Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Un asesinato musical
Un asesinato musical - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Un asesinato musical

Электронная книга - «Un asesinato musical». Краткое содержание книги:

De la celebrada autora israeli, Batya Gur, nos llega una nueva novela de Michael Ohayon, la cuarta de esta popular serie de thrillers fascinantes e inteligentes. En esta ocasion, Michael Ohayon, un detective culto, solitario y encantador, entabla amistad con una chelista perteneciente a una familia de musicos de fama internacional. Pero su aficion a la musica le llevara a investigar un inesperado caso de doble asesinato que afecta el entorno de su nueva amiga y que tiene que ver con el descubrimiento de un antiguo requiem barroco. Puede una obra de arte convertirse en el movil de un crimen brutal?
1 ... 93 94 95 96 97 98 99 100 101 ... 124
Перейти на страницу:

– ¿Pero nunca hablaron de eso?

– Nunca -replicó; meneó la cabeza y se mordió el labio como una jovencita.

– ¿Siempre venía a verla solo?

– Siempre solo.

– ¿Y vino a verla hace unas semanas?

– ¿Ya han pasado varias semanas? -dijo sorprendida-. No lo recuerdo con exactitud. Hacía mucho calor. Creo que vino en agosto. A principios de agosto. Sí, ya ha pasado mes y medio desde que estuvo aquí.

– ¿Tuvo algo de especial esa visita?

Dora Zackheim pareció esforzarse en recordar.

– No, su padre seguía vivo. Gabi estaba muy emocionado, muy contento. Iba a darme una sorpresa, según me dijo, pero de momento la quería guardar en secreto. Prometió contármelo pasados un par de meses.

– ¿Y no insinuó nada? ¿No dijo nada fuera de lo común?

La profesora meditó un momento y luego murmuró:

– Estaba contento, pero además se le notaba, ¿cómo diría yo?, una gran tensión.

– ¿Nada más?

– Bueno -parecía que se le iba agotando la paciencia-, sólo estuvo aquí una hora. Me trajo regalos de Europa. Siempre me traía algún detalle. Bombones, queso de Holanda, que era donde había estado, un bonito pañuelo. Yo todavía sigo poniendo los viejos vinilos -dijo con sonrisa infantil-. Aunque le había dicho que me despediría de este mundo sin modernizarme, me regaló un reproductor de compactos y algunos CD de Heifetz. No siempre le gustaban las interpretaciones de Heifetz, pero a mí sí me gustan. A veces me traía grabaciones suyas. La Misa en si menor de Bach, que dirigió hace tres o cuatro años en Jerusalén. No me gustó su manera de dirigirla, pero era interesante.

– ¿Le dio la impresión de que había venido a pedirle consejo? ¿De que estaba pasando por una crisis?

Dora Zackheim titubeó.

– Siempre me pedía consejo. Antes de un concierto importante, cuando estaba trabajando en algo nuevo. Hablábamos durante horas y horas, hablábamos y reflexionábamos. Gabriel era muy inteligente, un auténtico músico. Hablaba mucho sobre la interpretación. Por ejemplo, sobre la manera de reconstruir la música barroca. Y no siempre estábamos de acuerdo.

– Usted lo ha conocido desde que era niño -la presionó Michael-. ¿No hubo nada especial, fuera de lo común, en su última visita?

– Bueno -repuso ella con manifiesta inquietud, y a sus ojos afloró una gran tristeza-. No sabíamos que era su última visita, es evidente. Ni tampoco sabíamos que él se iría antes que yo. Y de esa manera.

Michael guardó silencio.

Una vez más, se vio tensión en el rostro de la profesora.

– No estoy segura de si lo que voy a decir es así o ahora me lo parece por el deseo de colaborar -se disculpó-. Pero quizá… recuerdo que hablamos de Vivaldi. En estos últimos años, Gabi siempre hablaba de Vivaldi. Pero esta vez habló más de lo habitual. Y se le veía especialmente… sí, feliz.

– ¿Qué comentaron sobre Vivaldi?

– Me preguntó -sonrió de nuevo- si creía que Vivaldi podía haber compuesto un réquiem -se echó a reír, fue una carcajada breve, contenida, sin alegría-. Tiene gracia.

– ¿Qué es lo que tiene gracia? -preguntó Michael.

– ¡Que pueda existir un réquiem de Vivaldi! ¡Es imposible! ¡Es absurdo! ¿Conoce la música de Vivaldi?

– Todo el mundo la conoce. Las cuatro estaciones, muchos conciertos suyos que se oyen a todas horas. Pero no sé…

– Vivaldi no compuso música fúnebre. Su música tal vez sea la más alegre del mundo, de toda la historia. Vivaldi no compuso ningún réquiem. Sería una paradoja que lo hubiera compuesto. ¿Comprende?

