Cuerpo de Muerte
- Автор: Джордж Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:
– ¿De qué se trata?
Gina dio un respingo, como si Meredith hubiese hablado en un tono demasiado alto. Miró alrededor de la oficina y dijo:
– ¿Podemos hablar fuera?
– Acabo de regresar de mi descanso. Tengo que…
– Por favor. Cinco minutos. Menos, incluso. Yo… Yo llamé a Robbie para averiguar dónde estaba usted. Él no quería decírmelo. No sé qué es lo que pensó. Pero le dije que usted y yo habíamos hablado y que necesitaba a otra mujer…, y como aún no tengo amigas… Oh, es estúpido atarse a un hombre. Lo sabía, pero lo hice de todos modos con Gordon, pues parecía tan diferente de los otros hombres que he conocido…
Sus ojos se humedecieron, pero no derramó ninguna lágrima. En cambio, la humedad los volvió luminosos. Meredith se preguntó, de manera algo ridícula, cómo lo había conseguido. ¿Cómo lograba una mujer parecer atractiva estando al borde del llanto? Ella se ruborizó intensamente.
Meredith hizo un gesto en dirección a la puerta. Ambas salieron al corredor. Gina tenía intención de bajar las escaleras y salir a la calle, pero Meredith le dijo:
– Tendrá que ser aquí. Lo siento.
Gina se volvió y pareció desconcertada por la brusquedad de las palabras de Meredith.
– Sí. Por supuesto. -Gina sonrió con un ligero temblor-. Gracias. Le estoy agradecida. Verá, yo no quería… -Comenzó a buscar algo en el bolso de paja que llevaba. De su interior sacó un sobre. Bajó el tono de voz-. La Policía de Londres ha venido a vernos. De Scotland Yard. Vinieron por el caso de Jemima y le preguntaron a Gordon…, nos preguntaron a los dos dónde estábamos el día que la mataron.
Meredith sintió una punzada de placer. ¡Scotland Yard! Un «sí» triunfal resonó en su cerebro.
– ¿Y? -preguntó.
Gina miró a su alrededor como si quisiera comprobar que nadie la escuchaba.
– Gordon había estado allí -dijo.
Meredith la cogió del brazo.
– ¿Qué? ¿En Londres? ¿El día que mataron a Jemima?
– La Policía vino a la finca porque encontraron una tarjeta. En la tarjeta había una fotografía. Meredith, él repartió esas tarjetas por todo Londres. Al menos en la zona donde pensaba que estaba Jemima. Lo reconoció ante la Policía cuando ellos le mostraron la tarjeta postal.
– ¿Una tarjeta? ¿Con su fotografía? Pero ¿qué demonios…?
Gina avanzó a trompicones con una explicación que Meredith apenas si pudo seguir: la National Portrait Gallery, una fotografía, un concurso de alguna clase, un anuncio, lo que fuese. Gordon lo había visto, viajó a Londres hacía unos meses, compró sólo Dios sabe cuántas de aquellas tarjetas y las repartió como si fuesen carteles de «Se busca».
– En el reverso de la tarjeta apuntó el número de su móvil -dijo Gina.
Meredith sintió que una corriente helada bajaba por sus brazos.
– Alguien le llamó cuando vio la tarjeta -susurró-. Gordon la encontró, ¿verdad?
– No lo sé -dijo Gina-. Él dijo que no. Me dijo que estaba en Holanda.
– ¿Cuándo?
– El día. Ese día. Usted sabe a qué día me refiero. Cuando Jemima… Usted lo sabe. Pero no fue eso lo que le dijo a la Policía, Meredith. Les dijo que estaba trabajando. Le pregunté por qué había dicho eso y me contestó que Cliff le daría una coartada.
– ¿Por qué no le dijo a la Policía que estaba en Holanda?
– Eso fue precisamente lo que yo le pregunté. Me dijo que no podía demostrarlo. Dijo que se había deshecho de todo. Le contesté que la Policía podía llamar al hotel donde se había alojado, y ellos podían llamar al granjero con quien había estado, pero…, Meredith, ésa no era realmente la cuestión.
– ¿Qué quiere decir? ¿Por que no era la cuestión?
– Porque… -La lengua se asomó y humedeció los labios, rosados con un carmín que combinaba perfectamente con uno de los colores del vestido de verano sin mangas que llevaba-. Yo ya lo sabía.
