Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Olly lo mira. Acto seguido se inclina y le planta un beso en mejilla.
– Eres un cielo…
– Lo sé. Sólo que tú aún no te has dado cuenta…, ¿o qué creías? -Se pone a dibujar. Olly lo secunda.
Después de cuatro horas de trabajo ininterrumpido, sin una pausa ni siquiera para tomar un café y durante el cual se intercambian consejos, borran, vuelven a dibujar y, por último, consideran las telas que Simone ha cogido en la sastrería, Olly sale del despacho y cruza apresuradamente el pasillo. Llama a la puerta de Eddy. Nadie le responde. Lo intenta por segunda vez. Nada. No es posible. No está. Tengo que encontrarlo. No quiero que piense que he llegado tarde. O que se marche. Baja corriendo la escalera. Pregunta a la chica de la recepción. No saben dónde está. Lo busca en el bar. Nada. Va a la sala de reuniones. Nada. Vuelve a subir y llama de nuevo a su puerta.
– ¿Quién es?
Menos mal. Ha vuelto.
– Olimpia Crocetti.
– Ah, sí…, pasa. A ver si conseguimos ascenderte.
Olly acciona el picaporte, respira hondo y entra. Eddy está sentado en su sillón de piel con los pies sobre el escritorio. La mira. Olly empieza a hablar un poco agitada.
– Menos mal… Creía que ya no estaba… Quiero decir, que se había ido… Eso es, sí…, que pudiera pensar que me había retrasado…, que no tengo palabra…, en fin…
– Estaba en el baño, eso es todo.
– Ah, claro…
Olly se queda de pie petrificada.
– ¿Bueno, qué? ¿Te acercas o tengo que levantarme yo?
– No…, quiero decir, sí… En fin, que aquí estoy -Olly se aproxima a él y se sienta.
Tiende a Eddy la carpeta con los tres diseños. Él la abre de mala gana. Observa el primero. A continuación el segundo. El tercero. Impasible. Como siempre. Olly lo conoce ya. Pasados varios minutos de silencio interminable en que las manos de Olly empiezan a sudar y sus orejas se encienden, Eddy la mira. La escruta por unos instantes. Examina una vez más los diseños. Después a Olly. De nuevo los diseños. Por último a Olly.
– ¿Los has hecho tú?
– Sí…
Por unos segundos le gustaría decirle que en realidad los ha terminado gracias a Simone, que las ideas son suyas, eso sí, pero que si no hubiera sido porque Simone las modificó un poco, les dio el último toque y eligió las telas…
– No me lo acabo de creer. Si estuviésemos en el colegio diría que has copiado.
– De mí misma…
Eddy la mira y hace una mueca.
– Encima graciosa… -Examina otra vez los diseños-. Considérate ascendida.
Olly apenas puede creer lo que está oyendo. No sabe qué decir. Tiene unos ojos abiertos como platos y la boca seca.
– Puedes respirar, ¿eh?…
– ¿Eh? Ah…, sí…, no, es que…
– ¿Pero tú tartamudeas siempre? Mira que una estilista cuyos tres diseños están a punto de entrar en producción… -Eddy se interrumpe un momento, consciente del peso de sus palabras- no puede permitirse el lujo de tartamudear. Imagínate el ridículo que haremos…
Olly lo mira. Y de golpe siente que lo quiere. Hace ademán de levantarse, querría abrazarlo. Él se da cuenta.
– Por el amor de Dios, ni se te ocurra, quítatelo de la cabeza de inmediato. Y ahora márchate. Coge los diseños y llévalos a producción. Los llamo ahora mismo. Venga, venga, hasta luego -con un gesto de la mano le indica que salga.
Olly coge al vuelo las hojas de la mesa y la carpeta, se despide de él, tropieza con la alfombra, sale y cierra la puerta. Se apoya en ella cerrando los ojos. Respira profundamente. No me lo creo. No es posible. Luego se repone y baja corriendo la escalera. Cuando llega a la mitad se detiene, retrocede, vuelve a cruzar el pasillo y entra en el departamento de Marketing. Simone está mirando algo en la pantalla de un portátil. La ve entrar corriendo. Feliz. Loca. Con la cara roja. Un poco sudorosa.
Ella se abalanza sobre él y lo abraza.
