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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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Niki lo mira con cierto escepticismo.

Él le sonríe.

– Le aseguro que es así. Como decía Neil Leifer: «La fotografía no muestra la realidad, sino la idea que uno tiene de ella.» Es muy sencillo… A la décima fotografía, si uno de los dos no sonríe, resopla o parece de un modo u otro molesto, eso significa que no pasarán del año. Después de la décima, en cambio, podrían durar para siempre. ¡Es la magia del amor!

Niki sonríe. Debe reconocer que el fotógrafo es simpático. Luego nota cómo la mira y cómo le sonríe intentando alentarla y tranquilizarla. Es el único que se ha dado cuenta de que tiene miedo. Se ha percatado perfectamente. El hombre apoya una mano sobre la suya.

– La magia del amor es capaz de obrar cualquier cosa. No se preocupe. Al final él decidirá por todos…

Se queda sorprendida, aturdida, aliviada por fin de que alguien, el amor, pueda arreglarlo todo, decidir en su lugar.

Ojalá fuese así… ¡Por ahora tengo la impresión de que los únicos que decidimos somos nosotros dos!

– ¡Ya estamos aquí! ¿Habéis acabado? -Margherita y Claudia los interrumpen de repente-. Si no te convence, Niki, podemos presentarte a otros… ¡Tan buenos como él!

Alberto Tonini sonríe sereno: sabe de sobra que es el mejor.

– Claro… Aquí tienen mi tarjeta y el folleto con todas las posibilidades…

Margherita interviene en seguida.

– Y con los precios. Pero nos tratará bien, ¿verdad? Nos hará un buen descuento, ¿eh? ¡Si no, no le traeremos más bodas!

Tonini vuelve a sonreír.

– Claro… Les haré un precio conveniente, como de costumbre. -Da la mano a Niki-. Decida sin prisas… ¿Cuándo se casan ustedes?

– El 27 de junio.

– En ese caso todavía tenemos tiempo. Le reservaré la fecha reservada durante un mes, mejor dicho, dos. ¿Le parece bien? Así puede pensarlo con calma…

– Está bien, gracias…

Margherita y Claudia se entretienen mirando el álbum.

– Mira… Pero ¿ése no es Giorgio Ballantini?

– Pues sí.

– ¿Y se ha casado? Creía que estaba con otra…

– Todavía sigue con ella.

– Lo vi en el Bolognese… Es una amiga.

– Están todos locos.

Alberto Tonini aprovecha la distracción de las dos mujeres para acercarse a Niki.

– Son un poco eufóricas y particularmente ruidosas, pero ninguna de las dos resopló a la décima fotografía. Su boda era importante para ellas… Lo recuerdo muy bien.

Niki le sonríe.

– Claro… Me alegro.

Se aleja con la tarjeta y el folleto en la mano. Pero el problema no es si ellas resoplaron o no a la décima fotografía. ¡El problema soy yo! Y que cuando llegue el momento será ya demasiado tarde, tanto si resoplo como si no.

Ciento seis

Alex llega jadeando, corre sudoroso con su bolsa de piel marrón de la marca The Bridge. Sube a toda prisa la escalinata de la iglesia.

– ¡Aquí estoy, aquí estoy!

– ¡Menos mal! Los demás han entrado ya.

– Perdona, Niki… -La besa apresuradamente en los labios-. Es que estoy adelantando todo lo que puedo en el trabajo para poder tener más tiempo libre al final, así podremos hacer un viaje más largo. ¡De mil y una noches!

– Sí, sí, pero mientras tanto me has cargado con todas las responsabilidades, ¡como después no te guste algo, te aguantas!

– Estoy seguro de que todo saldrá de maravilla y de que me gustará mucho -hace ademán de abrazarla.

– ¡No puedes, idiota! -Niki aprieta el paso mientras cruza el pasillo de la iglesia y pasa por delante de la sacristía.

Alex la sigue a duras penas.

– Pero ¿qué hay de malo? Debería ser al revés: éste es el sitio más adecuado para las demostraciones de amor…

– Sí…, ¡y así luego hasta puedes confesarte si quieres! En cualquier caso, no confíes en que yo elija todo lo que me proponen tus hermanas, ¿eh? Algunas cosas no me gustan y, en mi opinión, deberían ser distintas.

– Sí, lo sé, ya me lo han dicho.

Niki se vuelve de golpe.

– ¿Has hablado con ellas?

Alex abre los brazos en ademán de disculpa.

– Claro que sí, ¿qué quieres que haga? ¿Que no les conteste? ¡Me llamaron!

