Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Ella coge una nueva bola y la sopesa.
– ¡De eso nada, la última vez que estuve aquí fue cuando hice
novillos en el instituto! Tenía dieciséis años. ¡Eso fue en la prehistoria!
– Sea como sea, hay cosas que una vez las aprendes jamás se olvidan. Como montar en bicicleta.
Guido lanza una bola en ese momento. Ésta sale disparada, pero después se frena, se desvía hacia la derecha y va a parar al pasillo lateral antes de chocar contra los bolos. Cero puntos.
Marco mira a las chicas.
– Eh, podríamos dejarlo como handicap. ¡De lo contrario, se acabó la partida!
Guido se echa a reír.
– Venga, estaba emocionado… Además, como dice Frak Wilczek: «Si no cometes errores significa que no intentas resolver los problemas verdaderamente difíciles. Y eso es ya de por sí un grave error.»
– ¿Qué? Pero ¿de qué estás hablando? ¡¿Se puede saber a qué problema verdaderamente difícil te refieres?! -dice Marco.
– Confiad en mí, joder, confiad en mí… Y cuando yo os lo diga…, ¡desencadenad un infierno!
– Eso era lo que decía el gladiador… Perdona, pero ¿qué tiene que ver?
– Bueno, sólo era por decir algo… Ahora hay que combatir y ha sido lo primero que se me ha ocurrido.
– Faltaría más, el poeta ha descendido entre nosotros… -responde Marco-. ¡Pero para hacernos perder!
Guido lo coge del brazo.
– Te juro que me esforzaré. Sólo puedo mejorar.
– ¡Eso sin lugar a dudas!
Guido se dirige entonces a los demás.
– ¿Os apetece algo de beber?
Luca mira a Marco.
– ¡Intenta sobornarnos!
– Digamos que me gustaría remediar el error. Vosotras también chicas, ¿queréis algo?
– Vale. Yo, una Coca-Cola.
– ¡Yo también!
– ¡A mí me gustaría una cerveza!
– Para mí un zumo de pifia…
Guido los mira preocupado.
– No sé por qué, pero tengo la impresión de que, de ahora en adelante, me conviene no equivocarme más -y se dirige desconsolado al bar a buscar lo que sus amigos le han pedido.
Noventa y ocho
– Es un lugar precioso… La vista es verdaderamente espectacular.
Alex sonríe al ver el entusiasmo de Raffaella.
– Ése es el Altar de la Patria, ¿verdad?
– Sí, creo que sí.
Leonardo vuelve a la mesa.
– Entonces, ¿os gusta este sitio?
– ¡Es de ensueño!
– Sí, es magnífico, en serio -responde Alex sinceramente. Mira a su alrededor. A las mesas contiguas hay sentada gente muy elegante y una música dub ambienta el local con el volumen justo, sin molestar-. ¿Cómo consigues encontrar estos restaurantes tan especiales?
– Me gustan los sitios vanguardistas pero que, a la vez, sean excelentes. El otro día probé Gusto, en la piazza Augusto Imperatore, sirven salad bar, brunch…
– ¡Menudo riesgo! ¿Qué sabes tú de todo eso?
– ¡Es cierto! Sólo que a mí me gusta arriesgarme… Leo un artículo, oigo lo que se comenta por ahí y me lanzo, pruebo, me aventuro…
Alex lo mira asombrado.
– Pues esos canallas del despacho aseguran que tu secretaria es la que se ocupa de todo…
Leonardo se pone serio.
– Bueno… Sí, en parte es cierto, quiero decir que es ella la que se ocupa de las reservas, pero digamos que la creatividad, la elección del local…, las cosas más importantes, vaya…, ¡ésas las hago yo!
Alex observa con más detenimiento el restaurante. Zodiaco. En la cima de Monte Mario, junto al observatorio científico universitario y a la base militar para las radiocomunicaciones. Según parece, en una ocasión Claudio Baglioni estuvo allí y eso le sirvió de inspiración para La vita é adesso. Es cierto, la vida es ahora. ¿Cómo decía? «Giran las nubes… sobre el café al aire libre y te preguntas quién eres, si eres tú el que empuja hacia adelante el corazón y la ardua tarea de ser un hombre y de no saber qué te deparará el futuro.» Alex sonríe. Era algo así. Qué canción tan maravillosa. La ardua tarea de ser un hombre y de no saber qué te deparará el futuro… A continuación desdobla la servilleta y se la coloca sobre el regazo.
