La Cabaña Del Tío Tom
- Автор: Stowe Harriet Beecher
- Язык: испанский
- Жанр: Классическая проза
Электронная книга - «La Cabaña Del Tío Tom». Краткое содержание книги:
El libro narra los acontecimientos de la vida del Tío Tom, un esclavo negro del sur de Estados Unidos que pasa de unos amos a otros, construyendo anécdotas entrelazadas y que reflejan la realidad de los esclavos americanos de la época, creando un contraste entre los personajes bondadosos y el contexto de injusticia en el que viven.
Su importancia radica en que es una novela con un gran contenido sentimental que que pretende crear un retrato y establecer una denuncia. Stowe logra la identificación del lector con los personajes, y con ello la comprensión más profunda de la injusticia. Es una novela que se conserva como manifestación histórica, que si bien es exagerada, tiene un objetivo claro y bien logrado.
Es recomendable porque nos da a conocer una parte importante e interesante de la historia estadounidense. Divertida, ligera y llena de sentimientos conmovedores (Escrito por Andrea Pieck)
– ¿Qué opinas tú? -preguntó Marie a la señorita Ophelia.
– Supongo que es cuestión de costumbres -dijo la señorita Ophelia-. Tú sabrás juzgarla mejor que yo.
– El caso es -dijo Marie- que no tengo un solo vestido que ponerme, y como voy a liquidar la casa y marcharme la próxima semana, debo decidirme por algo.
– ¿Tan pronto te vas?
– Sí. Ha escrito el hermano de St. Clare, y el abogado y él creen que hay que vender a los sirvientes y los muebles en subasta y dejar la casa en manos del abogado.
– Hay una cosa de la que quiero hablarte dijo la señorita Ophelia-. Augustine le prometió a Tom la libertad y había iniciado los trámites legales necesarios. Espero que utilices tus influencias para que los completen.
– ¡Desde luego no haré nada de eso! -dijo Marie con acritud-. Tom es uno de los criados más caros del lugar y no puedo permitírmelo de ninguna manera. Además, ¿para qué quiere la libertad? Está mucho mejor tal como está ahora.
– Pero sí la quiere, y mucho, y su amo se la prometió -dijo la señorita Ophelia.
– Supongo que la quiere -dijo Marie-, pues todos la quieren, pero sólo porque son un hatajo de insatisfechos que siempre quieren lo que no tienen. Bien, en cualquier caso yo tengo mis principios en contra de la emancipación. Mantén a los negros bajo los cuidados de un amo, y serán respetables y no se portarán mal, pero déjalos libres y se pondrán perezosos y no trabajarán sino que acabarán todos siendo unos tipos ruines e inútiles. Lo he visto suceder cientos de veces. Dejarlos libres no es hacerles ningún favor.
– ¡Pero Tom es tan juicioso, trabajador y piadoso!
– ¡Bah, no tienes que decírmelo! He visto a cientos como él. A él le irá muy bien siempre que se le cuide, y nada más.
– Pero, piensa -dijo la señorita Ophelia- en las posibilidades de que le toque un mal amo cuando lo pongas a la venta.
– ¡Bah, eso son tonterías! -dijo Marie-. Ni siquiera una vez en cien un buen hombre cae en manos de un mal amo; la mayoría de los amos son buenos, por mucho que se diga. Yo he crecido y vivido aquí, en el sur, y nunca hasta ahora he conocido a un amo que no tratara bien a sus criados, por lo menos tan bien como se merecen. No tengo temores en ese sentido.
– Bien, pero -dijo enérgicamente la señorita Ophelia-, se que era uno de los últimos deseos de tu marido que Tom tuviera la libertad; fue una de las promesas que le hizo a la pequeña Eva en su lecho de muerte y no creo que debas sentirte libre para desatenderlo.
Ante esta súplica, Marie se cubrió el rostro con el pañuelo y comenzó a llorar y a usar su frasco de sales con gran vehemencia.
– ¡Todos se ponen contra mí! -dijo-. ¡Todo el mundo es tan poco considerado! Nunca hubiera imaginado que tú fueras a recordarme mis penas de esta manera. ¡Es tan poco considerado! ¡Pero nadie me tiene en cuenta, tengo unas penas tan singulares! ¡Es tan duro que, teniendo sólo una hija, me haya sido arrebatada! ¡Y que haya perdido a mi marido, que se acomodaba tan bien a mí, con lo difícil que es que a mí me vaya bien alguien! Y tú pareces estar tan poco afectada por mis desgracias que no haces más que recordármelas, cuando sabes que estoy totalmente destrozada. Supongo que no tienes mala intención, pero, ¡es muy desconsiderado, mucho! y Marie sollozó y luchaba por poder respirar y llamó a Mammy para que le abriera la ventana, le acercara la botella de alcanfor, le bañara las sienes y le soltara los corchetes. Y, durante la confusión general que se creó, la señorita Ophelia se escapó a su habitación.
