Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– De manera que al final fuimos a comer a Zodiaco, un sitio precioso, cariño, tenemos que ir…
– Ah…, ¿y quiénes fuisteis?
Alex se detiene por un segundo. Se queda como suspendido, víctima de una preocupación repentina.
– Pero, Niki, si te lo acabo de decir: Leonardo, yo, y la nueva ayudante, Raffaella, que me echa una mano en este proyecto…
– Ah…
Alex la nota extraña. Puede que esté cansada. Preocupaciones no le faltan: la facultad y los preparativos de la boda.
– Cariño, ¿quieres que nos veamos más tarde? Intentaré acabar cuanto antes en el despacho y quizá podríamos salir después. Podríamos ir al cine o a cenar. Lo que prefieras.
Niki reflexiona por unos segundos.
– Gracias, pero no creo. Me gustaría aprovechar para estudiar esta noche. Si lo consigo. Quiero adelantar un poco porque luego no sé cómo irán las cosas…
– ¿Con los dos monstruos?
– Eso es… -Niki se ríe-. Quizá me hagan pasar una semana super-estresada como ésta… Cuando llegue el día de la boda no me reconocerás, cariño. Mañana también hemos quedado…
– ¿Algo importante?
– Lo más importante de todo: el vestido de novia…: Estoy muy preocupada.
Alex sonríe.
– Tesoro…, Poco importa qué es lo que te pongas, incluso con el vestido más sencillo estarás despampanante…
– ¿A qué viene eso, Alex? Acabas de decir una de esas típicas frases para enmendar algo.
Alex piensa por un instante en Raffaella, pero sabe que es del todo inocente.
– Tienes razón. Perdóname. He perdido demasiado tiempo. Debería haberte pedido que te casases conmigo la primera vez que subiste a mi coche, cuando nos conocimos…
– ¡Pero si tu única preocupación era que quitase los pies del salpicadero!
– Claro, porque de lo contrario no podría haber dejado de mirarte las piernas y habría acabado chocando contra…
– ¡Mentiroso!
– ¡Es cierto! Oye, te llamo más tarde, ahora tengo una reunión…
– Vale, hasta luego, cielo.
Alex cuelga. Qué raro. No me ha preguntado cómo es Raffaella. Por lo general, las mujeres se preocupan en seguida por las nuevas ayudantes.
– Alex… -En ese momento la susodicha aparece en la puerta-. ¿Puedo enseñarte una cosa?
– Por supuesto, pasa… -Alex la contempla mientras se acerca a su escritorio.
Se ve a la legua que ha sido modelo. Mejor dicho, que todavía lo es. Cuando Raffaella pone sus diseños sobre el escritorio y se inclina hacia adelante, quizá en exceso, a Alex no le cabe ya ninguna duda, en caso de que la tuviese. Si hay alguien al que le preocupa realmente esa nueva ayudante es precisamente a él. Raffaella se da cuenta, pero hace como si nada y sonríe.
– ¿Te gustan?
– ¿Eh?
– Me refiero a los diseños, ¿te gustan? -Sí, sí, eres muy buena. Son perfectos -y, al decirlo, enrojece un poco a su pesar.
Ciento tres
Susanna ha elegido un restaurante étnico. Ella, Cristina, Davide y Mattia están sentados a una mesa de Sawasdee, el restaurante tailandés próximo a la piazza Bologna. El ambiente es refinado y elegante.
– Entonces, ¿os gusta? Espero que la cocina tailandesa os inspire… ¡Hay quienes aseguran que es afrodisíaca! -sonríe Susanna-. Además, aquí cocinan muy bien. Viene a comer incluso el personal de la embajada. El curry rojo con pollo y bambú está muy bueno, se llama Kaang nar Mai, el cerdo frito en salsa agridulce, el buey al curry. Yo sólo he venido una vez…
Cristina mira alrededor. Hay que reconocer que el local es bonito.
– La verdad es que tenías razón, Davide.
Él se vuelve y mira a Mattia.
– ¿Qué quieres decir?
– Que valía la pena… ¡Nuestras dos invitadas son fascinantes! -sonríe mirando a Cristina, que se ruboriza.
Mattia es muy atractivo: musculoso, moreno y con los ojos claros. Sus modales son refinados pero masculinos. Le ha impresionado a primera vista.
– Ya te lo dije, soy un tipo exigente y estaba seguro de que Susanna tendría amigas al menos tan guapas y simpáticas como ella.
Davide llena las copas y brindan. La velada transcurre serena, divertida, amena y llena de novedades. Cristina vuelve a sentirse mujer admirada y viva. Y eso, por una parte, la asusta. Aunque por otra no.
Ciento cuatro
Olly está trabajando en la enésima lista de direcciones. Son las nueve de la mañana y ya está en el despacho. De repente suena el teléfono en su escritorio. Qué extraño. Nadie me llama nunca aquí. Se habrán equivocado. Coge el inalámbrico y responde.
– ¿Hola?
En un primer momento Olly no reconoce la voz. El tono es perentorio.
– ¿Hola? ¿Hola?
– ¿Sí? -responde Olly.
– ¿Hablo con la guardería? ¿Estás ahí, criatura?
Olly palidece. Es Eddy.
– Sí, sí, aquí estoy. Dígame.
– No tengo nada que decir…, tengo que verlos. Tus diseños. Después de comer.
Olly palidece aún más. Los diseños. De manera que el otro día hablaba en serio. ¿Y ahora qué hago? ¡No los tengo preparados!
– Esto…, sí, claro. Se los llevo luego -y cuelga.
¿Y ahora cómo me las arreglo? Abre rápidamente el cajón. Coge la carpeta. Hojea los diseños buscando algo que pueda servir. No. No. No. Éstos no, ¡además, ya ha visto por lo menos la mitad! Caramba. Simone entra en el despacho y nota la agitación de Olly. Su primera reacción es poner pies en polvorosa. Todavía está un poco decepcionado por su comportamiento. Hasta el momento no le ha dicho que sabe por qué estaba delante de su casa aquella mañana. No quería avergonzarla. La mira de nuevo. Salta a la vista que está bloqueada. Pero ¿qué le habrá pasado? Decide acercarse a ella.
– Hola, Olly…
Ella alza la cabeza de golpe.
– Ah… Hola, Simo…
– ¿Qué te pasa?
– Estoy acabada… Hace unos días Eddy me pidió que le hiciese unos diseños. Bueno, la verdad es que no me dijo precisamente que los quería, pensé que me estaba provocando, de manera que no le hice caso. Creía que bromeaba. Sólo que ahora me ha llamado y me ha dicho que quiere verlos después de comer. Estoy acabada, muerta. -Se lleva las manos a la cabeza y a continuación se frota los ojos.
Simone la mira.
– ¿Ves como quería darte una oportunidad?
– Eh, sí…, eso parece. Y yo lo he echado todo a rodar.
Simone sonríe.
– Si te rindes en seguida es porque no eres lo suficientemente dura… En el mundo de la moda hay que hacer posible lo imposible.
– Pero ¿qué hago? Tengo que combinar los tejidos… Soy un desastre. -Está a punto de echarse a llorar. Simone reflexiona por unos segundos y luego acerca una silla.
– Coge el álbum…
Olly lo mira con los ojos empañados.
– ¿Qué quieres decir?
– Veo que esta mañana estás aún un poco dormida, ¿eh? Saca el álbum y los lápices.
Olly le obedece.
– Nos inspiraremos en estos tres… -saca tres diseños de Olly-, y los modificaremos. Después iré abajo y elegiré las telas que van bien. Venga, si empezamos ahora acabaremos entre la una y la una y media.