– ¿Qué? -Meredith sintió que la cabeza le daba vueltas-. ¿Que Gordon había estado en Londres? ¿El día en que mataron a Jemima? Entonces ¿por qué no se lo dijo a…?
– Porque él no sabía, no sabe, que yo lo había descubierto. Durante mucho tiempo ha estado evitando algunos temas, y cuando me acerco a cualquier cosa de la que Gordon no quiere hablar, simplemente lo evita. En dos ocasiones, incluso, se volvió un tanto violento, y la última vez que lo hizo, él… me asustó. Y ahora estoy pensando, ¿qué pasa si es el hombre al que están buscando? ¿Qué pasa si él…? No puedo soportar pensar que podría ser él, pero… Tengo miedo y no sé qué hacer. -Puso el sobre en las manos de Meredith-. Mire esto -dijo.
Meredith deslizó los dedos debajo de la pestaña del sobre, que no estaba sellada, sino simplemente doblada hacia adentro para contener lo que había en su interior. Sólo había tres objetos: dos billetes de tren de ida y vuelta a Londres y un recibo de hotel por una estancia de una sola noche. La factura del hotel se había pagado con una tarjeta de crédito, y Meredith comprobó que la fecha era del mismo día que habían matado a Jemima.
– Yo ya había encontrado estas cosas. Estaba sacando la basura (eso fue el día después de que Gordon regresara)…, y estaban en el fondo. No las hubiese visto si no se me hubiese caído un pendiente dentro del cesto con los papeles usados. Metí la mano para encontrarlo y vi el color del billete y, por supuesto, supe al instante lo que era. Y cuando vi el billete deduje que había viajado a Londres por Jemima. Al principio pensé que la relación entre ellos no había terminado, como Gordon me había dicho, o que si había terminado, aún tenían que solucionar algún asunto. Y quería hablar con él de inmediato sobre lo que había encontrado, pero no lo hice. Yo… ¿Sabe cómo es cuando tienes miedo de oír la verdad?
– ¿Qué verdad? Dios, ¿sabía que Gordon le había hecho algo a Jemima?
– ¡No, no! ¡Yo no sabía que ella estaba muerta! Quiero decir que lo que pensé fue que su relación no había terminado. Pensé que Gordon aún la amaba y que si me enfrentaba a él, eso era lo que me diría. Entonces todo habría terminado entre nosotros…, ella volvería… Y yo odiaba la idea de que Jemima regresara.
Meredith entrecerró los ojos. Podía ver el truco, si era un truco: porque tal vez Jemima y Gordon habían solucionado sus problemas. Quizá Jemima había intentado regresar. Y si ése era el caso, ¿qué hubiera impedido que Gina viajara a Londres, matara a Jemima y conservara el billete de tren y el recibo del hotel para cargarle el crimen a Gordon? Qué hermosa venganza de una mujer despreciada.
No obstante, en todo este razonamiento había algo que no encajaba. Meredith sentía que le latía la cabeza.
– He pasado mucho miedo -dijo Gina-. Hay algo muy malo en todo esto, Meredith.
Meredith le devolvió el sobre.
– Bueno, tiene que entregarle esto a la Policía.
– Pero entonces ellos volverán para hablar otra vez con Gordon. Él sabrá que fui yo quien le delató y si él realmente le hizo daño a Jemima…
– Jemima está muerta. No está herida. La asesinaron. Y es necesario que encuentren a quien lo hizo.
– Sí. «Por supuesto.» Pero si es Gordon… No puede ser Gordon. Me niego a pensar… Tiene que haber una explicación en alguna parte.
– Bueno, tendrá que preguntárselo a él, ¿verdad?
– ¡No! No estaré segura si él… Meredith, ¿no lo entiende? Por favor. Si usted no me ayuda… No puedo hacer esto sola.
– Debe hacerlo.
– ¿No querría usted…?
– No. Usted es quien tiene la historia. Usted conoce las mentiras. Si acudo yo a la Policía, sólo puede pasar una cosa.
Gina se quedó en silencio. Le temblaban los labios. Cuando sus hombros se hundieron, Meredith comprendió que Gina había resuelto las cosas por sí misma. Si Meredith llevaba los billetes de tren y el recibo del hotel a la Policía local o a Scotland Yard, sólo estaría repitiendo lo que alguien le había contado. Ese alguien era exactamente la persona que la Policía buscaría a continuación, y probablemente Gordon Jossie estaría allí cuando los detectives llegaran para interrogar a Gina.