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Fan Club

Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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– Pero no he…

– Escúchame, cariño. Sé que podremos hacernos el amor porque lo deseamos mucho. Podremos conseguirlo. Lo probaremos una o dos veces más y nos haremos el amor tal como yo sé. Pero para hacerlo bien, tengo que estar libre, me refiero a las manos, no puedo estar atada.

Te seré sincera. Quiero que me desates para que podamos hacerlo como es debido.

– ¿Quieres decir que sigues deseando hacerlo de nuevo conmigo?

– No seas tonto. Te quiero. Hay millones de hombres que padecen de eyaculación prematura. Es el defecto más fácil de solucionar. Pero, para conseguirlo, hacen falta dos personas.

Cuando esté libre como tú, te prometo que dará resultado. Verás qué fácil es y entonces nos sentiremos los dos satisfechos.

– Hablaré con los demás. No hay motivo para que te tengamos atada. Les hubiera hablado de todos modos aunque no me lo hubieras dicho.

– No te arrepentirás -le dijo mirándole con sus grandes ojos verdes rebosantes de afecto y ternura-. Ahora que somos amigos, nos merecemos la oportunidad de amarnos el uno al otro libremente. Yo te quiero, puedes creerme.

Ahora dame un beso de buenos noches y vuelve mañana. No les cuentes a los demás lo que siento por ti. Se pondrían celosos y me lo harían pagar. Pero vuelve y quédate conmigo mucho rato.

Reseña de la edición de medianoche: No hay ninguna actriz actual capaz como Sharon Fields de producir la sensación de dar y desear amor. Si todo el mundo fuera una alcoba, ella sería su reina. Decididamente, un nuevo triunfo Fields.

En escena con el Malo. Le había animado a volver porque, de los cuatro, era el más difícil de manejar. Su anterior actuación con él había sido un acierto, pero ahora tenía que superarse. Había rechazado la píldora para dormir al objeto de estar bien despierta con vistas a su “tour de force”. Pasada la medianoche, el sujeto entró furtivamente vestido únicamente con sus calzoncillos.

– ¿Qué dices, nena? ¿Me estabas esperando?

Ella apartó la cabeza y se mordió el labio inferior. Ya había interpretado esta misma escena en uno de sus más grandes éxitos de taquilla (el que batió todos los récords del Radio City Music Hall), “La camelia blanca”, si bien con mucha menos eficacia que en estos momentos.

El Malo le tomó la cabeza entre las manos y la obligó a mirarle.

– Vamos, nena, ¿a qué viene esta vergüenza? ¿Lo quieres, no?

– Sí, estúpido, sí -le contestó ella bruscamente.

El sonrió y se quitó los calzoncillos.

Ella se lo quedó mirando como hipnotizada.

– ¿Te gusta, eh? -le preguntó él acercándose a la cama.

– Sí, así te parta un rayo. Tienes el mejor.

– Muy bien, nena, en estos momentos es todo para ti.

No perdió el tiempo y le desató primero una muñeca y después la otra. Las manos y los brazos de Sharon estaban como entumecidos. Ella se los frotó brevemente sin apartar los ojos hipnotizados del musculoso cuerpo desnudo del sujeto. El se quedó de pie junto a ella, sonriendo.

– Muy bien, cariño, vamos allá. ¿Crees que podrás soportarlo?

Santo cielo, era aborrecible. Sin embargo, la expresión de Sharon reflejó asombro y deseo. Decidió utilizar deliberadamente ambas manos.

Le atrajo lentamente hacia sí tirando juguetonamente hacia arriba y hacia abajo. Le tenía de rodillas encima suyo y decidió cerrar los ojos y respirar entrecortadamente.

– Cariño -le dijo casi como sin poder hablar-, házmelo. Excítame.

– Bueno, bueno -dijo él acomodándose entre sus acogedoras piernas-. Esta vez lo haremos a base de bien.

– Date prisa -le murmuró ella.

Al penetrarle, ella le abrazó, cerró las piernas a su alrededor y movió lentamente el tronco siguiendo el ritmo de la creciente velocidad e intensidad de su acometida. Siguió moviéndose convulsamente, puntuando los jadeantes gruñidos del sujeto con una serie interminable de palabras malsonantes.

