Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– ¡Caray! ¡Esta vez el strike lo hemos hecho nosotros, y a la primera! -Luca hace chocar la palma de la mano con la de Marco y a continuación con la de Guido-. Guapas… -dice dirigiéndose a las chicas-. El strike a la primera vale el doble, ¿no? Ni se os ocurra intentarlo…
– ¿Y quién pretende hacerlo? -Niki comprueba los puntos que llevan hasta ese momento-. Ni siquiera con cuatro seguidos lograríais superarnos…
Marco sacude la cabeza y se acerca a Sara.
– La próxima vez jugaremos por parejas… ¡Nosotros dos les habríamos ganado a todos! -La abraza y le da un beso en la boca, pero Sara se separa de él-. No trates de comprar al enemigo… ¡No servirá de nada!
Luca estrecha entre sus brazos a Barbara a la vez que alza la barbilla en dirección a Marco.
– En cualquier caso, y con el mismo número de jugadas, en estos momentos Barbara y yo iríamos en cabeza… Qué digo en cabeza, en supercabeza. ¡Tenemos el máximo de strikes! ¡Muy bien, cariño! -Y la besa también. Esta vez, sin embargo, Barbara le devuelve el beso y le dedica una sonrisa suave y enamorada-. Ya os dije que teníamos que jugar por parejas… Es que ellos son unos envidiosos… ¡Sabían de antemano que los destrozaríamos!
Siguen riendo y bromeando, alegres y divertidos por el desafío y por el amor que sienten los unos por los otros.
Guido mira a Niki y abre los brazos.
– No habría estado mal jugar en pareja contigo… ¡Eres una campeona!
– Sí, aunque me gustaría poder decir lo mismo de ti. Tú, en cambio habrías hecho que perdiéramos.
Guido esboza una sonrisa.
– Pero si lo he hecho adrede… -Se acerca a ella y añade en voz baja-: He fallado para dejarte ganar… Entre otras cosas, porque nos estamos jugando una cena, paga el que pierde… y yo no te permitiría pagar en ningún caso.
– Puede, pero no puedes demostrarlo.
– ¿Quieres decir que no vendrías a cenar conmigo?
– Eso además… Pero me refiero a que vais perdiendo.
Guido se aproxima aún más a ella.
– Ya te lo he dicho, estamos perdiendo porque quiero que tú ganes.
– Vale… Pero no me lo creo.
– En ese caso te propongo una cosa. Si cada vez que lance ahora hago un strike, saldrás a cenar conmigo. ¿Trato hecho?
– Trato hecho.
– Prométemelo.
– Te lo prometo.
– ¿Me das tu palabra?
– Mira que eres pesado, ya te he dicho que sí. A fin de cuentas, ¿qué más da?, no lo conseguirás…
Guido la mira a los ojos escrutándola mientras ladea la cabeza.
– Vale, me has convencido. Chicos… Ahora haré un lanzamiento perfecto… ¿Estáis listos? ¿Queréis ver un tiro perfecto?
– Sí, claro…
– ¡Ya va siendo hora!
Guido retrocede, introduce los tres dedos en la bola, a continuación la apoya en la mano izquierda, la acaricia un poco y después parte resuelto y convencido, da dos pasos, se detiene y se agacha levemente para lanzarla con un leve impulso, haciéndola resbalar por el centro de la pista en dirección a los bolos. Luego se vuelve hacia Niki risueño. Arquea las cejas. Ella lo mira por un momento. Después mira de nuevo la bola, que, poco a poco, ni demasiado de prisa ni demasiado despacio, sigue su trayectoria hasta que alcanza el primero de los bolos y lo hace caer. Acto seguido derriba los dos que hay detrás, los cuatro y, por último, los seis, que, después de balancearse levemente, caen al suelo rebotando uno sobre otro y desaparecen engullidos por la oscuridad.
Guido espera a que Niki se vuelva hacia él. No ha mirado ni por un momento el avance de la bola, hasta tal punto estaba seguro y convencido del resultado, y lo confirma esbozando una sonrisa.
– Strike…
– ¡Muy bien! ¡Campeón!
– ¡Un lanzamiento magnífico!
– Menos mal. Pero ¿qué te ha pasado? ¿Te has despertado…?