Niki parece algo irritada.

– Faltaría más…

– ¡Son mis hermanas, Niki!

– ¿Y qué te dijeron?

– Que todo va a pedir de boca, que será maravilloso, que nuestra madre se quedará asombrada… -Después decide añadir algo de su propia cosecha-: ¡Y que tienes muy buen gusto!

– Sí… -Niki se vuelve entornando los ojos-. Eso no lo han dicho.

Alex sabe que Niki pilla al vuelo las mentiras.

– Bueno, no de esa forma, pero me lo dijeron.

Niki echa a andar de nuevo apretando el paso.

– Lo sabía.

Alex corre detrás de ella.

– Me lo dieron a entender…

– ¿Qué dijeron exactamente?

– Que el fotógrafo te pareció bien.

– Sí, eso es cierto.

Niki recuerda la anécdota de la décima fotografía y esboza una sonrisa. Luego le viene a la mente el folleto que ha enseñado a sus padres y el precio: seis mil euros. Ellos no se han reído tanto.

– Aquí es, hemos llegado, debería ser aquí dentro -Niki se detiene y llama a la puerta.

– Adelante… -una voz profunda y cálida los invita a entrar. Niki abre la puerta y se encuentra con el semblante afable de un hombre con entradas en la frente y el pelo entrecano-. Pasad, por favor. Sentaos ahí, os hemos reservado un sitio.

– Perdonen…

Niki y Alex entran en la habitación poco menos que deslizándose, intentando pasar desapercibidos ante el grupo de doce parejas que han acudido allí por la misma razón que ellos.

– Veamos, estaba explicando la importancia de este cursillo prematrimonial.

El cura sonríe a los recién llegados.

– El matrimonio es una fantasía, un sueño, pero también puede convertirse en una pesadilla. -Entonces, el hombre afable, de unos cincuenta años, risueño, amable y tranquilizador cambia repentinamente de expresión-. Al Señor no le gusta que le tomen el pelo… De manera que si habéis venido para contentar a vuestros padres, para guardar las apariencias en esta estúpida sociedad, las convenciones que uno acepta una vez superada cierta edad… -Al decir esto el sacerdote mira a un hombre de unos cuarenta años y acto seguido observa a Alex. Niki se da cuenta y esboza una sonrisa, está a punto de echarse a reír. Es la primera vez que le sucede desde hace al menos una semana. El cura prosigue-: Por lo que a mí respecta podéis incluso cambiar de idea; a fin de cuentas, será sólo cuestión de tiempo. El matrimonio es un sacramento importante que hay que vivir con sinceridad y con serenidad, no podéis engañaros, tarde o temprano deberéis miraros al espejo de vuestra alma… Y entonces lloraréis, sinceros y culpables de vuestra decisión, una decisión que nadie, ni ahora ni nunca, os obliga a tomar. ¡Nuestro Señor os ama aunque estéis solteros y no os caséis!

Sergio, un macarra con el cuello de la camisa levantado, las cejas espesas, un grueso collar de acero que resalta llamativo en su pecho cubierto de vello, el pelo hirsuto y lleno de gel, mastica un chicle con la boca abierta y mira alrededor visiblemente irritado.

El cura se enardece.

– No debéis tener miedo, si no estáis convencidos, decididos y felices de dar este paso, y, sobre todo, enamorados, no sólo de vuestra futura esposa, sino también de la idea del matrimonio. En ese caso es mejor que renunciéis a él… No os caséis, os lo ruego. Incluso aunque hayáis elegido ya algunas cosas, aunque os hayáis expuesto… No lo hagáis.

El sacerdote guarda silencio y escruta a las parejas que tiene delante de él. Sergio y su novia Fabiola, con el pelo a mechas y unos pendientes de aro; Alex y Niki, con la diferencia de edad que los separa; y después otra pareja particularmente cómica, ya que él es alto, delgado y con la nariz aguileña, y ella, en cambio, es achaparrada, con las mejillas abultadas, la boca con la forma de una pequeña rosa y los ojos grandes y azules. Otras dos parejas: en la primera él es serio, lleva gafas y tiene el pelo corto y canoso, mientras que ella tiene un semblante alegre y unos ojos oscuros y rebosantes de vida; en la segunda él es rechoncho y jovial en tanto que ella es delgada, enjuta y severa, lleva el pelo recogido y tiene una boca prominente con unos dientes grandes, como de caballo. Casi sería natural intercambiar a los integrantes de estas dos últimas, de manera que, al menos para quien las mira, pareciesen compatibles.

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