Se dio cuenta enseguida de que no serviría de nada decir más, porque Marie tenía una capacidad inagotable para los ataques de histeria; y, a partir de este momento, cada vez que se aludiera a los deseos de su marido respecto de los criados, sería oportuno que padeciera uno. Por lo tanto, la señorita Ophelia hizo lo mejor que aún podía hacer por Tom: escribir una carta en su nombre a la señora Shelby, contándole sus problemas y urgiéndole a mandar una solución.
Al día siguiente, Tom y Adolph y media docena más de los criados fueron llevados a un almacén de esclavos en espera de que el tratante tuviera un número suficiente para organizar una subasta.
CAPÍTULO XXX
¡Un almacén de esclavos! Quizás algunos de mis lectores evoquen una visión espantosa de un lugar así. Imaginan un cuchitril hediondo y oscuro, algún horrible Tártaro informis, ingens, cui lumen adeptum [48]. Pero no, mi inocente amigo; en estos días, los hombres han aprendido el arte de pecar con pericia y elegancia, con tal de no escandalizar los ojos y los sentidos de la sociedad respetable. Las reses humanas tienen un buen lugar en el mercado; por lo tanto, son bien alimentadas, lavadas, atendidas y cuidadas para que puedan llegar boyantes, fuertes y relucientes a la venta. Un almacén de esclavos de Nueva Orleáns es una casa que, por fuera, se parece a cualquier otra, bien esmerada, donde todos los días se pueden ver, en una especie de cobertizo a lo largo de una de las paredes, hileras de hombres y mujeres, que están allí como muestra del género que se vende en el interior.
Entonces te llamarán cortésmente para que te acerques y los examines, y encontrarás una gran cantidad de maridos, mujeres, hermanos, hermanas, padres, madres e hijos pequeños, que se han de «vender por separado o en lotes, según las necesidades del comprador»; y el alma inmortal, comprada con sangre y angustia por el Hijo de Dios en una ocasión en la que tembló la tierra, se partieron las rocas y se abrieron las sepulturas puede ser vendida, arrendada, hipotecada, trocada por víveres o tejidos, según las exigencias del mercado o el capricho del comprador.
Habían pasado un día o dos desde la conversación entre Marie y la señorita Ophelia cuando Tom, Adolph y una media docena de los criados de la finca de los St. Clare fueron entregados bajo los amantes cuidados del señor Skeggs, encargado de un almacén en la calle…, en espera de la subasta al día siguiente.
Tom llevaba consigo un baúl bastante grande de ropa, como la mayoría de ellos. Fueron acomodados para pasar la noche en una habitación alargada, donde otros muchos hombres de todas las edades, tamaños y colores estaban reunidos y de donde procedían carcajadas y sonidos de despreocupada diversión.
– ¡Ajá, eso es, seguid así, muchachos! -dijo el señor Skeggs, el encargado-. ¡Mi gente está siempre tan alegre! ¡Vaya, Sambo! -dijo animoso a un fornido negro que realizaba las bromas y vulgares payasadas que ocasionaban las risotadas que Tom había oído.
Como se puede imaginar, Tom no estaba de humor para unirse a las diversiones; por lo tanto, colocando su baúl lo más apartado posible del ruidoso grupo, se sentó encima y apoyó la cara contra la pared.
Los mercaderes de artículos humanos hacen esfuerzos escrupulosos y sistemáticos por fomentar ruidosa hilaridad entre ellos como medio de ahogar la reflexión y hacerles insensibles a su condición. El principal objetivo de las enseñanzas impartidas al negro desde que lo venden en el mercado del norte hasta que llega al sur es hacerle insensible, irreflexivo y brutal. El tratante de esclavos recoge su cuadrilla en Virginia o Kentucky y la conduce a algún lugar conveniente y sano, a menudo un aguadero, para su engorde. Aquí se les alimenta bien todos los días, y, como algunos tienen tendencia a penar, suele haber alguien tocando siempre el violín y se les obliga a bailar; y el que se niegue a estar alegre, cuyos recuerdos de su esposa o hijos u hogar son demasiado fuertes para que esté alegre, se le señala como insociable y peligroso y se le somete a todos los sufrimientos que la inquina de un hombre totalmente irresponsable y endurecido es capaz de infligir. El vigor, la viveza y una apariencia alegre, especialmente delante de terceros, les son impuestos constantemente, tanto por la esperanza de conseguir un buen amo como por el miedo de lo que puede sucederles a manos del tratante si no son vendidos.
[48] Informe, inmenso y privado de luz (en latín en el original).