Juego Del Destino
- Автор: Арчер Джеффри
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:
– ¿No hay nadie en Connecticut con méritos para entrar en la lista? -quiso saber Tom-. Sería un detalle simpático para el jurado.
– Estoy de acuerdo -dijo Jimmy-. El problema es que el único hombre con idénticos méritos sencillamente no está disponible.
– ¿Quién es ese hombre? -preguntó Nat.
– El candidato a gobernador por los demócratas.
Nat sonrió por primera vez.
– Entonces él es mi primera elección.
– Está en plena campaña electoral.
– Por si no se ha dado cuenta, también lo está el acusado -declaró Nat-. Hablemos claro. Las elecciones no se celebrarán hasta dentro de nueve meses. Si resulta que acabo siendo su oponente, al menos sabrá dónde encontrarme en todo momento.
– Pero… -comenzó a replicar Jimmy.
– Puede decirle al señor Fletcher Davenport que si soy el candidato republicano, él es mi primera elección; no llame a nadie más hasta que me haya rechazado, porque si todo lo que me han dicho de ese hombre es verdad, estoy seguro de que querrá llevar mi defensa.
– Si esas son sus instrucciones, señor Cartwright…
– Esas son mis instrucciones, letrado.
A la hora en que concluyeron los comicios, las ocho de la noche, Nat dormía en el coche mientras Tom lo llevaba a casa. Su jefe de campaña lo dejó dormir. Cuando Nat abrió los ojos descubrió que estaba en su cama y que Su Ling estaba a su lado; lo primero que pensó fue en Luke. Su esposa lo cogió de la mano.
– No -susurró.
– ¿Qué quieres decir? -preguntó Nat.
– Lo veo en tus ojos, amor mío. Te preguntas si prefiero que te retires de la campaña, así ambos podríamos llorar la muerte de Luke como es debido, y la respuesta es que no.
– Pero tendremos que preparar el entierro y después ocuparnos de los preparativos del juicio, por no hablar del juicio en sí.
– Y por no hablar de las interminables horas entre una cosa y otra, que se te harán insoportables porque no podrás dejar de pensar, así que la respuesta sigue siendo que no.
– Es prácticamente imposible que un jurado no acepte la palabra de una infeliz viuda que además afirma haber sido testigo presencial del asesinato de su marido.
– Por supuesto que fue un testigo presencial -replicó Su Ling-. Ella lo asesinó.
Sonó el teléfono en la mesilla de noche de Su Ling. Atendió la llamada y escuchó atentamente antes de apuntar dos números en el cuaderno de notas que tenía junto al aparato.
– Muchas gracias -dijo-. Se lo haré saber.
– ¿Me harás saber qué?
Su Ling arrancó la hoja de papel y se la entregó a su marido.
– Era Tom. Quería comunicarte el resultado de las elecciones.
Nat miró el papel. Su Ling solo había escrito: 69/31.
– Muy bien, pero ¿quién obtuvo sesenta y nueve? -preguntó Nat.
– El próximo gobernador de Connecticut -respondió su esposa.
El funeral de Luke se celebró, a petición del director de la escuela, en la capilla de Taft. Explicó que eran muchísimos los alumnos que querían asistir al oficio. Hasta después de su muerte Nat y Su Ling no se enteraron de lo popular que había sido su hijo. El funeral fue muy sencillo y el coro al que había pertenecido con tanto orgullo cantó «Jerusalem», de William Blake, y «Ain’t Misbehavin», de Cole Porter. Kathy leyó un pasaje de la Biblia y el querido Thomo otro, mientras que el director pronunció el panegírico.
El señor Henderson habló de un joven tímido y nada pretencioso, querido y admirado por todos. Recordó a los presentes la admirable actuación de Luke como Romeo y cómo se había enterado esa misma mañana de que a Luke le habían ofrecido entrar en Princeton.
Los chicos y chicas de noveno curso que habían actuado con él en la obra cargaron a hombros el féretro a la hora de sacarlo de la capilla. Nat aprendió tantas cosas de su hijo aquel día que se sintió culpable por no haber sabido antes lo importante que había sido su hijo para sus condiscípulos.
Después del oficio religioso, Nat y Su Ling participaron en el té ofrecido en la casa del director para los amigos más íntimos de Luke. La casa estaba llena a rebosar, pero como el señor Henderson le explicó a Su Ling, todos creían ser amigos íntimos de Luke.
– Qué extraordinario regalo -comentó el director simplemente.
Uno de los alumnos obsequió a Su Ling con un libro con fotos y poemas compuestos por los compañeros de Luke. Más tarde, cada vez que Nat se sentía triste, lo abría por una página cualquiera, leía el texto y miraba la foto, pero había unas líneas que leía una y otra vez: «Luke era el único chico que hablaba conmigo sin mencionar jamás mi turbante ni el color de mi piel. Sencillamente no los veía. Era la persona que deseaba tener como amigo para el resto de mi vida. Malik Singh (16 años)».
Cuando salieron de la casa del director, Nat vio a Kathy que estaba sentada sola en el jardín, con la cabeza inclinada. Su Ling fue a sentarse con ella. La rodeó con sus brazos e intentó consolarla.
– Te quería tanto… -le dijo.
Kathy levantó la cabeza; lloraba a lágrima viva.
– Nunca le dije que le quería.
45
– No puedo hacerlo -declaró Fletcher.
– ¿Por qué no? -le preguntó Annie.
– Se me ocurren un centenar de razones.
– Di mejor un centenar de excusas.
– No puedo defender al hombre que pretendo derrotar en las elecciones -replicó Fletcher, sin hacer caso del comentario.
– Sin miedos ni favoritismos -citó Annie.
– ¿Cómo quieres que haga la campaña?
– Eso será lo más fácil. -Annie se calló unos instantes-. En cualquier sentido.
– ¿En cualquier sentido? -repitió Fletcher.
– Sí. Porque si es culpable, ni siquiera será el candidato republicano.
– ¿Qué pasa si es inocente?
– Entonces serás alabado muy justamente por haber conseguido que saliera absuelto.
– Eso no es práctico ni sensato.
– Otras dos excusas.
– ¿Por qué estás de su lado? -le preguntó Fletcher.
– No lo estoy -insistió Annie-. Estoy, y cito al profesor Abrahams, del lado de la justicia.
Fletcher permaneció callado durante unos momentos.
– Me pregunto qué hubiese hecho él enfrentado al mismo dilema.
– Sabes muy bien lo que hubiese hecho. Hay algunas personas que olvidarán estos principios en cuanto salgan de la universidad…
– … solo puedo confiar en que al menos una persona de cada promoción los recuerde -dijo Fletcher para completar la frase que siempre repetía el profesor.
– ¿Por qué no hablas con él? -dijo Annie-. Quizá eso te convenza.
A pesar de las reiteradas advertencias de Jimmy y las vociferantes protestas de los demócratas locales -en realidad de todos excepto Annie-, se acordó que los dos hombres se verían para charlar al domingo siguiente.
El lugar escogido para la cita fue el banco Fairchild Russell, porque se consideró que no se cruzarían con muchos transeúntes un domingo por la mañana a primera hora.
Nat y Tom llegaron poco antes de las diez y el presidente del banco abrió la puerta principal y desconectó la alarma por primera vez en años. Solo tuvieron que esperar unos pocos minutos antes de que Fletcher y Jimmy aparecieran. Tom los hizo pasar rápidamente y los acompañó a la sala de juntas.
Cuando Jimmy presentó a su íntimo amigo a su cliente más importante, los hombres se miraron el uno al otro, sin tener muy claro cuál de los dos debía dar el primer paso.