– ¡Los ha incluido en producción, los ha incluido en producción! -Salta mientras lo arrastra. Todos la miran estupefactos.
Después Olly se separa, le da un beso en la mejilla a Simone y escapa de nuevo, esta vez hacia el piso de abajo. Sí -piensa-, Simone es un verdadero ángel. De torpe, nada. Si Olly supiese hasta qué punto le ha costado lo que ha hecho lo apreciaría aún más.
Ciento cinco
Durante los días siguientes, Margherita y Claudia no sueltan a Niki ni por un momento.
– Mira que debe ser perfecto. Nuestra madre nos toma el pelo.
Niki interviene, curiosa:
– Pero ¿de qué estáis hablando? No entiendo nada.
– Oh -Margherita sonríe, alza las manos y a continuación las deja caer-. Ya sabes cómo es, ¿no?
La verdad es que no, piensa Niki. Sólo la he visto una vez.
– Bueno, en fin -prosigue Margherita-, es una mujer muy exigente y se divierte poniéndonos en apuros. Se lo toma todo como si fuese un desafío.
Claudia le sonríe.
– ¡Sí, no es lo que se dice una suegra fácil!
Suegra. ¡¿Suegra?! ¡Dios mío, es cierto! Y como si, de golpe, hubiese entrado en su mente un rayo, un trueno, una bomba, en fin, un auténtico atentado a su tranquilidad, Niki es víctima de un nuevo ataque de pánico. Pero Margherita y Claudia no se dan cuenta y siguen como si nada.
– Por ejemplo, cree que no logramos hacerte cambiar de idea…
Claudia coge a Niki del brazo.
– ¡Pero nosotras estamos de acuerdo en todo, ¿verdad?!
Niki se deja llevar, se ha quedado casi sin aliento, asiente con los ojos como platos y nota que la cabeza le da vueltas.
– Sí, sí…, claro -logra responder al fin con un hilo de voz.
Las dos hermanas la arrastran sin darle la posibilidad de detenerse.
– Bueno, él es Aberto Tonini, un fotógrafo excepcional.
– Buenos días, señoras.
– A nosotras nos parece ideal. Nos hizo unos reportajes preciosos de nuestras bodas. Mira… -Abren bajo sus ojos un gran libro de piel con una serie de fotografías de todas o de casi todas las ceremonias importantes de Roma-. Aquí tienes… Ésta es la familia Vassilli… Ésta es la hija del doctor Brianzi, ésta es la señora Flamini, ésta…
Le muestran todo tipo de bodas, con vestidos y novias para todos los gustos, rubias, morenas, con el pelo recogido, monas, feúchas, guapísimas, jóvenes, mujeres con joyas más o menos costosas, con peinados más o menos sofisticados, que se ríen mientras los invitados lanzan el arroz a la salida de la iglesia, ramos de flores que dan vueltas por los aires, las manos de los novios con las alianzas recién puestas y todavía resplandecientes, sin un solo arañazo, sólo el reflejo dorado de un amor feliz, y después sonrisas y velos que ocultan lágrimas de alegría, y la carrera de los dos novios bajo los pétalos de rosa, y besos, besos a la puerta de la iglesia, besos risueños y prometedores, entre las risas de los amigos y los pequeños granos de arroz que se quedan inmóviles como minúsculos puntos blancos resaltando ese momento y contribuyendo a que se quede grabado en la memoria para siempre. Para siempre. Niki oye retumbar esas palabras en su mente en tanto que el fotógrafo sigue hablando imperturbable.
– Aquí tiene también el paseo romántico de los novios, varias fotos que realicé en la rosaleda del Aventino, otras a orillas del Tíber, éstas son de la isla Tiberina…
Para siempre. Niki mira fijamente las fotografías que pasan bajo sus ojos, que desfilan veloces arrastrando historias, amores repentinos, grandes pasiones, locuras de juventud y encuentros casuales destinados a prolongarse en el tiempo. Para siempre. Para siempre.
– Aquí, en cambio, hicimos el reportaje fotográfico de los novios en el lago de Bracciano.
Niki ve a la pareja paseando y besándose en el puente. El fotógrafo sigue pasando las páginas.
– Aquí tiene un atardecer, con el sol reflejándose en el lago y ellos entre las flores blancas de los rosales.