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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– Ah, entiendo…

– ¿Puedo probar un poco del tuyo? -Raffaella se inclina con el tenedor hacia el plato de Alex sin aguardar su respuesta-. Parecen deliciosas.

– Faltaría más…

Raffaella se mete una patata en la boca y sonríe a Alex. o -Me lo imaginaba… ¡Están buenísimas! La cocina es magnífica, director… ¡Te felicito por la elección!

Leonardo sirve un poco de champán a Raffaella, después a Alex y, por último, llena también su copa.

– Me alegro de que os guste… ¡La calidad de lo que hacemos a veces depende de la calidad con la que vivimos!

Alex lo mira sorprendido.

– Ésa es tuya, ¿verdad?

Leonardo parece un poco cohibido.

– Sí…, quiero decir, la leí en algún sitio y después la retoqué un poco…

Raffaella alza su copa.

– Bueno…, como dice Alex: ¡por nuestro milagro!

Alex sonríe, se seca la boca y levanta la suya. El director se une al brindis.

– ¡Chin, chin!

Raffaella mira fijamente a los ojos de Alex.

– ¿No lo sabes? Hay que mirarse mientras se brinda, de lo contrario no es sincero… -Después, casi para enfriar el momento, prueba las puntarelle que hay en el plato de la guarnición-. Mmm, éstas también son deliciosas… ¡No todos las saben cocinar! Hay que macerarlas hasta que están en su punto, hay quien echa la salsa de cualquier manera y entonces no se mezclan bien… ¡Te lo digo en serio, director, este sitio es genial! Cuando hagamos la proyección para los americanos podríamos poner una pantalla colgada ahí afuera… -indica la vista de Roma que se ve desde la ventana.

Leonardo está de acuerdo con ella.

– Sí.

– El efecto sería increíble -prosigue Raffaella-, pese a que la película será bonita en cualquier caso… -tranquiliza a Alex-. A los americanos les vuelven locos estas cosas, consideran que el packaging, en todas sus expresiones, desde la mesa hasta la caja, pasando por la presentación de la idea, es fundamental.

Alex se encoge de hombros.

– En cierta medida es una lástima, porque eso refleja la teoría de la apariencia y no la del ser… La misma que está combatiendo Barack Obama.

– Sí… -sonríe Raffaella-. He trabajado con los americanos, siempre te hacen creer que aceptan un cambio, pero después depende de cuál sea éste. En cuanto a la apariencia y el ser, y sin poner en duda la gran capacidad de Obama, hará falta un poco de tiempo… Y eso que ha dicho: «América, éste es nuestro momento, nuestro tiempo. El tiempo de volver la página respecto a la política del pasado. El tiempo de aportar una nueva energía y nuevas ideas para enfrentarnos a los retos que tenemos delante. El tiempo de ofrecer una nueva dirección al país que amamos…» Los dejó muy impresionados, pero aun así necesitarán tiempo… Oye, estas puntarelle llevan muchísimo ajo… Menos mal que no tengo que besar a nadie… -Le guiña un ojo a Alex-. Entre casados y casi casados no corro ningún riesgo, ¿verdad?

Leonardo la mira sorprendido.

– No estés tan segura… Nunca se sabe…

Alex le sonríe.

– No cuentes conmigo. Si caigo en la tentación antes de partir, será duro llegar a la meta.

– ¿Por qué dices eso? -le pregunta Raffaella intrigada-. ¿Lo consideras un maratón? Eso significa que te parece arduo.

– No. Lo veo como una vuelta al mundo… en mil días tuyos y míos, para seguir con el tema…, sin dejarse en ningún momento.

– Qué bonito.

– Pues sí, precioso.

Leonardo parece reflexionar.

– Eh, podría servir como eslogan para…

Alex lo fulmina con la mirada.

Leonardo abre los brazos.

– Vale, vale, no he dicho nada. -Está bien, en ese caso iré a lo seguro -bromea Raffaella-. ¡Ésta me la puedo acabar! -y empieza a coger las puntarelle que quedan en el plato con el tenedor.

