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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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Niki lee el mensaje y después lo borra. Está irritada. Se dirige al cuarto de baño y empieza a maquillarse con parsimonia. Va recuperando la calma lentamente. Le ha sentado bien dormir un poco, aunque, vaya sueño tan extraño… Sonríe. A saber qué querrá decir. El inconsciente trabaja mientras dormimos. Bah. Esta noche quiero ponerme el vestido azul que me compré el otro día. Me hace más mujer, pero me gusta. Se acerca al espejo para maquillarse mejor, sin dejar ningún detalle al azar. Y a continuación se echa a reír. Un vestido de mujer. ¡Pero si yo ya soy una mujer!

Un poco más tarde va a coger algo de beber a la cocina, tiene sed. Oye a sus padres en la sala.

– ¿Tenemos que invitarlos también a ellos, Robi? Nunca los ves…

– ¿Y qué más da? Son mis primos. Viven fuera, pero no por ello dejan de ser de la familia. Estamos muy unidos. Siempre hemos pasado juntos las vacaciones en San Benedetto del Tronto… Entiéndelo.

– Pero entonces seremos más de doscientos… Si calculamos que nos va a costar por lo menos cien euros por persona, la cifra es altísima, haz cuentas…

La boda. También ellos están hablando de la boda. En esta casa no se habla ya de otra cosa. Mientras Niki está en el pasillo, oye que suena el móvil. Corre para no perder la llamada. Llega a su habitación y apenas le da tiempo de ver quién es y de responder.

– Alex, ¿qué ocurre?

Él está en su casa, metiendo a toda prisa algunas cosas en su bolsa: una camisa, un suéter, unos calcetines, unos calzoncillos, y el neceser con la pasta y el cepillo de dientes.

– Cariño, perdona… pero ha surgido una urgencia en Milán.

– ¿En Milán? ¿Y la cena antiestrés y todo lo que planeamos?

Alex sonríe.

– Tienes razón, pero me estoy quitando un montón de trabajo de encima para tener más tiempo libre después. Los americanos nos reclaman. Volamos a las nueve, Leonardo y yo… y nadie más… -Como si eso pudiera tranquilizarla-. Volveremos mañana por la noche. ¿Te parece que lo dejemos para entonces?

– No. No me parece bien, Alex. ¿Nuestra vida va a ser siempre así a partir de ahora? ¿Voy a estar siempre por debajo de los americanos, de los japoneses, de los chinos, de los rusos y a saber de cuántos más? ¿Te vas a casar conmigo para echarme a un lado?

– Pero, cariño, ¿qué estás diciendo?

– Digo que no soy el centro de tu vida. Que antes está tu trabajo y a saber cuántas cosas más. Hoy necesitaba relajarme. Hoy más que nunca…

– Pero, cariño, nos han mandado un avión privado por sorpresa…

– ¡Me importa un comino! ¿Acaso crees que puede impresionarme el hecho de que tengas un avión privado a tu disposición? En ese caso creo que no me entiendes en absoluto…

– Pero si no lo decía por eso… Me refería a que ni siquiera yo sabía que teníamos que viajar esta noche…

Demasiado tarde. Niki ha colgado. Alex teclea de inmediato su número. Niki oye sonar el teléfono, lee el nombre en la pantalla y rechaza la llamada. Alex sacude la cabeza y lo intenta de nuevo. Niki lo vuelve a rechazar. No hay nada que hacer. Alex baja a toda prisa de su casa y sube al coche de Leonardo, que lo está esperando.

– ¿Todo bien?

– No, Niki se ha enfadado.

Leonardo esboza una sonrisa y le da una palmada en una pierna.

– Las primeras veces siempre sucede lo mismo, luego se acostumbran. ¡Debes traerle un bonito regalo de Milán!

– Sí, lo haré.

Alex está inquieto, pero después piensa en el DVD que Niki recibirá en su casa al día siguiente y eso lo tranquiliza un poco. Lo ha hecho con mucho amor, le ha dedicado mucho tiempo, seguro que le gusta. Es una sorpresa preciosa, una de esas que tanto le gustan a ella, hecha con el corazón y no con dinero. Así que se relaja mientras el coche lo lleva al aeropuerto dell'Urbe. Allí los espera un avión privado en el que viajarán a Milán para asistir a esa reunión tan importante. Alex se arrellana en el asiento. Está cansado, muy cansado, pero las cosas no tardarán en ir mejor. Esta reunión es decisiva, y también la última. A partir de ahora todo será más fácil, un paseo. Sí, así será. Alex no sabe hasta qué punto se equivoca, porque a partir de esa noche nada volverá a ser igual.

Ciento nueve

Cristina y Mattia brindan levantando dos copas de champán mientras se miran a los ojos. En la pequeña taberna del centro a la que han ido apenas hay gente, a fin de cuentas es un día de diario. Comen con apetito, ríen, hablan de todo y se cuentan el uno al otro sus historias. Mattia es divertido, avispado, un hombre que transmite seguridad. Cristina se siente bien en su compañía. Lo mira. Lo escucha. Le parece simpático. Las horas pasan volando. Se sorprende un poco de sí misma. De sentirse tan a gusto. De tener ganas de coquetear.

– ¿Sabes que eres estupenda? -le dice Mattia con una amplia sonrisa.

– No me digas…, seguro que eso se lo dirás a todas…

– ¿Todas? ¿Quiénes? -Mattia mira alrededor con aire intrigado-Aquí no veo a ninguna otra que merezca esas palabras. Y tampoco fuera de este local. Que sepas que no soy ningún ligón, ¿eh?

– ¿Ah, no?

– ¡No! El hecho de que sea profesor de fitness no implica que vaya siempre por ahí haciendo el idiota. ¡Yo también tengo mis gustos! Y tú los satisfaces plenamente… -Le acaricia una mano.

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