Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El Peso De La Culpa - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Peso De La Culpa

Электронная книга - «El Peso De La Culpa». Краткое содержание книги:

Parece que Asuntos Internos va a dejar de investigar de una vez por todas a la brillante, pero indisciplinada detective Barbara Havers. Tras una suspensión temporal como policía, Havers regresa al trabajo a las órdenes del lúcido Inspector Lynley en un extraño caso: el hallazgo de dos jóvenes en un bosque, con signos visibles de haber sufrido una cruenta muerte. Un asesinato de especial virulencia que abre una puerta hacia las oscuras y poderosas alteraciones de la psique humana. Un sórdido espacio en el que el sexo deviene en sadomasoquismo, y el pasado se adentra en la cara odiosa de una doble vida.
1 ... 99 100 101 102 103 104 105 106 107 ... 159
Перейти на страницу:

Beattie leyó la pregunta en los ojos de Lynley.

– ¿Sabe lo que es desear con desesperación a una mujer? -preguntó-. ¿Con tanta desesperación que accederías a cualquier cosa con tal de poseerla? Así eran las cosas.

– ¿Dónde encajaba Terry Cole?

– No conozco a ningún Terry Cole.

Lynley intentó analizar la veracidad de su declaración. No lo logró. Beattie era un experto en mantener una expresión de inocencia. Y eso aumentaba las sospechas de Lynley.

Dio las gracias al cirujano por su tiempo. Nkata y él se marcharon, devolviendo a Beattie a los brazos de su familia. Irónicamente, el hombre no se había quitado su sombrero de capitán durante toda la entrevista. Lynley se preguntó si conservar ese sombrero le había amarrado con firmeza a su vida familiar, o solo era el símbolo vacío de una devoción que no sentía.

– Santo cielo -dijo Nkata, una vez en la calle-. En qué cosas se mete la gente, inspector.

– Humm. Sí -admitió Lynley-. Y de qué cosas se sale.

– ¿No cree su historia?

Lynley contestó de una forma indirecta.

– Habla con la gente de Brooks. Tendrán registros que demostrarán su presencia el martes por la noche. Después ve a Islington. Ya has visto a sir Adrian Beattie en carne y hueso. También has visto a Martin Reeve. Habla con la casera de Nicola Maiden, con los vecinos. A ver si alguien recuerda haber visto a uno de esos caballeros el nueve de mayo.

– Pide mucho, jefe. Hace cuatro meses de eso.

– Tengo una gran fe en tus poderes de investigación. -Lynley desconectó la alarma del Bentley-. Sube. Te dejaré en el metro.

– ¿Qué se adjudica usted?

– Vi Nevin. Si alguien puede confirmar la historia de Beattie, es ella.

Azhar no permitió que Barbara recorriera sola los setenta metros que distaba su casa. Corría el riesgo de ser atracada, violada, acosada o atacada por un gato con debilidad por los tobillos gruesos.

Metió a su hija en la cama, cerró con llave la puerta del piso y acompañó a Barbara. Le ofreció un cigarrillo. Ella lo aceptó y se detuvieron para encenderlo. La cerilla subrayó el contraste entre la piel de ambos cuando Barbara protegió la llama con una mano.

– Un vicio desagradable -comentó-. Hadiyyah no para de repetirme que lo deje.

– A mí también -dijo Azhar-. Su madre es, o al menos era, una antitabaco militante, y por lo visto Hadiyyah ha heredado no solo el rechazo de Angela hacia el tabaco sino su espíritu de cruzado.

Las palabras abarcaban todo cuanto Azhar había contado sobre la madre de su hija. Barbara quiso preguntarle si había informado a su hija de que su madre se había ido para siempre, o si todavía se aferraba al cuento de hadas de que Angela Weston se encontraba de vacaciones en Canadá, prolongadas ya durante casi cinco meses. Pero solo dijo:

– Ya. Tú eres su padre, y supongo que quiere conservarte durante unos años más.

Siguieron el sendero que conducía a su casa.

– Gracias por la cena, Azhar. Ha sido deliciosa. Cuando consiga superar la fase de las pizzas precocinadas, me gustaría devolverte el favor.

– Será un placer, Barbara.

Ella esperaba que regresara a su piso, una vez divisaron la pequeña vivienda, lo cual descartaba la posibilidad de que alguien la asaltara antes de llegar, pero Azhar continuó caminando a su lado, con su serenidad habitual.

Llegaron a la puerta. Barbara no la había cerrado con llave, y cuando la abrió Azhar frunció el entrecejo y comentó que era muy descuidada con su seguridad personal. Sí, dijo ella, pero su intención había sido pasar a verles un momento y disculparse con Hadiyyah por haber olvidado la clase de costura a la que había prometido asistir. No había pensado ni por un momento quedarse a cenar. Y gracias por la cena, a propósito. Eres un cocinero excelente. ¿O ya te lo había dicho?