Alex sonríe y a continuación, procurando que no lo vean, echa un vistazo al móvil, que ha puesto en silencio. Nada. No tiene ninguna llamada. Niki no me ha buscado. Estará ocupada.

Ciento uno

Cristina cierra la puerta del lavavajillas, que inicia de inmediato un programa de lavado corto. Después acaba de recoger la cocina y se sienta en el sofá. Hay que reconocer que en la casa reina el silencio. Se levanta y pone en marcha el equipo de música. Dentro hay un viejo CD de Elisa. La música se difunde por la habitación. Aunque, a decir verdad, también antes era así. Flavio se pasaba fuera todo el día. Sólo nos veíamos por la noche, nunca a la misma hora, y el sábado y el domingo, siempre teníamos infinidad de cosas que hacer. Sí. Pero ahora me siento sola por la noche. Tengo este piso enorme a mi entera disposición, puedo hacer lo que quiero, entrar, salir, cenar a la hora que me da la gana, cocinar lo que me apetezca, dormir en el sofá o no, ordenar la casa, en fin, que no debo rendir cuentas a nadie. Ni siquiera debo justificarme si tengo ganas de llorar. Lo hago y punto, y nadie se da cuenta. He pasado muchos años intentando adaptarme a otra persona, comprimiendo mi espacio para ofrecerle un poco a él, en fin, viviendo en pareja, con todo lo que eso conlleva. La gente se une para no sentirse sola, para compartir las alegrías y las dificultades, ¿y al final qué pasa? Que todo se apaga. Y el «parasiempre» escrito en una sola palabra del que hablaba Richard Bach en ese libro…, ¿cómo se titulaba?…, Ningún lugar está lejos, se va a hacer puñetas. Y ahora la libertad. A raudales. Me siento muy confusa.

Suena el móvil. Cristina se levanta y va a cogerlo a la habitación. Lo desenchufa del cargador.

– Dígame.

– Hola, Cri, ¿qué haces?

– Bah, acabo de recoger la cocina y me estaba relajando un poco…

– Oh, ahora no te conviertas en una mujer desesperada, ¿eh?

– La verdad es que me siento un poco así…

– No, no… En ese caso te salvaré yo -Susanna se ríe-. Nos divertimos mucho la otra noche, ¿verdad? ¡Así que te propongo que hagamos un bis! ¡Salgamos otra vez! Te llamo por eso…

– Pero no volveremos a hacer idioteces, eso sí que no…

– No, claro. Voy a darte una sorpresa…, ¿te acuerdas de Davide mi profesor de kickboxing?

– ¿Ese tan guapo?

– Exactamente. Tiene un amigo, entrenador del gimnasio, que da clases de spinning, entre otras cosas. Es simpático. ¡Y ahora está libre! Se llama Mattia.

– ¿Y por qué me lo cuentas?

– ¡Porque vamos a salir a cenar con ellos! ¡Ya he hecho una reserva!

– Pero no tengo ganas… Además, ni siquiera los conozco.

– Sí que tienes ganas, y si salimos a cenar es precisamente para que los conozcas, ¿no? Mejor dicho, para conocer a Mattia, ¡porque Davide es cosa mía!

– ¡Pero, Susanna…!

– ¿Susanna, qué? ¿Tengo que sentirme culpable por el mero hecho de que pretendo disfrutar un poco de la vida? No lo entiendo… Además, ¿quieres dedicarte a ejercer de ama de casa también esta noche? De eso nada, escúchame bien, esta noche te quiero preparada y echa un primor a las ocho en punto. ¡Un beso! -Cuelga sin darle tiempo a replicar. Cristina mira el móvil y cuelga. Menuda energía tiene, Susanna es imparable. Pero, en el fondo, no puedo por menos que reconocer que me ayuda. Si no me obligase a salir, me conozco, me encerraría en casa con un chándal, despeinada, y me dedicaría a comer chocolate y a deprimirme. Sí, tiene razón. Quizá me divierta. Además, ¿qué alternativa tengo?

Ciento dos

– Muy bien, chicas… ¡Cuando queráis la revancha aquí estaremos! -Luca les toma el pelo a Barbara, a Sara y a Niki.

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