Bajó las piernas y se elevó y descendió siguiendo su ritmo girando y embistiendo, pidiendo más y más, más fuerte más fuerte, rascándole y arañándole la carne para su mayor deleite.

– Estoy a punto de alcanzarlo -gimió-, ya no puedo contenerme.

– Los dos juntos, nena -le dijo él jadeando -enloquecido-, ahora…

Al poco rato yacía tendida a su lado como exhausta y satisfecha. Al observar que el sujeto iba a levantarse, le agarró.

– Quédate conmigo, quédate un poquito más.

– Te daré todo lo que quieras -le dijo él sonriendo.

– Ningún hombre me había hecho eso jamás -le dijo ella sin soltarle-. Eres una maravilla.

– Ya somos dos -le dijo él.

– ¿Tienes que irte? ¿No puedes quedarte toda la noche?

– Ojalá pudiera, pero no quiero que los demás piensen que te disfruto en exclusiva.

– Que se vayan al cuerno. ¿Qué te importa lo que piensen? ¿Por qué no piensas en mí?

– En ti pienso, nena -le dijo él apartándole las manos de sus hombros-. Será mejor que descanses. Conseguirás de mí todo lo que quieras. Tenemos mucho tiempo por delante.

Se levantó de la cama y ella permaneció inmóvil. Este "tiempo por delante" la había entristecido, la había alejado de su papel y del escenario. Se dejó atar sumisamente de nuevo las muñecas a los pilares.

– O mucho me equivoco o ésta va a ser la última vez -le prometió-. Eres un encanto y no quiero que estés atada.

– Gracias -le dijo ella débilmente.

– A partir de ahora nos lo vamos a pasar muy bien -le prometió él.

Eso si yo pudiera tener una oportunidad, hermano, pensó. Pero tenía que seguir fingiendo.

– ¿Cuándo volveré a verte? -le preguntó.

– Cuando esté dispuesto -repuso él guiñándole un ojo-. Mañana por la noche lo más tardar.

Reseña de primerísima edición: El momento culminante de la carrera teatral de la señorita Fields. Cabe únicamente preguntarse adónde será capaz de llegar.

“Cuaderno de notas de Adam Malone. -Domingo 22 de junio”

Al llegar a Más a Tierra tenía intención de anotar, día a día, todas las incidencias de esta reunión extraordinaria del Club de los Admiradores. Pero me he abstenido de hacerlo hasta ahora como consecuencia de dos factores.

El primero de ellos fue mi desaliento a propósito de mi actuación sexual -o falta de actuación, para ser más exactos-con el Objeto. Tras haberme pasado tantísimos meses anhelando la unión sexual con ella y alcanzar finalmente la oportunidad de consumar dicha unión, mi inesperado fracaso me sumió en un estado de profundo desaliento. Como es natural, procuré disimular mi depresión y estos últimos días me los he pasado fingiendo.

Pero por dentro me sentía muy pesimista y, tras dos humillantes fracasos, la ansiedad y el temor me hicieron creer que sería inevitable un tercero. Hasta anoche me obsesionaba la idea de unirme a ella. Había logrado dejar de autoanalizarme, ya que ello no me había permitido alcanzar ninguna solución inmediata.

En su lugar, procuré buscar algún medio práctico que pudiera serme útil en el transcurso del breve período de tiempo de que disponía.

Recordé que en toda mi vida sólo había fracasado otras dos veces, hace cinco o seis años. Hubo una joven y rubia, auxiliar de dentista, con quien no pude hacerlo, a pesar de lo mucho que ambos estábamos deseando hacernos el amor.

Recuerdo que probé toda clase de afrodisíacos -desde atiborrarme de ostras y plátanos a la utilización del polvo chino que se extrae del cuerno del rinoceronte, desde mosca española (que se hace con escarabajos secos pulverizados) a la yohimbina (extraída de la corteza de un árbol africano)-, pero ninguno de tales remedios dio resultado.

Estaba a punto de probar alguna de las nuevas drogas, la PCPA y la L-dopa, que, según se afirma, son capaces de provocar una hipersexualidad en algunos casos, cuando, de repente, sucedió todo como sin darnos cuenta.

Una noche dejamos de probarlo y estábamos paseando, cuando ella me dijo algo a propósito de lo mucho que le gustaba mi cuerpo y entonces lo conseguimos. La arrastré hacia unos matorrales, le levanté la falda y se solucionó el problema.

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