Cuando llega el camarero Leonardo decide pedir.
– Veamos, ¿qué les apetece comer?
Raffaella se ha concentrado ya en el menú.
– Mmm… Qué rico, me lo comería todo.
– Sí, los nombres hacen pensar en grandes cosas. -Alex también echa un vistazo a la carta. Hum, sí, me apetece un primer plato, pero debo conservar la línea. Yo, al menos, sé lo que me depara el futuro próximo: mi boda-. Una ensalada y un filete.
Raffaella sonríe.
– Ah… Veo que ya estás pensando en el traje de boda, ¿eh?
No se le escapa nada.
– Ja, ja…
– ¡Pero si todavía tienes tiempo! ¡Podrías saltarte la dieta por una vez! ¡Hoy celebramos tu ascenso!
– También es verdad. Pese a que todavía no he aceptado. Está bien, en ese caso añada unas patatas fritas.
Raffaella arquea las cejas como diciendo: ¿sólo eso?
– ¡Y como entrante, un poco de foie-gras!
Ahora sonríe contenta.
– ¡Yo también me comeré un buen entrante y después un estupendo primer plato! Y luego un segundo. Todo pescado, eso sí, una ensalada templada, unos espaguetis con almejas y tomatitos, y después gambas y cigalas. ¡Con una vista así uno tiene la impresión de poder tocar el mar!
Leonardo cierra su menú.
– ¡Yo no tengo ninguna justificación! Debo seguir la dieta y lo haré. ¡Una deliciosa amatriciana! Para empezar.
Alex y Raffaella se miran y sueltan una carcajada.
– ¿Qué pasa?
– No, no, nada… -Alex lo mira preocupado-. Dime una cosa, ¿tu secretaria se ocupa también de la dieta?
– Bueno… -Leonardo no puede mentir-, para serte sincero, sí. Pero, en cualquier caso, sigo una dieta disociada. De manera que a mediodía puedo comer un primer plato, ¿verdad?
Raffaella lo mira titubeante.
– Sí… Claro… ¡Aunque quizá no precisamente una amatriciana!
Alex se encoge de hombros.
– Sí…, ¡pero él ya está casado!
– ¡En efecto!
– ¡En ese caso, tráiganos también una botella de champán!
– Perdonad un momento, tengo que hacer una llamada.
– Alex se levanta y sale del restaurante.
Echa a andar por la pequeña avenida que hay justo delante y marca el número de Niki. Tuuuu, tuuuu. Está libre. Alex contempla la ciudad que tiene a sus pies. Autobuses abarrotados de gente se alejan por el camino que bordea el río, algunos coches avanzan en fila por las circunvalaciones que se ven a lo lejos; al fondo, las cimas de las montañas nevadas cierran esta maravillosa tarjeta postal. Alex mira el móvil. Nada. No responde. Cuelga y vuelve a probar. Mira la hora. Qué extraño, debería haber acabado ya las clases. Quizá esté yendo en moto. Después se lleva de nuevo el aparato a la oreja y espera un poco más confiado. Su mirada se posa sobre la placa de la calle. Alex sonríe. Un día tengo que traer a Niki aquí arriba. La avenida de los enamorados.
Noventa y nueve
El teléfono de Niki vibra silencioso en el bolso que está sobre el banco, a espaldas de la pista donde los seis están jugando. La bola rueda rápidamente por el mismo centro de la pista hasta alcanzar los cuatro bolos que quedan en pie y derribarlos.
– ¡Caramba! ¡Otro strike! -Niki salta de felicidad y abraza a Sara y a Barbara-. ¡Los estamos machacando!
– Sí, somos demasiado buenas…
Luca espera a que el mecanismo cargue de nuevo los bolos al fondo de la pista.
– No, esperad, que ahora nos recuperamos…
Luego, convencido y con los cinco sentidos puestos en el juego, lanza la bola. Un tiro rápido, seguro y preciso que da de lleno en el bolo central y hace saltar todos los que están detrás.