– Sí, ha tomado un Viagra especial para jugar a los bolos.
Guido mira a Niki, que no puede ocultar su irritación.
– Digamos que ahora me siento más motivado…
Luca lo escucha intrigado.
– ¿Qué quieres decir?
– Que he reflexionado sobre la condición masculina en general-Mujeres soldado, mujeres policía, mujeres fiscales, mujeres tan guapas como la Carfagna y tan jóvenes como la Meloni, ministras… En nuestro país, los hombres nos estamos quedando atrás. De manera que se me ha ocurrido que, al menos en los bolos, tenemos que ganar, ¿no?
– Se acerca a Niki y le susurra al oído-: En parte porque la recompensa no puede ser más agradable, ¿no estás de acuerdo?
Niki le hace una mueca.
– Por el momento sólo has hecho un strike… Todavía te faltan cinco para acabar la partida… Me parece un poco prematuro para cantar victoria.
– Sí, pero ya sabes que yo soy optimista por naturaleza. Piensa que ellos dijeron que no vendrías y, en cambio…
– ¿Qué?
– Pues que te lo estás pasando en grande, juegas de maravilla y me has hecho un favor enorme…
– ¿Qué favor?
– Quisieron apostar cien euros a que no vendrías, de forma que cuando salgamos a cenar… ¡Seremos sus invitados! ¿Puedes imaginarte algo mejor?
Niki sonríe y sacude la cabeza.
– Bueno, muy bien… De manera que te he hecho ganar cien euros… ¡Sin querer! Así que cincuenta son míos…
– ¡Eso, en caso de que tú hubieses estado de acuerdo! Pero no es así, ¿verdad?
Niki sonríe.
– No, la verdad es que no… Además das por sentado que iremos a cenar… Te recuerdo que hemos apostado a que eso sólo sucederá si haces strike en los cinco lanzamientos, ¿no?
– Tienes razón. ¿Por qué te preocupas entonces? A fin de cuentas, has dicho que no lo lograré…
Niki siente una extraña punzada en el estómago.
Luca y Marco se acercan a ellos.
– ¡Te toca de nuevo, Guido!
– Venga, que si haces otro tiro bueno nos recuperaremos.
– Vale… -Guido elige la bola, se coloca en posición y, cuando está a punto de lanzar, mira a Niki-. A propósito… ¿Qué prefieres, carne o pescado?
– Pero ¿qué dices?… ¡Tira ya de una vez! -Niki lo mira a los ojos un poco preocupada-. ¡Y además, prefiero una pizza!
Cien
– Veamos, me gustaría alcanzar un éxito a escala mundial. -Leonardo les sonríe mientras se seca la boca y luego prosigue-: Una película que sorprenda, que asombre, que conmueva y que haga reír… ¿Habéis entendido lo que quiero decir?
– Sí-Alex asiente con la cabeza-, estás hablando de un milagro…
– No, estoy hablando de algo que Alessandro Belli sabe hacer. ¿Sabes lo que me gusta de ti? Que ves cosas donde los demás sólo ven oscuridad. Que sabes crear emociones a partir de una simple hoja en blanco, que cuando miras por la ventana ves el mar o las montañas…
– No olvides que, junto al mío, han puesto el anuncio de Calcedonia, y que eso sí que es una bonita vista… -Alex se echa a reír y se lleva a la boca un pedazo de carne. Después se vuelve divertido hacia Raffaella-: Se puede mirar, pero no tocar. También eso puede ser una fuente de inspiración…
– Ah, claro. ¿Sabes que antes de ser redactora de textos publicitarios hice un anuncio?
– ¿Qué quieres decir?
– Fui modelo en una importante campaña publicitaria… Me encantó trabajar con mi cuerpo…
– ¿Y cuál era?
Raffaella coge una gamba con los dedos y se la come.
– No te lo digo… A ver si me reconoces… Te enseñaré varias y tú tienes que decirme quién soy yo.
– Vale -Alex come a toda velocidad otro pedazo de carne-. Sí, sí, vale…
– Sí, este juego me divierte… En cualquier caso, el anuncio es precioso, no se me ve la cara, de manera que no es tan fácil reconocerme…