Azhar no mencionó, como persona bien educada, que había ensalzado sus artes culinarias hacía un momento, tras lo cual insistió en que debía entrar para asegurarse de que ningún visitante indeseable se había colado en la ducha o bajo el sofá cama. Tras haber examinado la casa a su entera satisfacción, Azhar le aconsejó que cerrara la puerta con llave siempre que saliera. Pero tampoco se marchó. En cambio, echó un vistazo a la mesa de la cocina, donde Barbara había arrojado sus pertenencias después de llegar a casa del trabajo. Dichas pertenencias consistían en su bolso deforme y una carpeta de papel manila que contenía la lista de empleados de Soho Square 31-32, la copia de la autopsia que había entregado a St. James y el borrador del informe redactado para Lynley, con la información obtenida después de leer los expedientes del SO10 sobre Andy Maiden.

– La nueva investigación te tiene muy ocupada -dijo Azhar-. Debes de sentirte contenta por volver a trabajar con tus colegas.

– Sí. He tenido que esperar mucho. Regents Park y yo llegamos a conocernos más de lo que esperaba cuanto todo esto empezó.

Azhar dio una calada a su cigarrillo y la contempló fijamente a través del humo. A Barbara no le gustaba que la mirara de aquella forma. Era una mirada que siempre le hacía preguntarse qué sucedería a continuación.

– Gracias una vez más por la cena -dijo.

– Gracias por compartirla con nosotros. -Pero Azhar no dio señales de querer marcharse, y ella comprendió el motivo cuando él añadió-: Las letras A y D se refieren a un rango de la policía, ¿no es así?

Su corazón dio un vuelco. Deseaba evitar aquel tema, pero no se le ocurrió cómo hacerlo.

– Sí -dijo-, en líneas generales. Supongo que depende de la intención de esas cartas. Como Washington DC. No es un rango. Claro que tampoco se refiere a la policía. -Sonrió. Con excesiva alegría, decidió.

– Pero unido a tu nombre, AD significa agente detective. ¿No?

Maldita sea, pensó Barbara. Pero dijo:

– Oh, sí. Exacto.

– Entonces has sido degradada. Vi las letras en la nota que aquel caballero te dejó. Al principio pensé que era un error, pero como no has estado trabajando con el inspector Lynley…

– No siempre trabajo con el inspector, Azhar. A veces nos encargamos de diferentes aspectos del caso.

– Claro. -Pero Barbara se dio cuenta de que él no se tragaba su historia. O al menos, sospechaba que le ocultaba una parte-. Degradación. Pero no han reducido los efectivos de la policía, ¿verdad? Creo que me dijiste eso, ¿no? Si tal es el caso, parece que estás ocultando la verdad. Conmigo, al menos. Me pregunto por qué.

– No estoy ocultando nada, Azhar. Joder. No somos carne y uña, ¿verdad? -dijo Barbara, y descubrió que su rostro se sonrojaba a causa de la implicación de intimidad de sus palabras. Puta mierda, pensó. ¿Por qué conversar con aquel hombre se transformaba en un campo de minas?-. Quiero decir que no hablamos mucho de trabajo. Nunca lo hemos hecho. Tú das clases en la universidad. Yo deambulo por el Yard y trato de parecer indispensable.

– La degradación es algo muy grave en cualquier profesión. En este caso, supongo que es debido al tiempo que pasaste en Essex, ¿no? ¿Qué ocurrió allí, Barbara?

– Caramba. ¿Cómo has llegado a esa conclusión?

Azhar apagó el cigarrillo en un cenicero del que sobresalían al menos diez colillas de Players, como hortalizas en crecimiento. La miró fijamente.

– Mi suposición es correcta, ¿verdad? Te han castigado debido a tu trabajo en Essex en junio pasado. ¿Qué pasó, Barbara?

– Es una situación confidencial -respondió-. O sea, se trata de algo personal. ¿Por qué quieres saberlo?

– Porque me encuentro en un estado de confusión respecto a la legislación inglesa y me gustaría comprenderla mejor. ¿Cómo puedo ser útil a mi pueblo cuando se enfrenta a dificultades legales, si no entiendo bien cómo se aplican las leyes de tu país a quienes las quebrantan?

– Pero no se trata de quebrantamiento de la ley -dijo Barbara. Es solo una leve prevaricación, pensó. Al fin y al cabo, no la habían acusado de agresión o intento de asesinato, con lo cual había logrado convencerse de que no había vulnerado ninguna ley.

1 ... 99 100 101 102 103 104 105 106 107 ... 159
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)