Esclavos de la oscuridad
- Автор: Гранже Жан-Кристоф
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
Me desplomé en el asiento. Conseguí decir:
– Cuénteme toda la historia. Es muy importante.
Mi tono suplicante me había traicionado. Preguntó, intrigado:
– ¿Para su investigación o personalmente?
– ¿Cuál es la diferencia?
– ¿Por dónde anda con su investigación?
– Se lo diré cuando me haya informado. Lo que me diga, determinará todo el resto.
Meneó suavemente la cabeza. Había tomado nota. Guardó la carpeta que tenía aún en la mano y luego lanzó un profundo suspiro, como si debiera cumplir un deber, escrito sobre las tablas de la ley. Se sentó frente a mí.
– Ya conoce usted el caso. Quiero decir, desde el punto de vista criminal. Ya sabe que una llamada anónima orientó la búsqueda hacia un pozo donde…
– Conozco el expediente de memoria.
– Por lo tanto, los gendarmes se dirigieron hacia los pozos más cercanos de la urbanización de Corolles. Iban acompañados por un equipo médico. Cuando el equipo de rescate encontró a la niña, certificó su muerte. Pupilas fijas, corazón detenido, temperatura veintitrés grados. Ninguna duda sobre el deceso. Sin embargo, el médico, un hombre apellidado Boroni, había trabajado en mi servicio el año anterior. Conocía mi especialidad.
– ¿Cuál es su especialidad, para ser precisos?
Desde el principio, no comprendía qué tenía que ver un cirujano cardiovascular con la reanimación.
– La hipotermia -respondió Beltreïn-. Desde hace unos treinta años me interesan los fenómenos fisiológicos provocados por el frío. Por ejemplo, cómo la irrigación sanguínea del cuerpo se ralentiza en tales circunstancias. Pero volvamos a Manon. Ese hombre, Boroni, sabía que en caso de mucho frío hay una esperanza, aunque ínfima, cuando se certifica la muerte. Por tanto, procedió como si la niña estuviera viva. Llamó al helicóptero que participaba en la busca y al CHUV, para contactar conmigo. Teniendo en cuenta el tiempo del trayecto, el cuerpo permanecería sin vida durante por lo menos sesenta minutos. Algo que reducía mis posibilidades a cero. Sin embargo, merecía la pena intentar aplicar mi método. ¿Sabe usted qué es una máquina by-pass?
El nombre despertaba en mí un vago recuerdo. Beltreïn prosiguió:
– En cada quirófano existe una máquina de circulación extracorporal que se utiliza para enfriar la sangre de los pacientes antes de someterlos a una intervención quirúrgica importante. El sistema consiste en extraer la sangre del enfermo, enfriarla algunos grados y luego volver a inyectársela. Esta operación se realiza varias veces, para crear una hipotermia superficial.
Mi recuerdo se concretó. Para salvar a Luc se había recurrido a esta misma máquina. Una ironía increíble de esa historia. Terminé su exposición:
– Usted quería utilizarla a la inversa, para recalentar la sangre de la niña.
– Exactamente. Ya lo había experimentado una vez en 1978, con un niño muerto por asfixia. El método había permitido reanimarlo. En los años ochenta, repetí la operación varias veces. Hoy en día es una técnica que se utiliza habitualmente en todo el mundo. -Se le escapó una sonrisa de orgullo-. Una técnica de mi invención.
Dejó pasar un momento para que yo midiera la grandeza de su genio y luego continuó:
– La sangre de Manon pasó una primera vez por la máquina y luego se la inyectamos de nuevo, a la misma temperatura pero oxigenada. A continuación intentamos un nuevo ciclo, esta vez a veintisiete grados, luego otro a veintinueve. Al llegar a los treinta y cinco, los monitores emitieron una señal. Después de ese ciclo, las oscilaciones de los monitores se reanudaron. A treinta y siete grados, los latidos cardíacos fueron regulares. Manon, después de haber estado clínicamente muerta durante casi una hora, había vuelto a la vida.
Las explicaciones de Beltreïn encajaban con mi mente cartesiana. Por primera vez, no se hablaba de milagro. Ni de Dios, ni del diablo. Solo de una hazaña médica. El matasanos pareció leerme el pensamiento.
– La recuperación de Manon parecía un prodigio. En realidad, se explicaba debido a la convergencia de tres factores favorables, todos relacionados con la edad de la niña.