– Al preguntarle eso, ¿querría decir Gabi que Vivaldi había compuesto un réquiem que luego se perdió? ¿Como tantas tragedias griegas?

– Es del dominio público -repuso ella desdeñosa- que muchas de sus composiciones se han perdido.

– ¿Y se han recuperado algunas? -preguntó Michael, poniéndose alerta.

– Se descubren cosas continuamente. Piezas de Vivaldi también. Unas cuantas, pero no se ha encontrado ninguna en los últimos tiempos.

– ¿Así que le preguntó si usted creía que Vivaldi había compuesto un réquiem?

– Sí -dijo Dora Zackheim con un suspiro-. Y yo me eché a reír. Le dije: «Lo creo tanto como creo que Brahms compuso una ópera». Hay las mismas probabilidades.

Michael supo que pidiendo una explicación de esa analogía se ganaría el absoluto desdén de la profesora de música. En lugar de pedírsela, le preguntó si estaba dispuesta a escuchar un pasaje de una composición musical para identificarla. Como precaución para que nadie oyera lo que no debía, en el coche había localizado el lugar exacto de la cinta donde Herzl tarareaba aquel retazo de música durante su conversación con Theo.

Dora Zackheim pidió que se lo pusiera una y otra vez. Frunció el ceño.

– Es difícil saber qué es -dijo al fin, y se quedó en silencio.

– ¿Podría ser una pieza barroca?

Ella se encogió de hombros.

– ¿Podría ser Vivaldi?

Dora Zackheim titubeó.

– No sabría decirlo. Nunca lo había oído. Y es muy breve.

– Pero ¿podría ser Vivaldi?

– Podría ser -reflexionó ella en voz alta-, pero ¿por qué le interesa tanto? Es un pasaje muy breve, y sin conocer los acordes, la armonía, es difícil identificarlo. También podría ser algo de Scarlatti o de Corelli. Podría pertenecer incluso a una obra clásica o romántica. Podría ser cualquier cosa, quizá no sea más que una cancioncilla.

– ¿Cómo interpreta la pregunta de Gabi sobre Vivaldi?

La profesora frunció la boca, confusa.

– No la comprendo -confesó.

– ¿Y no hay ningún réquiem de Vivaldi?

– Ninguno -aseguró.

– ¿Y si se hubiera descubierto hace poco? -aventuró Michael.

– Lo sabríamos -repuso Dora Zackheim secamente-. Un descubrimiento de esa relevancia no pasa desapercibido.

Michael tenía la impresión de haber llegado a un punto muerto.

– Según tengo entendido, entre Theo y Gabriel hubo problemas de celos desde que eran pequeños.

– ¡Y que lo diga!

– ¿Estaba Theo celoso de Gabriel?

La profesora vaciló.

– Y viceversa -dijo al fin-. Cuando eran pequeños… dos hermanos, los dos violinistas. Mal asunto. Y también tienen una hermana. Se llama Nita, le pusieron ese nombre por una de las Bentwich, esa familia tan musical. ¿Está al tanto de estas cosas? -echó una ojeada a Michael y él asintió-. Beit-Daniel también era de la familia Bentwich -explicó con satisfacción-. La hermana es una buena chelista. Estudió en Juilliard, como ellos. Los Van Gelden son otra familia musical -se quedó en silencio, replegada en sí misma.

– Pero, llegado a cierta edad, Theo dejó de estudiar con usted. Antes que Gabriel.

– Creía que yo no lo apreciaba como se merecía -sus ojos se entornaron reflexivamente-. Claro que… no soy una persona fácil -se disculpó.

– Él me ha dicho que fue usted quien sugirió que dieran por finalizadas las clases.

– Ya no lo recuerdo -se excusó de nuevo-. Han pasado más de treinta años. Puede que fuera así. ¿Para qué perder el tiempo en algo que no funciona?

– ¿Trabajar con Theo era para usted una pérdida de tiempo?

Dora Zackheim titubeó una vez más.

– Es una manera muy dura de decirlo. Un elemento importante para ser un buen violinista, o cualquier otro instrumentista, pero quizá sea más importante para los violinistas, es la personalidad. Es una cuestión de fortaleza. Y de la manera en que se emplea esa fortaleza. No se trata sólo del talento. Puede que alguien tenga mucho talento y no le sirva de nada. O que lo use de una manera errónea. Conmigo, los alumnos no aprenden a tener éxitos internacionales. Sólo les enseño a trabajar. El éxito internacional carece de interés.

1 ... 93 94 95 96 97 98 99 100 101 ... 124
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)