta de las mujeres modernas parecía ser una vida sin corsé, y no había ningún político que defendiera eso, aunque luego en privado le gustaran las mujeres liberadas. Pedro pensó entonces en lo que acababa de oír acerca de León. ¡Demonios! Que León tuviera algún que otro lío no le importaba a nadie mientras las mujeres estuvieran casadas y sus amoríos se mantuvieran en secreto. Una amante incluso daba buen tono a un caballero de la alta sociedad. Pero si aparecía en público con otras mujeres, y además solteras, había ido demasiado lejos. Un caballero no sometía a su esposa a semejante humillación… ni se exponía al peligro de tener hijos ilegítimos.
– ¿Qué te ha contado Loreta exactamente? -le preguntó a Joana con semblante malhumorado.
– Bah, probablemente sean tonterías, la realidad deformada y falseada.
– Ahora no disimules. Habla.
– Loreta sólo me dijo lo que Charles oyó decir en el club a un amigo que, aunque no conoce personalmente a León, le vio en el teatro en compañía de una bella francesa.
– ¿Y esa mujer se hace llamar “modista”…?
– Así es. Pero los dos conocemos a León. Sabemos que le gusta relacionarse con la gente más loca y que se divierte provocando a los demás. Sólo juega con nuestros prejuicios, Pedro.
– Y tú encima le defiendes. Tú, que acabas de contarme que es infiel a Vita y que eso le da carta blanca a ella para comportarse del mismo modo.
– ¡Pero ella no lo hace! El afán de chismorreo de la gente la ha convertido en una malvada que no es. ¿Crees realmente que tiene algo con Aaron? ¿O con ese fracasado, Rogério? No. Y seguro que le haría bien que la besaran otra vez.
Pedro miró a su mujer estupefacto. Esta vez iba demasiado lejos en la defensa de los errores de otras personas. Podía entender que Joana tomara partido por gente de la que se reía cualquier persona normaclass="underline" su hermano con sus ridículos intentos de volar; su viejo amigo Alvaro, que era fotógrafo y trabajaba en las “imágenes en movimiento”; o aquella tal Chiquinha Gonzaga, una mujer que había abandonado a su marido para dedicarse a su carrera musical. También se mostraba comprensivo con sus actos de caridad, como su trabajo por mejorar las condiciones de vida de los locos en la institución de las afueras de la ciudad o las clases de violín que daba gratis en una escuela para niños necesitados. Había aceptado su inexplicable fascinación por el folclore indio y tenía que soportar a diario la visión de una horrible estatua de Ganesha en el alféizar de la ventana. Pero la excentricidad de Joana estaba adquiriendo dimensiones que no podía permitir durante más tiempo.
¿Adonde iba a llevar todo esto? Aparte de todos sus problemas, ¿tenía que preocuparse también por el estado mental de su mujer?
Joana pensaba en ese momento algo muy similar. ¿Debía preocuparse por la salud mental de Pedro? ¿Podían ser sus miedos y sus penas un síntoma de un mal incurable?
Miró el reloj. Las once ya. Era hora de irse a la cama… y hacer que Pedro pensara en otras cosas.
Capítulo veintisiete
Su encuentro con Rogério había durado media hora, pero todavía hoy, tres meses más tarde, seguía dando que hablar en los cotilleos de la ciudad, que se cebaron en el apuesto Rogério y su trágica aura. Algunos hablaban de un romance frustrado, otros decían haber oído hablar de un amor prohibido, fuentes bien informadas sabían de padres enemistados y un escandaloso secuestro de la novia en el altar, desde donde habría ido directamente a la cama del tristemente célebre abolicionista León Castro. Era el argumento de las novelas baratas que las viejas leían a escondidas, guardando los finos cuadernillos en sus gordos libros de oraciones. Ni Rogério, que aparecía en las fantásticas especulaciones, ni Vitória, que no se molestaba en comentar esos rumores, hicieron nada al respecto. La verdad era demasiado vulgar y bastante vergonzosa para ambos como para sacarla a la luz en cualquier conversación normal.
Cuando fue con sus padres a casa de Pedro, Rogério le dedicó exactamente treinta minutos antes de pedirle un préstamo sin interés de quinientos mil réis. Treinta minutos en los que le lanzó miradas ardientes, le dijo cumplidos, la embaucó siguiendo todas las reglas del arte de la seducción. ¡Y ella había caído en sus redes! Se volvió a sentir deseada, despreocupada y bonita, y se dejó llevar por el encanto de Rogério y su “trágica aura”. ¡Cielos, ella sabía mejor que nadie que bastaba con adular la vanidad de una persona para conseguir cualquier cosa de ella! Vitória lo había hecho con banqueros, burócratas e inversores en bolsa, dominaba el arte como nadie, y a pesar de todo se dejó enredar por los trucos de Rogério, que en comparación con los suyos eran bastante simples.
Le prestó el dinero frustrada por el hecho de que al parecer no atraía ya a los hombres por sus encantos, sino sólo por su abultada cuenta bancada. Sabía que no volvería a ver ese dinero, pero no pensaba que tardaría tan poco en enterarse todo el mundo. Rogério se hizo trajes nuevos, adquirió un elegante coche de caballos, se mudó a una casa grande en la mejor zona de Botafogo. El resto lo invirtió de forma imprudente en valores de riesgo y sociedades ferroviarias inexistentes… y lo perdió. Pero no pareció importarle. Siguió viviendo a lo grande, y siempre encontraba gente que le prestara dinero o se lo confiara para que, como “experto en Bolsa”, le consiguiera grandes beneficios.
El hombre conseguía dinero en todas las casas respetables de Río diciendo que era “buen amigo” de Vitória, haciendo creer a la gente que era su amante. Se le veía en todas las recepciones, en todas las veladas, en todos los bailes, y jamás pagaba una comida. Era increíble cómo la gente creía todo. Una buena apariencia -un domicilio adecuado y un aspecto cuidado- fue motivo suficiente para considerar a Rogério como un joven discreto que había sido desposeído de su fazenda y se había abierto paso de forma admirable en la capital. El hecho de que Rogério fuera atractivo y bailara extraordinariamente bien le facilitó las cosas. Rompió el corazón de muchas inocentes senhoritas, y el de sus madres también.
Pero la codicia de la gente, su afán de conseguir beneficios rápidos con poca inversión, era más fuerte que la razón. Muchos dijeron que Vitória había sido herida en su orgullo, que sentía celos o tenía el corazón roto, y no la escucharon.
Rogério reforzó esas suposiciones y apeló a la solidaridad masculina. «Pero por favor, senhor Ribeiro, los dos sabemos qué medios puede llegar a utilizar una mujer desgraciada…» Bueno, pensó Vitória, que le confiaran todo su dinero a aquel farsante, que ya tendrían su merecido.
– Ese hombre es un estafador. Tienes que detenerle -le había dicho León unos días antes, después de que un conocido hubiera perdido una suma considerable por culpa de Rogério.
– Creo que ésa habría sido tarea tuya. Te da igual la honra de tu esposa, que Rogério ensucia con sus injuriosas insinuaciones, pero te hace pasar a la acción el hecho de que un amigo ingenuo pierda dinero.