– ¿Qué factores?
– Para empezar, las proporciones de su cuerpo. Manon era una niña enclenque. Su peso no llegaba a los quince kilos. Este peso favoreció el enfriamiento inmediato. Su cuerpo quedó en hibernación. El corazón empezó a latir más lentamente: de ochenta pulsaciones por minuto descendió a cuarenta pulsaciones. Las reacciones bioquímicas también se redujeron. El consumo de oxígeno de las células bajó considerablemente. Este fue un factor esencial. Permitió que el cerebro siguiera funcionando, con un ritmo mínimo, aunque no llegara a él la circulación sanguínea.
Beltreïn se había entusiasmado, pero lo interrumpí.
– Habla usted de un cuerpo que funcionaba lentamente, pero Manon ya se había ahogado, ¿no? Sus pulmones debían de estar saturados de agua.
– Precisamente, no. Es el segundo factor positivo. La niña se había asfixiado pero no se había ahogado. No había penetrado ni una gota de agua en su garganta.
– Explíquese.
– Los niños poseen un diving reflex. Piense en los bebés nadadores. En cuanto se sumergen, cierran instintivamente las cuerdas vocales para impedir que el agua penetre en sus pulmones. En el pozo, Manon se sustrajo al entorno y empezó a funcionar en circuito cerrado.
Tuve una visión fantasmagórica del interior del cuerpo de Manon. Los órganos rojos y negros, latiendo a un ritmo muy débil, preservando, en el agua helada, un mínimo rastro de vida. Beltreïn se acomodó las gafas.
– Existen algunas teorías con respecto a ese reflejo. Hay quien piensa que se trata de un vestigio arcaico, relacionado con nuestros orígenes acuáticos. Cuando un delfín o una ballena se sumerge, un mecanismo innato corta instantáneamente su respiración y concentra la sangre en los órganos vitales. Es exactamente lo que le ocurrió a Manon. Durante su inmersión se transformó en un pequeño delfín. Se refugió, por decirlo de algún modo, en el fondo de sí misma. Pero de ahí a hablar de una paleomemoria…
Beltreïn volvió a callarse dejando en el aire las resonancias de su argumentación. El prodigio de que hubiera sobrevivido era aún más espectacular de lo que él imaginaba. Una niña supuestamente poseída, asesinada por su madre, que había sobrevivido gracias a su memoria de delfín.
– En este punto, es necesario que comprenda usted un hecho esencial. No hubo lucha.
– ¿Quiere decir entre Manon y su asesino?
– No. Entre Manon y la muerte. Ella no luchó. El frío se apoderó de ella inmediatamente; la petrificó. Por ese motivo sobrevivió. El menor esfuerzo habría hecho que se ahogara. De alguna manera, la pequeña aceptó la muerte. Es uno de los secretos de mis investigaciones. Si se acepta la nada, si uno se deja llevar por ella, es posible mantenerse en suspenso en una especie de… mundo intermedio. Una media muerte, que también es una media vida.
Pensé en este paréntesis crucial en la existencia de la niña. ¿Qué había visto Manon durante ese «período de interrupción»? ¿El diablo, verdaderamente? Por el momento, me centré en los aspectos fisiológicos de su travesía.
– Ha mencionado usted tres factores.
– Me caen bien los policías. -Sonrió-. Son alumnos que prestan mucha atención.
Chasqueó los labios.
– El tercer factor concierne a la recuperación completa de Manon. A pesar de todo lo que le he explicado, se podía temer que quedaran graves secuelas. Ahora bien, al despertar, Manon tenía un dominio perfecto de sus funciones cognitivas. Ningún problema del habla. Ninguna dificultad de razonamiento. Solo su memoria mostraba una amnesia relativa. Pero su cerebro funcionaba de maravilla.
– ¿Cuál es la explicación?
– Su edad, una vez más. Cuanto más joven es un cerebro, más células posee. Lo que significa que dispone de un territorio mayor para distribuir sus funciones. Es evidente que el órgano de Manon sufrió lesiones pero sus capacidades mentales se desplazaron naturalmente hacia el lugar donde las neuronas todavía eran activas. Es lo que se llama movilidad cerebral. Suele verse en el caso de niños que han sufrido algún accidente: reagrupan toda su actividad mental en un solo hemisferio.